Superman en el supermercado: Mafia y Poder (I) #YaMeCansé #Cuba

Por: Jorge Gómez Barata

A propósito de un artículo en el cual aludí a debilidades del Estado mexicano ante el crimen organizado, el Dr. Julián Álvarez me recordó que: “…La situación de México se parece a Estados Unidos a principios del siglo XX, cuando sin erradicarla, logró al menos reducir la ostensible influencia de las mafias sobre la sociedad y sobre la política. ¿Podrán hacerlo los mexicanos…? ”

Al margen de definiciones, tecnicismos o escalas, se asume por mafia las expresiones del crimen organizado y las asociaciones (espontáneas o factuales) para delinquir o extorsionar. Se incluyen los fenómenos que conducen a las ilegalidades en connivencia con autoridades civiles o la fuerza pública, así como aquellas toleradas por las gerencias o administraciones, y amparadas por la contabilidad creativa.

Las mafias se forman en torno a actividades ilícitas: narcotráfico, tráfico de armas, personas y órganos, contrabando, trata de blancas, proxenetismo, pandillas y maras, aunque también invaden áreas legales como juego y apuestas, deporte profesional, espectáculos, carreras de caballos y perros, turismo sucio, finanzas y otros. En ocasiones se incluyen modalidades no violentas como corrupción, burocracia, y algunos monopolios y carteles comerciales creados para acaparar mercancías y manipular precios.

Hay mafias opulentas y sudesarrolladas, criminales o mercachifleras. Unas se asocian al poder político, otras a las administraciones, pero ninguna puede existir sin la tolerancia o la debilidad del poder que, cuando es ilegítimo o se vincula a lo ilegal, se convierte en camarilla. La mafia de cuello blanco requiere un estudio de caso.

Aunque aparentemente las mafias operan contra sujetos concretos (comerciantes, consumidores, sindicatos, mujeres) en realidad confrontan al poder, al derecho y en última instancia al Estado, y lo suplantan.

Las mafias avanzan allí donde el Estado y sus instituciones (gobierno, parlamento, poder judicial, policía, hacienda y otros) son omisos en el cumplimiento de sus obligaciones con la comunidad. Cuando no son contenidas a tiempo llegan controlar la autoridad policíaca y la administración de justicia, incluso pueden subvertir la democracia, mediante la corrupción política y el fraude electoral. La suma de esos elementos pueden hacer colapsar el sistema político.

Los recursos de la mafia son: la violencia y el dinero. Con ellos intimida a unos y compra a otros. Cuando a esto se añade el poder, sobreviene el caos social y político. Uno de los riesgos del mundo global es que las mafias se vuelvan transnacionales como ocurre con las dedicadas al narcotráfico, y que acosadas en unas áreas se trasladen a otras, lo cual ha ocurrido con la invasión de la droga a Centroamérica.

En los años 40 y 50 la mafia norteamericana se institucionalizó, formando “familias y asociaciones, las cuales llegaron a adoptar una estructura nacional, repartirse el país en zonas de influencia, establecer jerarquías, y coordinar acciones, llegando a celebrar cierta especie de convenciones. La más famosa fue la Reunión de La Habana en 1946, organizada por Lucky Luciano, entonces “El capo de todos los capos”, y que se señala como una de las expresiones de mayor complicidad de un gobierno con la mafia.

El tema es tan vasto que obliga a varios artículos que permitan comprender la naturaleza del asunto, aunque respecto a México, el reconocimiento del presidente Peña Nieto libera a los interesados de alguna demostración. Sólo le faltó añadir que probablemente ningún Estado fue nunca tan tolerante, y nunca antes la actividad mafiosa alcanzó niveles de criminalidad tan altos,, y jamás el ensañamineto con el pueblo y los pobres alcanzó el nivel que se exhibe en México.

En cualquier caso la decisión de dar la batalla significa hacerlo en alianza con el pueblo y no al margen ni contra él, apoyarse en la prensa combativa, movilizar las fuerzas sanas y respaldarlas; así como evitar los excesos y la violencia incontrolada. Con la ley, sus instrumentos, y sus líderes, el Estado debe estar dispuesto a llegar hasta el final y no dar ni pedir tregua. Si sabe hacerlo, el presidente debe montar a caballo, sino alguien lo hará.

Con la certeza de que México y su pueblo prevalecerán, allá nos vemos.

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