#Cuba y las #TICHabana2015, «Nuevos escenarios de la comunicación política»

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Tecnologías de la información y las comunicaciones. Conocidas con las siglas TIC, son el conjunto de medios (radio, televisión y telefonía convencional) de comunicación y las aplicaciones de información que permiten la captura, producción, almacenamiento, tratamiento, y presentación de informaciones en forma de voz, imágenes y datos contenidos en señales de naturaleza acústica, óptica o electromagnética. Las TIC incluyen la electrónica como tecnología base que soporta el desarrollo de las telecomunicaciones, la informática y el audiovisual.

Las Tecnologías de la Información han sido conceptualizadas como la integración y convergencia de la computación, microelectrónica, las telecomunicaciones y las técnicas para el procesamiento de datos. Sus principales componentes son: el factor humano, los contenidos de la información, el equipamiento, la infraestructura material, el software y los mecanismos de intercambio electrónico de información, los elementos de política y regulaciones, y los recursos financieros.

En la sociedad actual se reconoce el papel desempeñado por las tecnologías de la información como núcleo central de una transformación multidimensional que experimenta la economía y la sociedad, de aquí lo importante que es el estudio y dominio de las influencias que tal transformación impone al ser humano como ente social, ya que tiende a modificar no sólo sus hábitos y patrones de conducta, sino, incluso, su forma de pensar, trabajar y educarse.

En la actualidad existe una despiadada lucha que llevan a cabo las grandes empresas por el control del mercado de los contenidos y la televisión digital, ésta ha ocasionado una ola de fusiones y adquisiciones con la consecuente aparición de gigantescos consorcios tecnológicos, con tanta influencia en la sociedad como los propios gobiernos y que amenazan con convertirse en los manipuladores de la conciencia del individuo.

Mientras el dominio «Ciberespacio» se va convirtiendo en nuevo hábitat de acciones perniciosas y males de todo tipo. Flagelos como el tráfico de drogas, la prostitución infantil, la propaganda neofascista y terrorista, los robos, los constantes ataques de los denominados «hackers» o la evasión de leyes, constituyen «el lado oscuro».

Efectos colaterales son también la transculturización y la pérdida de identidad, la propaganda despiadada cada vez más rutilante, refinada y sus nefastas secuelas de depresión, enajenación y egocentrismo. Las grandes compañías poseen el dominio de los llamados contenidos de información en la red. De esta forma los contenidos, portadores de ideas, políticas y modos de vida provenientes de los países explotadores, imponen su estilo de vida de forma muy refinada y «personalizadamente» interiorizada por el usuario. Hace más de un siglo Federico Engels planteó:

«no debemos vanagloriarnos de todas nuestras victorias sobre la naturaleza […] si bien es cierto que las primeras consecuencias de dicha victoria son las previstas, pueden aparecer consecuencias secundarias muy distintas, totalmente imprevistas que no pocas veces cancelan los primeros»

Federico Engels

El efecto beneficioso de la ciencia y la técnica lo determinan, en lo fundamental, los hombres que controlan su desarrollo y utilización, de modo que para convertir en realidad el progreso y bienestar que ellos pueden ofrecer, se requiere en primer lugar de una organización social capaz de subordinar el fruto de la actividad humana a los intereses vitales de la sociedad como un todo, y no a la de un grupo ávido de ganancias y poder.

Una vez más la presencia de cómo la nueva Revolución Industrial (era de la información), ha devenido multiplicadoramente del legendario abismo entre explotados y explotadores, entre ricos y pobres.

Según Enrique González (Manet), destacado periodista dedicado al desarrollo de las comunicaciones y funcionario de la UNESCO, quien ha revisado una amplia bibliografía al respecto, plantea que psicólogos y economistas del tercer mundo no han comenzado a investigar las consecuencias socioeconómicas de las nuevas tecnologías de comunicación, aunque este fenómeno comenzó a manifestarse en la década del setenta del pasado siglo XX.

Plantean estadísticas de la Organización de Naciones Unidas (ONU), UNESCO y la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) que los países subdesarrollados apenas cuentan con: 2% de los satélites, 3% del correo, 5% de las computadoras, 5% de las estaciones de televisión, 6% de las líneas telefónicas y ninguna de las bases de datos o de los 10 000 sistemas integrados de redes digitales que operan a escala mundial.

Es por ello que en el IV Encuentro de Ministros de Cultura de América Latina y el Caribe (celebrado en Cuba, 1991), aprobaron en su acuerdo 56 considerar como una prioridad cultural el diagnóstico y evaluación del efecto que las nuevas tecnologías audiovisuales —en particular, el vídeo, la distribución por cable y la recepción directa por satélite— tiene sobre el acervo popular y la identidad nacional en cada uno de nuestros países. Una visión perspectiva, aun a riesgo de ser considerada como una utopía, indica que no existe otra alternativa que la de adoptar acciones y políticas integradas en los sectores de comunicación, educación y cultura, como vía para garantizar el desarrollo, la identidad e independencia.

El primer desafío de América Latina para asumir los procesos de modernización no son las estrategias de mercado de las corporaciones transnacionales o la transferencia de tecnología, sino el desarrollo de políticas públicas coherentes que valoren las telecomunicaciones como factor de desarrollo socioeconómico.

Estas políticas no sólo deberán estimular la producción nacional y regional, sino también tomar en cuenta los fenómenos políticos, culturales y educativos para preservar la identidad y la soberanía. En estas regiones las nuevas tecnologías suelen presentar serias contradicciones: entraron al continente hace unos veinte años, asociadas a las transnacionales bancarias y líneas aéreas, y no como elemento de transformación infraestructural en la producción industrial y servicios básicos.

La modernización de las redes electrónicas sirvió también para que más de ochenta mil millones de dólares fluyeran en menos de una semana de México a Norteamérica en 1982, cuando se decretó la liberación del dólar, generándose con ello una fuerte caída del poder adquisitivo de la moneda nacional.

Tomado de Ecured

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