Científicos que matan (#Cuba #US #Miami #España)

Sydney Gottlieb uno de los personajes más siniestros de la historia de EEUU

Por Israel Valdés Rodríguez*

Durante muchos años hemos oído hablar de la ética médica y en nuestros trajines investigativos he conocido la existencia de códigos específicos donde se plantea y regulan aspectos relativos a la investigación con seres humanos.

En Cuba existe un “Código sobre la ética profesional de los trabajadores de la Ciencia” y en una de sus partes se establecen normas como:

Evitar que se produzcan daños o molestias a las personas como resultado de los trabajos de investigación, asegurando el beneficio máximo posible del o los individuos objetos de investigación.

  • Respetar la autonomía, dignidad y el pudor de las personas que son objeto de investigación y proteger las que no puedan ejercer su autonomía con plenitud.

Que orgullosos nos sentimos todos los cubanos cuando apreciamos que nuestros médicos y científicos en general se rigen, en su actividad diaria, por normas éticas que pueden servir de paradigmas para el resto de los científicos del mundo. En Cuba hacer ciencia significa proyectar cada logro en beneficio del bienestar del pueblo y de la humanidad en su conjunto.

Sin embargo, lamentablemente existen científicos en el mundo que ponen su talento al servicio de fines destructivos, es decir, al uso pernicioso de la ciencia, cuando la misma se dirige a resolver objetivos bélicos, al exterminio del hombre o al deterioro de su salud.

Todos estamos de acuerdo en que la investigación médica es necesaria para conocer más sobre el modo en que funciona el cuerpo humano, así como para descubrir los efectos de nuevas drogas, sobre una base química o biológica y de otros procedimientos.

En todo proyecto de investigación médica el posible perjuicio que puede surgir de la propia investigación debe diagnosticarse en todos los casos en contraste con el bien que al final puede resultar de la misma.

La Agencia Central de Inteligencia (CIA) norteamericana desde su fundación en el año 1947, se ha dedicado a seleccionar cuidadosamente a personas bien calificadas en todos los campos de la ciencia y muy específicamente médicos de diversas especialidades; para ello ha utilizado como procedimiento el “robo de cerebros” ¿Para qué la CIA necesita estos científicos? A continuación narramos una historia poco conocida.

El Dr. Sydney Gottlieb nació en New York en 1919. Fue hijo de padres judíos   procedentes de Hungría. En sus primeros años juveniles, a pesar de su tartamudez y defecto físico en una de sus piernas se convirtió en un perfecto bailarín popular. Estudió en la Universidad de Wisconsin donde obtuvo la licenciatura en química en el año 1940. En 1951 obtuvo el doctorado en Bioquímica en el Instituto Tecnológico de California y ese mismo año comenzó a trabajar en la CIA.

Trabajó febrilmente, escalando posiciones hasta ocupar la jefatura de la División Química de la CIA. Vivía en una Granja de 15 acres de extensión en las afueras de Virginia conjuntamente con su esposa Margaret Moor y sus cuatro hijos, dos hembras y dos varones. Todas las mañanas se le veía ordeñando sus cabras antes de partir para su trabajo y siempre llevaba consigo un litro de leche de su propio rebaño, para acompañar sus comidas pulcramente envasada (zanahorias crudas, trozos de coliflor y pan casero)

Gottlieb permaneció durante 22 años en la CIA y llegó a ocupar el cargo de Jefe de la Technical Services Branch. Se dice que nunca reveló a su familia y amigos íntimos el trabajo que realizaba en la CIA y en sus conversaciones esquivaba o era poco preciso respecto a sus responsabilidades.

Hay que decir que la Technical Services, fue nada más y nada menos, que la Sección de Servicios Técnicos de la CIA, Departamento que recibía la cariñosa denominación de “sección de brebajes y trucos sucios.”

Este aparentemente insignificante e inofensivo personaje, fue el jefe de un equipo de médicos y científicos que se dedicaron al estudio e invención de venenos sofisticados y drogas, para aplicárselas, según ellos, a enemigos de los Estados Unidos. Ellos tal ves, hasta de manera inconciente imitaban a personajes como Nicolás Maquiavelo con su máxima de que “el fin justifica los medios,” o a Tomás de Torquemada quien se hizo famoso por convertir a la Inquisición en un implacable organismo de persecución religiosa.

Gottlieb se hizo notable al presentar en el círculo de científicos y principales jefes de la CIA los deleites de la LSD (Dietelamida del ácido lisérgico). Accidentalmente concluyó que la droga descubierta por el Dr. Albert Holfman en 1953, podría usarse en la “Guerra Fría”, en el supersecreto programa de la CIA conocido con el Código MKULTRA.

De hecho, la actuación del Dr. Sydney Gottlieb fue similar a las acciones ilegales de los médicos nazis durante sus experimentos en los campos de concentración.

Gottliebt llegó a engañar a su propio colega el Dr. Frank Olson, miembro del equipo investigador, al introducirle una determinada dosis de LSD en una copa con vino Cointreau, es decir, lo utilizó como “conejillo de indias” en dos oportunidades, sin previo consentimiento de su compañero. Lo cierto es que Olson el 19 de septiembre de 1953 encontró la muerte al caer desde una ventana del décimo tercer piso del Hotel Statler Hilton de New York. Desde hacía algunos meses este venía presentando síntomas de paranoia extrema y esquizofrenia; en el momento de su muerte compartía la habitación con su colega el Dr. Robert Lashbrook, también miembro del equipo de Gottlieb.

Poco después utilizaron como “conejillos de india” a delincuentes que cumplían sanciones en diferentes prisiones; también experimentaron con enfermos mentales, prostitutas o algún que otro joven norteamericano con ímpetu patriótico y miembro de la Asociación Cristiana de Jóvenes (YMCA) como fue el caso de Mark David Chapman. Este joven “tuvo un acceso de depresión desde enero de 1976, después de que regresara de un campamento para los refugiados vietnamitas, antiguos soldados del régimen pelele de Saigón, donde permaneció durante seis meses. Pasado un mes desde su regreso, cayó sin causas visibles en estado de irresponsabilidad, gritó todo el tiempo, no pudo concentrarse, tuvo la sensación de estar cayendo en un foso profundo. No fue posible explicar su depresión desde el punto de vista común.” (1)

 MKULTRA fue el nombre confidencial y el código de un proyecto investigativo de la CIA y realizado durante los años 1953 hasta 1964, dirigido a realizar ensayos con drogas, para el control de las mentes de las personas y llevar a cabo la modificación conductual. Este era el “proyecto madre” y de él se derivaban otros subproyectos de experimentación con drogas.

El Dr. Gottlieb tenía la convicción “de que lograría programar la mente humana a voluntad y a cualquier precio.”(2)

Este “asesino de bata blanca” poco antes de fallecer llegó a manifestar: “Han dicho de mí que jugaba a ser Dios, y eso es una barbaridad. Me limitaba a utilizar los dones que el Altísimo me ha concedido para intentar defender unas convicciones que sigo manteniendo: creo que Estados Unidos tiene derecho a defenderse por todos los medios posibles.” (3)

De los laboratorios que dirigía Gottlieb surgió un sistema sin precedentes de torturas, y los torturadores eran médicos y especialistas notables, no solamente norteamericanos, pues como ya hemos dicho anteriormente, muchos de estos científicos eran un producto del robo de cerebros.

De aquí salieron otras invenciones macabras como las drogas alteradoras de la conducta y toxinas letales administradas mediante aerosoles. De aquí surgió el dardo envenenado con el que pretendían matar al líder congolés Patricio Lumumba; se confeccionó un pañuelo impregnado con sustancias capaces de invalidar de por vida a una persona, en este caso destinado al dirigente militar y político iraquí, Abdul Kevin Kassem, líder del movimiento revolucionario que en 1958 derrocó la monarquía de aquel país.

Un capítulo aparte necesitaríamos para abordar con lujo de detalles las invenciones que se lograron en estos laboratorios, para tratar de asesinar a los principales líderes de la Revolución Cubana, aunque el blanco principal fue nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro. A continuación reproducimos algunos fragmentos del Informe Central al Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba en que se hace referencia a los proyectos de atentados:

“Según el informe de 1967 del Inspector General de la CIA, un funcionario de la División de Servicios Técnicos recordó haber discutido un plan para rociar el estudio de televisión de Castro con un agente químico confiable. Durante este periodo la División de Servicios Técnicos impregnó una caja de tabacos con una sustancia química que producía desorientación temporal, con la esperanza de lograr que Castro se fumara uno de los tabacos antes de pronunciar un discurso. El Inspector General también informó de un plan para destruir la imagen de Castro como “El Barbudo” espolvoreando sus zapatos con sales de talio, depilatorio fuerte que haría que se le cayera la barba. Se aplicaría este depilatorio durante un viaje fuera de Cuba. La División de Servicios Técnicos obtuvo la sustancia y la probó con animales, pero aparentemente abandonaron el plan porque Castro canceló el viaje.”

“Una anotación en los expedientes de la División de Operaciones de la Oficina de Servicios Médicos de la CIA, indica que el 16 de agosto de 1960 se le entregó a un funcionario una caja de tabacos favoritos de Castro con instrucciones de darles un tratamiento con veneno letal. A los tabacos se le impregnó con una toxina de botulinum tan potente que una persona moriría con sólo ponerse uno en la boca. El funcionario informó el 7 de octubre de 1960 que los tabacos estaban listos.”

“Las notas de la División de Servicios Técnicos, indican que éstos fueron entregados a una persona no identificada el 13 de febrero de 1961.” (3)

 Otras de las invenciones de Gottlieb y su equipo fueron los métodos para quebrantar la voluntad de los prisioneros con el empleo de las capuchas y someterlos a un ruido intenso y continuo. Hoy muchas personas en el mundo se sorprenden con lo que está sucediendo en la cárcel de Abu Ghraib en Iraq, y en la Base Naval de Guantánamo, porción del suelo cubano ilegalmente ocupado por los Estados Unidos; los métodos de torturas son similares, aunque mas perfeccionados.

Gottlieb escribió incluso un manual pequeño, de ocho páginas, donde se exponían los métodos y procedimientos para aplicar torturas. Este Manual de la CIA ha recorrido el mundo, solamente vamos a reproducir algunos escalofriantes fragmentos de este texto. Este documento comienza con una definición:

“Según se cree, la palabra “asesinato” deriva del término “hachis”, droga similar a la marihuana, que al parecer utilizaba Hasan Al Sabbah para estimular a sus seguidores, encargados de ejecutar crímenes políticos y de otro tipo, normalmente a costa de sus vidas.”

“En este texto se utiliza para describir la muerte planeada de una persona que no se encuentra bajo la jurisdicción legal del asesino, que no está físicamente en sus manos, que ha sido seleccionada por una organización para morir y cuya muerte supone ciertas ventajas para dicha organización.”

Más adelante explica las reglas para llevar a cabo un asesinato:

“No se escribirán ni grabarán nunca las órdenes de asesinato. Las instrucciones y decisiones involucrarán al menor número posible de personas, y lo ideal es que impliquen a una sola.”

Después de   22 años en la CIA Gottlieb se retiró y pasó a trabajar en un leprosorio en la India. Más tarde regresó a Virginia del Norte para dedicarse a la cría de cabras en su granja y en unión de su familia. Falleció el 7 de marzo de 1999.

Tanto Gottlieb como los demás miembros de su equipo de investigación y el resto de los científicos y especialistas que se dedicaron a tareas tan anticientíficas, son un producto legítimo del sistema imperialista, de esa maquinaria que es capaz de emular con los inquisidores de Torquemada o los de Hitler. Estos hombres son fieles instrumentos de un gobierno que práctica el terrorismo de Estado.

Directores de la CIA, como Allen Welsh Dulles y otros que le han sucedido, como John O. Brennan actualmente, han admitido y defendido, con total desenfado, la utilización de métodos sofisticados de “interrogatorios”. Ellos no mencionan la palabra “tortura”, públicamente, pero conocen que estos métodos se ponen en práctica tal como se describe en el “Manual de Gottlieb”.

Por esta razón es que han proliferado los especialistas en “interrogatorios” entre los miembros del ejército norteamericano, ahora en Iraq, Afganistán, etc., pero anteriormente en el régimen del apartheid en Sudáfrica, en Viet Nam y en gobiernos de América Latina como Chile, Argentina, Uruguay, recordemos la Operación Cóndor; recordemos al señor Luís Posada Carriles, fiel discípulo de la CIA y quien ha seguido al pie de la letra el texto del “Manual de Gottlieb”. La CIA los cría y el diablo los junta.

Citas:

  • “Las torturas mentales de la CIA”. Autor: Thomás Gordon. Ediciones B, Grupo Zeta, año 2001. Página 16.
  •  “La CIA contra la juventud”. Editorial Progreso, Moscú. 1985.Página 134.
  • Ibidem
  • Informe Central al Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba. DOR del CCPCC. La Habana, 1975. Páginas 192-193.
  • “Las torturas mentales de la CIA”. Autor: Thomás Gordon. Ediciones B, Grupo Zeta, año 2001. Página 46-47

* (San Antonio de los Baños, 1952) profesor e historiador, miembro del secretariado permanente de la Unión de Historiadores  de Cuba.

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Una respuesta a Científicos que matan (#Cuba #US #Miami #España)

  1. Félix Edmundo Díaz dijo:

    Es una vergüenza que el mundo haya tenido entre sus descendientes a hijo’eputas como este y sus seguidores, ellos no son más que la aberración del ser humano en su máxima expresión. Pero, atención, a todos los que tenemos al ser humano en la escala superior con independencia del color, sexo, religión, a todos los que luchamos porque el hombre sea hermano y no lobo del hombre, bueno creo que nos dicen despectivamente comunistas o socialistas, también terroristas, en fin, algo debemos tener bien claro: Todos los inventos de Mengele y Gottlieb se “inventaron” para nosotros, por ello la decisión nuestra de luchar ha de ser permanente.

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