El asalto al cuartel “Moncada”. (II) #Cuba #TenemosMemoria

Cualidades personales de los asaltantes.

Israel Valdés Rodríguez*

Una de las premisas fundamentales en los preparativos del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes fue la correcta selección del personal que integraría el comando de combatientes revolucionarios. Fidel sabía que había que actuar con inteligencia, astucia, sigilo; las acciones debían realizarse de manera encubierta, clandestina, que no resultaran visibles a la acechanza de los órganos policíacos de la dictadura batistiana. Al respecto Fidel ha planteado:

“Tuvimos algunos tropiezos con la policía, que nos sirvieron de mucha experiencia mas adelante. Porque después aplicamos métodos sumamente cuidadosos en la selección del personal y en la compartimentación; después si nos volvimos verdaderos conspiradores,…’’ (1).

Las cualidades de los combatientes “eran, en primer lugar, el patriotismo, el espíritu revolucionario, la seriedad, la honradez, la disposición a la lucha, que estuviera de acuerdo con los objetivos y los riesgos de la lucha”. (2).

Abelardo Crespo Arias, uno de los seleccionados y que en aquel entonces era estudiante de ingeniería civil de la Universidad de la Habana, ha ofrecido el siguiente testimonio:

“Se escogía a los mejores compañeros; se hablaba con ellos para saber cual era su formación, sus principios, su forma de actuar, inclusive su modo de ser familiar; las características de cada compañero. Esa era una cosa fundamental”. (3).

En su totalidad eran jóvenes de procedencia humilde, en su mayoría eran obreros, empleados y algunos campesinos de La Habana y también de Pinar del Río. Fue Artemisa el municipio mas destacado, por la cantidad de magníficos combatientes que proporcionó para esta acción heroica. En este sentido Fidel ha revelado: “Conociendo como pensaban les expuse mi plan y lo aceptaron. Los conocía a casi todos como militantes del Partido Ortodoxo”. (4)

Fidel se entrevistó personalmente con más de 1200 candidatos, y entre estos, fue realizando una rigurosa selección. Además, orientó que se hiciera hincapié en captar los elementos más revolucionarios, la gente más sana y que no estuviera comprometida con el régimen anterior. Al respecto el compañero Ramiro Valdés ha expresado:

“….Nosotros comenzamos a reclutar gentes. Nos presentamos en Prado 109, le dijimos (a Fidel) quienes éramos. En general habló de la situación, de lo que hay que hacer, el rol que la juventud tiene que jugar es definitivo en la lucha contra Batista, lo peligroso, los riesgos que se corrían, los cuidados que teníamos que tener..” (5)

Es así como el líder revolucionario comienza su labor de selección y reclutamiento de compañeros para el movimiento, por tal motivo, procede a entrevistarse con cada uno de ellos, introduciendo en las conversaciones temas afines para conocer el criterio de los mismos y el grado de concientización sobre la actividad revolucionaria que pretendían realizar, comprobando y estudiando a estos compañeros; además, convenciendo y dando a conocer, la motivación real por la que se estaba gestando este movimiento revolucionario.

Entre las medidas que le orientaba a los entrevistados estaban las de salir del campo visual del enemigo, para desinformar a los órganos represivos, de forma tal, que no existieran indicios sospechosos sobre la actividad revolucionaria en la que estaban empeñados. El propio Fidel, por largos meses, dejó de visitar los lugares que antes acostumbraba a concurrir en La Habana, para no llamar la atención sobre sus acciones conspirativas y dar la apariencia de que estaba dedicado completamente al trabajo del bufete de abogado.

Durante todo el proceso de selección de los combatientes se prestó especial atención para impedir la introducción de elementos alardosos, alcohólicos, curiosos, ostentosos, indiscretos, etc, que de alguna manera pusieran en peligro la organización. Cuando era necesario separar a alguien, todo se hacía muy sutilmente y con mucho tacto, para ello se tomaban medidas de desinformación, y poco a poco, lo iban apartando hasta alejarlo de las actividades concretas. “Nuestro movimiento tenía un carácter secreto y selectivo. Aquí solo tenían cabida los hombres y mujeres honestos que no tuvieran complicidad con el pasado. Los militantes de nuestra organización estaban obligados a guardar el más absoluto secreto de las actividades de la misma. Allí no había cabida para los indiscretos, para los fantoches o para los que jugaban a la revolución”. (6).

Otro ejemplo lo ofrece el moncadista Gabriel Gil: “Sus integrantes teníamos que ser los mejores; velar que no fueran gente viciosa, de escándalos, no podíamos estar bebiendo. Existía un sistema de chequeo mutuo”. (7).

La discreción fue un requisito fundamental en la selección de los futuros combatientes. Ser discreto es saber guardar un secreto, ser extremadamente reservado, es saber cumplir las tareas y misiones de la actividad clandestina con mucho tacto y moderación, sin llamar la atención. Fidel orientaba y exigía constantemente que se cumpliera con esa condición

Los uniformes militares que fueron obtenidos por el entonces sargento sanitario, Florentino Fernández, fueron escondidos en un “vara en tierra” en la finca del suegro de Pedro Trigo, pero antes Fidel, le pidió autorización a Pedro para realizar esta gestión, entonces el líder revolucionario le precisó: “Lo que vamos a guardar allí solo lo vamos a conocer cuatro personas: usted (refiriéndose a Florentino Fernández que también estaba presente), Trigo, Abel y yo. Si se produce una indiscreción por parte de alguno de nosotros, haremos un consejo disciplinario y de acuerdo con la gravedad, así sancionaremos al culpable”. (8).

El sistema de comprobación del personal era sistemático, cada jefe de grupo o célula iba caracterizando a sus subordinados a fin de determinar quienes realmente reunían los requisitos para tan importante misión. Había que tener en cuenta como inconveniente, que la cantidad de armas no eran suficientes para todos, por tanto, debía primar como principio la selección rigurosa del personal y que solamente se le entregaría un arma al que se la ganara con su esfuerzo, su sacrificio y sus cualidades morales demostradas en el proceso de selección. En la misma medida en que se puso en práctica un riguroso sistema de selección comenzaron los entrenamientos y se les sometió a distintas pruebas y los que lograron superarlas, fueron los que posteriormente se batieron heroicamente en Santiago y Bayamo.

Citas y referencias.

  1. Betto, Frei. Fidel y la religión. Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, 1985, página 171.
  2. Betto, Frei. Fidel y la religión. Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, 1985, página 173.
  3. Iznaga, Alcides. El único medio era buscar armas para luchar. Bpohemia, 20-07-1973, página 53.
  4. Betto, Frei. Fidel y la religión. Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, 1985, página 168.
  5. Pérez, Maiveli. Trabajo de Curso No. 1338, página 12.
  6. Ibídem, página 15.
  7. Mencia, Mario. Aquella asombrosa organización. Bohemia, 23-07-1971, página 33.
  8. Trigo, Pedro. No menciones mi nombre ni el de Abel. Moncada, julio 1983, páginas 12-15.

* (San Antonio de los Baños, 1952) profesor e historiador, miembro del secretariado permanente de la Unión de Historiadores  de Cuba.

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