“¿Yo? ¡Yo soy millonario, asere!”. #Cuba #Tropa

Por Marcos Torres. / Las Torres de Marcos

Eran las seis y media de la mañana esperando la guagua. Una llovizna pertinaz envolvía el ambiente y las palabras de los transeúntes en el sopor de la mañana se escuchaban cual murmullo lejano, como a kilómetros de distancia.

Un hombre frente a mi con el cual entablé una conversación, digamos que amena, sobre el clima, los tiempos, el transporte, las pizzerías y otras cosas, comenzaba ha hablarme de la salud en Cuba. Rápidamente me puse en guardia (sí,… no fuera a ser que estuviera en presencia de uno de esos que empiezan una conversación cualquiera buscando un trasfondo irreal para hacerte ver problemas que en verdad no existen) y cual no fue mi sorpresa al escuchar las siguientes palabras: “Yo tengo cáncer”.

Se me heló la sangre. Un silencio sepulcral (prácticamente “catatúmbico”, diría yo) se interpuso entre mi contrariado cerebro y el músculo que en Cuba denominamos, afectuosamente, “la-sin-hueso”. Me quedé sin habla.

Entre palabras pude entender, que le habían detectado un cáncer en el cerebro hacia tres años y tuvo que ser sometido a una operación. Me habló de lo dura de la rehabilitación, que casi se queda sin habla, que pasó por cosas muy duras desde el punto de vista personal. Me habló de los médicos que lo cuidaron sin pedir nada a cambio, de los familiares que sufrieron junto a él todo ese proceso, de sus hijos a los que no quería ni ver, por temor a que no lo reconocieran después de cierto tiempo, en fin me habló de muchas cosas.

Parecía que no tenía para cuando acabar hasta que se me ocurrió preguntarle que hacía para vivir y a qué se dedicaba y la respuesta fue honesta: nada, no hacía nada.

“¿Cómo es posible?” le pregunté y me respondió de forma más sincera todavía. Me explicó que trabajaba en una empresa que se dedica a reparar equipos médicos (disculpen pero no recuerdo el nombre de la empresa), pero que desde que está en tratamiento post-operatorio, decidieron darle una licencia para que atendiera su salud y luego se incorporara al trabajo nuevamente.

Allí me enteré que dicho tratamiento incluye inyecciones periódicas de anticuerpos monoclonales y que cada bulbo del medicamento cuesta 1000 dólares en el mercado internacional, pero como el es ciudadano cubano a él no le cuestan nada. Qué hubo etapas en el tratamiento, al comienzo de este en las que tenía que ponerse cada semana cuatro bulbos. Que posteriormente (seis meses después) le fueron reduciendo la dosis a tres por semana, y así hasta tener que ponerse sólo cuatro bulbos al mes.

“¿Yo? ¡Yo soy millonario, asere!”. Me decía con vehemencia, casi febril.

Tiene mucha razón cuando dice esto, por matemática simple.

Ahora me preguntó ¿cuántos en Estados Unidos, o España, o Reino Unido, y otros tantos países “desarrollados” del mundo pueden decir con absoluta sinceridad como mi trasnochado interlocutor que son millonarios, así, justo como él?

Esta es la justicia social cubana: todos con igualdad de oportunidades y derechos. Así de simple.

 

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