La #CIA, el #FBI y los Servicios de Inteligencia batistianos contra la expedición del #Granma. #Cuba

Por Israel Valdés Rodríguez*

Durante los veintidós meses de cautiverio de Fidel, por los sucesos del Moncada fue objeto de agresiones psicológicas y coactivas, pero todas las acciones se estrellaron ante la coraza de dignidad y férrea voluntad y su viril disposición de continuar la lucha. Hubo incluso varios intentos de asesinarlo, pero por suerte para todos los cubanos todo quedó en proyectos.

Al salir de prisión Fidel fue objeto de persecución constante por parte de los órganos represivos de la tiranía, fundamentalmente el SIM en estrecha cooperación con el FBI norteamericano. Realmente la libertad que se le había concedido fue limitada, pues se le prohibió todo tipo de expresión pública, por lo que los planes revolucionarios que se había propuesto realizar no los podía cumplir en esas condiciones. Era un hombre conocido, era un hombre fichado.

El 12 de junio de 1955, en la calle Factoría # 62, en La Habana, Fidel se reúne con un grupo de compañeros y deja constituido la Dirección Nacional del Movimiento 26 de Julio. Fue este un paso decisivo y determinante para el futuro de la organización clandestina y revolucionaria.

El jueves 7 de julio Fidel dirige una carta a prominentes políticos donde expresa:

“Me marcho de Cuba, porque me han cerrado todas las puertas de la lucha cívica. Después de seis semanas en la calle estoy convencido más que nunca de que la dictadura tiene la intención de permanecer veinte años en el poder disfrazada de distintas formas, gobernando como hasta ahora, sobre el terror y sobre el crimen ignorando que la paciencia del pueblo cubano tiene sus límites.

 Como martiano pienso que ha llegado la hora de tomar derechos y no perderlos, de arrancarlos en vez de mendigarlos. Residiré en un lugar del Caribe. De viajes como este no se regresa o se regresa con la tiranía descabezada a los pies.” (1)  

En horas de la tarde del jueves 7 de julio, Fidel partía del aeropuerto de Rancho Boyeros en La Habana, en el vuelo 566 de Mexicana de Aviación con rumbo a México. A partir de entonces empieza una nueva etapa conspiradora siendo Fidel el protagonista principal de esta nueva “Operación Secreta”: Los preparativos de la expedición a Cuba.

No obstante, la actividad de los servicios de Inteligencia de la tiranía batistiana, en estrecha alianza con la CIA y el FBI siempre estuvieron presentes.

Desde los primeros momentos se hizo evidente la presencia de agentes batistianos en la capital mexicana, así como la puesta en marcha de planes de la dictadura para la eliminación física de Fidel.

Se conoce que los Servicios de Inteligencia batistianos reclutaron a Evaristo Veneréo González para penetrarlo dentro del Movimiento dirigido por Fidel. Este agente era atendido directamente por el agregado naval de la embajada de Cuba en México, capitán de navío Nicolás Cartaya Gómez.

Otro agente de la tiranía viajó a México con la misión de observar la casa donde residía Fidel. Este hombre fue detectado por los revolucionarios y por tal razón el espía regresó a Cuba. Semanas después retornó a México con dos agentes más. En esta ocasión contactaron con un cubano prófugo de la justicia, conocido por Arturo el Jorocho, y un venezolano, quienes a cambio de 10 000 dólares prometieron asesinar a Fidel. Fuentes confiables hicieron llegar la información a los revolucionarios y se tomaron las medidas pertinentes para evitar que se consumara este hecho vandálico. El jefe del Buró de Investigaciones, Orlando Piedra; el jefe de actividades subversivas, Juan Castellanos, y numerosos agentes con fachada de turistas, anduvieron tras el rastro de Fidel. Todas estas actividades se hacían en estrecha cooperación con la estación CIA y con la participación también de oficiales del FBI. Al respecto Fidel ha expresó: “…nosotros estábamos tomando muchas medidas porque sabíamos que había planes, por parte de Batista, de secuestrarme o asesinarme; ellos habían hecho contactos con determinados elementos en México para llevar a cabo eso, y tenían influencia en algunos sectores, tenían dinero, tenían recursos, tenían todo.” (2)

El expedicionario Fernando Sánchez Amaya en este sentido ofrece el siguiente testimonio: “La embajada de Cuba en México, convertida en oficina particular del dictador Batista, era y aún sigue siendo, el lugar del cual salían órdenes de todas clases. Se vigilaba y chequeaba a los cubanos que arribaban por el Puerto Central Aéreo y por Veracruz. Alguna vez, pudimos ver a los flamantes Coroneles Cartaya y Maymir, con camaritas fotográficas enfocando a los pasajeros, en el aeropuerto. Recuerdo una ocasión en que se produjo un incidente por dicho motivo, entre ellos y Raúl Castro y José Smith; le arrebataron la cámara y apostrofaron su servil conducta.

 Se planeaba y lo sabíamos, atentar contra la vida de Fidel Castro. Se pagaba una campaña de infundios y mentiras. Se hablaba de la frivolidad de los revolucionarios. Se nos tachaba de gansters y se nos trataba de confundir con ellos, cuando se realizaba cualquier hecho delictivo en la capital…” (3)

El prestigioso periodista Luís Báez, en una entrevista realizada al norteamericano John Mac Meckples Spiritto, oficial de la CIA desde el año 1947, obtuvo importantes revelaciones sobre la labor de chequeo y monitoreo que, junto a otros colegas de la inteligencia yanqui realizó, con el fin de conocer los planes conspirativos de Fidel y otros miembros del Movimiento 26 de Julio exilados en México.

Este oficial de la CIA dijo, que desde que Fidel salió de la cárcel, varios oficiales del FBI radicados en Cuba, conjuntamente con miembros del Servicio de Inteligencia Militar se dedicaron a vigilar sus movimientos. Agregó, que durante la preparación que recibió en la Estación CIA en México, a fin de reconocer e identificar a los revolucionarios cubanos, le proyectaron algunas imágenes fílmicas que con anterioridad se habían filmado y donde se veía a Fidel, Raúl y otros cubanos exiliados inmersos en actividades propias de los planes insurreccionales que se habían trazado.

Reveló que la CIA le asignó a sus oficiales en México tareas relacionadas con caracterizaciones de los principales dirigentes del movimiento revolucionario, fundamentalmente de Fidel, así como conocer en que vehículos se movían, lugares que frecuentaban, con quienes se relacionaban, ubicar los campamentos donde se entrenaban, conocer condiciones de vida en que vivían, medios de subsistencia, etc. Llegaron a establecer un punto permanente de chequeo en Emparan No. 49 – C, lugar donde residía la revolucionaria cubana María Antonia González Rodríguez y otro en calle Fuego No. 791 esquina a Risco, Jardines del Pedregal de San Miguel, donde residía Orquídea Pinos, cubana casada con el ingeniero mexicano Alfonso Gutiérrez (Fofo); direcciones visitadas con frecuencia por Fidel y Raúl.

El jefe de la Estación CIA en aquel entonces era el norteamericano Winston Scott, quien mantenía amplias y estrechas relaciones de colaboración con algunos altos oficiales de la policía mexicana. Añadió que el coronel Orlando Piedra, jefe del Buró de Investigaciones de Cuba y el capitán Juan Castellanos, director de investigaciones de dicho cuerpo, viajaban a México con regularidad, para recibir la información recopilada por la CIA.

A pesar de los obstáculos y contratiempos Fidel logró aglutinar a los expedicionarios, prepararlos física y sicológicamente, adquirir el armamento y las municiones, así como los medios logísticos necesarios para la travesía y sobre todo, obtener la embarcación que los conduciría a Cuba.

Por fin en la madrugada del 25 de noviembre de 1956, bajo lluvia y con las luces apagadas el yate Granma logró zarpar y comenzó a navegar por las aguas del río Tuxpan. Pudo burlar la vigilancia del faro y del puesto naval de la marina mexicana existente en la salida al mar abierto.

Mientras el yate navegaba hacia Cuba los servicios de inteligencia de la tiranía batistiana y en franca alianza con sus homólogos mexicanos y la CIA obtenían informaciones de una supuesta expedición, aunque los datos eran inexactos y confusos. El 30 de noviembre de 1956 el coronel Francisco Tabernilla Palmero, Jefe de la Fuerza Aérea, envía el siguiente telefonema al Ayudante General del Ejército:

“Infórmole Patrulla Aérea búsqueda yate de 65 pies, pintado de blanco sin nombre, bandera mexicana con cadena que cubre casi todo el barco, durante las horas comprendidas de las 0545 hasta las 1700 horas de hoy, resultó negativa.” (4)

En horas de la tarde del 1ro de diciembre el Ayudante General del Ejército, General de Brigada Rodríguez Ávila envía el siguiente telefonema al Jefe de la Marina de Guerra:

“Ruégole disponga búsqueda y captura yate blanco 65 pies sin nombre bandera mexicana con cadena que cubre casi todo el barco, salió TUXPAN, Veracruz, México 25 Nov ppdo. se supone por Ote (PUNTO) Ruégole resultas (PUNTO) Sopns N° 698-C-.956.” (5)

Siendo aproximadamente las 0135 horas del 2 de diciembre, el Ayudante General del Ejército envía el siguiente telefonema al Jefe Regimiento 1 y 8 de la Guardia Rural con jefaturas en Santiago de Cuba y Holguín respectivamente:

“En relación con despacho Of de fecha 1ro actual referente yate blanco 65 pies sin nombre, se modifica dicho despacho en el sentido de en vez de decir cadena es cabina (Punto, Sopns N° 698-C-956).” (6)

Posteriormente se envía otro telefonema donde se rectifica la información anterior, veamos a continuación el texto:

“Ampliando despacho ayer circulando yate blanco infórmole JDDMG comunica tiene noticias su nombre es GRAMA. Punto Sopns 698C-956.” (7)

El 25 de noviembre, coincidiendo con la salida del Granma de las costas mexicanas, llega al Estado Mayor del Ejército de Batista una información de un confidente radicado en el territorio nacional que decía: “Barco salió HOY con bastante personal y armas desde un puerto de México.” (8)

 Evidentemente las informaciones llegaron con retraso y con elocuentes inexactitudes lo que indica, que las medidas de seguridad tomadas por Fidel, fueron efectivas y que logró burlar la actividad de los órganos represivos de la tiranía del dictador Batista, así como, de la CIA y el FBI norteamericanos. A pesar de todo, la expedición libertadora logró desembarcar el 2 de diciembre de 1956 por Playa Las Coloradas, en la costa Sur de la antigua provincia oriental y de esta manera nacerían nuestras gloriosas Fuerzas Armadas Revolucionarias.

Citas y referencias:

  • Compilación de documentos. Edición conmemorativa del XXV aniversario. Centro de Historia Militar, 1976.
  • Borges, Tomás: Un Grano de Maíz. Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado. La Habana, 1992, página 218.
  • Sánchez Amaya, Fernando: Diario del Granma. Editorial Tierra Nueva, 1959, página 15.
  • GRANMA, Compilación de documentos. Edición conmemorativa del XXV Aniversario. Centro de Estudio de Historia Militar, 1976.
  • Ibídem.
  • Ibídem.
  • Ibídem.
  • Reyes Trejo, Alfredo: “Los días que precedieron al desembarco”. Revista Verde Olivo, 4 de diciembre de 1966. Páginas 10-14.

* (San Antonio de los Baños, 1952) profesor e historiador, miembro del secretariado permanente de la Unión de Historiadores  de Cuba.

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