ANTONIO MACEO: LOS SEIS MAGNICIDIOS EN EL EXILIO. (2da parte y final)

Autor: Israel Valdés Rodríguez

Tercer intento. Islas Turcas, 6 de julio de1880.

A pesar de las numerosas dificultades y con muy escasos recursos, Maceo había logrado alistar a 34 expedicionarios y reunir algunas armas y municiones. Todos venían como pasajeros del Vapor Santo Domingo seguido de cerca por el buque de guerra León. El 4 de julio arribaron a la colonia inglesa denominada Islas Turcaz, pero la presencia del buque de guerra español impidió el trasbordo de Maceo y su comitiva según lo planeado, y no tuvo más opción que la de desembarcar en esa colonia.

Uno de los expedicionarios de nombre José Ramón Valdespino, trabajaba como espía al servicio de España e intentó entonces asesinar al heroico general cubano. Todo ocurrió en el improvisado campamento que ocupaban los revolucionarios; el traidor penetró en la habitación y hundió un puñal en la hamaca del Titán, de la que se incorporó rápidamente herido en un brazo, Deogracia Marty, quien descansaba allí mientras Maceo estaba fuera. Valdespino salió corriendo del lugar y se presentó ante el cónsul español, quien le había ofrecido cierta cantidad de dinero para que cometiera el crimen.

Otro de los hombres que acompañaban a Maceo, el dominicano Eugenio Callot, también había sido reclutado por el activo Bermúdez, a quien mantenía informado de todas sus actividades revolucionarias, además de crear rumores entre los expedicionarios a fin de sembrar “discordias, desilusión y desaliento” entre ellos. Al traidor Callot muy poco le duró su empleo de espía, debido a la vigilancia de los patriotas cubanos radicados en Nueva Cork que pudieron comprobar la felonía de este sujeto e informárselo al general.

Cuarto intento. Kingston. Jamaica, mayo de1881.

Sobre este atentado fue el propio Maceo quien ofreció su testimonio en una carta que escribió al general Camilo Polavieja, expresándole de manera enérgica su repulsa por los procedimientos criminales que intentaban eliminarlo físicamente:“No conforme su Gobierno con las propagandas que contra mí (…) confiado el plan al espurio Francisco Laguna, lo ha hecho abortar principalmente por cobardía.

(…)este degenerado hijo de Cuba e indigno del trato de los hombres, llegó a esta ciudad y a seguida conoció que yo lo esperaba. Apocado como todo hombre inmoral, concibió la idea menos comprometida de presentar a usted una carta en clave, que simulaba haber recibido, denunciándole ciertos hechos que no me toca ni me importa investigar, pero que le produzca algún dinero, ya que se le ha escapado de las manos la suma que por mi muerte le ofreció usted.”

Usted a la vez deberá avergonzarse de su proceder, sí, como no puede por menos, recuerda el mío con usted, Martínez Campos y otros en el sitio de Baraguá, y observar a su Gobierno que los pueblos no se conservan en paz por el asesinato de sus hijos de espíritu libre, sino en todo caso con ejemplos de moralidad y cumplimiento de las promesas hechas a los más ilusos, convertidas hoy en otros tantos difíciles problemas para su Gobierno, harto embarazado con su política interior y poco atento a la sociedad cubana.”

Aquí Maceo hace alusión a lo sucedido en los días previos a su entrevista con Martínez Campos, cuando conoció acerca de un posible plan concebido por algunos de sus subordinados para darle muerte al militar español, con lo cual reaccionó de manera rotunda y enérgica, tal como correspondía a los principios ético-militares del invicto general cubano.

Quinto intento. Honduras, Junio-julio de 1881.

La información sobre este atentado la aportó su amigo el doctor Eusebio Hernández, quien el 4 de julio de 1881, alertándolo de lo que proyectaban algunos individuos que pretendían llegar hasta él, con el pretexto de proposiciones para ayudarlo en proyectos revolucionarios respecto a Cuba y de esta forma asesinarlo.

En uno de los párrafos de su misiva, Hernández expresaba:

En efecto le ha hablado a Socarrás, para que le asesine a Ud. ofreciéndole a cambio de eso 100 onzas de oro, o su equivalente en papel moneda de Jamaica; y para eso ya le ha firmado a Socarrás un pagaré por la cantidad expresada, documento que yo he tenido en mis manos y que Socarrás me promete entregar tan pronto como le coja adelantados $300, que es su objeto según me dice. Es probable que Socarrás salga en esa dirección, y aún cuando él parece no tomar a su cargo tal comisión, Ud. debe estar prevenido con él ó con cualquiera otro que con él tenga contacto. Aún no he podido comprender qué se ha propuesto Socarrás, dándome cuenta de eso y enseñándome $390 que acababa de entregarle Peralta, para una factura que no los valía según él mismo; pero es lo cierto que Peralta se mueve contra Ud. y que Socarrás aún cuando yo lo he tratado bien, no es hombre que yo en su caso de Ud. dejara que se me acercara.Tampoco tengo mucha confianza de Blanco, uno de Colón, pues el mismo Socarrás me ha dicho que Peralta se lo ha indicado como el mejor para llevar acabo el crimen que le confía. Esté pues, muy alerta”.

El texto del “pagaré” mencionado por Eusebio reflejaba el siguiente texto:

Sr. Manuel Socarrás.- Muy Señor mío:- En virtud de lo que Ud. me ha ofrecido con respecto a la operación convenida; lo que le puedo asegurar a Ud. es que enseguida esté arreglado el negocio, recibirá Ud. las cien onzas o su equivalente en papel de Jamaica, sin un minuto de demora, en la inteligencia que si yo no estoy, le entregará dicha cantidad mi hermano Liberato tan pronto como Ud. le presente esta carta.- Sin otra cosa por hoy se despide de Ud.- Atto. S.S. Q. S. M.- Francisco G. de Peralta”.

Sexto intento. Costa Rica,10 de noviembre de 1894.

Corrían los días del mes de noviembre de 1894 cuando varios españoles residentes en San José, Costa Rica, recibieron instrucciones del consulado español para atentar contra la vida de Maceo. España había decidido eliminar a Maceo ante la certeza del inminente estallido revolucionario en Cuba y advertir el papel principal que desempeñaría el ilustre guerrero en esta contienda bélica.

Maceo era un gran aficionado al teatro y al conocer que se encontraba en San José la compañía de comedias de la cual era primer actor el artista cubano Paulino Delgado, íntimo amigo suyo, decidió asistir al Teatro Variedades en horas de la noche del 10 de noviembre. Al salir del teatro tuvo lugar la agresión. Fue aquí donde le produjeron la herida 22 en su cuerpo, que gracias a su fortaleza física sanó con gran rapidez, en una recuperación que apenas duró un mes.

A pesar de todo, los españoles en Costa Rica no cesaron en su empeño de liquidar a Maceo e intentaron comprar a uno de los cocineros del hotel donde Maceo se hospedaba para que le introdujera veneno en la comida; pero aquel era un hombre digno y honrado que no solo se negó a prestarse para infamia, sino que envió, además, el aviso a uno de los amigos del general cubano, el patriota Enrique Boix, quien le explicó todo a Antonio y le propuso que desde ese momento almorzara y comiera en su propia casa, propuesta que fue aceptada por el guerrero.

En días posteriores, otro mercenario al servicio de España, le obsequió a Maceo un hermoso anón, con evidentes indicios de que estaba envenenado. La esposa de Boix que fue la que recibió el “ingenuo presente”, se deshizo de la fruta y no se la entregó a Maceo.

Al reiniciarse la gesta independista cubana, en febrero de 1895, pese a la constante vigilancia del espionaje español sobre su persona y sus allegados y por encima de las dificultades extremas que provocó el mal tiempo, el lugarteniente general del Ejército Libertador Cubano y los expedicionarios que le acompañaban, desembarcaron en tierra cubana por Duaba, en el extremo nororiental de la isla, para unirse a la guerra organizada por Martí, en la cual junto a Máximo Gómez representó una de las principales figuras de esa contienda bélica. Terminaban así, casi 17 años de largo peregrinar del Titán de Bronce por tierras de América. Tiempos de sinsabores y de intrigas, aunque también el general cubano pudo experimentar con certeza la gran afinidad que muchos pueblos latinoamericanos sentían por la causa de la independencia de Cuba y conoció de la solidaridad y simpatías de que era acreedor, gracias a su prestigio personal como patriota consagrado por entero a la libertad de su pueblo.

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2 respuestas a ANTONIO MACEO: LOS SEIS MAGNICIDIOS EN EL EXILIO. (2da parte y final)

  1. Alejandro Rodríguez dijo:

    Nadie pudo con el titán, más de 20 heridas, otro grupo de intentos de asesinatos y no cegaron su vida. Así era el General Maceo, el más inteligente, el que sabía detectar el peligro, el más capaz. Hoy su pensamiento y su historia prevalecen en las nuevas generaciones de cubanos. Viva el Titán de bronce.

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