Juventud, la fuerza telúrica de la patria. #ForoSociedadCivilCubana #Cuba

Por: El Manigüero Cubano*

 Desde muy temprana edad tuve mis primeras lecciones de patria, en el seno de mi humilde familia. En la barriada de Almendares del municipio Playa, Ciudad de la Habana, donde abrí los ojos a este mundo recibí mis primeras nociones sobre el significado patrio. De hecho, lo primero que se decía era que ese apartamento que habitábamos, desde el año 1960 ó 1961 había sido entregado a mi abuelo, padre de mi madre. Sin dudas un acto generoso de la Revolución en virtud de la decorosa atención de su numerosa prole, y su reivindicación, digno de toda nuestra gratitud.

Nunca se dijo que mi abuelo fuera activo militante de la clandestinidad. No conozco que hubiera estado siquiera de visita en la Sierra Maestra o algún otro macizo montañoso de nuestra geografía nacional. Nacido en Matanzas, descendiente de chinos, mulatos dominicanos, negros cubanos y un gallego; de extracción social obrera. Simpatizante de las luchas independentistas de antes, y de entonces ¡sí! No lo conocí, murió un año antes de yo nacer. Mas al hablar de él una y otra vez mi abuela contaba de su fidelidad a las luchas sindicales. Albañil “desde los zapatos hasta la punta de la cuchara”, obrero; aunque a decir verdad por largos períodos de tiempo antes del triunfo, en crudo desempleo. Hacía “maravillas del taco”, como puede decirse, para sustentar a la familia. Contaba mi abuela que en una ocasión “el viejo”, junto a otros compañeros alertó al líder obrero Lázaro Peña de su búsqueda por sicarios de Batista para aprenderlo.

Hablaba mi abuela de su profundo agradecimiento a “Manzanita”, quien solícito acudió junto a otros dirigentes estudiantiles de la Universidad de la Habana, tras la súplica de varias madres, en estado de total indefensión, al Solar entonces ubicado en Oquendo y Marqués González, Centro Habana, -donde “vivía” con varios de sus primeros hijos-; a unos pocos minutos de la magna sede; intercediendo ante el “dueño” para que no desalojaran a varias familias que no habían podido pagar la renta mensual por su precaria situación económica. Nos relataba cómo José Antonio Echeverría exigió trato humano y sensible hacia esas humildes mujeres y sus hijos, muchos pequeños, logrando el aplazamiento de la fecha de pago. Tal era la situación familiar, mi abuelita la definía describiendo el fogón con telas de araña por el desuso frecuente, en cuyo interior los “marihuaneros” que merodeaban por el lugar escondían paqueticos de picadura.

Apenas si consiguió firmar con su nombre y apellidos gracias a la alfabetización revolucionaria. Ignoraba muchas cosas sin dudas fruto de la instrucción que no alcanzó. Su niñez y juventud transcurrieron en trabajos como criada en casas del Vedado, hoy tan frecuentado por todos. Sin embargo guardaba tales sentimientos de patriotismo que bien le hubieran valido un Doctorado. A través de su padre, Genaro Medina – que alcanzó vivir 100 años de edad – se nutrió de las ideas de Maceo y Martí, se hizo antiimperialista. Hablaba de todo cuanto se decía de ambos pretendiendo restar brillo a sus personas y lo desmentía acudiendo no a libros ni a investigaciones, sino a la tradición oral de su padre. Conoció de la esclavitud por la experiencia transmitida de su abuela materna, negra esclava cuya “carta de libertad” fue “comprada” por quien resultó a la postre su abuelo (tatarabuelo mío)- a quien se atribuía ser oriundo de España.

“En Cuba nací, y en Cuba me muero”; “yo no tengo nada que hacer en los Estados Unidos; prefiero comer harina en mi país”; “no decir mentiras, no ser bandolero, estudiar ahora que antes no se podía y es muy bueno”, “ahora el negro sí vale” eran argumentos de muchos de sus comentarios hacia hijos y nietos. Se enorgullecía particularmente de haber nacido en el mismo año que Fidel. Aunque nunca lo vio en persona, lo sentía cercano, suyo. Estos mensajes y otros eran repetidos casi a diario: en mi criterio, las mejores lecciones de historia que he recibido en mi vida por cuanto estimularon en mí las primeras ideas de patria imaginando los hechos narrados.

En las imágenes que me suscitaban tales reseñas, siempre hubo rostros jóvenes. Más adelante advertiría la certeza de esta impresión. Jóvenes son siempre los que impulsan las revoluciones, porque son los jóvenes los que más viva mantienen la llama revolucionaria alimentada por su rebeldía y entusiasmo innatos. Cada vez que estalla una situación revolucionaria, en su seno está la chispa de los jóvenes. Nuestro Comandante en Jefe afirmó “ser joven y no ser revolucionario es una contradicción”. Así como las grandes transformaciones en la naturaleza (devenidas de la propia naturaleza) requieren fuerzas colosales capaces de removerlo todo, hasta lo más profundo, las profundísimas transformaciones que entrañan las revoluciones requieren del ímpetu y la pujanza joven para hacerse realidad.

Desatar esa fuerza vital, decidir hacerlo y hacerlo definitivamente ha obedecido, se ha supeditado a la autoafirmación de los más bisoños en torno a su tiempo político, al propósito de copar los espacios y la disposición audaz de conquistar todos los derechos negados, al precio incluso de la vida propia. En el núcleo de su férrea actitud habita la más fina sensibilidad humana: el amor a la patria, acicate constante para sortear los más difíciles obstáculos.

Desde la distancia de los años resulta fácil para algunos enjuiciar, criticar o siquiera opinar levemente de la actuación de los hombres de otras épocas, más ligeramente cuanto más descarnado el recuento; más desconectado de la historia pasada. He ahí el valor del legado revolucionario.

Los cubanos que cristalizaron en infatigable lucha con disímiles corrientes de pensamiento el sentimiento de nación cubana, independiente y libre: José Antonio Saco, Enrique José Varona, José de la Luz y Caballero, el propio Varela, por solo mencionar a algunos de los más destacados fraguaron sus ideas desde la juventud. Mendive se acercó al independentismo tempranamente. Martí fue castigado por sus ideas siendo apenas un joven de 16 años. La mayoría de los hombres que dieron la clarinada de octubre de 1868, retomada en 1880 y renovada en 1895, desde años prematuros ya sentían amor excelso hacia la patria. La tesis final de los estudios universitarios de Agramante reboza cubanía y patriotismo. Los Maceo militaron en las filas de los dignos desde la niñez a tono con el destacadísimo magisterio de Mariana y Marcos en el contexto de horror colonialista circundante.

Los esfuerzos de estas generaciones prendieron en los jóvenes desde los primeros años de “República” neocolonial. El legado de los cubanos de antaño le valieron a Rubén Martínez Villena su “Poema Lírico-Civil” “(…) hace falta una carga para matar bribones//para acabar la obra de las revoluciones (…) para que los hijos no mendiguen de hinojos/ la patria que sus padres le ganaron de pie”, son algunos de sus más lapidarios versos. Gobiernos lacayunos regalaron el cuerpo del país pero no pudieron aplastar su espíritu. Conspiraciones, pugnas de poder, persecuciones, intrigas, asesinatos fueron denominadores comunes a todos. Creyeron Gerardo Machado y el imperialismo que matando a Mella morirían las ideas revolucionarias. Ante cada crimen el patriotismo se enalteció… y las voces sin vida abrieron paso a otras voces… y siempre entre las primeras, las únicas capaces de mantener fresca la denuncia….y captar la atención de todo un pueblo… las únicas con energías inagotables… con la capacidad de la iniciativa creadora… las de los jóvenes.

Crecían los casinos, la opulencia de los políticos y la burguesía nacional, así como la estela de vicios en contraste con un pueblo olvidado a su suerte tanto en el campo como en la ciudad, aunque mucho más hondo en el campo. Varios sucesos de alcance nacional estremecieron los dolores pero también acrecentaron el hervidero de sueños de libertad. El artero golpe de Estado del 10 de marzo de 1952 tocó fondo a la tolerancia y la prudencia nacional; artero más que al gobierno gangsteril de Carlos Prío: corrupto, servil, anticubano; a la esperanza de cambio que bien podría haberse convertido en triunfo popular de ganar en elecciones el Partido Ortodoxo, ya próximas; de no ser por el vacío de poder provocado, orquestado desde Washington y encargado a su “hombre fuerte” en Cuba, Fulgencio Batista. Surgiría indetenible la denuncia del joven abogado Fidel Castro Ruz, ya martiano, ya marxista, ya revolucionario, acusando al sicariato por el crimen contra el pueblo que sobre la maltrecha constitución del 40 descansaba su esperanza de otro porvenir.

De ahí en más, coincidiendo con otros momentos de la historia, no habría otra estrategia posible que la confrontación armada. Sería señal definitiva e inequívoca de la urgencia del Moncada. No culminaría sino con la entrada de los rebeldes en Santiago de Cuba, concluyendo así lo que le fue impedido a los mambises con Calixto García Iñiguez a la cabeza, en 1898, cuando el imperio joven intervino de modo oportunista.

Hubo quienes traicionaron, pero fueron siempre más los que se aferraron a la verdad, a la justicia, al honor. Muchos, tanto en la lucha clandestina en pueblos y ciudades como en las montañas rebeldes murieron en esos duros años para que viviera la patria: Trejo, Guiteras, José Antonio, los hermanos Saíz, William Soler, El curita, Frank, Abel, Jesús Menéndez, Aracelio Iglesia, Lidia, Machaco, Clodomira, las hermanas Giralt, Ñico, Braulio Coroneaux, entre una larga relación que cuenta por miles de hijos jóvenes y alegres de este pueblo digno y noble. Otros habrían de morir después…

La Revolución Cubana se ha erigido en un largo y azaroso andar, siempre en manos de sus más jóvenes defensores que con la savia de sus predecesores la han hecho posible. Las banderas de las luchas actuales y futuras ya están en nuestras manos, nos las han confiado desde siempre los que las ganaron. Nos las han confiado porque nunca fue más posible que los jóvenes estén en la capacidad de defenderlas que hoy, nos las han confiado porque saben de sobra que las revoluciones no triunfan si no son impulsadas por los jóvenes, porque las revoluciones son hechas por los jóvenes, porque las revoluciones solo pueden latir en el corazón fuerte, rebelde y alegre de los jóvenes.

Los de hoy gozan de excelente salud, son los que no se pliegan a los cínicos llamados que como flautistas de Hamelin pretenden que los sigamos “ciegamente” como ratas hasta las afueras de la ciudad, para que abandonemos nuestra justa causa. Ahí están, con un pie en el reguetón, en la música tecno, en la timba o donde les plazca su gusto y el otro donde se les necesite. Los vimos aquí, el 17 de diciembre en este pedacito de patria que compartimos, fehacientemente estallar por todos lados, invadiendo con su contagiosa alegría todos los rincones, ocupando por derecho propio y antes que nadie la plaza ¡su plaza! para festejar una gran victoria, sublime, anhelada, ¡exigida!, ¡RECIBIDA DE PIE!, como quiso Rubén, realmente histórica. Nuestro tiempo político apenas comienza, pero evidentemente ya está aquí. Los escenarios están definidos, el adversario hace tiempo se conoce.

Asumamos lo que solo a nosotros corresponde. Hay un inmenso legado que respalda, enriquece, entusiasma…y compromete. Hay un mandato eterno: Conquistar toda la justicia sin ceder un ápice en los principios; no ceder nunca ante presiones; lealtad a los principios, fidelidad a la obra construida, al pueblo, al Partido Comunista de Cuba que es el Partido de Martí, Céspedes, Maceo, Camilo, Ché, Raúl y Fidel, de los humildes de este pueblo, de los pobres de este mundo. No hay tiempo que perder, ni más mérito que servir. Obedezcamos a Martí cuando proclamó para toda época que “patria es humanidad”, “toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz”, “mi honda es la de David”. Formémonos la convicción de que nos concierne impostergablemente dar toda la fuerza a nuestros jóvenes brazos y dotar de poderosas ideas nuestras mentes para poder lanzar con fuerza temible la honda de nuestro tiempo político sobre el Goliat que nos desprecia hasta vencerlo totalmente; de manera que ante cada golpe asestado, ante cada fiasco cosechado, este sienta que se estremece, que se desvanece ante la fuerza telúrica de la patria: NUESTRA JUVENTUD.

De tal modo pienso como joven cubano de este tiempo, no olvidando a quien sembró en mí la semilla primera de PATRIA: Mi abuelita Delia.

*colaborador de Cuba por Siempre

Esta entrada fue publicada en Social y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.