Cultura para idiotizar. #Miami #Cuba

No sin razón existen grandes pensadores que afirman que el mundo moderno se hace destructivo. Y no son solo las bombas de las guerras imperiales, la contaminación ambiental, las hambrunas, el derretimiento de los Polos, los atentados terroristas, las bandas criminales asociadas a la miseria y a la  violencia del narcotráfico, entre otros muchos males. En medio de este caos el ser humano se individualiza en extremo, se ahondan las diferencias entre ricos y pobres, y, diga lo que se diga, la mayoría de los habitantes del planeta Tierra no se sienten más felices que antaño.

Mundo que calculadamente destruye la cultura, pues, como dijo José Martí, para ser libre hay que ser culto.  Se quiere robots humanos y se hace girar la cultura alrededor del entretenimiento, de manera de mantener nuestras neuronas siempre divertidas, y de esa forma, sin darnos cuenta, nos las devoraran. Nos inundan con imágenes y sonidos electrónicos que sustituyan a la reflexión. Lo tonto y baladí se impone sobre lo sustancial. En el mejor de los casos, a niveles idénticos. Buscan transformarnos en elementales consumidores, borregos que respondan a los intereses políticos y económicos de las grandes corporaciones que dominan el mundo. Ellos son el uno por ciento de la población, los extremadamente ricos, que a diario hacen de la democracia pura falacia, democracias sin verdaderos ciudadanos.

Entretenimiento a todo dar. Que olvidemos la realidad mundial, incluso la que directamente nos afecta. Y si no lo logran  por completo, nos endulzan sus causas. Nada hay que cambiar. Vivimos en el mundo ideal, en el fin de la historia. Concentrar  la mente exclusivamente en aprender a manipular los maravillosos artilugios que nos entretienen. Conversar e intercambiar ideas sobre cómo sacarle mayores provechos y descubrir las infinitas posibilidades de distracción que ofrecen, nos hará sentir cultos, tremendamente informados. Y consumiremos, además de comida chatarra que enferma el cuerpo, espectáculos e informaciones chatarra a todo color que ahora incluso llevamos en un aparatico del bolsillo.

Culpable, en grado extremo, es un periodismo que trata cada vez más de satisfacer o alentar las curiosidades morbosas de los usuarios, sean lectores, oyentes o espectadores. Periodismo escandaloso. Amarillo le decían antes. La mayoría casi ramplón. Ocupan las neuronas informando si una actriz sin mucho mérito a la que han dado fama duerme bocarriba o bocabajo o cómo hace el amor, con escándalos familiares alrededor de un narco asesino, con el futbolista de mil goles que borracho escandalizó en un bar, con el hijo que apuñaleó dieciocho veces a la madre, con el simpático chef de cocina que nos enseña novedosos métodos para freír huevos. En fin: el horóscopo se convierte más profundo que la psicología.

Con toda intención confunden el precio con el valor y logran  que un reguetonero valga más que un científico. De obras literarias ya no se habla. Miami es ejemplo ideal: no posee ni un concurso literario. Las películas son famosas según los millones que recauden gracias a las manadas de corderos incitados a sacar ticket para verlas mientras comen cacahuetes o mascan chicle. Los efectos visuales de autos volando por el aire, morrocotudas explosiones, gigantescos y asquerosos bichos extraterrestres suplantan los  valores de un buen guión y del arte en la actuación.

En la discoteca o en la barra del bar no se conversa. Altoparlantes y  gigantescos televisores amplifican sonidos casi hasta la sordera.  El cliente, aturdido y sin darse cuenta, se hace tan elemental como una ameba que se emborracha. Habitual es que en un partido de futbol los espectadores se comporten como hordas primitivas. Cualquiera lleva en el celular mil fotos, que es lo mismo que no llevar ninguna verdaderamente relevante.

Héroes de guerras justicieras, inventores, dramaturgos y científico antes fueron paradigmas. Hoy lo son los deportistas, los cantantes; muchas veces, los segundos, sin voz ni melodía, carentes del compositor que le escriba canciones de valor. Pero la gente aplaude. Pero peor es cuando el héroe resulta un jefe de banda narco. Ya no existe un Víctor Hugo, un Platón, un Hemingway, un Hegel, un Marx, un Sartre, un Unamuno, y si alguno aparece se debe a que todavía la banalidad no ha logrado eclipsar a mentes que, cabeciduras, sobreviven en minoritarias cabezas.

Y no hablemos de la Internet con sus tonterías y mentiras que confunden y que cada día inundan más las redes. Como una gran cosa, como verdad irrefutable, la gente dice: “Lo leí en Internet” y cree la mentira como una verdad absoluta. El mundo en manos de los medios de comunicación masivos y los medios en manos de los más poderosos, del uno por ciento de la población. A los otros, al noventa y nueve por ciento, ya los idiotizan gracias a las cifras multimillonarias con que sufragan a las modernísimas y entretenidas tecnologías que poco tienen que ver con la cultura y con las que controlan el pensamiento de miles de millones de incautos seres.

No recuerdo quien expresó que el ser humano es asombroso o tonto. Se podría decir también: o asombrosamente tonto. Estuvo nueve meses para nacer, dos años para poder correr, seis para asistir a la escuela, dieciocho para sacar la licencia de conducir, no menos de veinte y dos para hacerse universitario y, de repente, pierde la vida por la estupidez de  no poder esperar unos minutos para cuando estacione el auto leer un mensaje recién llegado a su teléfono al que llaman inteligente y que dice: “Hoy en el gimnasio no puedes imaginar lo que sudé. A Willy se zafó una pesa, fue el hazmerreír, ja ja ja, Cuquita, como siempre dándosela de artista, al  viejo instructor se le fue un peo en medio de todos. Como gozamos. No dejes ahora mismo de  contestarme.” Y el infeliz que lee, se proyecta de frente contra una rastra.

Nada, que nos idiotizan, nos controlan y, no pocos, se creen felices.

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6 respuestas a Cultura para idiotizar. #Miami #Cuba

  1. daniel dijo:

    Excelente

  2. Me gusta esto y lo mejor dicho por cubanos desde la otra orilla, la vieja teoría de la conducción del rebaño, unos pocos toman las decisiones y las grandes masas entretenidas con las cosas banales que divulgan, para que nadie los, da lo mismo la promesa de un muro en la frontera con Mexico, que lanzar bombas en Siria, los emigrantes siguen en sus programas de “La Belleza Latina”.

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