¿Primera enfermedad de trasmisión textual? #Cuba

¿Primera enfermedad de trasmisión textual?La inmediatez con que es abordada la comunicación ha desarrollado un lenguaje codificado con deficiencias significativas en la ortografía que ubica en grave peligro el uso coherente del idioma…

Por Dorisbel Guillén Cruz / Cubahora

“Hol bb, como tas? Yo ok en la bka y dspues toyColao, vamos, bn pca o llama cando stes en tu ksa pa brte, Yo”

Y por lo que me contó aquella muchacha de 16 años, espíritu inquieto y aspiraciones universitarias a no muy largo plazo; su amigo, también de 16 años, espíritu aún más inquieto y “médico en proyecto”; realmente le ponía difícil lo de quedar para un café, salir a tomar un helado o “bers” (verse) en cualquier otro lugar.

¡El constante reto a su imaginación la aturdía tanto! Aunque, reconoce, sus SMS siempre le producían mucha risa y guarda algunos cómo este. Intercambiamos, mientras ella esperaba por su querido Yo, y yo (¡casualidad!) le solicitaba algunos criterios a los clientes usuales del “Cubache”, ese rinconcito vaporoso de Santa Clara al que muchos jóvenes suelen llamar por su antiguo nombre “Café Colao”.

Y en lo que don Yo hacía su entrada triunfal al antiguo Colao, las anécdotas iban mezclándose con el néctar negro. Muestras de SMS, de comentarios en Facebook, incursiones en Twitter, Instagram y otras redes brotaban de sus teléfonos móviles y sus recuerdos, algunos conscientes, otros no, de que con esa edad y desenfado ya definen su presencia en el gran universo de la Internet. Y cuando finalmente se citen para degustar el trago de la nostalgia; sus credenciales en Medicina General Integral, Ciencias Agropecuarias o Mercadotecnia estarán ligadas a estos ¿usos del lenguaje?

Y es que la inmediatez con que es abordada esa vorágine de ofertas para la comunicación crea, quizás, un lenguaje rebelde y codificado, pero también ventila deficiencias significativas en cuanto a la ortografía de los usuarios; ubica en grave peligro el uso coherente del idioma. Así lo corroboró el polémico foro de Cubahora, asidero de grandes preocupaciones respecto a los peores errores, y más que esto, horrores ortográficos que cohabitan en nuestra sociedad.

“Soy secretaria hace 40 años “, confiesa, por ejemplo, Esperanza Bulguera y prosigue en su intervención: “…ya te puedes imaginar los manuscritos que han pasado por mis manos para mecanografiar, hace como 15 años me dieron uno donde aparecía: Solicitud de un pasaje por HABIÓN para… Esto nunca lo he podido olvidar”.

Como tampoco esas frecuentes omisiones de tildes, cambios de s por c, puntuaciones disparatadas que parecen haber invadido los servicios de mensajerías. Sin distinción de escolaridad o grupos etarios, haciendo caso omiso de lo aprendido en las rígidas escuelas primarias de nuestro país, o por las lecturas que, ya sean técnicas o de otro tipo, sí resultan obligatorias durante la vida estudiantil. ¿Tanta es la premura de la comunicación moderna que nos impide acudir a nuestros propios conocimientos? Y más allá de esto: ¿Es tan complicado activar el corrector ortográfico?

“¿Cuántos millones de letrados-iletrados existen hoy? ¿A cuántos les vamos a hacer exámenes de suficiencia ortográfica, y quiénes se los van a hacer?”. Se pregunta otra lectura, Sachiel, a lo que responde nuestra amiga Esperanza: “Creo que hace falta mejorar esto desde los primeros años de estudio, es necesario”. Sin embargo, y aunque es válido apostar por una instrucción más cuidadosa y estricta cada vez en el cuidado de nuestra escritura, el fenómeno de las pifias ortográficas hoy x hoy supera la academia, si de comunicación interpersonal hablamos.

Algunos profesores de preuniversitario afirman tristemente cómo los códigos de esos graciosos SMS se extrapolan al aula, superan la toma de notas y hasta se han visto reflejados en los exámenes, como la sustitución de preposiciones y pronombres: por (x), una, uno, un (1), abreviaturas de (d), porque (xq), además de grafías con nuevos usos como la ¿amnistiada? k (ksa, kma…). “Una chica escribió Kmila en su nombre, y casi se le invalida su examen”.

“Así, los 140 a 160 caracteres que tradicionalmente permiten insertar en los mensajes la mayoría de los móviles se han convertido en una herramienta imprescindible en la vida cotidiana”. Afirma el corresponsal de Juventud Rebelde Amaury E. del Valle en el artículo “SMS, ¿hablar y pensar abreviado?”.  El diario cubano refiere que el 97 % de los usuarios de celulares manda SMS cotidianamente, y el 81 % lo prefiere a veces antes que hacer una llamada. Aun así, algunos estudios modernos y personas encuestadas por Cubahora, se cuestionan la influencia negativa de la modernidad en la ortografía de los estudiantes.

Las investigaciones acerca de este fenómeno atienden la necesidad de que desde edades tempranas nos relacionemos con la tecnología, y en su criterio este lenguaje alternativo tributa a la informatización de la sociedad. Ahora bien, otros profesores alertan sobre la importancia que debe tener en los jóvenes la pulcritud de nuestro lenguaje, es decir, que no se pierda la perspectiva de que, aunque resulte económico y novedoso este tipo de escritura, los errores ortográficos están mal, afean nuestro lenguaje y deprimen la imagen de cualquier persona en cualquier círculo de acción.

A la premura de los chat y las redes sociales se adhieren otras barbaries legendarias. El lenguaje hipertexto se ha colado en las tarjas y carteles, dándoles un carácter público. Si ya algunos resultaban inentendibles por el horroroso cambio de una h por una g, o por la omisión indiscriminada de la h, esa que no suena pero sí se ve y a veces muy mal.

En lo que sí coinciden los comentaristas de nuestro foro, el personal docente encuestado por Cubahora, la bibliografía más moderna y hasta los chicos del “Cubache” es en que solo la buena lectura puede impedir que la mala ortografía se convierta, por esa suerte de las telecomunicaciones, en una enfermedad de trasmisión textual.

 

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