Ultrajes de los militares norteamericanos en 1898. (III) #TenemosMemoria #USCuba

Por Israel Valdés Rodríguez*

El 18 de julio de 1898, fuerzas de la 1ra. División, del 4to. Cuerpo del Ejército Libertador cubano, bajo las órdenes del brigadier José Miguel Gómez, atacaron y tomaron el poblado de El Jíbaro, Sancti Spíritus. Según las formalidades de rigor, los prisioneros españoles fueron enviados a Sancti Spíritus y entregados a las autoridades españolas.

De inmediato el general Gómez ordenó romper y vaciar varios pipotes de aguardiente existente en las bodegas, pero a pesar de todo, no se pudo evitar que el escuadrón norteamericano que participó como aliado en el combate, se apertrechase de dicha bebida alcohólica.

Aproximadamente a las 14:00 horas de ese día, el capitán Caster P. Johnson, jefe de una sección de caballería del mando estadounidense, en estado de embriaguez, se dirigió al fuerte principal y arrió la bandera cubana e izo la norteamericana.

Tan pronto el general José Miguel Gómez conoció del hecho ordenó al corneta tocar formación. Un sargento de primera, que fungía como segundo jefe de la tropa norteamericana enseguida salió del fuerte y se presentó al jefe cubano ofreciéndose como mediador para atenuar el ambiente. Poco después el sargento en unión del coronel cubano Francisco Díaz Silveira, se dirigieron al fuerte y detuvieron al oficial norteamericano insubordinado y lo condujeron al cuartel general ante la presencia del general José Miguel Gómez, al cual ofreció sus excusas alegando que se había excedido en la ingestión de bebida alcohólica y le había hecho daño y que estaba dispuesto a reparar su error. El jefe cubano le acepto las disculpas e indicó la reintegración a su antiguo mando, pero le exigió como reparación a su actuación irresponsable, formar su unidad delante de la tropa cubana, bajar el pabellón de su país e izar nuestra enseña nacional y rendirle el honor que merecía, a lo cual accedió el oficial norteamericano.

Alrededor de las 20:00 horas, nuevamente el capitán Johnson en compañía del medico de su tropa, el teniente Linn (ambos en estado de embriaguez) procedieron a realizar disparos contra sus propios soldados, poniendo en peligro la vida de estos. Los dos fueron detenidos, mientras que el sargento de primera que había actuado como mediador en el anterior altercado, quedo al mando de las fuerzas norteamericanas. Los oficiales insubordinados fueron trasladados al campamento del Cuartel General de Máximo Gómez quien ordenó remitirlos al mando norteamericano, para que procedieran a formarles un Consejo de Guerra. Se conoce, que al acampar los reos en el poblado de Guasimal, en Sancti Spíritus, tal ves, por temor al futuro proceso jurídico que se les había advertido, decidieron presentarse a las tropas españolas.

* (San Antonio de los Baños, 1952) profesor e historiador, miembro del secretariado permanente de la Unión de Historiadores  de Cuba.

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