Verano de 1958 en Cuba, similar y distinto a Las Termópilas.

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Por: Roberto Pérez Rivero.

 El 4 de abril del año 2010, en la clausura del IX Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas, el general de ejército Raúl Castro Ruz, al referirse a la campaña mediática contra Cuba y las conjuras que pretenden conducir a la isla a una irreversible crisis política; señaló enérgicamente que la Revolución jamás cederá al chantaje ni a las presiones, vengan de donde vengan. Afirmó, que Cuba tiene derecho a defenderse, y que si es acorralada, sabrá parapetarse en primer lugar en la verdad y los principios. También dijo:

[…] Una vez más seremos firmes, serenos y pacientes ¡Sobran los ejemplos en nuestra historia!”, y seguidamente hizo un recuento de momentos relevantes de nuestras luchas. Entre ellos, destacó la defensa de la Sierra Maestra por el Ejército Rebelde en el verano de 1958. Raúl reflexionó sobre el significado de esa épica hazaña, y en comentario aparte, la comparó con la Batalla de las Termópilas. No es la primera vez que lo hace.

 

Las Termópilas

Así se llamaba el desfiladero que se ubicaba al sureste de la ciudad de Lamía, entre el monte Eta y el golfo de Malia. Este paso, que debió su nombre (del griego Thermopylai, “Puertas Calientes”) al azufre caliente que brotaba en la zona, controlaba la entrada al centro de Grecia desde el noreste, y solo era franqueable por un estrecho corredor entre Tesalia y Lócrida.

En ese escenario transcurrió, durante las Guerras Médicas, una de las batallas más famosas de la historia. En el año 480 a.n.e., un reducido ejército griego de 7000 hombres, comandados por Leónidas, Rey de Esparta, trató de contener la invasión de los persas defendiendo aquella angostura.

Jerjes, Rey de los persas, multiplicó sus ataques sin resultado, y durante muchos días sus mejores tropas fracasaron ante la enérgica resistencia de los griegos. Pero la traición lo socorrió; Efialtes, pastor del monte Eta, le indicó un atajo que le permitía dar vuelta a los griegos y atacarlos por la retaguardia. Leónidas, advertido, comprendió que estaba perdido y despidió el grueso de las tropas aliadas: él se quedó con 700 ó 1 400 hombres, 300 de los cuales eran espartanos.

Leonidas y los trescientos hombres combatieron con desesperación. Se cuenta que uno de ellos observó que los dardos lanzados por el enemigo eran tantos que oscurecían la luz del sol, y el jefe objetó: “Mejor, así combatiremos a la sombra”. A otro que le dijo: “Los persas están junto a nosotros”, manifestó: “Di que nosotros estamos junto a ellos”.

Rechazó la oferta de Jerjes de hacerle Rey de toda Grecia si se daba por vencido; y finalmente, cuando el jefe persa le envió la orden de que rindiera sus armas; Leónidas le respondió: “Ven a buscarlas”.

Leónidas y los trescientos sucumbieron; pero, montones de cadáveres enemigos quedaron en el campo de batalla. Después, en roca de las Termópilas se grabó esta célebre inscripción:

Viajero, ve y di a Esparta que aquí yacen 300 ciudadanos suyos que murieron por obedecer a sus leyes”1.

El rechazo de la Ofensiva de Verano de la Tiranía2

Con toda razón nuestros máximos líderes Fidel y Raúl han comparado la batalla por la Sierra Maestra en el verano de 1958, con lo acontecido en las Termópilas. Es que los ejemplos de hazañas en las que reducidos números de hombres vencieran a fuerzas muy superiores, compuestas por miles y mejor armados, no son abundantes.

Iniciado el año 1958, en toda Cuba, la situación era de incremento de la lucha insurrecional. Por una parte se intensificaban las acciones armadas de las fuerzas de la revolución en varios frentes de guerra, y por la otra, la tiranía arreciaba la represión contra el pueblo. El movimiento revolucionario en esas condiciones decide convocar y realizar la llamada Huelga General del 9 de Abril, la que se convirtió en uno de los más amargos reveses de la revolución.

En estas circunstancias, el Estado Mayor del Ejército (EME) de la tiranía sobre la base de la fracasada ofensiva de invierno de 1957, con asesoría de la misión militar yanqui en Cuba concibió el mayor –y último- plan ofensivo contra la Sierra Maestra de toda la guerra. El 27 de febrero de 1958, fue presentado el Plan FF (Fase Final o Fin deFidel). Éste, resultó ser un voluminoso plan operacional que estableció como misión principal la captura o muerte de Fidel y la total destrucción de las fuerzas rebeldes.

De marzo a mayo se realizan los preparativos para la ofensiva y se agruparon las fuerzas que consideraron necesarias, así, se involucran en el Plan FF 14 batallones de infantería, siete compañías independientes, tanques y artillería, con el apoyo directo de la Fuerza Aérea del Ejército y la Marina de Guerra, aproximándose el total de efectivos a participar a la cifra de 10 000. El propósito del ejército era empujar a Fidel y sus hombres hacia el oeste de Oriente, y allí, en el triángulo Pilón –Niquero-Cabo Cruz, aniquilarlos.

En los meses de junio y julio todavía se pensaba dar la batalla final contra los rebeldes en aquel lugar, sin embargo, en julio y agosto las batallas decisivas se produjeron por el firme de la Maestra; pero no fue porque el EME se lo propusiera de ese modo, sino que en ello determinó la decisión del Comandante en Jefe Fidel Castro de pasar a la defensa en el mismo centro de la Sierra.

La idea estratégica de Fidel para enfrentar al “Plan FF” fue, primero detener el golpe enemigo y crear condiciones para pasar posteriormente a la ofensiva.

Cuando el ejército todavía no había precisado ningún cambio en sus planes, ni había completado todas las tropas que necesitaba, ya Fidel había decidido enfrentar la ofensiva a la defensa. El 26 de abril escribió al capitán Orlando Lara:

“… estamos preparándonos para resistir la ofensiva que el enemigo [va] a lanzar con todos sus recursos concentrando el ataque sobre esta columna. No se trata sólo de resistir, sino que lo que más preocupa es quitarle el mayor número de fusiles en esta oportunidad”

El 8 de mayo indicó al capitán Ramón Paz:

“… Si el enemigo logra invadir todo el territorio, cada pelotón debe convertirse en guerrilla y combatir al enemigo, interceptándolo por todos los caminos hasta hacerle salir de nuevo. Este es un momento decisivo. Hay que combatir como nunca”.3

En efecto, se preparó el terreno, los medios, y sobre todo a los hombres y se combatió asombrosamente. Entre las medidas tomadas se destacó la reagrupación de las unidades rebeldes; sin embargo, al inicio de la ofensiva a los miles de hombres de la tiranía solo se le pudieron contraponer 200, y después de cierto incremento, apenas se llegó a los 300.

Como se aprecia la situación es muy similar a la de los espartanos de Leónidas, pero el resultado fue muy distinto. Aunque Fidel y sus hombres estaban dispuestos a morir por la Revolución, no tuvieron que inmolarse, pudieron ocasionar al enemigo una aplastante derrota. El ejército tuvo más de 1 000 bajas entre muertos, heridos y prisioneros, y perdió 507 armas, incluidos tanques, morteros, bazucas, ametralladoras de diferentes tipos, fusiles y carabinas y decenas de miles de proyectiles de todas las armas, así como 20 equipos de radio. El Ejército Rebelde lamentó 77 bajas (27 muertos y 50 heridos)4.

El significado e impacto de esa victoria Raúl lo rememoró en el Congreso de la UJC:

Así derrotamos la última ofensiva de diez mil soldados de la tiranía fuertemente armados, enfrentados inicialmente por apenas 200 combatientes rebeldes que bajo el mando directo del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, durante 75 días, del 24 de mayo y el 6 de agosto de 1958, libraron más de 100 acciones combativas, incluidas cuatro batallas en un pequeño territorio de entre 650 y 700 kilómetros cuadrados, es decir, un área menor que la que ocupa Ciudad de La Habana. Esta gran Operación decidió el curso de la guerra y poco más de cuatro meses después se produjo el triunfo de la Revolución, lo que motivó al Comandante Ernesto Che Guevara a escribir en su diario de campaña, cito: “El ejército batistiano salió con su espina dorsal rota de esta postrera ofensiva sobre la Sierra Maestra”5.

 

En el verano de 1958, los combatientes rebeldes escribieron páginas de heroísmo. Peleando en primera línea cayeron valerosos hombres como René Ramos “Daniel”, Ramón Paz, Andrés Cuevas, Angelito Verdecia y Geonel Rodríguez.

 

1 Tomado de: Compendio de Historia General. Con traducción, explanaciones y notas de Lucas T. Gibbes, Librería de Hachette, Paris, 1920, p. 65.

2 Para ampliar sobre este tema consultar: Escalante Colás, Amels y Juan Sánchez Rodríguez: Un triunfo decisivo. Casa Editorial Verde Olivo, Ciudad de La Habana, 2006.

3 Citado por: Castillo Bernal, Andrés: “Se inicia el fracaso del Plan F.F”. Verde Olivo, Ciudad de La Habana) 19 ( 28), 9 de julio de 1978, pp. 34-39.

4 Parte del Ejército Rebelde trasmitido por Radio Rebelde el 18 de agosto de 1958. Citado por: Escalante Colás, Amels y Juan Sánchez Rodríguez: Obra citada, Ed. MINFAR, 1997, pp. 96-97.

5 Tomado de: Granma, Año 46/ No. 80, 5 de abril del 2010, p. 5.

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