El debate republicano o vienen los payasos. #EEUU #Miami #Cuba

dailynewstrump-232x300Por Max J. Castro -Progreso Semanal-

MIAMI – Hay tantos republicanos que compiten por la nominación presidencial del partido que no pudieron situar a todos en el mismo escenario. Un número de políticos por valor de más de tres equipos de baloncesto. Eso sí es un partido sin consenso acerca de quién debe encabezarlo.

La solución que se le ocurrió a Fox News fue presentar en horario estelar a los diez con las cifras más altas en las encuestas, y a los otros siete en un horario de menor teleaudiencia.

La proliferación de candidatos casi no produjo diversidad de ideas. Todos balbucearon los mismos cansados dogmas republicanos. “Impuestos más bajos”. “Menos gobierno”. “Una política exterior norteamericana más musculosa”. “Abajo el Obamacare”. “Echemos por la borda el acuerdo con Irán”.

Las películas eran todas iguales, sólo las bandas sonoras eran diferentes. El titular en el Wall Street Journal lo capturó muy bien: “Debate agudiza el estilo de la división”.

Estilo. Donald Trump, por su parte, no moderó ni un poquito su estilo abrasivo. De hecho, en este debate se superó a sí mismo. El principal candidato en las encuestas por un buen margen fue igualmente grandilocuente, ofensivo, sexista, y necio.

Que un candidato de la calaña de Trump esté liderando la contienda en uno de los dos partidos políticos más importantes del país dice mucho de cuán bajo ha descendido el Partido Republicano. Eso lo sabíamos ya, pero el éxito de Donald Trump pone un signo de admiración a todo el asunto. A pesar de todo, una encuesta de esa misma noche arrojó que Trump seguía a la cabeza después del debate.

A la sombra del ego y el extremismo grotescamente descomunal de Trump, muchos de los otros candidatos lucharon por capturar el centro de atención y no terminar sonando como peleles. Jeb Bush, el favorito del establishment republicano, que ha apoyado su candidatura por una suma de $100 millones, tuvo una situación especialmente difícil.

Aunque Jeb es aún más conservador que su hermano en cuestiones de clase y en economía, no ha mostrado el entusiasmo necesario en los ataques a inmigrantes como para complacer a los tipos del Tea Party y otros extremistas acerca de la inmigración en el Partido Republicano. Así que mientras las políticas fiscales de Bush son música para los oídos del uno por ciento que hace grandes donaciones, no se puede ganar la nominación republicana solo con los votos de la gente importante.

Por otra parte, el gobernador Scott Walker y el senador Marco Rubio, otro par de derechistas extremos, se portaron decentemente, según las normas republicanas, pero ninguno parece estar listo para despegarse del pelotón. Tampoco cualquier otro, incluyendo al gobernador Chris Christie, quien también obtuvo buenas críticas de parte de expertos conservadores influyentes.

En el segundo equipo, Carly Fiorina impresionó a algunos comentaristas. Si no por otra razón, el hecho de que ella sea una mujer en un grupo conformado en su totalidad por hombres de traje la hace destacarse. Pero Fiorina, una exejecutivo de informática de alto nivel que fue obligada a dejar su trabajo, tiene cero experiencia política.

Tras el debate, Trump proporcionó más evidencia de que él es el más grande payaso del circo republicano. Durante el debate, Megyn Kelly, uno de las moderadoras de Fox News, había pedido a Trump que explicara anteriores comentarios despectivos que había hecho acerca de las mujeres, como calificarlas de “cerdas gordas”. Trump desestimó la pregunta, y dijo que era una estupidez. Más tarde, en una aparición en la CNN, Trump describió a Kelly como que parecía estar tan indignada que “le salía sangre de los ojos y de cualquier otro lugar”.

Todos comprendieron la referencia obvia al ciclo menstrual de la mujer y al efecto que esto puede tener supuestamente sobre el humor. Trump negó que tuviera la intención de referirse a las hormonas, pero nadie le creyó.

El comentario fue tan escandaloso, incluso para Trump, que el organizador de un evento conservador subsiguiente en Atlanta retiró rápidamente la invitación a Trump, diciendo que había concedido al candidato mucha latitud cuando sobrepasó los límites con palabras duras, pero no esta vez, porque él había sobrepasado el límite de la decencia.

Hubo mucha hipocresía en la selectiva reacción republicana. Anteriormente, Trump ya había sobrepasado el límite de la decencia muchas veces, sobre todo con sus crueles comentarios acerca de los inmigrantes mexicanos. Pero la diferencia no era una cuestión de decencia, sino una cuestión de política, como revelaron los comentarios posteriores de un frustrado Jeb Bush: “No embromen. ¿Insultar al 53% de los electores? ¿Queremos ganar?”.

Durante el debate, Trump dio muchas pruebas de que él no está preocupado por arruinar las posibilidades de una victoria republicana en 2016 cuando se negó a descartar postularse como candidato de un tercer partido. Eso sería un regalo en bandeja de plata para Hillary Clinton o Bernie Sanders.

Pocos creen que Donald Trump será finalmente el candidato presidencial, pero un montón de republicanos está preocupado de que él esté mostrando el lado más feo del Partido . Y si en última instancia Trump queda por encima del avispero republicano, no va a ganar las elecciones generales.

La amenaza real para que los demócratas mantengan la Casa Blanca después de Obama proviene de gente como Scott Walker y Marco Rubio. Sus historiales muestran que son más consistente y ampliamente reaccionarios que Donald Trump, pero la manera campechana de Scott Walker, y la cara bonita y el lenguaje articulado de Marco Rubio calman los temores de los electores. Sin embargo, debajo de los guantes de seda de estos candidatos se encuentran las manoplas de malla que destruirían con más eficacia cualquier cosa remotamente progresista que se haya logrado en los últimos ocho años – o tal vez en los últimos cien años– de lo que podría hacer Trump.

Dicen que los payasos son las personas más tristes. Quizás. Lo que sé con certeza es que sería el día más triste en Estados Unidos si cualquiera de estos dos payasos llegara a la Casa Blanca.

Traducción de Germán Piniella para Progreso Semanal.

 

 

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