Guillermo González Arocha, sacerdote y patriota cubano. # ElPapaEnCuba

Por Israel Valdés Rodríguez*

Sin tratar de hacer definiciones conceptuales y mucho menos filosóficas sobre la religión, expondremos a continuación algunas ideas martianas, para de esta manera, enfatizar nuestras reflexiones sobre la conducta y el papel patriótico desempeñado por el sacerdote Guillermo González Arocha.

“El que sufre por su patria y vive por Dios, en este u otros mundos tiene verdadera gloria”

“El patriotismo es un deber santo cuando se lucha por poner la patria en condición de que vivan en ella mas felices los hombres”

“La única religión digna de los hombres es aquella que no excluye a hombre alguno de su seno”

Guillermo Abad Eloy González Arocha nació el 25 de junio de 1868 en Regla, hijo de Antonio González Gálvez (natural de Sevilla, España) y María Josefa Arocha Castrillo (natural de Cuba), bautizado en la Santa Iglesia de Ascenso del Santuario de Nuestra Señora de Regla. Siendo muy pequeño, su núcleo familiar se traslada a residir a Guanajay, aquí su padre ejerce el oficio de barbero. Después vinieron otros hermanos: Elvira, Federico y Enrique.

El 29 de septiembre de 1877 ingresa en el Real Colegio Seminario de San Carlos y San Ambrosio de La Habana, dedicándose desde ese entonces a la religión. En 1885 cursa el primer año de la llamada Facultad de Teología, por cuyo motivo solicita del Obispo Ramón Fernández de Piérola López de Luzuriaga, ser ascendido en razón de sus estudios y vocación al clericato y que se le conceda la primera clerical tonsura y las cuatro órdenes menores, que en efecto le son conferidas por el referido Obispo, el 3 de abril de 1885, a los ocho años de haber ingresado en el Seminario.

Como es pobre, en las vacaciones aprovecha el tiempo y procura con su trabajo algún dinero para poder comprar libros y cubrir otras necesidades de menor cuantía. A escondidas de la familia, se decide a ayudar a un pariente, el cual está encargado de pintar la fachada del Teatro Payret y despojado de la sotana anda por los andamios lata y brocha en mano, hasta que el padre, en una visita que realiza a dicho pariente lo descubre embadurnando rejas.

Cuando se publica el libro de Fermín Valdés Domínguez   “El 27 de noviembre” el se procura un ejemplar que lleva al Seminario. Su primera amargura como cubano es, cuando otro seminarista, cubano por añadidura, lo denuncia ante los profesores españoles y Arocha es sometido a Consejo de Disciplina. En sus descargos pidió como condición de justicia, para que se le juzgara, que el libro fuera leído por los que habían de ser sus jueces. Fue absuelto y logró que los profesores españoles lo leyeran.

Ya sacerdote fue destinado a desempeñar la plaza de Capellán de los dos hospitales civiles existentes en Matanzas. Después pasó a ser Teniente Cura de San Antonio de los Baños y por oposición, cura de Ceiba del Agua y Vereda Nueva. También por oposición cura de Artemisa. Después fue nombrado Párroco del Santo Ángel, plaza que ocupó muy poco tiempo, pues regresó a Artemisa donde ejerció de Párroco durante 33 años.

Arocha en la guerra del 95.

Al iniciarse la guerra del 95 fungía como cura de la Iglesia de Artemisa y era un activo participante en las tareas conspirativas a favor de la independencia de su patria. Una de sus colaboradoras en estas actividades revolucionarias fue la también católica Elvira Llerena, casada con el comerciante José García, quien ignoraba que su esposa y cuñado, Eduardo Llerena, eran auxiliares del Párroco en estas difíciles y peligrosas tareas clandestinas. Eduardo Llerena es el amigo que secunda a Arocha en las actividades conspirativas y en el traslado de la correspondencia.

Magdalena Peñarredonda, la legendaria delegada del Partido Revolucionario Cubano en Pinar del Río (Vuelta Abajo) es su amiga y ambos trabajan en contacto directo con Perfecto Lacoste, quien fungía como presidente de la Junta Revolucionaria de la Habana. Magdalena y Arocha están sirviendo a la Revolución Cubana y desde enero de 1896, en que Maceo entra en la provincia de Pinar del Río, son los encargados de transportar la correspondencia que ha de ir y venir desde Pinar del Río a La Habana.   Además, Arocha envía medicinas, víveres y ropa a las fuerzas cubanas en operaciones. Para el envío de la correspondencia utiliza a Eduardo Llerena, quien todos los días hace el recorrido desde Artemisa a una finca ubicada entre Cayajabos y Candelaria, la que había arrendado para usarla disimuladamente. A ella iba Eduardo a buscar hierbas, pero en realidad llevando en el interior de una montura, que había preparado Elvira, la correspondencia que debían recibir las tropas insurrectas o que estas debían enviar a La Habana. Otras veces era su propio hermano el que debía realizar estos trabajos, así como, guiar hasta el campamento mambí a los que iban a incorporarse a las tropas cubanas. Desdichadamente un espía español informó sobre las actividades revolucionarias de Arocha y el sanguinario Weyler ordenó su fusilamiento.

El Obispo Manuel Santander Fruto, quien no fue nunca amigo de los cubanos, pero sin embargo sentía admiración y afecto por Arocha, debido más que todo a la tenacidad con que le había visto hacer sus estudios en el Seminario, por ello al tener conocimiento de lo que había dispuesto el Capitán General, ordenó a Arocha presentarse inmediatamente al Obispado. El Obispo le planteó a Weyler el efecto que produciría fusilar a un sacerdote, al que no se le había probado que realizaba actos contrarios a la soberanía de España y que no estaba en la manigua sino en la parroquia. Weyler transigió, pero a cambio de que el cura ese tiene que embarcarse enseguida para España”. Aceptó el Obispo dicha condición. Sin embargo, Arocha se negó rotundamente a aceptar tal propuesta, pero accedió quedarse algún tiempo en La Habana, como ayudante del jefe supremo de la iglesia en Cuba.

Seis meses estuvo Arocha en esas condiciones. El Obispo trató de apartarlo de la conspiración, pero todo fue inútil, pues conjuntamente con su compañero y amigo íntimo, Agustín Fernández, seguía realizando sus contactos con Perfecto Lacoste, jefe de la conspiración revolucionaria en La Habana.

Al fin logra volver a su parroquia. Son los últimos días de septiembre de 1896. Artemisa es el centro de operaciones de la Trocha de Mariel a Majana y Cuartel General de la Metrópoli española en Occidente. Sus amigos Lucilo Palacios, Bernardino Villar, Vicente Díaz y Pepe García, españoles todos, son ahora capitanes y tenientes del Cuerpo de Voluntarios. Estos colaboran con él en prestarles auxilio a muchos infortunados que por las circunstancias de la guerra tienen necesidad de socorro, o posiblemente lo hacen al influjo de las sugestiones de sus esposas.

Al regresar a Artemisa, su iglesia estaba convertida en cárcel y factoría de las tropas españolas. Conoce y sufre con amargura, que entre los presos está Manuel Valdés, de 16 años, que fue uno de los emisarios que él utilizó en el trasiego de la correspondencia. El 6 de octubre de 1896 fue fusilado este muchacho. Al sonar las descargas de fusilería, Arocha tuvo que ser auxiliado, pues sufrió un desmayo. Se repuso inmediatamente y recogió el cadáver, dándole sepultura en el cementerio de la Villa a riesgo de represalias de las autoridades españolas.

En noviembre de 1898 había logrado construir varios barracones de madera para darles albergue a los infelices que no tenían alojamiento y alquiló una casa aparte para atender y ayudar a los niños huérfanos. Paralelamente continuó en sus actividades revolucionarias hasta culminar la guerra.

Arocha después de la guerra.

En las primeras elecciones celebradas en Cuba en diciembre de 1901, salió electo representante a la Cámara por Pinar del Río, sin haber realizado campaña política, obteniendo 10 839 votos, según certificado de elección suscrito por el secretario de la Junta Electoral de dicha provincia, Sr. Ricardo Pérez Pérez y con el visto bueno del presidente de la misma, Oscar Cuní.

Salió electo y trabajó con tesón. Defendió desde su escaño los principios de su fe religiosa y fue el autor de la primera Ley Escolar en la que abogaba por la creación del Consejo Supremo Escolar, por la Escuela Normal de Maestros y los denominados Kindergarten. Fundó la revista católica “El amigo de la verdad” que sostuvo por espacio de tres años.

Fue seis años vocal de la Junta Superior de Beneficencia, defendiendo las instituciones de caridad y particularmente el asilo de Aldecoa. Fundó el Instituto “San Marcos” de 1ra y 2da enseñanza para niños pobres y también la Asociación de Beneficencia de Artemisa. Durante la reconcentración fundó dos asilos en Artemisa, que salvaron la vida a innumerables huérfanos. El 11 de enero de 1920, fue declarado hijo adoptivo de Artemisa.

Se distinguió como sacerdote por su virtud, descollando entre sus cualidades la humildad y sencillez. El historiador Manuel I. Mesa Rodríguez dejó escrito lo siguiente: “Debo aclarar, como un homenaje justo al ciudadano ejemplar, que Arocha no exigía nunca que los alumnos fueran a misa, ni confesaran, si ese no era su deseo. Jamás impuso su criterio en cuestiones religiosas. Hacía su labor sin imponerla. No discutía jamás sobre religión y era respetuoso para todo el mundo en materia de esa índole. Quizás esto no le dé derecho a la canonización. Creo que no la apetecía. Pero es la verdad histórica.”

Por su parte el eminente historiador cubano Emilio Roig de Leuchsenring escribió sobre Arocha lo siguiente: “…indicado varias veces por sus relevantes merecimientos para el desempeño de una mitra (*), jamás pudo ser Obispo, ni aún en tiempos republicanos, por haber sido mambí”.

En marzo de 1925, al saber un grupo de amigos que había sido honrado con la dignidad de Ilustrísimo Prelado Doméstico de su Santidad el Papa Pío XI, acordaron ofrecerle un homenaje público y el cual se efectuó el domingo 12 de abril en testimonio de gratitud de un pueblo que lo había visto siempre, tanto en las horas aciagas como felices, coadyuvando a su bienestar. Respondió el pueblo con cariño a la demostración de afecto que se tributaba al sacerdote y patriota cubano. De Artemisa vino a La Habana de Capellán del colegio de la Salle del Vedado. Posteriormente ocupó las plazas de Vicerrector del Seminario Conciliar de la Habana y profesor de Apologética y Pedagogía.

El 10 de octubre de 1938 fue condecorado con la Orden Nacional de Mérito Carlos Manuel de Céspedes. Poseía una vastísima cultura y fue un notable escritor, dejando escrito muchos folletos y un arsenal de datos valiosísimos que destinaba para redactar la historia de la Iglesia de Cuba, proyecto que quedó trunco con su muerte. Este ilustre sacerdote falleció el 1ro de abril de 1939 a la edad de 70 años. Se le rindieron honores de capitán del Ejército Libertador. Una compañía dirigida por el capitán Miguel Gracia y la Banda de Música acompañaron el armón que condujo sus restos a la Necrópolis de Colón. Su sepelio constituyó una imponente manifestación de duelo a la que asistió una gran cantidad de gente humilde del pueblo.

Arocha fue un hombre que desde su compromiso de fe religiosa colaboró decididamente con la independencia de su patria.

(*) Mitra: Dignidad de Arzobispo u Obispo.

* (San Antonio de los Baños, 1952) profesor e historiador, miembro del secretariado permanente de la Unión de Historiadores  de Cuba.

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