Céspedes, precursor de la lucha clandestina. (#Cuba)

Por Israel Valdés Rodríguez*

Todos los cubanos conocemos que Carlos Manuel de Céspedes fue el iniciador de nuestras guerras de independencias, sin embargo, es poco conocido que también fue el precursor de la lucha clandestina en Cuba.

Este ejemplar bayamés, por su actitud viril ante las arbitrariedades de las autoridades españolas fue encarcelado en tres ocasiones. A pesar de todo en septiembre de 1867 comenzó a conspirar en Manzanillo, lugar donde residía, pues en su mente mantenía latente la idea de iniciar de inmediato la guerra contra España. Estaba convencido que muchos hombres y mujeres compartían sus aspiraciones de independencia y que lo seguirían a la manigua redentora. No obstante, antes del alzamiento había creado una red de conspiradores y a algunos de sus mas fieles familiares y amigos les orientó que no se alzaran, que se mantuvieran en sus lugares de residencias y se convirtieran en combatientes anónimos por la independencia de Cuba.

Leónidas Raquin, un agente de Céspedes.

Cuando consultamos los diarios de campaña de Céspedes y el Libro Copiador de Comunicaciones se menciona de manera reiterada, desde 1871 hasta 1874, el seudónimo de Leónidas Raquin. ¿Quién fue este combatiente clandestino?

Este hombre fue el santiaguero Calixto Acosta Nariño. Fue el encargado de tramitar gran parte de la correspondencia de Céspedes, tanto internamente, entre los patriotas cubanos, como desde y para el extranjero. Constituía una vía expedita para el flujo de la información y propiciaba que el presidente de la República en Armas se mantuviera informado del acontecer nacional e internacional a través de un eficiente servicio de correos.

Fiel al legado de Céspedes.

Como es conocido, el 27 de febrero de 1874 una columna española penetró inesperadamente en la finca San Lorenzo, en la Sierra Maestra y allí Céspedes es ultimado. Su cadáver fue trasladado a Santiago de Cuba y exhibido y posteriormente le dieron sepultura.

El 22 de marzo de 1874, Raquin le escribe a Carlos Manuel de Céspedes (hijo) para darle noticias de su padre: “Demás está Carlos, manifestarte el sentimiento que me ha causado la muerte de mi amigo, tu querido padre; tu me conoces, y sabes bien el aprecio que en particular he hecho de él; por su cariño hacia mí”. (1)

En esta carta Raquin relata todo lo acontecido con el cadáver del Padre de la Patria. Veamos a continuación lo que expresa:

“Según opinan algunos el mismo se quitó la vida; pero que las fieras sus enemigos le maltrataron después de muerto, pues lo del cráneo se cree, fueron algunos culatazos. Por la tarde fue conducido al cementerio, donde descansan hoy sus restos. Tengo que manifestarte en honor de la verdad que su cadáver ha sido respetado por los patones de aquí; pues ni siquiera una ofensa, ni demostraciones bacanales, como han hecho otras veces”.

“El Gbno tiene en su poder los cuadernos de apuntes que tenía tu padre como también correspondencia particular y se hacen elogios de las apuntaciones hechas”. (2)  

Aquí se aprecia como este combatiente anónimo conoció en detalles todo lo acontecido con los restos mortales de Céspedes. Pero su fidelidad al patricio bayamés no tuvo límites.

Una noche oscura y tempestuosa, Calixto Acosta Nariño (Leónidas Raquin) acompañado del doctor José Navarro Villar, Luis Yero, Eligio Bravo y otros patriotas cubanos se introdujeron sigilosa y audazmente en el cementerio Santa Ifigenia y con el auxilio de un sepulturero localizaron y extrajeron los restos del Padre de la Patria y lo depositaron en una caja de zinc, dándole sepultura en un lugar que permaneció en secreto hasta su traslado definitivo en el sitio donde hoy se encuentra su nicho en el propio cementerio de Santa Ifigenia.

¿Cuándo y cómo se conocieron Céspedes y Calixto?

La relación de amistad entre ambos data de muchos años, aunque no se puede precisar con exactitud.

Un hermano de Calixto, nombrado Juan Acosta Nariño fue el mayoral del ingenio Demajagua, propiedad del entonces hacendado Carlos Manuel de Céspedes, que lo había comprado en 1866.

Al morir Carmen, la primera esposa de Céspedes, el 18 de enero de 1868, decidió trasladarse para el ingenio. Ya estaba en plenos trajines conspirativos y es posible que en Demajagua se celebraran algunas reuniones con los complotados, pues dicha finca lindaba con las de otros hacendados revolucionarios.

Aquí Céspedes conoce a Candelaria Acosta Fontayne, conocida como Cámbula, hija de Juan. Ambos comienzan a tener una bella relación amorosa. Fue ella la encomendada con la honorable misión de confeccionar la bandera que enarbolara Carlos Manuel de Céspedes el 10 de octubre de 1868. Pocos meses después del levantamiento, en la manigua redentora, tienen una hija.

Una familia de patriotas.

Cámbula en 1871, con su pequeña hija y embarazada nuevamente, parte para Jamaica, pues las dificultades propias de la vida en campaña era insostenibles.

Su padre Juan se convirtió en un combatiente del Ejército Libertador. Sus tíos paternos también ocuparon su lugar en el campo insurgente: Mariano obtuvo el grado de teniente coronel; Cayetano el grado de capitán; Tomás falleció en plena manigua en 1876 y Calixto se mantuvo toda la guerra como combatiente clandestino. Cada cual cumplió con los deberes que la patria le asignó.

Citas o referencias

  • Archivo Nacional de Cuba. Fondo: Academia de la Historia. Caja 372, signatura 120.
  • Ibídem.

 

* (San Antonio de los Baños, 1952) profesor  e historiador, miembro del secretariado permanente de la Unión de Historiadores  de Cuba.

 

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