Gerardo universitario. #Cuba

Gerardo Hernández Nordelo, Héroe de la República de Cuba. Foto de radiocubana.cu Había que coger la 31, después la 68 hasta La Rampa y ahí una tercera guagua que me llevaba hasta Playa. El Instituto Internacional de Relaciones Internacionales (Isri) quedaba en 22 entre 1ra y 3ra. Imagínense que yo vivía en Arroyo Naranjo».

Por Rodolfo Romero Reyes

Gerardo irrumpe en la oficina. Hablamos de muchos temas, pero dedicamos un aparte a los tiempos en que estudió en el Isri. El hoy también Héroe de la República de Cuba recuerda con mucho orgullo sus años en la universidad.

«En mi formación como revolucionario la familia jugó un papel fundamental. Mi papá, a pesar de no haber sido combatiente de la Revolución, siempre fue muy comprometido. Mi hermana mayor también tuvo un lugar importante. Ella estudió como cadete en el Instituto Técnico Militar (ITM).

«Pero además de la influencia familiar, mi entrada al Isri abrió un poco más mi visión. Empecé a sentir los problemas del mundo como míos. Yo soy “nacido y criado” en Arroyo Naranjo, en una zona con muchos dilemas sociales de diferentes tipos. Prácticamente no había salido de ese medio hasta que ingresé en el Isri. Siempre había querido ser periodista; aunque un amigo me dijo que iba a llegar la carrera de Relaciones Internacionales, que tenía que estar atento.

«Recuerdo que había una muchacha que se llamaba Belinda, que era el primer expediente del preuniversitario. Un día nos preguntó por la carrera, y como sabíamos que vendrían pocas plazas le dijimos: “Ni te preocupes, que eso no sirve”. (Risas). La desanimamos un poco, y al final terminó estudiando Medicina y mi amigo y yo en el Isri.

«El primer día de clases alguien me explicó: “Tienes que coger la guagua 31, después la 68, te bajas en la última parada de Línea y esperas una 132 o cruzas el túnel a pie. Después las calles empiezan dos, cuatro, seis, hasta 22”. Hicimos eso y cuando nos bajamos de la 68 decidimos no esperar la guagua y atravesar el túnel. Lo que nadie nos había explicado que no era el de Línea, sino el de Quinta avenida. (Risas). «Me habían dicho: “Cuando tú entres, coges la acerita y cruzas”. Nosotros nos metimos por el túnel de Línea. Y dice mi amigo: “Oye, ¿y la acerita dónde está?”. Los carros nos pasaban por al lado —“fiiiuuuuu”— yo creo que fuimos los primeros en cruzar el túnel ese a pie.

«Eso te dice que yo no tenía mucha “calle” fuera de mi entorno, de la Güinera, Vieja Linda, Rosario, Arroyo Naranjo. Llegar al Isri me hizo conocer a un grupo de compañeros con una larga trayectoria como líderes de la FEEM, de la OPJM

«Yo había sido dirigente, pero a nivel de escuela. En esa época el Isri estaba abierto a compañeros de la Facultad Obrera, que habían interrumpido sus estudios por determinadas razones. Es decir, que coincidimos con estudiantes que ya venían con una formación importante.

«El intercambio con todos los muchachos egresados del preuniversitario; el contacto, la interacción con esos compañeros, que incluso formaron su núcleo del Partido allí, fue vital para nosotros. El Isri fue una escuela muy importante para mí, no solo desde el punto de vista de las Relaciones Internacionales, sino desde mis valores y mi formación como revolucionario».

¿Cómo era la vida en el Isri en aquel momento?

«Teníamos un ambiente cultural rico. Hacíamos algo que le decíamos “fetecún”, era una especie de…, era una “gozadera”. Lo hacíamos sin justificación. Decíamos: “el sábado que viene vamos a hacer una fiesta aquí en la escuela”. Entonces organizábamos algo, pero lo más significativo era que cada grupo preparaba una actividad cultural como un sketch. Un día imitamos a Oscar de León y alguien hizo de camarógrafo; le incorporamos un guion para la entrevista, relacionado con cosas de la escuela, algo humorístico, con algunas críticas.

«El grupo de teatro se llamaba Teatro Nuestro y actuamos en varios festivales nacionales. Recuerdo que apenas entré en el año 1983, participé en mi primer Festival Nacional de Teatro. Estuvimos más de 24 horas para llegar a Santiago de Cuba, porque nos mandaron en el “tren lechero”. El regreso estuvo mejor, fue la primera vez en mi vida que cogí un avión. Teníamos algunos equipos deportivos, a pesar de que el Instituto era pequeño. También teníamos un coro».

¿Cantabas en el coro?

«No, no, no, (Risas). Lo mío era la actuación y traté en algún que otro deporte, pelota, pero era muy malo.

«El tiempo se lo dedicaba al teatro y a hacer el boletín. Se llamaba Chispa y gustaba mucho porque tenía, además de las cuestiones propias de la escuela, secciones de humor, chismes internos».

¿Dibujabas para Chispa?

«Sí, lo que pasa es que el soporte de Chispa era stencil. Entonces hacía algunos dibujos, muy rudimentarios, porque no había posibilidades.

«Una vez me fui para el Latino, y con un carnet de prensa que tenía, —gracias al trabajo en Aspirina como caricaturista en Tribuna de La Habana— llegué hasta el banco de los Industriales. Le digo primero a Marquetti, luego a Javier Méndez, a Medina: “Yo quiero que ustedes me den un autógrafo para un boletín que tenemos en el Isri”. Cuando saqué el stencil (Risas)… me dicen: “Y eso qué cosa es”. “Firmen aquí, les dije, aprieten duro”, y así salió impresa después la dedicatoria de ellos. Todavía estaba por ahí el número ese».

Con una vida tan dinámica, alegre, enamorada… ¿cuán difícil fue pasar tantos años injustamente en prisión?

«Hay muchas cosas malas. Lo peor es la lejanía de la familia, que mueran seres queridos, que nacieran mis sobrinos —a los que conocí cuando tenían ya como quince o catorce años—. No estar en los últimos años de mi madre, la angustia de ella. Eso para mí fue lo peor.

«Lo demás son experiencias que uno ve en prisión. Ver asesinar a alguien prácticamente delante de ti. Estar conversando con una persona ahora, como lo hacemos tú y yo, y diez minutos después verlo salir muerto. Son cosas que ni siquiera en Angola viví.

«Los otros presos, cuando se enteraban de que yo había estado en Angola, me comentaban con cierta admiración: “¡Tú estuviste en una guerra!”. Y yo decía: “Sí, pero yo no vi ningún muerto en Angola y aquí ya perdí la cuenta de cuántos he visto”. Son cosas para las que uno no se prepara».

A los jóvenes cubanos:

«Siempre hemos insistido en la importancia de conocer la historia de nuestro país. Al inicio de la entrevista, preguntabas sobre mi formación, y recuerdo algo que me marcó para toda la vida y fue cuando, siendo un niño, mi papá tenía un buró con llave y un día se le quedó una gaveta abierta. La abrí y saqué una colección de las primeras revistas Bohemia después del Triunfo de la Revolución. En ellas venían las fotos que les habían prohibido publicar durante los años de la dictadura. Fotografías de lo que se encontró en las estaciones de policía cuando fueron ocupadas por el Ejército Rebelde, los implementos de tortura; imágenes de cadáveres, de jóvenes asesinados, acribillados a balazos. Aquellos artículos influyeron de una manera tal que me propuse hacer lo que pudiera para que ese pasado no volviera a Cuba. Un muchacho que no conozca eso, no puede tomar una resolución así. No puedes crearte determinadas convicciones si no sabes ciertos elementos de tu propia historia.

«Me preocupa que algunos jóvenes no se interesen por estudiar la historia de este pedacito de tierra donde están parados. A veces uno se acostumbra a caminar por las calles y a pasarle por el lado a una tarja que está en una pared y ni se detiene a leerla.

«Existen jóvenes de 23 años, 24, que dicen les interesa el destino de su país, pero que ahora no es problema de ellos, “cuando sea mayor a lo mejor”… No se detienen a pensar la edad de Frank País cuando murió asesinado, o la de José Antonio Echeverría.

«Hay muchos jóvenes que se subestiman y se ven en ese escalón inferior cuando hablamos de los destinos de Cuba y del futuro del país. Quizás un poco de responsabilidad sea nuestra, por no haberles enseñado que ellos son los protagonistas de este proceso. No el futuro, sino el presente de la Revolución».

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3 respuestas a Gerardo universitario. #Cuba

  1. Me gustó el articulo muy fresco, original, la espontaneidad en la vida de un cubano que cuanta su vida de manera jocosa su ingreso a la universidad, por eso y otras cosas mas eres un grande, un héroe cubano

  2. Glenda Murillo Alemán. dijo:

    Los grandes son grandes por sus ideas. gracias por existir.

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