El pueblo que marchó con #Fidel el #1MayoCuba

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Por Yuniel Labacena Romero

La fiesta obrera fue todo un éxito. Miles de cubanos se alistaron desde bien temprano para salir a las calles en otra muestra gigante de respaldo a una Revolución, que sigue naciendo entre el sudor, la confianza y el sacrificio de sus mejores hijos. Cada sitio fue  un hervidero de amor y justicia, de disciplina y combatidad, de energía y entusiasmo y, por supuesto, de una infinita alegría.

Muchos saben —y otros intentan desconocer—que en nuestro caso no se trata de protestas ante despidos masivos, ni de manifestaciones en reclamo de derechos laborales y tampoco exigimos tratos igualitarios respecto a sexo, origen étnico y condiciones de trabajo seguras. Aquí la realidad es diferente, y todos marchamos por una Cuba, que ha sabido conquistar su libertad, y su futuro socialista, próspero y sostenible.

Nadie quiso quedar en casa en una ocasión como está, en que dimos otra formidable lección de unidad, firmeza y confianza en nuestras fuerzas y en el porvenir. Entonces los cubanos y cubanas, y miles de amigos llegados desde otras latitudes fuimos a las principales plazas de la nación a festejar el Día Internacional de los Trabajadores, y más aun a seguir acompañando a nuestro Fidel, ese gigante de la humanidad que se ha convertido en roca eterna.

¿Acaso puede estar él ausente este Primero de Mayo? Solo un ejemplo borra esa duda: en la misma Plaza de la Revolución José Martí de de La Habana —donde nos guía con su luz—, el eterno joven rebelde de todos los tiempos dio una definición que se ha convertido en brújula de un pueblo. Era también Primero de Mayo, pero de 2000, cuando hizo público su concepto de Revolución, ese que millones de cubanos y cubanas tras su partida a la inmortalidad juramos cumplir hasta la médula.

Eran tiempos de una larga y simbólica lucha que lograba rescatar al pequeño Elián González Brotons, secuestrado en los Estados Unidos. Fidel resumía en su esencia la historia pasada, presente y sobre todo futura de la nación. Entonces expresó su medular tesis de Revolución, fruto de la larga experiencia de combatiente y síntesis perfecta de más de dos siglos de lucha del pueblo. Solo un hombre de su talla, que desde su juventud acogió, alentó y concretó los principios revolucionarios, podía hacerlo.

Esos preceptos expuestos en la definición, hace 17 años, han guiado a los cubanos desde entonces y permiten exhibir ante el mundo los resultados de un país que está cambiando “todo lo que debe ser cambiado”. Que ha llevado hasta los sitios más recónditos del país salud, educación, cultura, amor… en medio del desafío a “poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional”.

¿Cómo no estar Fidel cuando el lema central de esta conmemoración asegura que “Nuestra fortaleza es la unidad”? Fue el líder de la Revolución, como el mejor discípulo de José Martí, quien nos enseñó que la unidad es tan decisiva que sin ella no es posible avanzar un solo paso, no por gusto ese arraigado sentimiento siempre ha sido el blanco de todos los ataques de nuestros enemigos.

Nadie puede olvidar que la mayoría unida del pueblo es la que ha mantenido a la Revolución. Sobre ello Fidel siempre alertó: Las divisiones nos han derrotado más de una vez en la historia, excepto en la etapa final de nuestra Revolución. Luego, la historia nos enseñó otra lección: la necesidad de estar unidos por encima de todo; y fue la estrecha unidad de las fuerzas revolucionarias y de nuestro pueblo lo que le dio, a partir del Moncada y, sobre todo, a partir del primero de enero de 1959, la fuerza invencible que caracterizó a nuestra Revolución.

Hay más ejemplo: esa modestia, desinterés, altruismo, heroísmo y solidaridad que el líder de la Revolución nos cautivó y que podemos abandonar jamás, sigue presente en todos, muy especialmente, ahora que el hermano pueblo y Gobierno bolivarianos están amenazados por la injerencia norteamericana y continúa como miles de naciones en el mundo en su lucha por la soberanía y autodeterminación.

Obreros, intelectuales, campesinos, hombres y mujeres creadores de riquezas, colman las plazas para reiterar que el pensamiento revolucionario del fundador de la Revolución Cubana va en sus corazones. Decir cubano y pueblo es decir unidad, Fidel, Raúl, Socialismo… Se trata de ese pueblo que no abandona jamás a ninguno de sus hijos, se aprieta y tomados de la mano se convierte en un escudo de combate. Ese mismo pueblo que marchó con Fidel.

 

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