Argentina y el vuelo de los buitres financieros

Argentina y el vuelo de los buitres financieros

Por Renato Recio -Progreso Semanal-

La historia de los fondos buitres poniendo a Argentina al borde de un segundo default en una década, no debiera ser contada como la obra de un especulador desalmado, un juez ultraconservador y un presidente pusilánime, aunque las figuras de Paul Singer, Thomas Griesa y Barack Obama aparezcan como protagonistas del episodio.

En el trasfondo hay un escenario económico y político que tiende a eliminar la vigencia efectiva del concepto de soberanía nacional para situar a Estados Unidos como regente inapelable de un gobierno mundial unipolar.

FONDObuitreDesde hace casi siete años, luego de la crisis global que estalló en el 2008, en los más conspicuos escenarios del capitalismo central han llovido los discursos y las declaraciones referidas a la necesidad de impulsar reformas en los mercados financieros, pero nada se ha hecho para aumentar la supervisión y la regulación de un sistema caótico, sumamente entrópico, que ofrece amplio margen a una moral delincuencial.

Uno de los elementos más aberrantes y cuestionados en torno a la actual arquitectura financiera ha sido, es, y seguirá siendo, el accionar de los fondos buitres, un tema tan repulsivo que ha obligado al gobierno de Estados Unidos a unirse una que otra vez a la retórica reformista, a la vez que se niega en los hechos a cualquier tipo de regulación.

El caso de Argentina demuestra con estruendo cómo Washington avala y promueve el vuelo de los buitres financieros, aunque se sabe que no han sido pocas las ocasiones en que otros países del Sur han sido expoliados por especuladores estadounidenses especializados en litigar por deudas soberanas colapsadas, en todos los casos apoyados por el avasallante poder económico y político de su gobierno.

DEFAULTLo distintivo de la actual situación respecto a otros casos, radica en la dimensión económica, política y cultural de Argentina y sobre todo en su aplicación relevante, probablemente sin igual, en la reestructuración y liquidación de su deuda, con el declarado afán de recibir el beneplácito de los mercados internacionales.

Pasar por encima de esas distinciones está resultando una acción muy desafíante de las fuerzas neoconservadores en Estados Unidos no solo hacia sus vecinos de América Latina y el Caribe, sino también a amplias zonas del pensamiento y las conveniencias europeas, y a las fracciones no pequeñas de neoliberales norteamericanos que pugnan por la creación de instituciones globales capaces de armonizar en alguna medida los intereses varios y explosivos que se manifiestan en el sistema mundo.

La prensa internacional ha destacado la gran preocupación que existe en el Fondo Monetario Internacional, y la inquietud de la titular de ese organismo, Christine Lagarde, por el riesgo sistémico que traería el fallo a favor de los buitres por parte de la justicia estadounidense.

DEFAULT_INSOLVENCIASe afirma que el gobierno de Obama tuvo a bien indicarle al FMI que no se presentara como amicus curiae ante la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos para respaldar la posición argentina.

Consecuentemente, luego de esa sugerencia presidencial, la Corte Suprema consideró innecesaria la invitación al procurador general de Estados Unidos a que presentara un escrito y, por último, decidió no escuchar el caso y validar de ese modo el fallo del juez Thomas Griesa, lo cual obligaría al gobierno argentino a pagar el total de la deuda adquirida, sin tener en cuenta las reestructuraciones pactadas después del default del 2001.

Con ello los neoconservadores norteamericanos están poniendo en quiebra a una de las reglas o estándares básicos de las reestructuraciones de la deuda en todo el mundo: el canje es aceptado si lo aprueba más del 75 % de los bonistas, un porcentaje ampliamente superado por la práctica argentina.

La amenaza de un nuevo default ha creado temores y rebeldías: los defensores del actual sistema de poder mundial presumen que podría sobrevenir una ola de propuestas e iniciativas para una reformulación de la arquitectura financiera global que se basa hoy en una ideología desreguladora y especulativa. Sus contrarios consideran que tal cosa debiera suceder aun cuando el ataque de los buitres contra la Argentina no llegue a provocar el desastre, debido a la firmeza del gobierno de Cristina Fernández.

DEFAULT_PAISESTodas estas tendencias están siendo atizadas por una avalancha de expectativas en torno a la próxima reunión cumbre de los países del BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica).

Por un lado, el gobierno chino asegura que existe un amplio consenso para la creación del Banco de Desarrollo de los BRICS, institución que habría de estar en funcionamiento lo antes posible.

De otro, el gobierno ruso anunció que Cristina Fernández había sido invitada a la reunión del BRICS.

“Invitamos a la Argentina a una reunión del BRICS”, escribió por Twitter hace unos pocos días el propio ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Serguei Lavrov, quien agregó sin dar más detalles que: “en el viaje de Vladimir Putin a América Latina, habrá una oportunidad para reunirse con Cristina Fernández y otros presidentes”.

El convite para la reunión que se efectuará en la ciudad de Fortaleza, Brasil, el próximo 15 de julio, resulta obviamente un apoyo del BRICS para la Argentina en momentos decisivos del litigio con los fondos buitre.

En mayo pasado medios de prensa anticiparon que India quería a la Argentina en el BRICS, una posibilidad que no ha sido descartada hasta ahora por ninguno de los países miembros y que ya en 2010 había sido manejada por el entonces presidente del parlamento ruso.

La importancia de la próxima reunión del BRICS crece extraordinariamente en medio de la coyuntura que hemos estado describiendo, ya que, al parecer, se avanzará hacia una nueva arquitectura financiera en un conjunto de países muy significativos mundialmente por sus dimensiones geográficas, demográficas y sus enormes potencialidades económicas.

Bueno sería que los vientos de las actuales experiencias empujen las velas del Banco del Sur para que acabe de entrar en funciones, y que la integración de América Latina y el Caribe pueda apurar el camino hacia una nueva arquitectura financiera regional que aleje a sus países del pantano de la deuda externa y los libre de vivir a merced de los acreedores.

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