Invasión rebelde de 1958: ¿Similar a la de 1895?. #Cuba

 Por Dr Roberto Pérez Rivero.*

 Recordar este 22 de octubre el 120 aniversario del inicio de la llamada Invasión de Oriente a Occidente dirigida por lo mayores generales Máximo Gómez y Antonio Maceo, en días en que también rendimos tributo a los comandantes Camilo y Che en tradicional jornada ideológica; me incita a realizar un paralelo entre las proezas invasoras que ellos protagonizaron.

Pareciera que la analogía entre los dos movimientos invasores más significativos de la historia militar cubana, se entabla desde la misma fecha de inicio de ambas campañas militares. Aunque separadas entre sí por más de 60 años, es casual que los años en que se produjeron tales hechos de armas aparentan ser el mismo: 1895 y 1958; es como si lo único que se moviera fuera el dígito ocho de la segunda posición a la última. Pero, lo que si no es casual es que una de las dos columnas invasoras de la Guerra de Liberación Nacional en el siglo XX, llevara el nombre de Antonio Maceo, evidencia marcada de la presencia de los motivos históricos en la decisión estratégica del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz a finales de agosto de 1958, y expresada en la orden militar que emitiera a su jefe el comandante Camilo Cienfuegos.

Lo que sucedió entre agosto y diciembre de 1958, no solo fue una invasión a occidente, se invadió a toda la isla. La batalla por la Sierra Maestra en el verano de 1958, fue decisiva. Se obtiene una gran victoria sobre el mayor esfuerzo realizado por la tiranía durante toda la guerra, y a partir de ella la iniciativa estratégica pasó a manos del Ejército Rebelde. En este momento el Comandante en Jefe trazó la estrategia para conducir la lucha hasta la victoria final; las decisiones que toma para lograr ese objetivo tuvieron como piedra angular la extensión de la guerra a otros territorios.

De este modo, se realizó el fortalecimiento de los tres frentes ya establecidos y se crean nuevos frentes y columnas. Además del regreso de Almeida al territorio del III Frente con una tropa reforzada, se crearon en esa zona otras tres unidades. Hacia allí también marcharon dos columnas más desde la Sierra Maestra, la 9 “Antonio Guiteras” y la 10 “René Ramos Latour”.

A partir de septiembre salieron de la Sierra Maestra las columnas 11 “Cándido González” y la 13 “Ignacio Agramonte” para abrir un frente guerrillero en Camagüey.

En octubre, con las columnas 12 “Juan Manuel Márquez”, la 14 “Simón Bolívar” y la 32 “José Antonio Echeverría” se formó el Cuarto Frente “Simón Bolívar”, bajo la jefatura del comandante Delio Gómez Ochoa, para operar en territorios de Holguín, Victoria de las Tunas, Bayamo, Gibara y Puerto Padre.

Las dos columnas que primero salieron a cumplir su misión de invasión fueron las de Camilo y el Che; la No. 2 “Antonio Maceo” el 21 de agosto, y la No. 8 “Ciro Redondo” diez días después.

Salvando las distancias en el tiempo, circunstancias totalmente distintas y otras situaciones también diferentes, llama la atención como muchos de estos acontecimientos tienen similitud con lo ocurrido en la Guerra de 1895.

Las decisiones que en aquel contexto se tomaron partieron del análisis de las condiciones objetivas de la isla, varias de las cuales aun en estos tiempos se mantienen. Realidades económico-sociales, socio-culturales y político-militares influyeron en que se pensara en ambas contiendas en el movimiento invasor como elemento esencial de la estrategia.

Por ejemplo, las características físico geográficas del territorio en lo esencial no cambiaron: isla alargada y estrecha; aunque si se produjeron cambios ecológicos, particularmente en la vegetación. En 1958, no existían los exuberantes bosques de 1895. Es cierto que todavía quedaban algunos montes de grandes dimensiones que fueron derribados en la década de los sesenta del siglo XX; pero, no era comparable a la situación del medio ambiente existente en el siglo XIX. El paisaje había cambiado y la tecnología también, sobre todo esto último.

El ejército batistiano contaba con poderosos medios técnicos para los que la existencia de los bosques no significaba inconveniente muy serio, pero también podía valerse de las facilidades de las comunicaciones por radio y el desarrollo de las redes de caminos y carreteras. La aviación y los blindados y los medios motorizados para transportar las tropas son dos elementos fundamentales que explican que las guerrillas escogieran las montañas serranas como centro fundamental de operaciones en la fase inicial de la lucha.

El terreno montañoso era el más ideal para llevar a cabo una guerra contra un adversario muy superior en fuerzas y medios. Esa elevada geografía; por ejemplo, hizo totalmente ineficiente a la aviación de la tiranía.

No obstante, la guerra de guerrillas tuvo que bajar al llano, y en los dos meses finales de la contienda, los escenarios principales de las acciones combativas no fueron precisamente los cerros; sino, los centros urbanos, los caminos y carreteras, en especial la Central, como lo demostró el movimiento invasor.

Sin dudas, las principales campañas invasoras cubanas han sido de oriente a occidente, porque en el oriente se han iniciado y consolidado las luchas,m y después se han extendido al resto del país.

Que las guerras en Cuba hayan tenido como principales teatros de operaciones las regiones del oriente y también el centro, ha obedecido por supuesto a razones económicas, sociales y políticas; pero, mucho peso también han tenido las de índole militar. Por ejemplo, en que esos territorios fueran escenarios primordiales de sucesivas guerras por la independencia y la liberación nacional, influyó decisivamente la dislocación de las fuerzas españolas primero, y del Ejército de Cuba[1] después, en el territorio cubano.

La mayor cantidad de efectivos, las mejores unidades y los mejores armamentos estuvieron siempre desplegados en el occidente del país[2]. También ha favorecido el desarrollo de las guerras en las regiones central y oriental, sobre todo en esta última, las características físico-geográficas de uno u otro territorio. Al tener que enfrentar a enemigos muy superiores, con correlación de fuerzas y medios muy favorables a estos, los independentistas del siglo XIX -como luego los revolucionarios del XX-, se vieron obligados a desarrollar el método de lucha irregular. Precisamente los territorios orientales y centrales, además de ser los más alejados de la plaza militar enemiga más fuerte, son los más idóneos para desarrollar tal método de lucha armada por las características propias de su relieve, flora y fauna.

La combatividad, el patriotismo y la intransigencia revolucionaria de los pobladores del oriente cubano también han condicionado, sobre todo en la Guerra de Liberación Nacional, el desarrollo de la lucha armada al este de la isla.

Si hay algo que equipara las invasiones de Gómez y Maceo con la de Camilo y el Che, es la presencia de un poderoso enemigo con conocimiento del avance invasor y haciendo todo lo posible por impedirlo. En 1895, el mando español trató de convertir la Trocha de Júcaro a Morón en una muralla infranqueable, y entre Matanzas y La Habana con miles de hombres se propuso impedir el paso de los invasores al extremo occidental, lo cual evadió el genial estratega Máximo Gómez sin combatir, al engañar a su adversario con un supuesto retroceso hacia el oriente conocido como Lazo de la Invasión o Contramarcha estratégica. Por cierto, ello me hace considerar, que lo que expresó el General en Jefe en Lázaro López, hoy provincia de Ciego de Ávila, en ocasión de quedar constituido el contingente invasor en su volumen completo cuando las tropas de Antonio Maceo y Gómez se unen; de que en occidente se daría el Ayacucho cubano, más que pensar en dar una única y definitiva batalla para concluir la guerra, el general Gómez estaba anunciando que la extensión del desgaste y el hostigamiento constante al enemigo a todo el territorio cubano traería la victoria a las armas insurrectas. Aunque tampoco se puede negar, que en su flexible y creativo pensamiento militar se descartara la posibilidad de un Ayacucho.

En 1958, el ejército de la tiranía se propuso, primero impedir el paso de Camilo y el Che a Camagüey, y luego a Las Villas.

Para que se comprenda mejor cuán difícil fue atravesar la extensa provincia de Camagüey por los hombres que integraban las columnas del Ejército Rebelde, vale la pena ofrecer detalles de lo sucedido.

Cuando los días 7 y 8 de septiembre de ese año, hacen su entrada en el territorio agramontino las columnas 2 y 8, dejaban atrás la marcha desde la Sierra Maestra hasta los llanos del Cauto, las medidas para evadir los encuentros con el enemigo, y las penurias que las intensas lluvias del ciclón Ella les hizo padecer.

En Oriente el ejército tenía cuatro zonas de operaciones; sin embargo, el mismo curso de la guerra obligó al Estado Mayor del Ejército (EME) a activarlas también en otros territorios del país: 2do. Distrito Militar (DM) en Camagüey, y en Las Villas la Zona de Operaciones 3er. DM.

En el 2do. DM la zona de operaciones, dividida en dos y con sus respectivos jefes, abarcó todo el territorio de la provincia. El 30 de octubre, el coronel Leopoldo Pérez Coujil (jefe del distrito desde finales de septiembre) comunicó al EME que se designaba definitivamente al teniente coronel Suárez Suquet jefe de todas las operaciones en la provincia.

Para el mes de septiembre el 2do. DM contaba con más de 2500 efectivos; aún así, su jefe en reiteradas ocasiones solicitó al EME el envío de nuevos refuerzos y se quejaba de la falta de oficiales. Pero, no fue precisamente la falta de hombres y de material de guerra (también solicitado al EME) los problemas que afectaron las operaciones en este territorio frente a la constante actividad de la fuerzas del Movimiento 26 de Julio contra las vías de comunicación; y fundamentalmente, para intentar detener la invasión de las dos columnas del Ejército Rebelde.

Aunque Suárez Suquet informó al mando superior el 5 de septiembre, que no existía ningún grupo organizado de rebeldes en el territorio de los escuadrones 25 y 26 de la Guardia Rural; si reconocía que algunas de las “ratas” –se refería así a los combatientes rebeldes- que operaban más allá de los límites con Oriente, habían incursionado en zonas de Camagüey, y que era de esperar que otras fuerzas pretendieran hacerlo. Ante esa amenaza, sugirió situar emboscadas en los puntos que consideraba peligrosos: puente principal río Sevilla, finca La Federal, camino a Jobabo, río las Cabreras, puesto de Manatí y Aguas Nuevas.

Para el día 11 de octubre, el jefe del Distrito Militar le planteaba a su jefe de zona de operaciones lo siguiente: “Nuestra misión clara y específica es la captura vivo o muerto del Che Guevara y de todos los forajidos que lo acompañan… bajo ningún concepto se pueden ir del cerco”. Era tarde, Camilo entró a Las Villas el 7, y el Che lo hizo el 12.

Ese era el objetivo, la apreciación que se hizo de la situación fue bastante acertada, las medidas previas que se adoptaron parecían las apropiadas; pero desde el primer momento afloraron las debilidades. Nueve días antes del planteamiento de esa misión, Suquet remitió un escrito confidencial al jefe del 2do. DM, en el que lamentaba que hasta al comandante Chávez Guerra, tuvo que llamarle la atención con energía pues no solo incumplió indicaciones suyas, sino que protestó y llegó a manifestar, incluso delante de los soldados, “que le importaba poco que lo botaran”.

El 9 de septiembre de 1958, precisamente contra una de las emboscadas que el jefe de la zona de operaciones había sugerido montar, chocó la Columna No. 8 «Ciro Redondo» a las órdenes del comandante Che Guevara, produciéndose la primera acción combativa contra los invasores en el territorio de Camagüey.

El combate de La Federal caracteriza el accionar del ejército en esta provincia contra las columnas rebeldes. La buena ubicación de las emboscadas en el terreno, el logro de la sorpresa, el incremento de fuerzas después de iniciado el combate y el apoyo aéreo, no fueron suficientes para alcanzar la iniciativa. Las emboscadas enemigas, siendo acciones ofensivas, tuvieron en estos casos un carácter defensivo por su pasividad y por limitarse a esperar que el adversario chocara contra ellas.

En La Federal, la pasividad y la ausencia de espíritu combativo fue grande. Los jefes no atacaron ni siquiera cuando llegaron los primeros refuerzos, al contrario; incumplieron órdenes del jefe de la zona de operaciones y mostraron cobardía. El propio Suárez Suquet fue testigo de las malas acciones de sus tropas en la Federal; pero, desde las alturas. Observó, lanzó granadas y ametralló hacia el batey de esa finca desde el avión que le garantizaba estar fuera del alcance del fuego rebelde. Así lo narró en un detallado informe que emitió el 16 de octubre.

Llama la atención como en ese documento se describe la pasividad y cobardía del teniente Martínez Alonso y sus hombres emboscados en la Federal, quienes tampoco se motivaron a perseguir a los rebeldes ante la inminente llegada de refuerzos provenientes de Cubitas y Camagüey. Suárez Suquet apuntó: “El subteniente Blanco E. Corzo momentos antes de la llegada de las tropas de Cubitas observó que el teniente Martínez aparentaba estar con fatigas y al teniente Cabrera próximo a él, ambos inactivos,…les dijo: ¿Ustedes qué hacen aquí? ¿Por qué no salen a combatir?”

El 14 de septiembre, la columna del Che vuelve a chocar en Cuatro Compañeros con otra de las emboscadas ubicadas por Suquet. Nuevamente se produce el incremento de fuerzas, las que esta vez avanzan sobre los rebeldes, los cuales se repliegan hacia los montes de La Federal. Esto provocó la terminación del ataque de las fuerzas de infantería del ejército, que no se decidieron a perseguir a su enemigo en el monte y dejaron el asunto en manos de la Fuerza Aérea del Ejército (FAE). El bombardeo sólo provocó tres heridos (uno falleció) en la tropa rebelde, pero el jefe de la zona de operaciones informó una gran mentira: que localizó posteriormente en los montes 20 rebeldes muertos.

Después de estos dos encuentros y otro en La Malograda con la Comuna No. 2 «Antonio Maceo», comandada por el comandante Camilo Cienfuegos, el 2do. DM organizó nuevas ideas para contener el avance rebelde.   A partir del 27 de septiembre, con líneas de emboscadas y la ubicación de fuerzas en la región de Baraguá, estuvo a punto de cercar a las unidades rebeldes. Después, para los días 1 y 2 de octubre, concentró la atención en el tramo comprendido entre Júcaro y Ciego de Ávila y finalmente movió unidades a la línea Jíbaro-Jatibonico-Tamarindo, ocupando objetivos incluso dentro del territorio del 3er DM. Pero la audacia rebelde y el instinto y sabiduría de Camilo y Che, así como errores e indisciplinas en las fuerzas del ejército; por ejemplo, retirar emboscadas sin autorización y abandonar posiciones por lluvias, convirtieron esas líneas en coladores por los que se filtraron las dos columnas invasoras.

Esa realidad no es sinónimo de negación del inmenso reto que tuvieron que vencer el Che, Camilo y sus combatientes. Fueron capaces de superar una táctica enemiga caracterizada por la realización de abundantes emboscadas y el establecimiento de fuertes líneas de contención. Sobre todo, los jefes guerrilleros descollaron, ante la exigencia y control sobre las operaciones y la activa y criminal ejecutoria del jefe de operaciones adversario. Éste, por cierto, se quejó de no contar en sus operaciones con el apoyo de los civiles.

Cuando el Che y Camilo con sus hombres pasan a Las Villas, la situación para el Distrito Militar de ese territorio, se tornaría mucho más grave que la afrontada por el de Camagüey.

El incremento de la actividad de las guerrillas del Partido Socialista Popular, el Movimiento 26 de Julio y el Directorio Revolucionario 13 de Marzo, y sobre todo la entrada en el territorio villareño de las columnas invasoras Nos. 2 y No 8; obligó al ejército a tener en diciembre de 1958 numerosas fuerzas en operaciones: ocho compañías independientes y además los batallones 11 y 22, traídos desde el Camagüey como refuerzo.

Si en Las Villas los ataques decisivos rebeldes tardaron hasta la segunda quincena de diciembre, fue principalmente por lo ocupado que estuvo el comandante Che Guevara en lograr, como se lo había indicado Fidel, la unidad de todas las fuerzas revolucionarias que operaban en Las Villas, pues el único intento que hizo el ejército para tratar de aniquilar la agrupación rebelde en el Escambray -la conocida ofensiva de El Pedrero-, a pesar de su envergadura, careció de reales intenciones de vencer desde su mismo planeamiento.

Con el dominio del Escambray por el Che y del centro y norte de la provincia por Camilo, las fuerzas rebeldes, del Directorio Revolucionario y del Partido Socialista Popular (PSP), en la segunda quincena del mes de diciembre se lanzaron a la ofensiva, que incluyó la destrucción de las vías de comunicación y la toma de pueblos y ciudades importantes, para concluir con la toma de Santa Clara, conjunto este de acciones conocido por Campaña de Las Villas.

Lo acontecido en esta provincia era reflejo de la compleja situación que enfrentaba el régimen en todo el país, los serios problemas con la dirección y el mando de sus tropas, la ineficacia operacional y el desplome político moral, se unió el desgaste físico y moral de las tropas. En Las Villas, los batallones 11 y 22 fueron el principal refuerzo operacional. Cuando llegó diciembre del 58, estas unidades estaban extenuadas; habían sido duramente golpeadas en la ofensiva de verano en la dirección Buey Arriba-Santo Domingo en la provincia de Oriente, después operaron en Camagüey tratando de impedir la invasión rebelde y, por último, antes y durante toda la Campaña de Las Villas Cuba[3].

Lo señalado en los párrafos anteriores respecto a la labor que desarrolló el Che en Las Villas para alcanzar el entendimiento y la unidad de acción de todas las fuerzas revolucionarias que operaban en esa región, marca otro importante elemento de similitud entre las invasiones de 1895 y 1958: La notable presencia de objetivos políticos en la concepción estratégica diseñada. Tanto los principales jefes del Ejército Libertador, como del Ejército Rebelde, se propusieron unificar los esfuerzos militares en ambas contiendas, y las voluntades políticas y las capacidades morales del pueblo que las secundaba.

No pretendo con esta reflexión agotar el tema; además de lo expresado, se pudieran acotar otros parecidos, invito a los lectores a pensar en ello también. No obstante, en esta ocasión me referiré a uno más. Dejándolo para el cierre no quiero decir que es menos importante, al contrario.

Si algo básico asemeja las gestas invasoras de los siglos XIX y XX, es que son resultado de la evolución y madurez del pensamiento político militar de sus principales jefes y líderes; no formados en academias militares, sino emergidos del mismo pueblo y forjados en la propia lucha.

En mi consideración la Guerra del 95, y la Guerra de Liberación Nacional, tuvieron en su tiempo y lo trascendieron notablemente, dos tríos de figuras descollantes: José Martí, Máximo Gómez y Antonio Maceo en la primera conflagración; y, Fidel Castro, Camilo Cienfuegos y el Che Guevara en la segunda.

Todos, hombres de primera fuerza, pensamiento y acción; y muy interrelacionados entre sí en la lucha. ¿Es casual que cuatro de ellos comandaran tropas en los respectivos movimiento invasores? ¿Es el azar el que motivó a Martí a considerar a Gómez y Maceo como los jefes militares más brillantes? ¿Lo fortuito condujo a Fidel a preservar con celo la vida de dos de sus mejores jefes militares, para emplearlos en el momento preciso en el cumplimiento de una misión estratégica como la invasión?

En la obra Cien horas con Fidel, EL líder de la Revolución reseñó el origen de las columnas 2 y 8: “Derrotada aquella última ofensiva, nuestras fuerzas, equipadas con las armas arrebatadas al enemigo, pasaron de 300 a 900 hombres armados; con ellos invadimos casi todo el país. Finalizado el contragolpe organizamos, o más bien reorganizamos las columnas. Primero pre equipamos y reforzamos dos bien fuertes, la del Che, con 140 hombres, y la de Camilo con 90. Con ambas avanzamos hasta la mitad de la isla. Por el número parecen y eran efectivamente pequeñas; por la capacidad de golpear eran temibles. La de Camilo debía seguir hasta Pinar el Río, pero la detuvimos en Santa Clara.” Seguidamente, explicó por qué no envió a Camilo hasta Pinar del Río.

Tiempo después, en su reflexión titulada “En honor a Sergio del Valle”, también meditó sobre su decisión: “Tú marchaste, Sergio, con Camilo hacia Pinar del Río en la Columna Invasora. Todavía yo no había aprendido que la guerra se gana cuando las fuerzas de operaciones enemigas han sido destruidas. Me guiaba en ese momento por la historia de Cuba sin advertir que en nuestra aislada isla no era posible un Ayacucho. Arriesgué las fuerzas de Camilo y las fuerzas del Che, con las cuales habríamos adelantado la caída de la tiranía.”

Tales reflexiones enseñan cómo asimilar las enseñanzas de la historia. La propia experiencia de la Guerra de Liberación Nacional, y los más de 50 años de defensa de la Revolución permiten a un hombre de la talla de Fidel, con estos conocimientos y la perspectiva ventajosa que ofrece el tiempo transcurrido, sacar las mejores lecciones de un hecho histórico como éste. Su evaluación no se limita a comprender y reconocer lo que realmente significó la invasión: un empuje indiscutible al triunfo que se alcanzó, sino que en sus análisis concluye como hubiera sido mejor.

Sin duda la invasión a occidente y su culminación con la Campaña de Las Villas fueron necesarias y decisivas. Como en la invasión de 1895, la invasión de Camilo y Che en 1958, cumplió su cometido.

[1]Esa era la denominación oficial el ejército que sostenía en el poder a Fulgencio batista.

[2]Si bien en la capital del país estuvieron siempre acantonadas las unidades más fuertes y mejor equipadas de los ejércitos que las invasiones mambisa y rebelde enfrentaron, se debe acotar que la mayor cantidad de fuerzas en operaciones; es decir, en estructura y composición combativa, se desplegaron en el oriente, hacia donde fueron atraídas precisamente, por el teatro de operaciones y la táctica y estrategia escogidas por las fuerzas independentistas y de liberación.

[3]El 6 de diciembre, el general Alberto del Río Chaviano, Jefe del 3 DM, en informe confidencial al Director de la Dirección de Operaciones del Estado Mayor del Ejército, solicitó descanso y tratamiento por especialistas para la Compañía A del Batallón 11 en operaciones. Consideró que tras dos años de campaña, esta “mejor compañía de combate del ejército” (fue subordinada a Sánchez Mosquera hasta la segunda batalla de Santo Domingo) estaba depauperada y agotada física y moralmente en forma tal que en cualquier momento iba a ser destrozada. Sus nueve oficiales y 138 alistados fueron enviados a La Habana el 12 de diciembre. En: Fondo Ejército: Rgto. 3 GR-3DM. Informe Confidencial del 6 de diciembre de 1958, Archivo, Instituto de Historia de Cuba.

* Presidente de la Unión Nacional de Historiadores de Cuba (UNHIC)

 

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