Orgullo ruso

Putin da a conocer las medidas de respuesta a las arbitrarias sanciones de Occidente

Por  Arnaldo Musa -Cubasí-

Las venales acciones de Occidente contra Moscú han despertado el sentimiento de unidad en un pueblo donde heroísmo y patriotismo van de la mano.

Dice un viejo adagio popular que “lo que sucede conviene”, y las acciones de “castigo” de Estados Unidos y aliados de la Organización del Tratado del Atlántico Norte contra Rusia han servido de catalizador e incentivo para la unidad del pueblo de la Federación con su gobierno, independientemente de los matices, ya que ello incluye a los diferentes partidos políticos y magnates capitalistas dentro y fuera de la Federación.

Mientras el simple ciudadano dice sentirse orgulloso de cómo Moscú ha llevado su diferendo con las potencias occidentales, empresarios de diversos sectores, principalmente el petrolero, subrayaron que no claudicarán ante las presiones de los “enemigos de siempre”, como los calificó uno de los dueños de equipos de fútbol europeo.

El pretexto es el consabido descontento de Occidente, porque Rusia aceptó la adhesión de Crimea, que contó con la casi total aceptación popular, además de que esa región había sido incorporada a Ucrania inconsultamente.

Asimismo, se acusa sin pruebas a Moscú de haber alentado a los movimientos independentistas en el este de Ucrania, con una mayoría poblacional de habla rusa, pero lo cierto es que esos grupos surgieron en protesta por la participación fascista en el golpe de Estado propugnado y financiado por el imperialismo en Kiev, contra un gobierno que, aunque con errores, había sido elegido democráticamente.

Mientras analistas “objetivos” afirman que no es cierto que en Kiev gobiernen elementos fascistas, para desvirtuar las protestas al efecto, los hechos vandálicos contra la población del este e incluso contra recientes protestas en la propia capital, demuestran lo contrario.

Cierto, las siempre recurrentes sanciones occidentales contra quienes no bailan al compás de su política, siempre ejercen daños en menor o mayor grado y, en el caso que nos atañe, la Voz de América se ha atrevido a decir que ahora la población rusa sabrá qué cosa es el hambre, ignorando todos los avatares que soportaron sin doblegarse los pueblos que conformaron la desaparecida Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

De sanciones y su repercusión

La política punitiva de Occidente tiene como trasfondo la posición independiente de Rusia en torno a los acontecimientos en Ucrania, tras el golpe de Estado y la injerencia de Occidente en abierto apoyo a los golpistas.

Las sanciones occidentales se dirigen contra los bancos públicos rusos, el sector de defensa y el petrolero, lo cual obligó al gobierno ruso a replantear su estrategia económica y presupuestaria para este año y el que viene.

Pero Occidente no esperaba que el empresariado ruso apoyara los intereses nacionales y no ejerciera presión para un cambio de política respecto a Ucrania.

Guennadi Timchenko, accionista principal del Grupo Volga, dejó en claro que no habrá «lobby» de los empresarios en busca de suavizar la política del Estado respecto a la situación ucraniana, el argumento esgrimido por Estados Unidos y la Unión Europea (UE) para la imposición de sanciones unilaterales a Rusia.

“Lo descarto por cuanto en cualquier situación el presidente Vladimir Putin se guía por los intereses nacionales del país, y no puede haber ningún compromiso”, subrayó el también copropietario de la compañía energética Novatek en entrevista con la agencia ITAR-TASS.

De chantaje y política contraproducente han sido calificadas las represalias imperialistas, que pueden representar un estímulo para resolver los problemas internos y no depender tan fuerte del mundo exterior en sectores clave como la defensa, finanzas y la seguridad alimentaria.

A su vez, el periódico China Daily aseguró que los efectos de las sanciones de Occidente debilitarán las posiciones del dólar de Estados Unidos en Rusia y acelerarán el proceso de transición de los activos de grandes compañías rusas a los bancos del gigante asiático, en yuan y en dólares de Hong Kong. Se mencionan al respecto las compañías Magafon, Novatek, Severstal, Nornikel, Alrosa y la Corporación Unida de Construcción Naval.

Respuesta que preocupa

Aunque es lo más reciente, es bueno dejar para el final la respuesta moscovita a las sanciones occidentales, que ha causado pánico a algunos de los aliados europeos que aceptan siempre los caprichos de Estados Unidos.

Y es porque es una respuesta que hacen crecer las restricciones comerciales rusas, al prohibir o limitar durante un año las importaciones de productos agrícolas de países que impusieron sanciones a Moscú, acción que fue hecha con sumo cuidado para apoyar a los productores nacionales sin perjudicar a los consumidores, dijo el presidente Vladimir Putin, quien recordó que «los instrumentos políticos de presión a la economía son inaceptables, contradicen todas las normas y reglas».

Rusia importó alimentos y productos agrícolas para su producción por 43 000 millones de dólares el pasado año, 1 300 millones de ellos desde Estados Unidos. En todo esto está contemplada la prohibición de importaciones de carne, pescado, leche y productos lácteos y frutas y verduras de EE.UU., la Unión Europea, Australia, Canadá y Noruega.

Pero mientras moscovitas y numerosos ciudadanos rusos expresan que no tienen miedo a los impactos de las sanciones de Occidente y confían en la pericia de su gobierno, ya comenzaron las fisuras entre los que siguieron paso a paso las órdenes de sanciones emanadas desde Washington.

Empresarios alemanes lamentaron la congelación de contratos millonarios con Rusia, principalmente en el sector marítimo; Austria y Finlandia señalaron que serán perjudicados con la prohibición de compra de alimentos, y Polonia pidió a Estados Unidos que importara lo que dejará de vender a Moscú.

Cuando estas líneas vean la luz, es posible que se haya realizado un foro agropecuario en San Petersburgo, donde Ecuador, Chile, Argentina, Brasil, Uruguay y Perú, entre otras naciones, acudirían al llamado ruso, con el fin de incentivar acuerdos sobre importación de alimentos que sustituirán a los norteamericanos y europeos, principalmente ternera, cerdo, verduras y hortalizas, frutas, carne de ave, pescado, quesos, leche y productos lácteos. De más está decir que hay euforia suramericana.

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