La ofensiva final del Ejercito Rebelde. Campaña de Oriente (II). #Cuba #TenemosMemoria

Por: Dr Roberto Pérez Rivero.*

La Batalla de Guisa.[1]

Guisa situada muy cerca de Bayamo ya había sido escenario de importantes acontecimientos bélicos de nuestras guerras de independencia, el 5 de enero de 1872 fuerzas españolas ubicadas en Guisa son atacadas por el Mayor General Calixto García Iñiguez, quien les ocasiona cerca de 50 bajas y les ocupa 43 armas, 1200 cápsulas y 26 caballos. Otra vez, pero en los días 28 y 29 de noviembre de 1897, el General García con unos 1200 hombres llevó a cabo la batalla de Guisa en la que captura 14 posiciones españolas defendidas por más de 200 españoles.

Es que este punto constituye una importante ruta para avanzar hacia el centro de la provincia oriental.

Para el 20 de noviembre de 1958, en la Zona de Operaciones de Bayamo el ejército enemigo tenía dislocadas 30 compañías de infantería (parte de ellas integraban siete batallones), una Co. de tanques ligeros T-17, un pelotón de tanques medianos M-4 Sherman, una sección de tanques T-17 y una batería de obuses 75 mm; después de esa fecha se incorporaron a la zona cuatro compañías más. Si a estas fuerzas se les suman los efectivos del Escuadrón 13 GR y el de las unidades de aseguramientos y el apoyo de la Fuerza Aérea del Ejército (FAE), se puede estimar que el ejército contaba en esa zona de operaciones con unos 4 000 efectivos.[2]

Para ese momento, Guisa era el objetivo que más penetrado tenía la Zona de Operaciones de Bayamo en el área de influencias rebeldes. Por tanto, era una avanzada que resultaba importante mantener si se pretendía realizar nuevas incursiones contra la Sierra Maestra, pero sobre todo era un punto lo suficientemente cercano al puesto de mando como para garantizar su protección y conectaba a éste con los importantes puestos militares de Jiguaní, Baire, Contramaestre y Maffo, situados a lo largo de la carretera Central y en dirección a Palma Soriano y Santiago de Cuba.

Precisamente por esta última razón, Guisa ocupó un lugar destacado en los planes de la Ofensiva Final rebelde. El actuar contra su guarnición permitía al Ejército Rebelde aislar al puesto de mando enemigo de los objetivos contra los que se proponía actuar durante el movimiento ofensivo hacia la capital oriental.

En 1958, la táctica escogida por Fidel para la batalla en Guisa, era ya bien conocida, cercar las posiciones de la compañía que defendía Guisa, para provocar la salida de refuerzos principalmente desde Bayamo y concentrar los esfuerzos principales en la lucha contra estos. Sin embargo, en esta oportunidad los rebeldes tuvieron que desarrollar las acciones en nuevas y más complejas condiciones:

  • Combatir a ambos lados de la carretera asfaltada lo que complicaba la forma de accionar y sobre todo el empleo de las minas; además de que, daba mayores posibilidades al enemigo en cuanto a rapidez en sus desplazamientos.
  • Necesidad de realizar voladura de puente, para impedir el acceso del enemigo desde el sur de Guisa.
  • Correlación de fuerzas, medios y aseguramientos -sobre todo logísticos- desproporcionalmente muy a favor del enemigo. Al desencadenarse las acciones combativas las fuerzas rebeldes alcanzaban los 1 000 efectivos, pero una gran parte de ellos eran reclutas y personal de poca experiencia y del total sólo unos 220 estaban bien armados. El grueso de la tropa rebelde era nueva, porque ya habían salido todas las columnas a extender la guerra en toda la región oriental y realizar la invasión a occidente.
  • Los refuerzos enemigos estarían acompañados por tanques Sherman y T-17.

En la idea del combate planificado por Fidel en cuanto al orden de hostigamiento, desgaste y aniquilamiento del enemigo, descartó la posibilidad de que después de cercada la guarnición de Guisa, los refuerzos avanzaran sobre ella desplegados, al impedirlo las condiciones del terreno; por ello ordenó destruir el puente de Mayarí a Monte Oscuro, impidiendo el avance del enemigo desde el sur. También se previó la toma de todos los caminos secundarios que conducen al poblado, por lo que se lograba así, desarrollar el grueso de las acciones contra las fuerzas del enemigo que salieran desde Bayamo por la carretera asfaltada.

Con esta idea, en las cordilleras de lomas a ambos lados de la carretera se preparan desde el punto de vista ingeniero las posiciones defensivas y las emboscadas, abriendo trincheras próximas a la vía y en las laderas de las elevaciones.

En resumen, en la idea para el combate se concibió mantener firmemente los objetivos ocupados a lo largo de la carretera y en otros accesos, para sostener el cerco sobre la compañía de Guisa y llevar a cabo la lucha contra las columnas de refuerzos. Las posiciones ocupadas por el Ejército Rebelde abarcarían un territorio tan extenso que impediría a su vez, que éste fuera cercado por efectivos de la tiranía.

El 19 de noviembre las fuerzas rebeldes comienzan a ocupar posiciones y el próximo día a las 08:30 se produce la primera acción.

Desde que se iniciaron los combates y hasta su fin el día 30, hacia Guisa avanzaron 10 refuerzos de diferentes proporciones y una columna de dos compañías que no sobrepasó El poblado el Horno. De los 10 refuerzos ocho, fueron rechazados totalmente, uno logró entrar a Guisa al no ser detectado por los rebeldes y del décimo (el de mayor envergadura) fueron rechazadas sus fuerzas principales. En este último caso, aunque parte de la denominada Agrupación Táctica “A” logró penetrar en Guisa y evacuar a la sitiada compañía M, las fuerzas actuaron con pasividad, conformismo y carecieron de arrojo.

Durante la batalla se pueden cuantificar 18 acciones combativas, éstas dejaron un saldo muy desfavorable para el ejército. El parte rebelde informó 200 bajas entre muertos y heridos. Según documentos de la zona de operaciones, los muertos debieron ser al menos 30. En informe del coronel García Casares jefe de la Zona de Operaciones Bayamo al jefe Estado Mayor Conjunto (EMC), del 17 de diciembre, se relaciona el armamento y propiedades perdidas durante la batalla de Guisa. Aunque en esa información se reconoce la pérdida de dos T-17, más de cien armas de infantería y otros medios y técnica de combate, no refleja todos los medios que ocuparon los rebeldes.[3]

El parte del Comandante en Jefe trasmitido por Radio Rebelde al siguiente día de concluida la acción reportó la destrucción de un T-17 y la ocupación de otro; entre fusiles Spriengfield, subametralladoras San Cristóbal y ametralladoras de trípode Cal. 30, 101 (Casares informó 99); 3 morteros; 1 bazuca, 55 000 cápsulas; 130 granadas de Garand; 70 obuses de mortero 60 y 25 de 81; 20 cohetes de bazuca; 14 camiones de transporte, 200 mochilas y otros pertrechos.[4]

Al cercar a la Compañía M, el Ejército Rebelde obligó al Puesto de Mando de la zona de operaciones a mover sus tropas. De esta manera, las unidades guerrilleras, sin tener que atacar Bayamo, le impusieron su iniciativa a la poderosa agrupación destacada en aquella ciudad.

El Puesto de Mando de Bayamo, que desde el final del verano estaba a la defensiva, fue obligado a moverse complaciendo la idea de las acciones rebeldes. De las 18 acciones combativas en que participaron sus unidades, 16 estuvieron relacionadas con el movimiento; casi todas, desplazamientos de columnas hacia Guisa por tres itinerarios, aunque el grueso de las fuerzas avanzó por el central y más directo, la carretera Bayamo-Guisa.

Estos movimientos carecieron de iniciativa y resolución ofensiva. Por el camino del Corojo avanzaron cuatro refuerzos que se retiraron apenas chocar con los rebeldes, por la carretera Bayamo-Guisa y el camino de Payarés se desplazaron cinco que se caracterizaron por el avance, choque con los rebeldes, el combate al norte de Guisa fijados en el terreno por su adversario, la llegada de refuerzos y la retirada hacia Bayamo nuevamente. A este proceder se le suma el hecho de desplazarse fundamentalmente por caminos y carreteras y en vehículos, el repetir errores e iguales itinerarios de columnas anteriores y la ausencia de maniobras envolventes.

A pesar de la superioridad en fuerzas y medios, durante toda la batalla, e incluso días después de ésta, el jefe de la Zona de Operaciones de Bayamo estuvo solicitando encarecidamente más unidades y medios e “informaba” que los rebeldes tenían superioridad numérica.

Al igual que en otras acciones, en Guisa se hizo uso indiscriminado de la aviación y el empleo de los tanques y la artillería, a pesar de su incremento cuantitativo y participativo en relación con otras acciones, fue ineficaz. Estas insuficiencias y otras debilidades y esquematismos; y, sobre todo, el desplome político-moral generalizado, caracterizaron el desempeño del ejército en la batalla de Guisa.

No sólo las emboscadas y otras acciones combativas de las fuerzas rebeldes causaron efectos sobre las tropas de la Zona de Operaciones de Bayamo. El Ejército Rebelde desató también una fuerte ofensiva de influencias políticas morales y psicológicas, en la que ocuparon un lugar destacado los contactos con aquellos jefes de unidades cuya conducta durante las operaciones hacía posible un acercamiento para lograr su paso a las filas rebeldes o simplemente conseguir que abandonaran la lucha. En comunicaciones escritas que se sostuvieron con el capitán Machado, jefe de la Co. M destacada en Guisa, se avanzó seriamente en gestiones de ese tipo; pero cuando las fuerzas rebeldes se posesionaron en torno a Guisa, dicho oficial se encontraba de permiso y por sustitución reglamentaria asumió el mando el primer teniente Blanco Navarro, con quien no pudo lograrse entendimiento.

A pesar de que en Guisa, el ejército realizó los mayores empeños de toda la guerra por socorrer o evacuar una guarnición cercada, el Puesto de Mando de la Zona de Operaciones Bayamo y el Estado Mayor del Ejército (EME) no avizoraron la connotación estratégica que tuvo esta batalla, después de la cual el Puesto de Mando, con su capacidad combativa debilitada, concentró sus fuerzas en Bayamo.

Después de la victoria sobre la guarnición de Guisa y los refuerzos de Bayamo, siguió la ofensiva rebelde (Operación Santiago) sobre todos los objetivos enemigos a lo largo de la carretera central.

[1] Para ampliar sobre la Batalla de Guisa consultar: Centro de Estudios Militares: Guisa otra vez. La batalla que dio inicio a la ofensiva final del Ejército Rebelde en noviembre de 1958, Ed. MINFAR, La Habana, 1998.

[2] Centro de Estudios Militares de las FAR: Guisa otra vez. Ed. MINFAR, 1998, pp. 28-30.

[3] Relación de armamento y propiedades perdidas durante la batalla de Guisa: granadas cañón 37mm tanque T-17, 93; tanques T-17, 2; carabinas cal. 30 M-2 “Cristóbal”, 46; fusiles NS cal. 30, 46; fusiles M-1 cal. 30 (Garand), 2; ametralladoras cal. 30 (pesadas), 1; ametralladoras cal. 30 (livianas), 3; mortero de trinchera 60 mm, 1; mortero de trinchera 81 mm, 1; lanza cohetes 3.5, 1; fusil automático cal. 30, 1; revolver cal. 45, 14; granadas de mortero 81 mm, 25; cápsulas cal. 30, 30 880; camiones, 8; automóviles Chevrolet, 1; ambulancias, 1; jeeps con microondas, 1; camiones particulares, 3; minipax, 1; radios PRC -10, 1; radios PRC – 6, 1; mochilas, 101; varias decenas de bayonetas y magazines. En: Fondo Ejército: Expediente Guisa. Informe del 17 de diciembre de 1958, ZOpns Bayamo al JEMC, Archivo, IHC.

[4] Parte del Cmdte. en Jefe Fidel Castro en: Ejército Rebelde. El alma de la Revolución. Ed. Verde Olivo, Ciudad de la Habana, 1991, t.1, P.203.

* Presidente de la Unión Nacional de Historiadores de Cuba (UNHIC)

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