Doble rasero del círculo del poder de #EE.UU.

Por David Ignacio Martí.

Si es cierto que entre cielo y tierra no hay nada oculto, ello lo es mucho menos en la era de Internet y la globalización de la información.

Tal es así que, luego de que se hicieran públicas las declaraciones de la asesora de seguridad nacional de Estados Unidos, Susan Rice, en las que confirmaba que su país entrega “ayuda letal” a los rebeldes sirios, han ido apareciendo críticas veladas a esa decisión, sobre todo, provenientes del autotitulado jefe de Estado Mayor del opositor Ejército Libre de Siria (ELS), Abdel Ilah al-Bashir.

El jefe ¿insurgente? sirio ha advertido que tal suministro de armamentos por parte de Washington, podría convertir a ese país árabe en otro Afganistán o Somalia.

En declaraciones a la agencia británica Reuters, Al-Bashir alertó que ello podría convertir a los líderes de las bandas armadas en los nuevos “señores de la guerra, difíciles de controlar en el futuro”.

Hasta aquí pudiera parecer contradictorio este rechazo a una ayuda tantas veces solicitada. Pero hurgando en el asunto, varias fuentes cercanas a los opositores sirios dan cuenta de que el “malestar” del máximo funcionario del ELS parte de que, tanto él como su organización, fueron ignorados por Washington y no se les dio el rol de mediador a que aspiraban. Ello, por supuesto, los hubiera situado en una posición privilegiada, en relación con el variopinto y difuso espectro opositor sirio.

“Los estadounidenses conducen la distribución de armas en los frentes del norte y sur. Nosotros pedimos ser los responsables de hacerlo”, ha dicho claramente Al-Bashir.

Entregas “de mano a man”

Como ocurre en la preparación y luego en el curso de una campaña de Guerra No Convencional, como la que enfrenta Siria desde hace cuatro años, Estados Unidos se esfuerza en estudiar detalladamente esa insurgencia y caracterizarla, a partir de la “docilidad” que muestren uno u otro grupo en cumplir “obedientemente” con el cometido asignado y alejar, tanto como sea predecible, la posibilidad de que esos propios hombres y armamentos se vuelvan luego contra los intereses estadounidenses.

La experiencia de Libia e Irak ha incrementado los recelos norteamericanos en cuanto a la entrega de armas y ha optado por hacerlo “de mano a mano”.
Existen documentos doctrinales de las fuerzas armadas estadounidense sobre la Guerra No Convencional, que sustentan cómo y por qué ayudan a uno u otro grupo rebelde.

La Circular de Entrenamiento 18-01 (TC 18-01) de las Fuerzas de Operaciones Especiales, en uno de sus acápites, examina el apoyo externo a una insurgencia.

El apoyo puede ser garantizando campos de entrenamiento seguros, bases de operaciones en el exterior y protección contra la extradición. En Siria, son conocidas las bases de entrenamiento en Qatar, Turquía y Jordania para los terroristas que operan la Agencia Central de Inteligencia y el propio Comando de Operaciones Especiales estadounidense.

Según la TC 18-01, la ayuda del exterior también se expresa con el aporte de recursos financieros, armamento, alimentos, asesoría, etcétera. Son conocidos también los millones de dólares entregados a los rebeldes sirios y el apoyo moral y político de los más altos funcionarios del gobierno estadounidense a nivel internacional.

Además del Ejército Libre sirio, en Siria los dos grupos insurgentes principales son el Frente Al-Nusra y el denominado Estado Islámico. Estos dos últimos son grupos terroristas, dado su origen a partir de Al-Qaeda.

Las declaraciones del jefe del Estado Mayor del ELS confirman el apoyo de Estados Unidos a estos grupos.

Sin embargo, estas no son las únicas evidencias, pues durante los esfuerzos para derrocar a Libia y a su líder Muammar Gaddafi, en 2011, Estados Unidos y la OTAN apoyaron, financiaron y armaron a paramilitares comprometidos con Al Qaeda y otros grupos terroristas.

En declaraciones de la funcionaria de la CIA, Clare López, realizadas al periódico británico The Daily Mail, en abril pasado, esta expresó: “Estados Unidos cambió de bandos en la guerra contra el terrorismo con lo que hicimos en Libia, facilitando a sabiendas la provisión de armas a conocidas milicias y figuras de Al Qaeda”.

Recientemente, el analista independiente Tony Cartalucci, investigador geopolítico estadounidense radicado en Tailandia, declaró que el Estado Islámico de Irak y el Levante (ISIS por sus siglas en inglés) inspirado por Al Qaeda y presuntamente no alineado más a él, es un producto de la OTAN y Arabia Saudita que data del año 2007, cuando legisladores estadounidenses y sauditas buscaron activar una guerra sectaria en toda la región para purgar la influencia iraní en Medio Oriente, extendiendo sus fronteras con Siria e Irak, el Líbano por el oeste y a través de la costa del Mediterráneo.

Según reporta el investigador en su sitio web Land Destroyer, el ISIS ha sido entrenado, armado y financiado por una coalición de estados de la OTAN y el Golfo Pérsico, dentro de las fronteras de Turquía (un territorio de la OTAN), y ha lanzado invasiones por el norte de Siria contando, en ocasiones, con la artillería y cobertura aérea de Turquía. De acuerdo con Cartalucci, la embestida sunita en Irak persigue justificar la intervención de la OTAN en Siria y generar el ansiado “cambio de régimen”.

Entonces, no es difícil percatarse de la compatibilidad entre los grupos mencionados y el gobierno de Estados Unidos; un aspecto tienen en común: el terrorismo. ¿Quién si no, es el mayor estado terrorista del mundo?

Por supuesto, que comparten ideologías y de ahí que no podemos dejarnos engañar. Es paradójico que por una parte, los voceros y hasta los funcionarios del imperio salgan a “mostrar preocupación” por el incremento del terrorismo dentro de Siria y la transnacionalización del mismo hacia Occidente, mientras que por otra, la realidad es muy distinta y revela la ayuda de todo tipo dada a estos terroristas por Estados Unidos.

El doble rasero del círculo del poder norteamericano está a la orden del día.

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