La libertad que conocí en #Cuba

-Blog de Verónica Suchero*.- Fui por segunda vez a La Habana Cuba este último septiembre del 2014. Antes lo había hecho en el 89 cuando aun no llegaba el “periodo especial” que hiciera pasar a Cuba los peores 10 años de su historia debido al colapso de la Unión Soviética y al recrudecimiento del bloqueo del imperio.

“A pesar de esto, en esa etapa donde todo estaba racionado, nunca se pensó en privatizar una escuela, universidad y menos un consultorio médico. Nada de los principales logros sociales de la Revolución fue tocado. Aunque los medios eran bien escasos y humildes, nadie murió por falta de atención médica, ni los niños dejaron de recibir sus útiles de estudio o el vaso de leche diario”, tal como lo recuerda el periodista y escritor Hernando Calvo Ospina (*1).

En este viaje vi un gran cambio. La libertad de acción y de expresión que pude palpar en Cuba en esta ocasión, no la había sentido antes.

Cuando en el 89 viajé por primera vez, lo hice para un congreso donde nos agrupamos estudiantes universitarios representantes de América Latina y El Caribe. Vi lo que los turistas visitan, solo los lugares hermosos: Varadero y las mejores zonas de la ciudad de La Habana. Fiestas, gente en la calle bailando, y mucho turismo. Lo disfruté, sí, y mucho, pero no sentí en el cubano de a pie la tranquilidad de hablar lo que quisiera de su gobierno.

La necesidad de brindar, en especial a las nuevas generaciones, los recientes avances tecnológicos y ofrecerle al cubano la posibilidad de tener sus propios negocios, abrir las puertas para la inversión extranjera, comprar sus propias casa y viajar al exterior, han hecho de Cuba –a mi manera de pensar- verse hoy en día como un país no muy distinto del nuestro, pero con un plus adicional: la solidaridad que se aprecia en el día a día de cada cubano.

Cuando caminaba por las calles, encontraba jóvenes con cabellos pintados, con peinados extravagantes, con ropas de marca y zapatos de primera, así como los llamados metros sexuales ¿Estaba en Cuba? Como diría la periodista cubana Isabel Soto Mayedo (*2) a quien le pregunté si a raíz de estas «libertades» era posible que se esté muriendo el espíritu socialista en la isla, “lo que está muriendo, quizás, es la falsa idea de lo que es el socialismo”– me dijo. Si pues.

 Me alojé en esta ocasión en casa de cubanos, me transporté en colectivo y en «gua gua», fui una cubana más por seis días.

Ahora sentí que había tal libertad para hablar bien o mal de Cuba que me quedé absorta. Los taxistas y la gente de la calle con quienes conversé se abrían con una libertad crítica que jamás lo escuché hace años atrás. Vi aparente pobreza. Claro, muchas casas y edificios sin pintar, sin refaccionar; el bloqueo muestra sus estragos también en diversas zonas de la isla. Traduje además la «pobreza» que vi como cuando en nuestros países no tenemos para derrochar, para gastar en demasía o para no comprarnos  todos los artefactos que quisiéramos, o sea, el no tener grandes lujos en la casa, el que no te sobre y malgastes la comida.

Vi a gente que vende pilas en la calle, botones, negocios en casas donde vendían desde sus ventanas vasos de gaseosa y un pan con mantequilla a manera de “combo”, me percaté que la gente compra y vende alimentos por los diferentes establecimientos y pasean casi siempre tomando una gaseosa, comiendo un pan con salchichas o un helado. Las filas en “Coppelia(*3) son de nunca acabar. Mi conclusión: Hay para gastar, por que es accesible a la población.

Sin embargo, vi un par de personas pidiendo dinero en la calle, pero la gran sorpresa es que esas personas vestían y calzaban bien. Pregunté a un cubano amigo ¿Por qué hacían eso? Y me respondió “seguro para tomarse un ron o algo adicional a lo que ya tienen”. Esa era la respuesta. El cubano tiene para comer, no demasiado, lo justo. Tiene además la Libreta de Racionamiento, que este año cumplió ya 51 años de aportar a la población un apoyo adicional a sus compras mensuales. A diferencia de lo que pensaba, no era lo único que tienen para alimentarse, es más bien un apoyo adicional que el gobierno les entrega, un pago por debajo del precio real. Así, la historia era distinta a como me la habían “pintado”. Y ni que decir de los estudios, todo pagado, hasta la universidad.

Me pregunto, entonces, ¿cómo sería Cuba sin el bloqueo? Si con tremendo aislamiento provocado por EEUU han sabido salir adelante en especial en salud y educación.

El gas, el agua, la luz eléctrica, subsidiadas por el gobierno, pagando menos de 20 centavos de dólar mensuales por cada servicio, fue una impresionante sorpresa para mí. Nada sobra en Cuba, pero tampoco falta.

En mi primer viaje a Cuba vi con tristeza que amigos cubanos no se atrevían -o no les permitían-  ingresar a los hoteles “destinados a turistas”, ahora podía tener la tranquilidad de tomarme un “mojito” en pleno Hotel Riviera con mis amigos cubanos.

No puedo negar que una de las libertades que más me impresionaron en la isla fueron las fiestas organizadas por la comunidad gay frente al Malecón de La Habana. Es que a raíz de que la hija del presidente Raúl Castro, Mariela Castro,  quien es sexóloga, diputada del Parlamento y directora del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex)  ha emergido como defensora de la diversidad sexual en esta isla de 11 millones de habitantes y en la que muchos homosexuales fueron marginados y enviados a campos de trabajos fuera de La Habana durante la década de 1960, la situación es ahora, definitivamente, otra.

Conocí eso y mucho más. Intenté no dejarme llevar por el “corazoncito rojo” y analizar las cosas tal cual. Sin embargo, culminé mi corto viaje (que esta ocasión había sido especialmente para asistir al «X Coloquio Internacional por la Libertad de los 5 cubanos anti terroristas presos en EE.UU) con el corazón en la mano. Con ganas de regresar o nunca irme.

La unión, la solidaridad, la alegría, el aprovechar cada pieza de comida, el no desperdiciar, hizo que cuando vine a Lima tuviera un sentimiento de culpa del pan que botamos, de la comida que desperdiciamos y de lo que el consumismo nos hace creer que necesitamos para ser felices.

(*1) http://hcalvospina.free.fr/spip.php?article358

(*2) http://isabelsotomayedo.blogia.com/acercade/

(*3) http://www.ecured.cu/index.php/Helader%C3%ADa_Coppelia

* Periodista. Activista en DD.HH. Conductora del Programa «¿Y tu qué piensas?» por www.radioelcubil.com. Por la Igualdad y la Solidaridad

https://vernicasu.lamula.pe

Esta entrada fue publicada en Social y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

3 respuestas a La libertad que conocí en #Cuba

  1. mercedes casas montenegro dijo:

    Por fin leo algo real y bello acerca de mi país eso y mucho mas tenemos allí.gracias compañera por reflejar de manera digna nuestra realizad

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.