#FidelCastro: Siempre fue el objetivo principal (XII). #Cuba #CubaYaEsLibre

 Por Israel Valdés Rodríguez*

En el mes de octubre de 1967 el contrarrevolucionario José Antonio Acosta Corona, conocido por Pepe, sostiene una conversación con varios elementos conspiradores, donde expresa que tenía en proyecto la idea de asesinar a Fidel y que el lugar mas adecuado sería el Estadio Latinoamericano, pues como fanático que era del béisbol acudía habitualmente a este lugar y aquí pudo observar que existían condiciones favorables, para ejecutar el plan magnicida, sobre todo, conociendo que el jefe de la Revolución también era aficionado a este deporte y algunas veces asistía a encuentros durante el desarrollo de la serie nacional.

Es así, que el ciudadano Alberto Isidro Benavides Segura le expresa su apoyo incondicional en materializar el proyecto y se identifica como miembro de la organización contrarrevolucionaria Frente de Liberación Nacional (FLN). A partir de entonces ambos deciden continuar con la planificación del plan criminal, sobre todo, en la búsqueda de medios explosivos y la captación de hombres dispuestos a sumarse al complot.

Acosta se dedica a buscar entre sus amistades a trabajadores de la construcción, que por sus funciones de trabajo tuvieran acceso a medios explosivos de demolición (fundamentalmente TNT) o jóvenes del Servicio Militar, que tuvieran posibilidades de sustraer granadas de sus Unidades Militares.

Ambos elementos contrarrevolucionarios procedieron a visitar asiduamente el Estadio con el fin de estudiar las condiciones y posibilidades del lugar que facilitaran la realización del magnicidio, tales como:

  • Iluminación existente.
  • Ubicación exacta del lugar acostumbrado a ocupar por el jefe de la Revolución durante sus visitas.
  • Situación de las mallas, para determinar si a través del deslizamiento era factible dirigir los medios explosivos hasta el palco ocupado por Fidel.

También se dieron a la tarea de buscar un pescador que poseyera una lancha, pues pensaban irse clandestinamente del país después de ejecutar el magnicidio, que según sus pronósticos se ejecutaría en el mes de diciembre de 1967 durante la inauguración de la VII Serie Nacional de pelota.

Cuando la contrainteligencia cubana reunió y valoró toda esta información decidió detenerlos y después de un acta de advertencia, los puso en libertad. Decenas de casos similares a este fueron conocidos por los Órganos de la Seguridad del Estado cubano y que tuvieron su origen en la constante instigación de los medios de propaganda enemigo, fundamentalmente la CÍA., que de manera pública y desfachatada orientaba a la contrarrevolución interna a la ejecución de estos actos terroristas.

Antes de continuar con la descripción de nuevos casos es necesario hacer la siguiente reflexión.

Debemos señalar que como consecuencia de la eficiente actividad de los órganos de la contrainteligencia cubana, ya en la década de los años setenta del pasado siglo XX se produjo el aniquilamiento y desactivación de las numerosas organizaciones contrarrevolucionarias que existían en todo el territorio cubano.

Esto mismo ocurrió con las bandas de alzados contrarrevolucionarios que existieron en las zonas montañosas de nuestro país. Es decir, la materia prima con que la CIA contó en una etapa histórica determinada dejó de existir y a partir de entonces se le fueron reduciendo las posibilidades de encontrar empleados y mercenarios dispuestos a arriesgarse para ejecutar actos de magnicidio.

La unidad indiscutible de todo el pueblo y su decisión inquebrantable de seguir por la senda del socialismo bajo la guía de nuestro PCC y su máximo conductor, el Comandante en Jefe, Fidel, habían trazado, definitivamente, el derrotero futuro. Además, el panorama político exterior había cambiado; ya Cuba no estaba aislada y gozaba de un gran prestigio en la arena internacional. Todo esto obligó a la CIA y sus marionetas radicados en territorio norteamericano a cambiar su táctica y estrategia.

De esta manera la jauría contrarrevolucionaria residente en los Estados Unidos, fundamentalmente asentada en Miami, Florida, comienza a proyectar planes de magnicidio en el extranjero, en ocasión de las visitas del jefe del Estado cubano al exterior. Indiscutiblemente que todos estos elementos contrarrevolucionarios se sentían, como “pez en el agua”.

En los Estados Unidos poseen las condiciones y posibilidades necesarias para la preparación y ejecución de cuantos planes de magnicidios decidan hacer; ahí tienen el apoyo de la CIA, el FBI y de la administración norteamericana; para estos magnicidas conspiradores no existen leyes que los sancionen, porque existen abogados y jueces perversos y corruptos.

Aquí se produce una simbiosis entre autores intelectuales y materiales; entre delincuentes, elementos mafiosos, abogados y jueces; entre gobernantes norteamericanos y personeros de la cúpula de la emigración contrarrevolucionaria cubana; entre oficiales de la CIA, el FBI y miembros de las organizaciones contrarrevolucionarias, todos asociados para lograr un objetivo común: tratar de destruir a la Revolución cubana.

Continuará

* (San Antonio de los Baños, 1952) profesor e historiador, miembro del secretariado permanente de la Unión de Historiadores  de Cuba.

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