“Las Pascuas Sangrientas” #Cuba

Autor: Israel Valdés Rodríguez.

Mártires de las Pascuas sangrientas (Crimen cometido por la Tiranía de Fulgencio Batista en la zona norte de Oriente).

 
Paralelamente, mientras se anunciaba falsamente el aplastamiento total de los expedicionarios del yate “Granma” y la muerte de Fidel Castro, la tiranía batistiana decidió intensificar su represión contra el Movimiento Revolucionario 26 de Julio. A tal efecto, durante los últimos días del mes de diciembre de 1956, se desencadenó en la antigua provincia de Oriente una orgía de sangre dirigida por el sanguinario coronel Fermín Cowley Gallego, hecho que pasó a la historia con el nombre de “Las Pascuas Sangrientas”, puesto que los crímenes ocurrieron durante los días en que supuestamente el pueblo debía disfrutar de las festividades de fin de año.
El objetivo era asestar un golpe demoledor al Movimiento 26 de Julio y al Partido Socialista Popular, asesinando a los principales dirigentes de ambas organizaciones revolucionarias, que representaban la oposición a Batista.
La operación, denominada por las fuerzas represivas como “Regalo de Navidad” comenzó el 23 de diciembre de 1956 y se extendió hasta cuatro días después durante la cual fueron asesinados 23 habitantes de las actuales provincias de Holguín y Las Tunas, entre ellos el máximo dirigente del Movimiento 26 de Julio en Holguín, Pedro Miguel Díaz Coello, otras importantes figuras del Movimiento 26 de Julio y del Partido Socialista Popular, trabajadores y dirigentes sindicales, aunque hubo entre las víctimas hombres de otros partidos o sin filiación política.
Muchos de ellos fueron arrancados de sus hogares, salvajemente torturados y sus cadáveres abandonados en carreteras, en el campo, debajo de un puente, colgados de un árbol; fueron escenas que conmocionaron al pueblo.
La zona más afectada por los sicarios del régimen fue la de Nicaro, producto de que constituía un punto de apoyo cercano a los guerrilleros de la Sierra Maestra.
La noche del 23 de diciembre de 1956, en el lugar conocido como «La Portada de Nicaro», fue asesinado el joven Rafael Orejón Forment, Jefe de Acción y Sabotaje del Movimiento 26 de Julio en Nicaro. Con él se inició la oleada de crímenes que comprendió a numerosos luchadores del “26 de Julio” y a militantes del Partido Socialista Popular.
En total fueron asesinadas 23 jóvenes. De ellos 13 eran holguineros y 10 tuneros. Sus cuerpos sin vida aparecieron salvajemente torturados, ahorcados o baleados, con el deliberado propósito de sembrar el terror y tratar de apagar la llama insurrecta que ya ardía en la Sierra Maestra.
En el juicio seguido contra Cowley y sus cómplices, este declaró que tras una investigación había llegado a la conclusión de que los autores de la masacre pertenecían a los mismos bandos subversivos y terroristas que activamente operaban en esta zona y que por discrepancias entre los mismos en la ejecución de los planes para alterar la paz pública, iniciaron mutuamente la eliminación física.
Todos los militares involucrados resultaron absueltos. En sus conclusiones el oficial investigador dijo que no había descubierto ningún nexo entre el personal de las Fuerzas Armadas y los hechos que se les achacaban.
El 23 de noviembre de 1957 Fermín Cowley Gallego, autor también del asesinato en masa de los expedicionarios del «Corynthia», pagó sus crímenes al ser ajusticiado en pleno corazón de la ciudad de Holguín por miembros del Movimiento Revolucionario 26 de Julio.
Su muerte conmovió profundamente al régimen. A las pocas horas, decenas de soldados en tanques y camiones detuvieron a cientos de ciudadanos para «interrogarlos» mediante las más refinadas torturas. Los criminales tomaron venganza asesinando el 9 de diciembre a seis jóvenes revolucionarios miembros del Movimiento 26 de julio.
El crimen fue un duro golpe para el movimiento revolucionario pues sus principales líderes y otros destacados miembros fueron asesinados. El movimiento clandestino de nuevo se organizó en el territorio y a pesar del terror implantado continuaron trabajando clandestinamente a favor de la Revolución.
Meses después, en mayo de 1957, jóvenes de la zona seguidores de los ideales de los caídos durante Las Pascuas Sangrientas, partían a incorporarse a las guerrillas y engrosaban las filas del Ejército Rebelde.
La sangre de los mártires de las «Pascuas Sangrientas» no se derramó en vano. Este hecho en lugar de amedrentar al pueblo, aumentaron el odio hacia el tirano y la rebeldía popular cobró más fuerza. El movimiento revolucionario seguiría en constante ascenso.

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