26 de julio de 1953, desconcierto de Batista en Varadero. #Cuba. #SanctiSpiritusEn26

Jorge Wejebe Cobo /Cuba es Surtidor

Transcurrían apaciblemente las primeras horas del domingo 26 de julio de 1953 en la Playa de Varadero que visitaba el presidente Fulgencio Batista para premiar a los ganadores de las regatas anuales.Ese día tenía sobrados motivos para rememorar sus éxitos, mientras contemplaba el amanecer desde su yate Marta III, fondeado en las cristalinas aguas de la península de Hicacos en un entorno propicio para los recuentos agradables.

Estaban próximos a cumplirse 20 años del alzamiento de soldados y clases del cuatro de septiembre de 1933, que lo llevaría al poder y lo ascendería primeramente de sargento a Coronel jefe del ejército y poco después a General, presidente y hombre fuerte del país por casi tres décadas..

En la tranquilidad del lujoso camarote, enchapado en maderas preciosas y climatizado, el presidente pudo recordar que irónicamente la sublevación militar de sus compañeros realizada durante la ofensiva antiimperialista que devino después de la caída de la dictadura de Gerardo Machado en agosto de 1933,. fue interpretada por algunos como una versión criolla de la insurrección de soldados y marinos rusos durante la Revolución bolchevique 1917.

Pero en realidad el pronunciamiento, aunque influido por las reivindicaciones populares, exigía mayor salario, un mejor uniforme, con polainas más presentables, y no ser explotados por los oficiales que los utilizaban hasta como ordenanzas responsables de la limpieza del esfínter de sus caballos, entre otras reivindicaciones castrenses.

Entonces, el mañoso sargento Batista, engañó a revolucionarios que confiaron en él y desalojó de los mandos a la oficialidad machadista que obstruía el paso a los jóvenes alistados, a quienes repartió galones, prebendas y cargos a manos llenas, con quienes sedimentó una nueva oficialidad que 20 años después, serían los altos oficiales incondicionales a su voluntad hasta el final del régimen, el Primero de Enero de 1959.

Cuando recién se estrenó como jefe del ejército, en esos turbulentos días de 1933, también le juro fidelidad a la embajada norteamericana, a su gobierno y les solicitó tiempo y confianza para cumplir con su promesa de acabar con la Revolución.

Aunque enfrentó durante el Gobierno de los Cien Días que sustituyó a la dictadura machadista, peligros mortales al ser denunciado por el ministro de gobernación, Antonio Guiteras, líder además de la organización La Joven Cuba, quien conoció su relación con la sede norteamericana y lo acusó de traidor frente a los principales dirigentes del nuevo poder.

Dicen que Guiteras preparó su fusilamiento en una cancha de tennis en El Vedado, donde el pelotón de ejecución se quedó esperando cumplir la sentencia.

No le fue grato a Batista evocar cómo se salvó de la muerte, al implorar por su vida y jurar falsamente ser revolucionario, lo que surtió efecto ante la tibieza de la mayoría de los presentes que dirigían provisionalmente el país.

El perdón le dio la oportunidad, dos años después en 1935, de mandar a asesinar en una emboscada a su acusador, cuando ya en la clandestinidad, Guiteras esperaba en El Morrillo, en la bahía de Matanzas, una embarcación para salir del país y preparar en el extranjero una expedición armada contra la recién instaurada dictadura del ex sargento.

Batista acabó con la experiencia revolucionaria de 1933, al destituir al gobierno llamado de los Cien Días en 1934. En su lugar reprimió duramente el movimiento obrero y nombró un presidente provisional, Carlos Mendieta, en la práctica un títere del sátrapa jefe del ejército.

Posicionado todavía en la ola populista de la época, a la vez que se enriqueció al adquirir decenas de empresas, acciones y participar en negocios ilícitos -incluyendo tratos con la mafia norteamericana- pudo ser lo suficientemente hábil y seguir al frente del ejército, para funcionar como el poder tras la silla presidencial a finales de la década de 1930..

Era una época de esplendor recordada con nostalgia por el general que mucho antes fue un humilde retranquero de tren en la ciudad oriental de Banes, casi siempre oliendo al keroseno que destilaba su inseparable farol, y que un día abandonó para entrar en la guardia rural donde estudió taquigrafía, mecanografía, inglés y leía incesantemente en sus horas de guardia en las garitas.

Fue apoyado inclusive, en su primera campaña presidencial para el mandato 1940-44, por fuerzas de izquierda y ganó impulsado entre otros factores, por la estrategia del movimiento comunista internacional indicada desde Moscú de cerrar filas en un frente común antifascista con las figuras menos reaccionarias, a las puertas de la Segunda Guerra Mundial, y que por desgracia se aplicó estrictamente con el entonces complaciente Batista, quien siguió el juego y no dejó pasar la oportunidad para seguir simulando.

Después entregaría la presidencia en 1944 a Ramón Grau San Martín,soltero, y profesor de fisiología que entre sus ideales políticos se encontraban las frases de que “habrá dulces para todos”, la “cubanidad es amor” y “las mujeres mandan.”

Grau San Martín presidió el mencionado gobierno provisional de Los Cien Días, y dirigía el llamado Partido Auténtico formado principalmente por políticos tradicionales que vivían de la retórica de los viejos lauros de la lucha contra Machado y que abrieron aún más el país a la corrupción y la represión selectiva del movimiento comunista con lo cual complacían los intereses norteamericanos en la Isla

La nueva agrupación ganaría las elecciones de 1948 con su candidato Carlos Prío Socarrás, mientras Batista con sus millones disfrutaba del confort en un exilio dorado en Daytona Beach, en una lujosa residencia de los años de 1920, al estilo de los ricos que pasaban sus temporadas de verano en la cálida Florida.

Al parecer, el presidente Carlos Prío Socarrás lo subestimó como un peligro para su gobierno y autorizó su regresó a Cuba en 1948 e, inclusive, le asignó escoltas armadas. Fue recibido en el aeropuerto por sus adeptos, entre ellos muchos oficiales que por discreción vestían de civil.

En 1952 serían las elecciones presidenciales y Batista sabía que no tendría la misma suerte que en 1940, aunque mantenía intacto su liderazgo entre la jefatura de las fuerzas armadas y solo necesitó un previo acuerdo para entrar en la sede del mando central del ejército en el cuartel de Columbia, al oeste de la Habana, en la madrugada del 10 de marzo, hacer varias llamadas por teléfonos a los mandos provinciales, deponer al presidente y de nuevo asumir el poder.

Catorce meses después del golpe de Estado, ese 26 de julio de 1953, a los 52 años de edad,no le podía ir mejor, los EE.UU reconocieron la asonada, la oposición tradicional se recomponía como comparsa a sus planes de realizar unas amainadas elecciones que lo elegirían en 1954 y calculaba las fuerzas de izquierdas no representaban peligro.

También podía sentirse orgulloso de hacer realidad el conocido dogma que mediatizaba la vida nacional y que era repetido hasta el cansancio, por muchos para justificar la inacción: La revolución se puede hacer con el ejército o sin el ejército, pero nunca contra el ejército y él era el ejército que lo sustentaba nuevamente por el tiempo que deseara.

Pero el tiempo de optimistas reflexiones, acabó abruptamente esa mañana del 26 de julio de 1953, cuando un alarmado ayudante le comunicaba que la segunda fortaleza de Cuba, el cuartel Moncada, en Santiago de Cuba, había sido atacada esa madrugada y la situación era incierta y conoció que al frente de los atacantes se encontraba un joven abogado llamado Fidel Castro Ruz.. Sin perder tiempo ordenó su asesinato y la proporción de matar 10 atacantes por cada uno de los soldados caídos en la acción.

Debió salir a toda prisa, para la capital ignorando que el conteo regresivo de su dictadura se había iniciado. En lo adelante le sería imposible engañar con sus viejas astucias de los años de 1930 y 1940 y solo le quedaría ejercer la represión masiva apoyado por el ejército que demostró su incapacidad de derrotar la nueva estrategia revolucionaria armada.. .

Faltarían cinco años para el triunfo definitivo de la Revolución, etapa que abarcaría la prisión de los moncadistas, su excarcelación ante el clamor popular, el exilio debido a la represión interna, el desembarco del Granma, y el inicio de la lucha en la Sierra, junto a las acciones de la clandestinidad en pueblos y ciudades, que hicieron posible la victoria del Primero de Enero de 1959 y la entrada de Fidel a La Habana en la Caravana de la Victoria.

Esta entrada fue publicada en Social y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a 26 de julio de 1953, desconcierto de Batista en Varadero. #Cuba. #SanctiSpiritusEn26

  1. Pingback: 26 de julio de 1953, desconcierto de Batista en Varadero. #Cuba. #SanctiSpiritusEn26 | Golpeando el Yunque

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s