Engañando a sus soldados

Imagen Por: Roberto Pérez Rivero. Investigador Titular de la UNIHC

Desde que triunfó la Revolución Cubana, las campañas mediáticas en su contra ha sido una de las líneas de agresión que han desarrollado sus enemigos para tratar de destruirla. Esos ataques en los últimos años se han incrementado; así ocurrió por ejemplo, en 2010 cuando se desató una cínica cruzada de manipulación de la muerte de Orlando Zapata, un sancionado a privación de libertad por reiterados delitos comunes, convertido por los medios de comunicación y círculos de poder de España, los Estados Unidos y otros países en un «disidente político».

Como en ese caso, y otros tantos, las falacias que se difunden pretenden desacreditar a la Revolución. Desde la mentira la acusan de torturar prisioneros, reprimir manifestaciones de duelo, desaparecer antagonistas, encarcelar personas injustamente, y de violar los derechos humanos en general.

Tales engendros mediáticos tienen el fin de conducir a Cuba a una irreversible crisis política; sin embargo, el Presidente cubano, el general de ejército Raúl Castro Ruz, en la clausura del IX Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas desarrollado ese año, señaló que la isla jamás cederá al chantaje ni a las presiones, vengan de donde vengan. Afirmó, que la Revolución tiene derecho a defenderse, y que si es acorralada, sabrá parapetarse en primer lugar en la verdad y los principios, y lo subrayo con toda intención. También dijo: “Una vez más seremos firmes, serenos y pacientes ¡Sobran los ejemplos en nuestra historia!”

Precisamente, del enfrentamiento a la mentira con la verdad, y del tratamiento humano al enemigo y sobre todo al prisionero como un principio insoslayable, la Revolución Cubana tiene bastantes experiencias.

Todo lo que está sucediendo en las actuales campañas de mentiras contra Cuba esgrimiendo diversos pretextos, me hace rememorar lo que sucedió durante la Guerra de Liberación Nacional (1956-1958), en la que la injusta e innoble causa que llevó a los militares a una guerra contra su pueblo y los crímenes que en ella cometieron muchos de los uniformados, fueron los principales componentes de su pobreza político-moral. Sin embargo, el arma más poderosa con que contó su adversario, el Ejército Rebelde, fue precisamente la fuerza y la justeza de las ideas por las que luchó.

Durante la guerra los procedimientos que utilizó la dictadura del General Fulgencio Batista para mantenerse en el poder y tratar de revertir el proceso revolucionario, lejos de lograr ese efecto se convirtieron a su vez en factor desmoralizador de sus tropas, tuvieron como núcleo principal la coacción psicológica y el engaño y se recurrió al empleo de métodos extremos como la represión masiva e indiscriminada para crear clima de verdadero terror en la población; y la desinformación, el engaño y la manipulación para fabricar estados de opinión y tratar de tergiversar la realidad.

Para el logro de estos propósitos se desarrollaron procedimientos como la rigurosa censura de prensa, falsas declaraciones de personeros del gobierno, partes falsos del Estado Mayor del Ejército (EME) y otros.

En el fondo “Ejército” del Archivo del Instituto de Historia de Cuba se pueden encontrar abundantes pruebas que demuestran las debilidades político-morales del ejército. Están las evidencias de los crímenes que cometieron oficiales y sus tropas en operaciones; se cuenta con decenas de partes falsos, no sólo los difundidos a la opinión pública, sino también muchos emitidos entre los propios mandos del ejército; no son pocas las acusaciones a oficiales y alistados por delitos de cobardía; y también son varios los ejemplos en los que los propios oficiales del ejército juzgan las inmoralidades de su cuerpo armado. Un solo caso es suficiente para ilustrar las mentiras que se utilizaban.

El 11 de octubre de 1957, el teniente coronel Manuel Ugalde Carrillo, jefe de la zona de operaciones en la Sierra Maestra, “informó” a la Dirección de Operaciones que el capitán Jesús Sosa Blanco, jefe de compañía del Regimiento 7 de la Guardia Rural, había reportado que en emboscada preparada en Oro de Guisa –realmente lo que allí ocurrió fue una matanza realizada contra inocentes campesinos- le había causado a los rebeldes 45 muertos, mientras su compañía sólo tuvo dos.

El día 12, Ugalde comunicó que la tropa del capitán Sosa estaba muy regocijada por felicitación recibida del presidente de la República. Sin embargo, el día 21 del mismo mes, el comandante Rosendo Abreu, ayudante de ese mismo Regimiento, en informe que envió al general de brigada Rodríguez Ávila director de operaciones del EME para comunicarle sus criterios acerca de las desventuras de las operaciones realizadas, se refiere a lo ocurrido el día 11 en la siguiente forma:

«El día 17 del mes actual, tuve la satisfacción y decepción a la vez, de visitar con el coronel Fermín C de La C Cowley y Gallego, MM y N, mi jefe y buen amigo, la parte Norte y Central de la Sierra Maestra, llegando hasta el “Oro”, lugar donde está acampada la compañía de este Regimiento, y desde donde se publicó a bombo y platillo, la batalla del día 11 de los corrientes, en la cual, las fuerzas enemigas habían sufrido 45 bajas; de cuya acción prefiero no hablar en este acto, porque es algo que indigna y deprime a cualquier hombre que tenga un concepto mínimo de la lealtad, del valor del cumplimiento del deber como ciudadano o como militar […]».

Además del uso desvergonzado de la mentira, ello demuestra que el alto mando del ejército no sólo conocía los crímenes que oficiales en operaciones estaban cometiendo con las familias campesinas de la Sierra Maestra, sino que los felicitaba por ello.

Con toda razón, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, en el discurso que pronunció al llegar al Campamento de Columbia el 8 de enero de 1959, expresó: “¿Cómo ganó la guerra el Ejército Rebelde? Diciendo la verdad. ¿Cómo perdió la guerra la tiranía? Engañando a sus soldados. Cuando nosotros teníamos un revés lo declarábamos por Radio Rebelde, censurando los errores de cualquier oficial y advertíamos a todos los compañeros para que no les fuese a ocurrir lo mismo. No sucedía así con las compañías del ejército; distintas tropas caían en los mismos errores porque a los soldados no se les decía la verdad.”

Mientras que las debilidades morales se convirtieron en principal elemento socavador de la integridad y capacidad combativa del ejército de la tiranía, la razón y la verdad fortalecían más que las propias armas de fuego al Ejército Rebelde. Y ello, sin llegar a reconocerlo públicamente, era del conocimiento de los altos mandos de la tiranía.

Aunque sin verdadera intención de confesión, se dieron muchos casos en que incluso oficiales con altas responsabilidades en el ejército, percibían las superioridades morales, disciplinarias y organizativas del Ejército Rebelde. Justamente, en uno de los informes que elaboró el Cor. Rosell Leyva, jefe del Cuerpo de Ingenieros del ejército, quien estuvo al mando de las investigaciones que se realizaron a los efectivos del Batallón 18 que habían sido prisioneros del Ejército Rebelde en la Batalla de El Jigüe, opinó lo siguiente sobre las características de las fuerzas rebeldes: «La moral del enemigo se considera excelente; los armamentos en perfectas condiciones, pues los cuidan más que a su aseo personal; condiciones físicas a pesar de aparentar que están depauperados, resisten físicamente más que nuestros soldados y marchan lo mismo de día que de noche haciendo jornadas increíbles; disciplina, se observa un respeto y abnegación en las órdenes emanadas por la Comandancia de Fidel Castro […]».

El carácter extremadamente humano de la lucha por parte de las fuerzas revolucionarias, y su superioridad político-moral se evidenció claramente en el tratamiento a prisioneros, heridos y tropas del enemigo con las que se combatía directamente. En ese sentido sobresalía la política de liberación de prisioneros; el no maltrato ni asesinato de ninguno de ellos; el respeto a la jerarquía de los oficiales prisioneros que con anterioridad actuaron con honor; brindar las mejores atenciones a los soldados enemigos que resultaban heridos; y cumplir siempre con lo tratado con las unidades que eran invitadas a rendirse.

Una vez más, esa verdad incuestionable puede ser descubierta en la palabra de los mismos oficiales de la tiranía.  

Un memorándum secreto demuestra elocuentemente cuán mal marchó la ejecución de las operaciones durante la Ofensiva de Verano del ejército contra la Sierra Maestra. El documento fue elevado al jefe Estado Mayor General de la Marina de Guerra (EMG MG) por el capitán de corbeta Alejandro F. Broocks Abella el 8 de agosto de 1958. En él,  Broocks informó sobre la existencia de graves problemas en la zona de operaciones de Oriente, en la que prestó servicios al mando del buque patrulla escolta PE-202 Siboney:

«… El ejército tiene buenos oficiales y soldados muy bravos, pero no los vi en toda la costa Sur. Con  soldados como los que estuvieron en La Plata no se puede ganar guerra alguna; en general carecían de moral, fe y amor al Cuerpo, daba pena y vergüenza al mismo tiempo verlos».

Broocks propuso que los prisioneros de El Jigüe, de la Compañía 92 y otros fueran aislados o botados todos, ya que tenía entendido que los rebeldes los habían tratado como príncipes: «… se quitaban los alimentos para dárselos, los trataban con amor y cariño inigualables, que queda como recuerdo imperecedero. Por eso, donde quiera que caiga uno de estos hombres es una bomba de dinamita».

Entre otras cosas,  señaló: «… Es recomendable y necesario cambiar a toda costa esta política equivocada y anti-psicológica de atropellos injustos, etc., que se ha implantado a espaldas de nuestro presidente […]».

Por cierto, el capitán de corbeta escribió a su jefe que si sus criterios trascendían a ciertas personas sabía que había firmado su propia sentencia de muerte. El 11 de agosto, el jefe EMG MG «transcribió» el documento al jefe Estado Mayor Conjunto, pero omitió en ella los puntos que mencionaban los problemas graves.

A pesar de esas verdades bien conocidas por los altos mandos castrenses, el 17 de noviembre de 1958, la emisora Radio Rebelde desenmascaró las mentiras que la tiranía divulgaba sobre los resultados de la Ofensiva de Verano de ese año. Entre los argumentos expuestos estuvo presente la comparación de los valores morales del Ejército Rebelde con los antivalores de la tiranía:

…El Estado Mayor de la Tiranía afirmó que nosotros matábamos a los prisioneros. Y resultó que más de 400 familiares de soldados se enteraron de nuestro humano y caballeroso trato y lo dieron a conocer a toda la nación.

El Estado Mayor de la Tiranía afirmó que nosotros dejábamos morir a los heridos, y resultó que fuimos los Rebeldes los que llamamos a la Cruz Roja Nacional e Internacional para que se curara a los heridos lo más rápidamente posible. Lo seguimos haciendo y lo seguiremos haciendo.

Cuando éramos pocos y mal armados, fuimos generosos y humanos. Ahora que somos poderosos y nuestros recursos ilimitados seguimos siendo humanos y generosos. Así seremos siempre. Es nuestra condición humana. Está por encima de todas las circunstancias.”

Como evidencia del tratamiento generoso que recibían los heridos y prisioneros de guerra del enemigo, conmueve una comunicación del Comandante en Jefe a Celia Sánchez Manduley:

                                                                                                                   “Julio 17-58

Celia:

Estos prisioneros traen un hambre lastimosa y vienen muy cansados.

Que les den una latica de sardinas para cada uno y 4 o 5 latas de leche para                           

todos. Que descansen por ahí y mañana sigan hasta donde están los otros.

FIDEL

         P. D. Los custodios tienen hambre.”

Se suele decir que las historias se repiten, en cierto modo es así. Las mentiras de la dictadura eran seguidas y ampliadas por la gran prensa imperialista. El 8 de noviembre de 1958, Radio Rebelde tuvo que desmentir un cable de United Press en el que se informaba que según el cuartel general de la dictadura en Oriente, el ejército realizaba una ofensiva en la cual en 48 horas le habían causado al Ejército Rebelde 244 muertos, cuando realmente ocurría lo contrario:

¡Qué desvergonzado es el Estado Mayor del Ejército! Hace unos días hablamos de esto. Nada menos que en estos momentos en que las fuerzas de la dictadura están bajo impacto de una tremenda acometida rebelde que continúa desarrollándose con toda intensidad, ascendiendo ya a 14 el número de cuarteles rendidos…”

En lo que toca al Pueblo si que no engañan a nadie. El pueblo lee los partes del Estado Mayor al revés. Y con cuanta razón: aquí mismo tenemos el ejemplo: este parte publicado por el cable habla de 244 rebeldes muertos, tal dato coincide exactamente casi con las bajas sufridas por la dictadura los últimos diez días entre muertos y prisioneros.”

Una tras otras la maquinaciones imperialistas eran denunciadas, hasta incluso, cuando al final de la guerra se tramaba una eventual intervención militar directa de las fuerzas armadas estadounidenses en Cuba. En intervención de Fidel por Radio Rebelde en diciembre de 1958, daba respuesta a las insinuaciones que los cables internacionales hacían al respecto, en particular al llamamiento que la Revista “Time” hacía al gobierno de Washington para que interviniera en el conflicto cubano: “El que venga a intervenir tendrá que entrar peleando”.

En las nuevas embestidas de la guerra mediática  contra Cuba, el gobierno de Estados Unidos y sus aliados, la contrarrevolución externa e interna y todos los que los siguen o apoyan perderán, porque están engañando a sus “soldados”; y el pueblo de Cuba vencerá, porque enseña y defiende su verdad.

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Una respuesta a Engañando a sus soldados

  1. El arma fundamental de la Revolución Cubana ha sido la moral, el respeto a los derechos más elementales de las personas. Contra eso nunca han podido, ni podrán. Todas las mentiras se desbaratarán siempre.

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