#Cuba Rosa Elena Simeón: Una mujer de ciencia

Rosa Elena Simeón

Cuando se habla de ciencia, resulta imprescindible nombrar a Rosa Elena Simeón y su contribución a la nación cubana…

Por Rosmely Alvariño Álvarez

Como en todas las esferas de la vida nacional cubana, un cambio trascendental ocurrió en la ciencia y la tecnología a partir del triunfo de la Revolución. Tan temprano como el 15 de enero de 1960, el Comandante en Jefe Fidel Castro, en su discurso por el XX Aniversario de la Sociedad Espeleológica de Cuba afirmó: “…el futuro de nuestra Patria tiene que ser, necesariamente, un futuro de hombres de ciencias”.

Se abría así un nuevo ciclo en el desarrollo científico del país, sustentado en la convicción de ver a la ciencia como herramienta del progreso humano. De ahí que en la actualidad, la participación y el prestigio de la mujer en la ciencia son un producto genuino de esa Revolución que tuvo desde sus inicios como prioridad la formación humana y el desarrollo profesional y científico.

El pensamiento de Fidel sobre la inclusión de la mujer en la sociedad en general ha constituido un paradigma en el desarrollo de las féminas cubanas en el sector de la Ciencia y la Tecnología. En el libro Cien horas con Fidel, el Comandante le contestaba al periodista Ignacio Ramonet: “Aspiramos a que las mujeres alcancen el máximo nivel profesional y técnico posible, por el bienestar de la familia y la sociedad (…); hoy, las mujeres son ya por sí mismas, un decisivo y prestigioso segmento de la sociedad (…), se abren paso por sí mismas, son una fuerza abrumadora…”.

Un ejemplo de ello es precisamente la doctora Rosa Elena Simeón Negrín, quien fuera ministra de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA) desde 1994, año en que se creó dicha institución, hasta el momento de su fallecimiento, el 22 de octubre de 2004.

Con la fundación del Ministerio y bajo la dirección de Rosa Elena, se sentaron las bases para la creación de un sólido sistema de Medio Ambiente para el país. La ministra defendió siempre el papel catalizador e integrador de la institución, como elemento que aportaba fortaleza y coherencia a la gestión ambiental cubana.

Fue la primera mujer en ocupar el cargo de presidenta de la Academia de Ciencias de Cuba, y también de la Comisión Nacional para el Medio Ambiente y los Recursos Naturales, representó a Cuba en la Cumbre Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo en Río de Janeiro en 1992 y en la Cumbre de las Naciones Unidas sobre los pequeños estados insulares en Barbados en 1994.

Sobre el acceso de las féminas a puestos de dirección, dijo en una ocasión: “Cuando una mujer ocupa un puesto de liderazgo, ella misma contribuye a la propuesta y promoción de otras (…). Las mujeres somos más creativas, pues crecemos ante conflictos y retos que nos impone el mismo medio social, y por tanto desarrollamos más recursos de supervivencia para abrirnos espacios y caminos en la vida científica”.

Una penosa enfermedad le arrebató la vida a los 61 años de edad. Cuentan quienes la conocieron que supo sobreponerse a intervenciones quirúrgicas y frecuentes ingresos para mantenerse al tanto del quehacer del CITMA hasta el último momento, e incluso, asistir a importantes eventos, aun cuando esto suponía un mayor desgaste de su quebrantada energía.

Ostenta entre sus condecoraciones la de Heroína Nacional del Trabajo de la República de Cuba y la orden Carlos J. Finlay, máxima distinción del Consejo de Estado al sector científico. El Consejo Administrativo del Programa de Medio Ambiente de las Naciones Unidas le otorgó póstumamente el premio Campeones de la Tierra 2006, en reconocimiento a su pasión por el medio ambiente.

MUJERES EN LA CIENCIA

La ciencia y la tecnología no están ajenas al orden patriarcal que existe en la sociedad, centrada más en el hombre que en la mujer. Cuando se habla del tema, la reacción inmediata es indicar la ausencia de las féminas en el desarrollo científico, dominado por el sexo masculino a través de la historia.

Es cierto que desde la antigüedad hasta nuestros días, el papel de la mujer en la ciencia se ha ido acrecentando, así como su reconocimiento. Todavía hoy sigue vigente el debate sobre cómo avanzar y alcanzar mayores metas contra el olvido de las mujeres, que pese a haber hecho contribuciones destacables en el ámbito científico-técnico, han permanecido durante siglos en el anonimato.

Los esfuerzos a nivel mundial en los últimos tiempos para aumentar la participación del sexo femenino en el ámbito científico han sido frágiles e insuficientes.Según datos de la UNESCO, una de cada tres féminas experimenta violencia física y sexual; el 90 % de los 2,5 millones de víctimas de la trata de personas pertenecen al sexo femenino; sus niveles de desempleo son más elevados y reciben, como promedio, solo entre el 60 y el 75 % del salario de los hombres por trabajos de igual valor.

Si bien las cifras a nivel mundial muestran que solo el 28 % de los investigadores en el orbe son mujeres, Cuba, a pesar de ser una pequeña nación, exhibe números envidiables. Así lo corroboró el propio presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba, Raúl Castro Ruz, durante la “Conferencia de líderes globales sobre igualdad de género y empoderamiento de las mujeres: un compromiso de acción”, celebrada en Nueva York en septiembre de 2015, cuando expuso que las mujeres cubanas representan el 78,5 % del personal de salud y el 48 % de los investigadores científicos. Al mismo tiempo reconoció que “trabajamos para seguir cambiando los patrones culturales, de forma que se comparta entre hombres y mujeres el cuidado de la familia y se continúe incrementando su presencia en los cargos decisorios a nivel gubernamental, por solo mencionar algunos aspectos”.

Según datos de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI),existen en el país 82 764 científicos, de los cuales 43 866 son mujeres. A 12 años de su desaparición física, Rosa Elena Simeón tiene mucho que ver con estas cifras, pues siempre abogó por la inclusión de la mujer en el sector de la ciencia.

“Nunca se sintió por encima de nadie ni consideró que tenía la última palabra, pensaba que era importante escuchar para llegar a un consenso, oír siempre al pueblo y así saber cómo estaba el ánimo de las personas. Me decía que todo el esfuerzo que ella daba a la Revolución, era el que permitiría que cuando yo creciera y tuviera hijos, todos seríamos más felices”. Estas fueron las palabras de su hija Rosa Elena Ortiz Simeón, después del fallecimiento de su madre. Así la recuerda, “como una rosa, viva siempre”. Una mujer de y para la ciencia que pasó a constituir la selecta lista de féminas que engrandecen la nación cubana.

 

 

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