General de las montañas y la Revolución. #Cuba

Presentación del libro Pancho, general de las montañas, de Martha Reyes Noa.

Por: Dr Roberto Pérez Rivero.*

Con esta reseña termino de saldar la deuda contraída con los lectores, pongo a su consideración la segunda presentación de libro que realicé en la XXIV Feria Internacional del Libro, esta vez en la Fortaleza de San Carlos de La Cabaña, el día 16 de febrero de 2015, en la Sala Fernando Portuondo:

Con frecuencia he escuchado del joven que se forma como futuro oficial de las FAR, hasta del experimentado coronel o general, referirse al Ejército Rebelde, en análisis históricos militares sobre su desempeño, como a “nuestras tropas”. Nunca he considerado tal epíteto como un error, todo lo contrario, comprendo lo que ello simboliza: Los actuales miembros de las FAR se consideran continuadores de las épicas hazañas del Ejército Rebelde.

El proceso de construcción de las FAR a partir del triunfo de la Revolución no significó el relevo del Ejército Rebelde por unas nuevas fuerzas armadas. Este había sido el alma de la Revolución y continuó siéndolo. Sólo se transformó en un poderoso ejército regular, en la medida en que se hizo necesario cumplir nuevas tareas y sobre todo enfrentar la creciente agresividad de los enemigos internos y externos de la Revolución, fundamentalmente del imperialismo norteamericano.

Lo que acabo de exponer, confiere a la presentación de este libro especial significado. Es una obra que trata sobre la vida de un destacado jefe militar de la Revolución cubana, combatiente del Ejército Rebelde que devino general de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

Tales textos no abundan; generalmente, los “grandes capitanes” ocupados en la dirección de la lucha armada en tiempo de guerra y en tiempo de paz en la construcción y administración militar, apenas encuentran tiempo para legar a las futuras generaciones de profesionales militares el patrimonio de sus memorias.

El general de brigada Francisco Rogelio González López, Pancho, guerrero de la Sierra Cristal, y general de la defensa de la patria socialista se nos presenta a través de la pluma de la periodista Martha Reyes Noa.

El general, quizás por modestia, no ha publicado aún sus memorias, las que tiene escritas; pero, ha comprendido la gran importancia que tiene transferirlas a las nuevas generaciones. Como nos cuenta la autora en el prefacio; él, aunque receloso de todo protagonismo, permitió que ella le llegara, y sobre todo le abrió las puertas de su “corazón a prueba de fuego”. Por su parte, ella, logró lo que tanto le preocupaba: transmitir con naturalidad la magnitud del reconocido militar.

He escrito y expresado en reiteradas ocasiones, y lo haré todas las veces que sea necesario, que la Historia ha sido y es consustancial al ser cubano, y más, a la propia nación. La Historia en Cuba ha asumido por derecho propio el rol de escudo de la nación.

Y para los profesionales militares, todo ello tiene más provechos, sobre todo si se trata de la Historia Militar. Ella, es la base de su educación militar, pues exige el examen minucioso y apasionante de las guerras pasadas, para formar juicios acerca del presente y el futuro de la ciencia militar. Además, por encima de su función instructiva desde el punto de vista técnico militar, está su valor formativo espiritual: el patriotismo, el humanismo, la honestidad, la fidelidad y la valentía, por citar algunos valores, se desarrollan más en aquellos hombres que buscan en la historia las fuentes de su formación.

En Pancho, general de las montañas, la referida “utilidad” de la historia, es palpable; por ello, el pueblo en general debe conocerlo; pero, sobre todo los combatientes, jefes y oficiales de la FAR.

Estos tiempos de grandes retos y definiciones, demandan de los hombres y mujeres del pueblo cubano entrega, resistencia, unidad, honestidad, valentía e inconmensurable patriotismo. En el fortalecimiento de esos valores mucho tiene que hacer aún la estirpe de hombres como el general Pancho; un hombre que sin dejar de ser sencillo y modesto, ha alcanzado el más alto título honorífico de nuestra patria: Héroe de la República de Cuba, y también llegó a engrosar la selecta lista de los generales cubanos.

Este libro, por su contenido y género, contribuye a satisfacer demandas de nuestra historiografía.

Son muchas las biografías que están por hacer, aún falta por indagar y escribir sobre la Guerra de Liberación Nacional de 1956 a 1958; y sobre todo, aún se desconoce bastante sobre la historia de la Revolución Cubana en el poder.

Este último tema, es la esfera de la historiografía cubana en general que menos desarrollo ha alcanzado. También he dicho en ocasiones anteriores, que por lo complicado que resulta abordar un pasado reciente, los investigadores suelen evitar su estudio. Con testimonios como este que estamos reseñando, se puede contribuir a aliviar las carencias de conocimientos sobre diversas facetas de la obra revolucionaria.

Es interesante como la autora lo logra; es periodista, pero no pregunta, narra junto al héroe, investigó tanto, que parece saber de la vida el general como él mismo, por eso no interroga. Su protagonista habla, explica; y ella, cuando es necesario también; además, aclara, acota o contextualiza.

Igualmente, de la misma manera incorpora al relato otros testimonios, siempre con mesura y oportunamente.

El rescate y reconstrucción de la memoria del general Pancho es minucioso. Sin dudas ordenar tanta información, y exponerla con coherencia, fluidez y sin reiteraciones es resultado de un arduo trabajo.

En casi 250 páginas se nos ofrece la vida, muy intensa, de un destacado combatiente de la Revolución, 63 años de ininterrumpida lucha de Pancho. Y me tomo la licencia de llamarlo así, Pancho, porque aunque conociendo que existe una rigurosa base reglamentaria en las FAR, como cubanos que son todos, sus integrantes acostumbran a referirse a sus paradigmas, para sentirlos más propios, de la manera más familiar posible. Así, para muchos, el general de cuerpo de ejército y Ministro de las FAR, es Polo o Polito; o el mismo Comandante en Jefe, es para todos sencillamente Fidel.

Ello no es insolencia, es una peculiar y muy cubana manera de expresar el respeto y sobre todo el aprecio y el cariño. El pueblo cubano, y sus soldados, respetan a los hombres más por su valor y prestigio en el combate, que por rangos e investiduras oficiales.

El caso que nos ocupa, es arquetipo, por su excepcionalidad; pero, también porque como él, Cuba tiene decenas de generales héroes, todos de origen humilde, procedentes de familias unidas, sencillas y solidarias; entregados desde edades tempranas al trabajo o a la lucha y apasionados por su patria y todo lo cubano.

Es impresionante la historia de la vida del general Pancho; repasarla, es rememorar la historia de la misma Revolución. Y esta afirmación no es exagerada, no es edulcorada, ni tampoco es leyenda. Lean la obra y también llegarán a esa conclusión, comprenderán cuánta firmeza, energía, resistencia, voluntad y tenacidad se requiere para pasar toda una vida luchando y a la vez irradiando amor y solidaridad. Comprenderán cuán grande se ha de ser de espíritu y cuán fuerte han de ser las convicciones y el patriotismo para no flaquear ante ningún reto a riesgo de la propia vida en más de una ocasión.

Con solo 17 años conspira contra la dictadura de Fulgencio Batista y no para hasta convertirse en guerrillero, muy ligado a su hermano Melquiades; ambos, entregados plenamente a la Revolución, combaten una y otra vez juntos. Me hacen recordar vínculos similares entre otros hermanos héroes de nuestra historia, los de Antonio y José, por ejemplo.

De soldado rebelde, llega a ser capitán y jefe de compañía en las tropas comandadas por el Jefe del II Frente Oriental “Frank País”, el comandante Raúl Castro Ruz. ¿Cómo fue posible que un joven del campo, sin tener preparación ninguna llegara a ser capitán del Ejército Rebelde? Lo podrán explicar cuando conozcan los detalles de su agitada actividad guerrillera.

Los relatos de los combates en Nicaro, La Zanja, Minas de Ocujal y Sagua de Tánamo y otros tantos, no tienen nada que envidiarle al guión de cualquier filme de acción. La gran diferencia es que estos son resultado de la ficción y la imaginación de los guionistas; y lo que Pancho, su hermano Melquíades, sus otros hermanos de lucha y jefes hicieron fue coraje, valor y patriotismo real.

Durante muchos años he estudiado la Guerra de Liberación Nacional, siempre me han llamado la atención las acciones combativas llevadas a cabo en el II Frente Oriental “Frank País”, por su significativa intensidad y complejidad, y por lo costosas que resultaron en algunos casos para las fuerzas rebeldes, en lo cual influyó también la resistencia que ofrecieron las fuerzas enemigas, como ocurrió en Sagua de Tánamo; sin dudas, la acción combativa más larga de toda la guerra.

Martha Reyes y su “entrevistado” me ofrecen valiosa información para comprender mejor el desarrollo de la contienda en aquel Frente. Por cierto, me conmovió el relato del gran esfuerzo que Pancho hizo para salvar la vida del joven combatiente Papi Ricardo, herido mortalmente lo cargó, y lo llevó hasta el médico de la tropa, el doctor José Ramón Balaguer. Bañó su cuerpo la sangre del noble muchacho, que no pudo salvarse; lo que le hizo regresar al combate afligido y a la vez con vigor.

Al llegar el triunfo revolucionario de 1959, pareciera que ya había transcurrido bastante lucha; sin embargo, el batallar continuó. La superación como jefe militar prácticamente se tuvo que hacer de manera paralela a la defensa armada de la Revolución. Así, veremos al joven oficial atrincherado al sur de Guantánamo en los días de Girón; dirigiendo tropas acantonadas en el valle de ese territorio durante la Crisis de Octubre de 1962. Lo apreciarán también comandando operaciones durante la Lucha Contra Bandidos en Guantánamo como Jefe de las Tropas Serranas de Oriente.

Como se ve, este hombre que estamos conociendo mejor, gracias a este libro, ha participado con protagonismo en los principales hitos de la Historia Militar de la Revolución Cubana. Por supuesto, igualmente hay que añadir las misiones internacionalistas en la esfera militar. En 1976, vuelve a la lucha contra bandidos; pero esta vez en la selva de Mayombe, en Cabinda, al norte de Angola. En esas tierras combate nuevamente a su lado un ser querido, esta vez es su hijo Panchito. Me viene a la mente otro padre, Máximo Gómez, que pone a combatir a su hijo muy joven, también Panchito, a las órdenes del Titán de Bronce, al lado del cual prefirió morir antes que abandonarlo.

Tan larga hoja de servicios, me hace extenderme en este repaso. Les he presentado a la autora, su obra y su héroe; pero, falta más…

Cuando pasen las 200 páginas, comenzarán a sorprenderse con las otras hazañas de Pancho como Primer Secretario del Partido en el Segundo frente Oriental, como Viceministro de la Agricultura, como miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba o como jefe de un estratégico contingente dedicado durante dos años a extraer madera en la selva de Mayombe, ya conocida por él. En esta misión, también pudo perder la vida o por acciones enemigas, o por las fiebres palúdicas; tuvo siete de esos ataques, en el último llegó a elevarse la temperatura de su cuerpo hasta los 40, 7 grados. Sin embargo, dos días después se vuelve a incorporar al trabajo.

¡Que familia la suya! En esa compleja misión como una combatiente más, estuvo a su lado Glenis, su entrañable esposa. Por cierto, he conocido que la aparición de este libro se debe en gran medida a su pasión y entrega al rescate de la memoria de su compañero en la vida y la lucha.

No es todo, Pancho llegará a convertirse en el Guardián Ecológico del Oriente Cubano. A partir de 1986, otra vez como oficial de las FAR, asume la jefatura del Frente de Montaña “Frank País”; luego, otras responsabilidades: Jefe de la Unión Agropecuaria de las FAR en Oriente, Director de la Empresa Agro Forestal “Desembarco por Duaba”… En 1994, en sus montañas, el general de ejército Raúl Castro Ruz pone en sus hombros las charreteras de general de brigada; después, el mismo Fidel, colocaría en su pecho la estrella dorada de Héroe de la República de Cuba y la Orden “Antonio Maceo”.

No solo por ser protagonistas de estos dos actos de merecida estimulación, la presencia de Fidel y Raúl es notable en la obra. Sus ejemplos, guía, orientaciones, y paradigmas para Pancho, a los cuales ha sido siempre fiel hasta las últimas consecuencias si fuera necesario, son omnipresentes en todo el texto.

La autora del libro incluye un testimonio de Glenis que confirma lo que se acaba de afirmar. Se trata de la ocasión en que Raúl, el Ministro de las FAR, se personó en las montañas para ascender a Pancho a general de brigada. La esposa de Pancho relata como el general de ejército indagó por ella, la Panchita, por sus hijos Frank y Fidel; y sobre todo, rememora como Raúl compartió con ellos durante horas cuentos y leyendas. A ella misma, para tranquilizarla y hacerla sentir en confianza le pidió que hiciera el cuento del palo de Cabinda, fábula vivida por el propio Pancho relacionada con una planta que en Angola se le atribuían propiedades afrodisíacas.

Glenis me confesó, que de los cuentos y leyendas de Pancho, a las que ella les llama Panchadas; se pudiera escribir otro libro. Le pedí, que se propusiera hacerlo…

Gracias a la Casa Editorial Verde Olivo, por permitir que Martha Reyes Noa ponga a nuestra disposición la historia de este general de las montañas o general de la Revolución; ahora, a nosotros nos toca estudiarla e imitarla.

* Presidente de la Unión Nacional de Historiadores de Cuba (UNHIC)

 

 

 

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2 respuestas a General de las montañas y la Revolución. #Cuba

  1. Anónimo dijo:

    pancho ese es mi tio yo soy nieto de melquiade

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