Discurso pronunciado por el Comandante en la Escuela Latinoamericana de Ciencias Médicas, el 3 de diciembre del 2002. #Cuba

03/12/2002

Distinguidos participantes e invitados;

Queridos estudiantes:

Los que me precedieron en el uso de la palabra han expuesto el significado de este día, en que el azar quiso que se unieran varias fechas importantes: el nacimiento de Finlay, hace 169 años, y el surgimiento de la Organización Panamericana de la Salud hace 100 años. De estas dos fechas, separadas por solo 24 horas, surgió el Día Latinoamericano de la Salud, y con ese motivo también diversas instituciones hospitalarias prestigiosas han sido inauguradas en esta fecha.

Para nuestros médicos y demás trabajadores de la salud, y para nuestro pueblo, constituye un gran honor y un gran estímulo recibir este reconocimiento especial que la OPS ha tenido la generosidad de entregarnos hoy, a través del doctor Patricio Yepes, que representa en nuestro país no solo a la OPS, sino también a la Organización Mundial de la Salud, instituciones con las que siempre hemos cooperado con gran entusiasmo y muy conscientes de la importancia que ambas instituciones tienen, tanto a nivel regional como a nivel mundial. Es por ello que, al inicio de este acto, yo quise entregarle mi asiento al doctor Yepes (Aplausos).

El esfuerzo de nuestro país se enmarca dentro de los ideales y los objetivos que esas instituciones representan, pero ha estado estimulado igualmente por lo que constituye un deber esencial de todos los que asumen responsabilidades ante sus pueblos y ante sus naciones, que es trabajar por el bienestar de sus compatriotas, y entre esos esfuerzos la salud, junto a la educación y cultura constituyen deberes fundamentales.

Aquí se han hecho referencias históricas y reconocimientos muy merecidos. Aquí se han entregado diplomas a aquellos prestigiosos médicos que en los días muy difíciles, aunque no sé cuál día no ha sido difícil, de los primeros años de la Revolución, entre la opción de marcharse y recibir altas remuneraciones, incomparablemente superiores a las de un pequeño país subdesarrollado y sometido a la condición de semicolonia durante más de medio siglo, optaron por permanecer en el país, con todos los sacrificios que esto significara.

El ejemplo de ellos estimuló a otros médicos que, a lo largo de estos años, han escrito páginas brillantes en la historia de nuestra medicina. Por ello fue posible lo que hoy parece increíble, que de los 3 000 médicos que nos dejaron, y esa cifra de 3 000 podría examinarse porque, si se hacen bien las cuentas, pueden haber sido un poco menos de 3 000; de los profesores de la única facultad de medicina nos llevaron mucho más de la mitad, y con aquella buena y selecta semilla que quedó se ha hecho lo que hemos alcanzado hasta hoy. En cifras, que pudieran impresionar por su magnitud, hay que hablar de más de 67 000 médicos —es decir, más de 20 por cada 1 de los que entonces se llevaron—, y no cuento a los que a lo largo de estos 40 años continuaron llevándose; cuando hablo de 67 000, hablo de 67 000 médicos presentes y prácticamente no cuento a algunos que, en vez de ejercer la medicina, prefirieron otras actividades, aunque realmente son muy pocos.

A lo largo del período especial, fueron unos cuantos también los médicos que le arrebataron al país; pero pudo más la conciencia, pudo más el patriotismo, pudo más la confianza de nuestro pueblo en sí mismo, por eso disponemos de ese enorme capital humano en la medicina y el ingreso actual de no menos de 3 000 estudiantes de medicina cada año, que en un tiempo fue de 6 000, pero la llegada del período especial y el número creciente de médicos nos llevaron a la reducción hasta un número de ingresos aproximado de 2 000 por año.

Las nuevas obligaciones y compromisos surgidos nos han llevado de nuevo a elevar el número de ingresos, y también porque entonces se concibió el programa, en un momento determinado cuando llegaron a crearse 21 facultades de medicina, incluida la de Ciencias Médicas «Victoria de Girón», con el propósito de disponer de alrededor de 10 000 médicos como contribución de Cuba al desarrollo en este campo del Tercer Mundo, ya que nosotros no disponíamos de otras posibilidades económicas o materiales, y la idea, incluso, de disponer de una reserva que permitiera el estudio y la superación de un número de médicos cada año, una especie de año sabático, esas cifras no se habían alcanzado todavía.

Cuál será el tope hoy nadie podría decirlo, porque hoy hemos descubierto muchas calamidades en el mundo: las consecuencias de la creciente pobreza, en una población que más que se ha duplicado desde el triunfo de la Revolución; hoy, sin haber vencido todavía viejas enfermedades, surgen nuevas plagas, tal como el SIDA o la fiebre del Nilo, que ronda ya por este hemisferio, que no existían hace un número de años; la resistencia de bacterias y enfermedades a determinados productos; la aplicación de una política mercantilista que rehuye la prevención, por preferir lo que más produce económicamente, que es la creación de medicamentos con fines terapéuticos. Todas esas circunstancias han ido agravando los riesgos para la salud y los problemas sanitarios del mundo, es por ello que nadie podría decir que el número de médicos en Cuba para el año equis sean tantos.

Somos un país pequeño, pero este país pequeño ha podido demostrar cuánto se puede cuando se quiere, cuánto se puede si los recursos humanos de cualquier país pueden ser bien utilizados. Y hoy resulta una vergüenza que, a pesar de ser Cuba un país pequeño, hoy este pequeño país sea indispensable si se quieren librar verdaderas batallas contra enfermedades que amenazan con la desaparición de naciones enteras o, incluso, regiones enteras de determinados continentes. Y no habría que romperse mucho la cabeza, bastaría examinar el número de infectados de SIDA, enfermedad surgida hace apenas 20 años; enfermedad, además, mortal, destructora, que afecta a las personas en las edades más importantes para su capacidad de producir o de prestar servicios, lo cual se puede concretar en un simple dato, y es que el número de maestros que mueren por año, en un importante país de Africa, es superior al número de maestros que se gradúan, y esto puede esclarecer la idea de que tal enfermedad mata a las personas cuando pueden ser más útiles a sus pueblos y a la humanidad, y, repito, tanto en la producción como en los servicios.

No emplearé más tiempo que el de mencionar lo que significa para cualquier país, donde los índices de infectación superan el 10, el 20 ó el 30 por ciento de las personas entre 15 y 50 años de edad, y donde los médicos escasean y escasean los hospitales. ¿Qué va a pasar o qué está pasando ya, cuando los hospitales no dan abasto y a los gobiernos y a las autoridades sanitarias no les queda otra alternativa que establecer corrales donde vayan a morir como animales los seres humanos? Si todos los hospitales se saturan de los enfermos por la epidemia, una enfermedad que es causante de otras numerosas manifestaciones, ¿qué hacer con ellos, ubicarlos en los escasos y saturados hospitales donde otros pueden salvar la vida, o enviarlos a un rincón a que mueran? Realmente no recuerdo haber conocido en algún otro momento de la historia situaciones parecidas.

Existían terribles plagas, algunas de las cuales han desaparecido, pero que afectaban una región, un país, y esta, en cambio, afecta a todos los países del mundo. Veinte años perdidos sin que la ciencia famosa y sus conocidísimos avances hayan podido frenar el virus mediante una vacuna que sea eficiente, como eficiente fue la de la poliomielitis y otras. Es que los recursos invertidos en tales investigaciones constituyen una parte insignificante de lo que se ha invertido en la búsqueda de medicamentos contra esa plaga y las nuevas que aparecen.

El propio dengue no era de este hemisferio y llegó un día. Se sabía muy poco sobre él, se hablaba de un virus. Parecía un simple catarro en los primeros tiempos o algo pesado como una gripe, y después apareció el virus dos que, combinado con el uno, producía el dengue hemorrágico, y está el tres y el cuatro, y no se sabe cuántas combinaciones podrían suponerse.

¡Ah!, dos veces hemos pasado plagas fuertes de la nueva combinación: una, la famosa de 1981 que costó tantas vidas y que fue erradicada, porque si bien la erradicación del mosquito es casi imposible, la presencia del virus sí es posible; y en 1981, cuando solo contábamos con 16 000 médicos, fue erradicado el virus mediante una lucha tremenda contra aquella epidemia que afectó a 350 000 personas, y no voy a hablar ahora de los muy probables, de los casi seguros, por no decir totalmente seguros, hechos que originaron aquella plaga, aprovechando el descuido nuestro, por haber permitido un elevado número de vectores.

Fue derrotada, y después se cometieron errores, hubo olvido de cómo se había incrementado el tránsito de unos países a otros, hubo olvido de que la enfermedad es ya endémica en todos los países latinoamericanos y del área, no así en Cuba; se perdió tiempo, se bobeó, y fue necesario dar la última batalla, este mismo año, a la vez que apreciábamos que era más peligrosa que lo que se suponía cuando empezaron a aparecer las combinaciones de los cuatro tipos de virus conocidos. Lo sabemos no solo por lo que ocurrió aquí, que nos obligó a 70 días de lucha sin descanso hasta erradicar el virus, no solo por eso, sino también porque hemos visto epidemias desatadas en Brasil y en diversos países de Centroamérica y Suramérica, en algunos de los cuales Cuba ha aportado su modesta cooperación en la lucha contra tal enfermedad. Y, aunque se supone erradicada la fiebre amarilla, se conoce que andan flotando todavía tales virus en nuestro propio hemisferio, y si la lucha contra el vector no tiene todo el éxito necesario, estaremos corriendo el riesgo de que pueda aparecer en cualquier momento también esa enfermedad. Cuando estas preocupaciones invaden nuestras mentes, la fiebre del Nilo avanzó ya desde el noreste de Estados Unidos hacia nuestra área, trasmitida por las aves y varios tipos de mosquitos.

Son estas las razones por las que expongo que el desafío que las enfermedades hacen a la humanidad es un desafío serio, grave y creciente, y será creciente en la medida en que el descuido y la inconciencia sobre los problemas de salud pública sean mayores, de lo cual no puede culparse por entero, ni mucho menos, a los países más pobres de la Tierra, ya que aquellos que nos saquearon durante siglos han sido incapaces de dar el mínimo aporte para esa lucha, en vez de gastar el dinero en cantidades fabulosas, en guerras, especulaciones, lujos y otras cuestiones de las que no resultan esenciales en la vida.

Nosotros tenemos plena confianza en la capacidad de los seres humanos para vencer obstáculos, por grandes que sean, y sentimos vergüenza cuando vemos los índices de salud en el mundo, como sentimos vergüenza cuando vemos los índices de analfabetismo, los índices de desnutrición, los índices de hambre, los índices de desempleo, los índices de trabajo infantil, los índices de abusos y corrupciones sexuales con los niños que aparecen hoy en cualquier revista de las organizaciones internacionales que se ocupan de esos problemas.

Nuestro pueblo tiene derecho a sentir satisfacción por la conciencia que tomó sobre estas cuestiones, por el esfuerzo realizado; tiene que tener satisfacción también por la cooperación que prestan, tanto sus médicos integrales como los médicos y personal que participan en los planes de salud y en los programas de formación de personal técnico.

Hace apenas cuatro años surgieron estas escuelas. Fue a finales de 1988 cuando un ciclón —dos ciclones, pero el segundo de ellos— arrasó Centroamérica; el primero había hecho considerables daños en la República Dominicana y en Haití, lo que movió al ofrecimiento de enviar algunas brigadas médicas para apoyar esos países y otras para apoyar Centroamérica.

No se concibió inicialmente esta escuela como una escuela latinoamericana; se concibió como una escuela para ayudar a la formación de personal que sustituyera a nuestros médicos en naciones como Haití, Santo Domingo y países de Centroamérica, donde se decía que el huracán había ocasionado la pérdida de 50 000 vidas, y recuerdo bien que esto ocurrió semanas después de ofrecerles el envío de las brigadas que podían salvar cada año tantas personas como las que murieron con el paso del huracán.

Hicimos un cálculo sencillo de cuál era la mortalidad infantil en esos países, y otras causas de muerte; sabíamos por experiencia que aquellos índices podían reducirse considerablemente, e hicimos aquella oferta, aceptada por varios de los países centroamericanos, no todos. Hubo quienes no quisieron por presiones conocidas, aunque más de una vez fue necesario ayudarlos en situaciones de emergencia y los ayudamos; otros lo aceptaron y poco a poco uno de ellos fue prescindiendo por razones conocidas; tres se mantuvieron firmes en la recepción del apoyo, entre ellos Belice.

Haití también aceptó aquella colaboración, y se fue extendiendo la cooperación a otros en nuestro hemisferio.

La escuela se funda con el propósito de ayudar a aquellos países que habían sufrido las mayores afectaciones y se fue extendiendo hasta abarcar a todos los países latinoamericanos.

Hubo algunos cuyos dirigentes se oponían incluso al envío de estudiantes, pero, al fin y al cabo, conceder una beca no es un derecho exclusivo de las universidades norteamericanas, es un derecho también de otras universidades de nuestra área, lo que hicimos fue ofrecer becas. Hay algunos de esos países que tienen cientos de becarios, y otros que no querían enviar o no les gustaba mucho, o por cuestiones de orgullo no quisieron enviar, o no se interesaron en enviar, al fin y al cabo comenzaron a venir también estudiantes de todas partes.

Debo decir con toda justicia que hay países con relación a los cuales la escuela necesitaba más de ellos que ellos de la escuela. En un país de 100 millones de habitantes o más, o de muchas decenas de millones de habitantes, 100, 200, 300 becarios no constituyen una solución. Pero ya cuando surge la idea de que la escuela fuera latinoamericana, se expresó el deseo de que las culturas de todos nuestros países se reunieran en esta escuela, pensando en el futuro, no en el hoy, sino en el mañana, cuando miles y tal vez decenas de miles de médicos, con una concepción altamente humanitaria de esa noble profesión, pudieran comunicarse e intercambiar entre sí, porque llegará el día en que a través de las computadoras, como estamos tratando de hacer ya aquí, creando la red interna de Infomed, puedan hacer consultas y conferencias sobre cualquier tema, multiplicando el caudal de conocimientos acumulado en cada uno de esos profesionales.

Ya se trataba de algo más que de formar personal médico, formar una conciencia verdaderamente humana de la medicina. Si toda la medicina se comercializa, desde la producción de los medicamentos hasta la prestación de los servicios, el mundo quedaría con una medicina cada vez más deshumanizada.

Me atrevería a citar una cifra: estoy absolutamente seguro de que si hoy todos los países desarrollados, empezando por Estados Unidos, Canadá y Europa, quisieran enviar 1 000 médicos a Centroamérica, Haití y otros lugares donde trabajan nuestros médicos, entre todos juntos, no reúnen los 1 000 médicos para ir allá a las mesetas, a enormes alturas, o a los valles, a lugares apartados, donde hay insectos y animales dañinos, riesgos de todo tipo, todas las incomodidades juntas; aquellos que, sin ser necesariamente malas personas, fueron educados en un concepto mercantilista, y hoy obtienen ingresos mínimos que pueden ser, como en Estados Unidos, 140 000 dólares, o cifras parecidas, una gran casa, tres automóviles, varios televisores, computadora, calefacción, aire acondicionado, todos los muebles y cachivaches de cocina, etcétera, etcétera, no están fácilmente dispuestos a separarse de la familia un año, o dos, o tres para ir a prestar servicios en medio de las horribles condiciones en que viven los países del Tercer Mundo.

Por lo tanto, esta escuela tiene el objetivo mucho más elevado, y más trascendental, que aportar un número de médicos. Lo importante que debe aportar esta escuela es el ejemplo de lo que debe y puede ser un médico educado en principios humanitarios. Hay que tener verdadera confianza en la capacidad del ser humano para saber que puede prevalecer por encima de todas aquellas tentaciones y comodidades, para saber que puede ser educado en principios verdaderamente humanos y no corrompido por las sociedades de consumo.

Nuestros médicos, con sus esfuerzos llevados a cabo a lo largo de 40 años, sacrificios por los que pasaron, peligros que debieron soportar, han sido capaces de prestar servicios internacionalistas por decenas y decenas de miles de ellos, médicos y enfermeras, médicos y otros profesionales de la salud. Eso demuestra que es posible, porque lo ha hecho un país subdesarrollado, del Tercer Mundo y encima bloqueado y sometido a una feroz guerra económica y amenazas constantes de todo tipo.

Mas tal vez esto que digo no fuese una desventaja, y, todo lo contrario, fuese una ventaja, porque cuando a veces se habla de lo que Cuba ha hecho en un terreno o en otro, hemos dicho, medio en broma y medio en serio —y tal vez más en serio que en broma—: gracias a nuestros vecinos del Norte; porque respondiendo con honor el desafío, respondiendo con dignidad el intento pérfido de privar a nuestro país de médicos para rendirnos por enfermedades, y para rendirnos, además, por hambre, con su criminal bloqueo, respondimos como debía responderse, aceptando el desafío y llevando a cabo todos los esfuerzos necesarios para derrotar esos intentos, y eso tal vez nos ha hecho fuertes. Quizás si hubiésemos sido un país con muchos recursos y sin bloqueo, nos hubiésemos dejado arrastrar por esas ansias de consumismo con que han envilecido el alma de cientos de millones de personas en el mundo. En virtud de una ley de los contrarios, al someternos a tales pruebas, hemos alcanzado determinados éxitos, hemos alcanzado determinadas metas.

Eso es lo que nos enseña la historia. Nadie tendría derecho a declarar el género humano como algo moralmente perdido; al contrario, lo que hemos vivido nos enseña a pensar en el ser humano como algo capaz de la moral y de la victoria.

Esto que he dicho no significa, sin embargo, que estemos satisfechos; no significa, ni mucho menos, que tengamos derecho a vanagloriarnos, porque estamos conscientes, aun en medio de los éxitos, de cuáles han sido nuestras deficiencias, somos capaces de comprender nuestros errores, aunque sea en ocasiones el error en tardarnos demasiado en descubrir algunas cosas.

Hoy, a un ritmo mucho más acelerado, vamos descubriendo nuestras deficiencias. Claro que son deficiencias de ahora, o de una etapa que corresponde a una parte de la Revolución. En los primeros años hicimos todo lo que podíamos hacer, cuando nos privaban de los médicos, cuando no había recursos, cuando se inició el bloqueo y cuando en el país había un 30% de analfabetismo y un 90% entre analfabetos totales y analfabetos funcionales, cuando solo alrededor de 400 000 personas se habían graduado de sexto grado, y qué sexto grado. No poseíamos el capital humano que poseemos hoy; pero con el capital humano que poseemos hoy podríamos estar haciendo las cosas mucho mejores o, digamos, muchas más y mejores cosas.

Aquí se infiltraron también problemas de burocratismos, rutinas, errores de concepción, etcétera, etcétera. A mí, particularmente, me conmovía el recuerdo que nos trajo un joven médico, todavía joven a pesar de la historia de 19 años que contó, cuando le enviaron a un garaje a actuar como médico de la familia; estábamos llevando a cabo las primeras pruebas y observando cómo los recibían, con qué confianza. Se comenzó con 10 médicos en Lawton, del municipio capitalino 10 de Octubre, y 10 en otra provincia para probar el programa que habíamos elaborado.

Así se inició aquella experiencia que hoy cuenta con alrededor de 30 000 médicos de la familia. Marchaba magníficamente bien, se construían los consultorios, de modo que el médico en las ciudades estaba a 150 ó 200 metros, cuando más, del lugar donde residían los núcleos familiares que atendía; más distantes, lógicamente, en las montañas y en los campos, y vino el período especial, cuánto daño nos hizo no solo limitando los recursos disponibles, las reposiciones y reparaciones pertinentes, sino con las escaseces de recursos y de medicamentos,

etapas que vamos superando e iremos superando con creciente ritmo. Pero hizo también daño moral, puso a prueba a mucha gente en medio de necesidades, dio lugar a flaqueamientos, no en todos, ni mucho menos, pero en un número de aquellos que habían sido formados como médicos o como especialistas, y las propias condiciones materiales contribuían a desmoralizar.

Bien, puede pensarse que eso tiene cierta lógica, aunque nunca nadie deba resignarse a ningún género de desmoralización. Dio lugar a procedimientos burocráticos, dio lugar a ideas y concepciones que hicieron daño, a surgimiento de tendencias, a diferencias entre hospitales y policlínicos, a la creencia por parte de algunos de que eran mejores que los demás, que el médico de la familia era la quinta rueda del carro, y surgieron desde arriba, desde el aparato administrativo, inventos que ni siquiera se consultaban con los de abajo. Llovían del cielo programas y programas, cuestionarios y cuestionarios para los médicos de la familia, que no les daba tiempo, siquiera, de atenderlos; surgieron estupideces.

¿Quiere eso decir, podrán preguntar ustedes, que todos éramos estúpidos? Yo respondería que sí, que todos éramos estúpidos, y, en todo caso, me permitiría decir que algunos más estúpidos que otros, porque el país se vio enfrentado en ese período especial a una lucha por la supervivencia, que pocos en el mundo, si había alguno, creían que nuestro pueblo y nuestra patria podrían soportar.

Ello obligaba a empeñar el máximo de las energías disponibles para cumplir aquella meta de sobrevivir; de ese modo, aquel trastorno particular nos hizo a muchos descuidar o dejar de seguir de cerca importantes planes, y esto que digo para la medicina lo podríamos decir para otras ramas también, y determinadas tendencias se desarrollaron, tendencias que debilitan; determinadas desigualdades se desarrollaron y eso sí que no tenía alternativa posible, debido a la necesidad de aplicar determinadas medidas en medio de una situación supercrítica.

Tampoco todo fue mal, tampoco dejaron de hacerse cosas extraordinarias, tampoco dejaron de expresarse maravillosas virtudes en nuestro pueblo, que hicieron posible lo imposible de resistir un doble bloqueo y una guerra económica arreciada. Leyes y más leyes: Torricelli, Helms-Burton y un montón de enmiendas que apenas se conocen para obstaculizar el desarrollo económico del país; persistencia y enriquecimiento de leyes tan asesinas, como la Ley de Ajuste Cubano, que han dado lugar a la muerte de miles de personas; más de 40 años de terrorismo. Sí, terrorismo y de las peores formas de terrorismo aplicadas por los gobiernos de la superpotencia, que en la última etapa se convirtió en la única superpotencia que hegemonizó y hegemoniza al mundo.

Búsquense pruebas más difíciles para un pequeño país que jamás renunció a su dignidad, a su vergüenza, a su patriotismo y a su honor, porque unas pocas golondrinas o, incluso, un determinado número de golondrinas —como dice el refrán— no hacen verano. Los débiles, los traidores, los que se desmoralizaron no pudieron compensar, ni anular, ni destruir la poderosa e inconmovible fuerza de este heroico pueblo que hoy emerge (Aplausos). Treinta años de Revolución, 30 años de justicia, 30 años de esfuerzo denodado por llevar al pueblo el máximo de bienestar posible, crearon la conciencia necesaria para resistir.

Ya no éramos un pueblo de analfabetos, que no tenían ninguna cultura política y que decidía los destinos del país o el tipo de bandoleros que iban a elegir a través de la propaganda, de una saturación de pasquines, de empapelar las ciudades, que elegía gobernantes en virtud de la ignorancia, sin entender absolutamente nada de los problemas reales y profundos de la vida de una sociedad. Ya no era el pueblo de analfabetos, era el pueblo donde todos sabían leer y escribir, donde el promedio de conocimientos pasaba ya del séptimo grado o del octavo grado, donde cientos y cientos de miles se habían graduado en las universidades, donde los medios masivos no eran propiedad privada de nadie para alquilárselos a los corrompidos de la política, para vender la información y la noticia a los mejores postores, y los mejores postores eran los mayores explotadores, los más corrompidos, los que más robaban, como todavía ocurre, desgraciadamente, en muchas partes del mundo.

Todos esos recursos al servicio del pueblo lo convirtieron en un pueblo forjado, con un nivel determinado de cultura y especialmente de cultura política, que conocía los problemas del mundo, aprendió cuáles son las consecuencias de los errores y vio derrumbarse potencias que habían obrado milagros y habían sacrificado decenas de millones de vidas en la lucha contra el esclavismo y el fascismo. Vio derrumbarse, de la noche a la mañana, como castillo de naipes, poderosas fuerzas en beneficio de la reacción.

El imperialismo en el mundo no pudo ser destruido, sin embargo, los castillos construidos con el acero más duro de los conocimientos, la cultura y la conciencia no pudieron ser destruidos por él.

Si nos preguntan, ¿qué les permitió resistir? Diría: La conciencia creada a lo largo de 30 años, hasta convertirnos hoy en un pueblo que puede ser exterminado, pero no puede ser rendido (Aplausos); puede desaparecerse de la faz de la Tierra, pero jamás decirse que plegó sus banderas (Aplausos).

He hablado, por tanto, de lo malo y de lo bueno; pero el pueblo que quiera llegar tan lejos como se lo proponga, tiene que ser un pueblo inconforme, eternamente inconforme con lo que haya hecho, con lo que haya alcanzado. Y eso somos nosotros hoy, un pueblo inconforme con lo que hemos alcanzado y consciente de que podemos hacer muchas más y mejores cosas, y es la tarea en la que estamos empeñados en estos instantes en todos los campos, en todos los sectores.

Hoy nos hemos circunscrito al tema de la esfera médica, alentados por lo que aquí se ha dicho, alentados por lo que aquí se ha visto, alentados por el esfuerzo heroico de nuestros miles de médicos, en su inmensa mayoría especialistas en medicina general integral que prestan servicios en otras tierras y estimulados por la presencia de miles y miles de estudiantes fundamentalmente latinoamericanos. Nuestro concepto acerca de la formación de médicos en un continente distante y pobre como el Africa, es llevar allí las facultades de medicina a través, precisamente, de ese personal médico que está prestando servicios.

Recuerdo la primera facultad de medicina que se hizo con la cooperación de Cuba en Yemen, era una barraca de madera; recuerdo también cuando la hicimos en Guyana, o cuando la hicimos en Guinea Bissau. Esta vez teníamos la experiencia y lanzamos la consigna de crear una facultad de medicina dondequiera que llegaran, ya que, al revés de América Latina, en el Africa hay muchos países que no tienen una facultad de medicina. Crear allá facultades de medicina. La distancia es grande, el costo de los transportes es elevado, muy elevado, y, además, serían muchos años sin contacto con sus países y aunque aquí jamás se ha aplicado la política del robo de cerebros, como existe en Estados Unidos, en Canadá y en Europa, en los países desarrollados, porque disponen de salarios más altos, centros de investigación, mejores condiciones de vida; de este modo, a este hemisferio al que ustedes pertenecen, en unos 35 ó 40 años, le han arrebatado 500 000 profesionales universitarios. A este mismo país que ahora impulsa nuevos programas, como los programas de cirugía cardiovascular, llamados a prestar servicio a toda la nación para salvar de 4 000 a 5 000 vidas cada año; simplemente con el diagnóstico de riesgo de muertes por problemas cardiovasculares y la aplicación a tiempo de las medidas pertinentes pueden prolongar su vida durante muchos años y morir incluso de cualquier otra cosa, menos de una enfermedad cardiovascular. Le han robado en el período especial casi 30 especialistas.

Nosotros ahora estamos avanzando hacia el perfeccionamiento, avanzando hacia algo que se puede calificar con una palabra ya mencionada aquí: Marchamos, o aspiramos a marchar y luchamos para marchar hacia una medicina de excelencia; estamos trabajando ya en eso.

Lo que en el campo de la educación estamos haciendo ya, y fue urgente hacerlo y continuamos haciéndolo, lo hemos iniciado también, e irá cobrando ritmo, en el campo de la medicina; mas no tanto expresado en edificaciones y construcciones, sino en servicios de óptima calidad, al alcance de los ciudadanos.

Hemos descubierto que realmente nuestros hospitales, que tienen un objetivo social, la atención de los problemas más complicados de los ciudadanos, han estado ejerciendo, muchas veces, o casi todas las veces, las funciones de medicina primaria. Hoy estamos elaborando y desarrollando la concepción de que los clínicos quirúrgicos y otros hospitales se dediquen fundamentalmente a la misión de los servicios más especializados y complejos. Muchas otras tareas que hoy realizan corresponden a la medicina primaria, y en la concepción está ir convirtiendo los policlínicos en centros de atención primaria de la más alta calidad.

Hoy sabemos muchos problemas y detalles ante situaciones viejas y nuevas. Se prolonga la vida entre nuestros ciudadanos, el número de personas que tienen que ser atendidas por determinadas enfermedades que antes no eran las principales causas de muerte, y habiendo desaparecido muchas de las infecciosas que antes eran la causa fundamental de muerte, requiriéndose hoy servicios médicos de otros tipos, tanto en la atención primaria como en los hospitales. La idea básica es ir hacia la excelencia en cada uno de los servicios y prestar en el policlínico el servicio que hay que prestar en el policlínico.

Es asombroso pensar que, por ejemplo, en los policlínicos hoy no se pone un yeso, entonces el ciudadano tiene que trasladarse al hospital especializado, allí donde lo puedan poner, y hay que saber distinguir a la perfección qué debe ser atendido en un hospital y qué debe ser atendido en un policlínico; ahorrar a la ciudadanía montones de gestiones y de movimientos.

Recuerdo que hace un número de años se construyeron 20 policlínicos nuevos en la capital. Cada uno de ellos tenía centro de rehabilitación, y en los años del período especial, por las causas enumeradas, objetivas y subjetivas, desaparecieron los centros de rehabilitación de esos policlínicos.

Antes había que ir a las proximidades de Boyeros, al hospital «Julio Trigo», convertido hoy en un excelente hospital de otra categoría. Antes había 30 000 viajes de ómnibus diarios, cuando vinimos a descubrir la situación actual quedaba en un solo municipio un centro de rehabilitación, para servir a una población cuya edad crece, cuyas necesidades en ese campo crecen. Entonces, si vive en Guanabacoa tiene que montarse en uno, dos o tres camellos, no sé cuántos, para venir aquí a Plaza, donde hay un buen centro de rehabilitación. Eso es sencillamente una locura, eso es una estupidez, por eso no vacilé en emplear tales palabras para calificar algunas cosas.

Vamos hacia la creación de centros de rehabilitación en todos los policlínicos, especialmente en aquellos que se trata de la aplicación de una serie de procedimientos por problemas de distintos tipos. Hay procedimientos especiales o rehabilitaciones muy especiales que deben hacerse en los hospitales.

El cálculo de la edad de las personas que viven en nuestra capital, para citar un ejemplo… Aunque la política es que vamos a comenzar por donde siempre están los peores problemas que es en la dichosa capital, son problemas llamados a extenderse lo más rápidamente hacia el resto del país. He citado un ejemplo, uno solo entre unos cuantos.

Hemos analizado los problemas de las ópticas, el tiempo necesario para que midan la vista y los servicios que prestan. Vamos a llevar a los policlínicos la posibilidad de medir la vista para que no tengan que estar yendo a la óptica tal y más cual. No se tomaba en cuenta que casi todas las ópticas estaban en el centro de la capital, porque son históricas, y del mismo modo que el Morro, la Cabaña, la Punta y otros castillos antiguos, no están construidos en Guanabacoa, ni están construidos en la Víbora, ni en Arroyo Naranjo ni en lugares similares, las ópticas estaban construidas, más o menos, en el centro de la capital.

He citado un segundo problema, relacionado con los análisis de la vista, la rapidez, la velocidad con que debe ser atendida una necesidad de ese tipo. Puedo mencionar otros: los casos urgentes, qué hacer. Hay 15 policlínicos que tienen los servicios de emergencia, principalmente problemas cardíacos, ¿pero qué son 15? Los llevan rápido allí, una ambulancia los lleva al hospital, o les prestan allí los primeros servicios. Ahora, uno por municipio, uno en Regla, con menos de 70 000 habitantes, y otro en Diez de Octubre, con 240 000. Hay que estudiar en un mapa dónde están cada uno de los servicios y qué hay que hacer para acercar los servicios a la población. He mencionado tres problemas, podemos mencionar 10, 12, 15.

Vamos en la búsqueda de la racionalización y la optimización de los servicios, con todo un programa de preparación de personal, a lo cual están contribuyendo las universidades, las facultades de medicina, los hospitales, los más veteranos. No hay un solo rincón de nuestros servicios hospitalarios de donde no surja el deseo de cooperar con estos planes.

Del mismo modo que sabemos que hay hospitales que marchan bien, otros que marchan regular y otros que marchan mal, soñamos con que no quede un solo hospital en esta capital o en cualquier ciudad de Cuba que marche mal por problemas de orden administrativo o subjetivo. Poco a poco iremos conociendo cómo funcionan todos y poco a poco iremos descubriendo las decenas de miles de valores que hay entre nuestro personal de salud de las más diversas categorías de atención, entre enfermeros, entre técnicos, y tenemos después que seguir luchando porque llegue el día en que no haya uno solo que funcione regular, que por causas subjetivas no haya ni regular ni mal, sino bien; es la única categoría que se admitirá en el futuro de nuestros servicios de salud pública (Aplausos), que irán enriqueciéndose con la enorme experiencia acumulada, irán enriqueciéndose por la incesante búsqueda de tecnologías nuevas que aparezcan en cualquier lugar del mundo.

Hoy posiblemente nuestro país es el de los servicios médicos más seguros y más universales, absolutamente gratuitos para los ciudadanos de este país que vivan en este país; repito, ciudadanos de este país que vivan en este país (Aplausos). Por razones humanitarias podemos atender a ciudadanos de este país en circunstancias especiales que no vivan aquí; por razones humanitarias podemos atender también, con servicios especiales, a ciudadanos extranjeros que no vivan en este país. Nosotros no podemos atender la medicina mundial, aunque sabemos que podemos hacer mucho, a partir de lo que hemos aprendido durante muchos años; podemos ayudar mucho a la medicina mundial y estamos haciendo un generoso esfuerzo.

Bueno, sabemos de personas que vienen de visita y van a un hospital y en un hospital a nadie le están pidiendo carné de identidad, pero debe irse estableciendo la conciencia de que los servicios de salud en nuestros hospitales son para los ciudadanos que viven y trabajan en Cuba, sin olvidar las excepciones de los que viven, holgazanean y parasitean en este país, que por elementales razones humanitarias no se les negaría jamás el servicio médico, porque no conozco un caso, por si alguno se dio alguna vez, no conozco un solo caso en que le pregunten a un enfermo que llega allí al cuerpo de guardia, o que necesite atenderse desde una gripe hasta una operación de cirugía cardiovascular a corazón abierto, quién es, cómo se llama, cómo piensa, o si están al servicio de alguna potencia extranjera para destruir esta noble Revolución que universalmente atiende a todos los hijos del pueblo, sin la más mínima discriminación, porque sería indigno de un ciudadano cubano discriminar a alguien en algo tan sagrado como es la salud humana.

Sí, aquí sabemos que algunos ganan mucho, ah, porque disponen de tal bien y ese bien les origina ingresos en virtud del crecimiento del turismo, etcétera; o algunos que prestan algunos servicios por los cuales cobran diez y hasta veinte veces más de lo que deben cobrar. ¡Y cuidado con los que crean que los servicios médicos en este país puedan servir para que algún pillín se beneficie! Y hay pillines; pero hay antipillines también, y puede haber medidas antipillines eficaces (Aplausos), y esa plaga no surgirá aquí.

Sabemos muchas cosas, no crean que ignoramos, que nos trajo el período especial, al escasear un material de un tipo y de otro, entonces venían: «Yo te busco esto si me resuelves esto, si me traes un regalito.» Espero que la conciencia de nuestros trabajadores y especialmente de nuestros médicos repudien desde lo más profundo de su alma al mercenario que pretenda sobornar a un médico o a un prestador de servicio de salud (Aplausos), o que quieran estar cobrando por debajo de la mesa un servicio estomatológico, un servicio de la vista u otros (Aplausos).

Sabemos que hay algunas de esas cosas, nadie crea que aquí hay sordos o mudos, ni mucho menos, y mientras más cultura tiene nuestro pueblo, más lo capta. Casos se dan aislados, pero también vendrá la contracandela (Aplausos), el aislamiento; que nadie crea que alguien puede venir a abusar de la gloria y del prestigio adquirido con tanto sacrificio, con tanta sangre, con tanto honor, desde los que murieron en la primera guerra de 1868 hasta hoy. Y en nombre de esa gloria, en nombre de esos sacrificios, en nombre de esa sangre derramada, no prosperará, ni se imagine alguien que prosperará o tendrán futuro vicios que hoy son generalizados en el mundo capitalista.

Hemos demostrado ser perseverantes y tenaces y no descansaremos hasta que esta sea la sociedad más humana, más justa y más honesta que se haya creado jamás (Aplausos). No son pocos los programas en marcha, ni siquiera de todos se ha hablado, pero nuestra sociedad revolucionaria debe abarcar todos los problemas habidos y por haber, los viejos que sobrevivan y los nuevos que surjan, por ello preferiremos la muerte a la corrupción.

Me podrán decir: Hay algunos profesionales que incurren en eso. Profundicen, les respondería, y averigüen por qué, de dónde proceden, qué otros factores influyeron, si acaso recibieron verdaderamente una educación ética, si acaso los valores se profundizaron en ellos. Sabemos que como norma los que van a parar a las prisiones por los delitos más corrientes son los hijos de las familias más humildes, que viven muchas veces en condiciones marginales y no pudieron recibir una educación intelectual o profesional superior. No hablo de los delitos de cuello y corbata, de aquel que roba algo y nadie se entera, nadie se siente personalmente perjudicado, porque malversó en algún punto o es sobornado, dañando a todos; se siente perjudicado y rabioso aquel en cuya casa penetró alguien y robó un televisor o cualquier otro artículo que no es fácil de reponer, o temió por el riesgo de lo que pudiera ocurrirle a alguna persona anciana, y casi no hay familia donde no viva alguna persona de edad, que puede resultar indefensa frente a los riesgos de alguien que roba.

En la medida en que hagamos los estudios pertinentes, estamos haciéndolos y lo haremos cada vez más, iremos descubriendo las causas del comportamiento de los seres humanos, dónde están los orígenes y dónde están esas causas. Por eso creemos tan ciegamente en la educación y la cultura, porque hemos visto el impacto determinante que tienen en la vida de cada ser humano; hemos visto que padres educados y cultos, o madres educadas y cultas, inculcan valores que duran toda la vida.

No quiero extenderme, pero les aseguro que hay muchas cosas de carácter social que están probadas. Hay que ir más lejos, y estamos trabajando en las profundidades de problemas que en el mundo ni se analizan; estamos analizando las causas naturales, genéticas, podemos decir, que promueven o hacen propensas a las personas a determinados actos.

Estamos haciendo, por ejemplo, el estudio de todos los casos de atrasos mentales en sus diversos grados, los cuales arrojan enseñanzas notables, especialmente las diferencias entre una región y otra, entre una ciudad y otra, entre una provincia y otra, y por qué algunas tienen el doble de casos de retraso mental que otras, buscar los porqués, y que son complejos y son variados.

Se tiene que estudiar si son factores naturales exclusivamente los que promueven determinados casos de retraso mental, o si esos factores no son únicamente genéticos y por qué. Los casos que no son ni genéticos ni ocasionados durante el embarazo, si se originan en los procedimientos del parto o por determinadas deficiencias al nacer, como puede ser el hipotiroidismo, y al no descubrirlo a tiempo y aplicarles el simplísimo procedimiento que hay que aplicarles, degeneran mentalmente con ulterioridad. O a los que son objeto de accidentes u otros factores. Hay casos que, siendo genéticos, no se expresan hasta los 30 ó 35 años, como la famosa ataxia, que afecta a la provincia holguinera.

Una medicina de excelencia como a la que aspiramos y con la cual ni siquiera soñábamos como algo posible, se irá abriendo paso. Un día dije, y lo ratifico, que junto a la hoja clínica estará el mapa genético. No concebimos la medicina futura sin que se sepan las predisposiciones genéticas al cáncer pulmonar, o al de mama, o al de colon, en fin, a un número variado de cáncer, con relación a los cuales pueda existir una clara predisposición genética.

La salud y la longevidad de la vida y de una vida de calidad, porque tan importante es salvar una vida, evitar que alguien muera a los 30, 35 ó 40 y pueda vivir 70 u 80, como que transcurran con calidad de vida. Los problemas de la salud no se limitan a la vida o la muerte, sino a los millones y millones de casos de dolor que una persona puede padecer un día y otro, cuál sería su más pronto restablecimiento, cómo garantizar su perspectiva de vida con salud y poderle decir a alguien, no como ahora: «El fumar produce cáncer», sino: «Mira tu mapa genético y a tal edad o más cual edad te puede surgir ese cáncer», y cuáles son las medidas a adoptar para combatir enfermedades previsibles; régimen de vida, de ejercicios, de alimentación, sin que ello haga infeliz a nadie, sin que ello implique mayores sacrificios, porque no hay bienestar mayor que el de conservar la salud propia y la de los familiares, de los amigos y de los seres queridos; ni hay sufrimiento mayor que cuando se ve morir prematuramente a una persona, o cuando el hijo, la madre, el padre o el hermano está enfermo; o cuando el amigo o la persona admirada mueren por una causa o por otra.

En estos días, la amarguísima noticia de ese genio popular que murió en un accidente, ¿quién no ha sentido un dolor profundo?, o el escritor-humorista, brillante. que hace unos días fue despedido, miembro de nuestro Parlamento, me refiero a Polo Montañéz y a Núñez Rodríguez. ¿Alguno de ustedes no sufrió el dolor? ¿Y por qué? Un descuido en una carretera, alguien que parqueó sin luz, un irresponsable cualquiera que a lo mejor se tomó una cerveza; el otro caso no es igual, no sé si fumaba o no, vivió, tuvo una vida larga y fecunda, pero tal vez pudo vivir 10 años más.

En fin, si se van a comparar los beneficios de hacer lo que le da la gana o conservar una buena salud, toda persona racional sacará la conclusión de que lo que hará más plena y más feliz su vida es conservar una buena salud. Pienso que la medicina del futuro estará asociada a la dieta, sin sacrificios, porque existen muchos productos y muchas cosas que sustituyen a otros o que deben consumirse o hacerse en cantidades limitadas.

¿Cuánto daño no causa el ron en cualquier sociedad? ¿Cuántas muertes, cuántas muertes, las irresponsabilidades, los accidentes, la bebida alcohólica? Por eso hemos hecho dos primeros de enero ya, y ahora va el tercero, con fiestas en todo el país, pero sin ron (Aplausos). No es que se vaya a establecer una ley seca; no, el que quiera que la compre y la compre caro, porque si algo les puedo asegurar es que en este país, tal como ha sido hasta ahora, nunca se venderán barato ni cigarro ni ron (Aplausos). Lo siento mucho por aquellos simpatizantes de la Revolución que les guste de vez en cuando empinar el codo (Risas). Problemas en que hay que educar, hay que profundizar.

Leo noticias procedentes de países de América Latina, llega la Semana Santa, y uno dice: Bueno, la Semana Santa es de suponer que sea una semana de recogimiento entre todos los creyentes, todo el mundo o casi todo el mundo está bautizado, o pertenece a una iglesia, pero hay diferencias. He conocido lo suficiente para saber cómo suelen ser las cosas, y he conversado con muchos dirigentes religiosos, dónde hay más disciplina o menos disciplina; pero lo asombroso es que el día de recogimiento para una inmensa mayoría de personas que tienen alguna creencia, lleguen las noticias de que en un pequeño país, con la mitad de los habitantes de Cuba, en esa semana mueren 100, 150, como consecuencia de la ingestión de bebidas alcohólicas, y nosotros podamos decir: «Aquí llegó un Primero de Enero y no hubo una sola víctima de arma blanca, ni una muerte por accidente violento a causa del alcohol», y en el mundo ya sabemos que entre los automóviles, las violaciones del tránsito y el ron, muchas veces están asociadas una cosa y la otra, mueren más que del SIDA, el paludismo y otras cosas juntas.

Educar es educar, y educar en la moderación, o por lo menos que cualquiera haga en su casa lo que desee, menos entrarle a golpes a la mujer o al marido (Risas), pero no que ande matando gente en la calle. Educar y disciplinar. No todo se va a resolver con educación, hace falta disciplina y disciplina que se use, y mientras más se eduque, menos medidas disciplinarias harán falta.

No estamos soñando, estamos hablando de cosas perfectamente posibles y este país ha dado sobradas pruebas de cosas que parecían imposibles y son posibles. Les mencioné uno de los programas. Hay que investigar profundamente la causa de los delitos.

¿Somos o no somos seres humanos? ¿Podemos o no podemos aprender? Creo que todos aquellos que tengan una mente normal pueden aprender, y por eso será tan importante conocer también a aquellos que tienen algunos problemas mentales. El problema mental no significa que tenga que cometer delitos la persona, la inmensa mayoría no, tiene que ver con el apoyo que la sociedad pueda darles.

Hay cuatro casos de atraso mental: ligero, moderado, severo y profundo; el retraso mental profundo convierte a una persona en vegetal. Ahí el problema está en saber qué pasa con una madre que trabaja y tiene un hijo convertido en un vegetal que se lo cuidaba alguien, hasta que un día nadie se lo pudo cuidar. Hay muchas cosas en lo social para ayudar a aquellas familias que sufren verdaderas tragedias, y hasta ahora no ha sido doctrina de ningún país profundizar.

Nadie se imagina cuánto sufren los seres humanos y cuánta ayuda necesitan por razones que son ajenas a su voluntad. Cuando 6 000 estudiantes universitarios y casi 1 000 profesores en agosto del pasado año, entre el 16 de julio y el 6 de agosto, visitaron a todos los núcleos de la capital, no se imaginan ustedes cuántas cosas fueron descubriendo. Orgullosos estaban algunos con los que conversé en un Consejo Popular, porque habían salvado dos vidas: una, el caso de una persona con esquizofrenia que intentó matarse, y pregunto: «¿Pero vivía sola?», y dicen: «Vivía con un familiar allegado que también padece de la misma enfermedad.» Otro caso fue una muchacha joven que intentaba matarse por un problema de embarazo, o llegaban a determinada vivienda y se encontraban a un anciano solo. Entonces hay que investigar por qué viven solos, o porque enviudaron y se quedaron solos, o porque ya los familiares no se adaptaban por alguna razón u otra y buscaron algún lugar donde estuvieran solos, o porque quieren vivir solos.

Y no se trata de obligar a nadie, se trata de conocer que había más de 30 000 personas, de más de 60 años, en esta capital que vivían solas; se trata de averiguar qué hacen si sienten de repente un dolor en el pecho o algunas molestias extrañas en la cabeza; si tienen la forma de apretar un botoncito para avisar a algún lugar para que lo atiendan enseguida. O cuando usted conoce también que hay 48 000 personas en la capital que tienen algún problema de incapacidad, menor o mayor, ¿puede la sociedad desentenderse de la situación concreta de cada uno de ellos? Muchos no tendrán problemas en el sentido de la atención, porque sus familiares los atienden con esmero, pero otros están solos o carecen de suficiente apoyo.

¿Resuelve acaso el que se le entregue una ayuda por la seguridad social? Bien sabemos que no es suficiente, pero a partir de la experiencia que se ha ido adquiriendo a lo largo de esta batalla de ideas y de las cosas que se han hecho, hoy nuestra Revolución conoce mucho más acerca de los problemas humanos y cómo contribuir a aliviarlos o a resolverlos.

Quedé verdaderamente impactado el día en que allá, en Marianao, se inauguró la última reparación de escuelas en el municipio. Coincidió con que era —creo— el día de mi cumpleaños cuando aquello se terminó. Era una escuela de niños ciegos, y la amargura me sobrevino al encontrarme con niños que no solo eran ciegos, sino también sordomudos; eran ocho, cada uno con una defectóloga, graduada universitaria, un noveno vendría días después. Pregunté cuántos niños había en todo el país en esas condiciones, y me dijeron que 79; pero, bueno, esa es una cifra; vamos a saber con exactitud cuántos hay. Preguntaba yo a sus preceptoras, cómo se comunicaban con el niño, qué hacían, y pude percibir el mérito increíble de aquellas personas que atienden a esos niños, porque un niño ciego puede graduarse como profesional universitario, comunicarse por Internet con el mundo, y he conocido casos de primeros expedientes universitarios que eran ciegos de nacimiento.

Con un niño sordo se puede formar un profesional universitario, con un niño ciego y sordo a la vez, se pregunta uno, ¿qué hacer? Y si usted se pregunta algo, empiezan a aparecer respuestas. Empieza a aparecer que un grupo de investigadores nuestros tienen ya 12 casos con implantes en el oído con éxito los 12 casos; ya no es ciego y sordo, es solo ciego. O preguntándole a un destacado médico norteamericano que estuvo aquí cuando la feria de productos agrícolas, un hombre muy amable, se acercó, no recuerdo por qué habló de los implantes, que es algo nuevo, cuestan carísimo, de 15 000 a 20 000 dólares; yo le pregunté qué tanto por ciento pueden resultar exitosos. Dice: «Tal vez hasta un 60%», a juzgar por la experiencia que tenía.

Si tan siquiera a la mitad de los ciegos y sordomudos se les pudiera aplicar un implante, usted estaría reduciendo a la mitad la colosal tragedia, y tengo sinceras esperanzas de que en la medida en que se mejoren técnicamente irán apareciendo equipos más eficientes e, incluso, mucho más económicos que los que hoy existen; pero ya, por lo pronto, nosotros estamos investigando todos los casos, principalmente de niños.

Qué dirían ustedes si les cuento que en un municipio de la provincia Granma, en los estudios mencionados que se están haciendo, se pudo descubrir que había en una población de 100 000 personas, 105 casos de ciegos y sordomudos. Aquí no se habla solo de niños, sino también de adultos. ¿Qué procede de inmediato?, investigar las causas, cuáles son por causas genéticas, cuáles son por accidentes. Si la causa puede estar en una borrachera en medio de la gestación, porque hay causas originadas en accidentes en medio de la gestación, tomadera y fumadera, que nos debe conducir a la multiplicación del esfuerzo educativo para no fumar o no beber en estado de gestación; qué medidas tomar, cómo perfeccionar las atenciones en el parto, de manera que no se produzcan procedimientos que den lugar a un caso de atraso mental, ya no referido concretamente a esto, que den lugar a problemas. Ello nos obligaría, o nos obliga, a una superación óptima de todos los obstetras y de los que tienen que ver con el nacimiento de un niño, para que no se dé un solo caso, no se retrase una cesárea que dé lugar a la falta de oxígeno en un momento dado. Así por el estilo, he mencionado algunas cosas.

Allí en ese municipio hay que averiguar si es la consanguinidad —se dan casos—, si son productos empleados en determinados momentos en la agricultura, si es el terreno de donde emanan las aguas que se consumen en esas regiones; es decir, hay que buscar todas las causas posibles.

Hoy mismo yo estaba recibiendo los datos de una de las provincias, y ya en abril habremos estudiado todos los casos de retraso mental, y buscando causas, porque tiene que haber una causa por la cual en una provincia sea el doble o dos veces y media más que en otra. Buscando y buscando causas iremos cortando cadenas que son hereditarias, por distintas vías, respetando el derecho de las personas, porque aquí no se viola el derecho de ninguna persona a tener un hijo aun cuando se sepa que viene con una malformación congénita. Aquí jamás, por la fuerza, se ha obligado a alguien sobre el tema.

Pero también una persona puede nacer con problemas de ese tipo, que se presenten a los 25, 30 ó 35 años, y conocemos el caso de la enfermedad ya mencionada de la ataxia, que por vínculos y parentescos familiares existen alrededor de 10 000 personas que puedan padecerla y el 99% quiere el examen genético para saber, para quitarse la incertidumbre de encima y, si lo comprueba, adoptar todas las medidas, tratamientos que prolonguen la aparición de la enfermedad y esta en vez de aparecer a los 30, aparezca a los 45 ó a los 50, de ser posible, y toda la rehabilitación previa que va a necesitar para poder sobrevivir cuando la enfermedad venga.

De modo que por dondequiera se pueden percibir los beneficios de una medicina de excelencia, y les aseguro que nuestro pueblo la alcanzará primero que ningún otro pueblo del mundo, porque ninguno lo ha alcanzado, y por amplia ventaja, como lo alcanzará y ya lo está alcanzando en la educación, un lugar primerísimo en el mundo. Eso puede hacerlo la Revolución, eso puede hacerlo el socialismo, eso puede alcanzarlo el ser humano, y la historia de estos 40 años lo está demostrando.

Con especial razón les digo esto a los miles de estudiantes latinoamericanos que están aquí, porque ellos saben, como sabemos nosotros, la tragedia de la salud pública en los países hermanos. En algunos está mejor que en otros, más niveles de vida, más tradición; pero en la inmensa mayoría es muy dura, y ustedes saben que no faltan médicos ni faltan universidades, pero los médicos no están todos donde debieran estar.

La Escuela Latinoamericana de Medicina hoy cuenta con más de 6 000 estudiantes. En estas instalaciones ingresan para hacer la premédica y el primero y segundo año que son los más difíciles, en tercero, cuarto, quinto y sexto año realizan los estudios en cualquiera de las otras 21 facultades de ciencias médicas con que cuenta Cuba.

Es increíble que habiéndose producido ese huracán en 1998 y habiéndose creado esta escuela ese mismo año en diciembre, y estando en el 2002, finalizando el año, haya ya alumnos hasta en cuarto año de la carrera y que dentro de dos años y medio, aproximadamente, o dos años y siete meses, estarán graduando más de 1 000 alumnos por año. Y lo que importa no es el número, sino la calidad; lo que importa no es lo que aprendan, sino el ejemplo que sepan dar a sus compatriotas en cada uno de esos países. Lo importante es la ética que ustedes lleven consigo; lo importante es que ustedes están dispuestos a marchar allá, lejos de las grandes ciudades, donde no van otros para atender a tantos niños, tantas mujeres, tantas personas que padecen alguna enfermedad, y salven tantas vidas como las que puedan salvar.

Hay un país en concreto, donde la mortalidad infantil en dos años ha disminuido de 41 a 16, en el área latinoamericana; y en un país africano, en un período más o menos igual, la mortalidad infantil ha disminuido de 90 a 30. Los resultados son demasiado elocuentes como para que no les prestemos toda la atención que merecen.

Ustedes están viviendo en un país revolucionario, pero no en un país enteramente puro, no somos químicamente puros; hay, como ya dije, los pillos, holgazanes que reciben todos los servicios y no producen nada.

Les dije que el período especial había creado ciertas desigualdades, algunas bastante notables, pero son transitorias, iremos nivelando de abajo hacia arriba con nuevas generaciones que adquirirán conocimientos cada vez mayores y a un ritmo cada vez más acelerado; ganaremos la batalla contra la holgazanería mediante métodos realmente civilizados, mediante métodos verdaderamente humanos, mediante el crecimiento de la conciencia colectiva, la mayor eficiencia, la mayor organización de nuestro país.

Pero ustedes son estudiantes no extranjeros, ustedes son hermanos que viven en otros países, y así los vemos, pero para cualquier lumpen, cualquier pillín, ustedes son una especie de extranjeros que residen en Cuba y algunos han tratado de explotar esa circunstancia para obtener el nombre de algún estudiante, de esta u otras escuelas y carreras, ofreciéndoles algo, para que le presten el nombre, y realizar con ello alguna ilegalidad usando prerrogativas que se otorgan a «extranjeros residentes en Cuba» y tratar de obtener privilegios a base de dar un poquito de dinero para que un pillo cualquiera de esos y basta un delincuente se haga, por ejemplo, de un automóvil nuevo. Desgraciadamente, han ocurrido algunos casitos de esos.

Hay también el hecho de que no todos los estudiantes tienen los mismos recursos. Como norma, muchos con recursos o sin recursos son virtuosos. Hay alumnos que reciben ayuda desde el exterior y otros más humildes no la reciben; nosotros, por nuestra parte, les damos todo lo que podemos para sus necesidades como estudiantes, para que tengan una alimentación adecuada, al menos cuando ingresan en estas instalaciones donde permanecen dos años y medio, antes de pasar a otras facultades para realizar estudios junto a los estudiantes cubanos.

Hemos ido mejorando la alimentación de los becarios en el resto del país, fue mejor la de los estudiantes de esta escuela que la del resto de nuestras decenas de miles de becarios. La hemos ido mejorando, pero, claro, cuando ustedes pasen a otra facultad ya no se encontrarán con las mismas condiciones ideales que hay aquí, tanto de instalaciones deportivas y otras facilidades que aquí disponen. Iremos mejorando esas facilidades para todos los estudiantes, pero de repente no podemos darles a 40 000 becados exactamente lo mismo que aquí.

Hay algunas escuelas nuevas de estudios intensivos, y nosotros sabemos lo que quiere decir estudios intensivos, en que les hemos estado dando alimentación y condiciones de vida similares a los de esta escuela. Y hay otras escuelas de becados de medicina procedentes del exterior, una, por ejemplo, en Santiago de Cuba —no está incluida en la cifra de 6 000— de estudiantes de habla francesa, la mayor parte procedentes de Haití y otras en el centro de la isla de estudiantes caribeños, principalmente de habla inglesa. No podría decir el número exacto, pero está entre 7 000 y 8 000 la cifra de estudiantes de medicina procedentes de otros países que hay en Cuba.

A veces los gobiernos les envían ayuda. A veces ha habido quejas de estudiantes, porque la cantidad que les envía el gobierno les ha parecido poco —en algunos casos es bastante alta—, y yo, aun a riesgo de que se peleen conmigo algunos estudiantes, le he dicho alguna vez a algún dirigente: «¿Cuánto les están mandando a los estudiantes?» «Equis dólares» —me responden. Y les he dicho: «¿Y usted sabe la cantidad de botellas de ron que se pueden comprar en este país con equis dólares?» Realmente procuramos que el estándar de vida de los estudiantes sea más o menos similar.

Si empezamos a ver estudiantes con motocicletas, automóviles, etcétera, nos estamos a arriesgando a accidentes, y lo más triste que puede ocurrir es un caso de fallecimiento por accidente. Nosotros tenemos el deber de protegerlos a ustedes todo lo posible, aunque ustedes vayan a considerar un poco rigurosa la disciplina de estas escuelas. Salvo necesidad de tipo física o algo —y yo fui estudiante, y muchos hemos sido estudiantes—, no veo por ninguna parte la ventaja de ser un estudiante becario aquí, con un automóvil, porque se puede calcular los conocimientos que dejan de adquirir los sábados, los domingos y hasta en los días de semana. Nuestro mayor anhelo es que su preparación sea óptima.

Desde luego, aquí hay un poco más de disciplina, porque ustedes están becados; allá en otras facultades están también becados, pero se mueven mucho por las calles, porque todas las facultades de medicina están al lado de los hospitales; se mueven, si pasean mucho pueden echarnos a perder, incluso, algún estudiante cubano, que no necesita mucho para echarse a perder, no vayan a creer que son todos mirlos blancos, no, no, no, nosotros conocemos a nuestra gente, sus virtudes y sus defectos.

Luego, si los recursos abundan, a algunos les da por comprar libros o cualquier cosa, a otros les puede dar por comprar un poco de ron, y a otros, si se descuidan, metidos en algunos centros por ahí, de los cuales esperamos que en el futuro no quede uno solo —no me refiero a lugares de recreación sana, que los vamos a multiplicar, sino a aquellos en que usted no ve más que luces que se encienden y se apagan, humo, olor a bebidas y a otras cosas—; créannos que esos no los inventó la sociedad de consumo para Cuba. No somos convento ni mucho menos, ni habrá ley seca o algo parecido, los ciudadanos de este país gozan de un margen amplio de libertad, hasta el derecho de emigrar; lo demuestran las 20 000 visas y permisos de emigración que con el pretexto de la reunificación familiar, o a veces para robar cerebros, sin que los receptores de fuerzas altamente calificadas paguen un solo centavo.

Ya hablé de la cirugía cardiovascular, y en los años del período especial nos llevaron casi 30 especialistas y cirujanos cardiovasculares. ¡Ah!, también programadores, lo que pagan por un programador es grande. Pero ya veremos si algún país puede formar más programadores que nosotros, lo digo con mucha seguridad, porque está todo el mundo estudiando.

Disminuye, en medio de la crisis internacional, el desempleo; posiblemente a fines del año que viene estemos por debajo de 3%, lo que se considera internacionalmente como cero desempleo.

Teníamos más de 120 000 jóvenes, entre 17 y 30 años, que no estudiaban ni trabajaban, hoy están estudiando, y reciben un estipendio por estudiar. Hay una serie de programas de carácter social combinados unos con otros.

Sí puedo asegurarles que ya nuestro país, a lo largo de 40 años, ha acumulado determinadas ventajas que sería el equivalente, en una carrera de 3 000 metros, a tres pistas completas de ventaja al que venga detrás. Ahora que estamos en olimpiada cito ese ejemplo. Creo que ustedes estaban participando y creo que hasta alguna medalla han obtenido; también los de la Escuela de Educación Física y Deportes. Pero, utilizando la imagen, reitero que hay cosas donde llevamos unas cuantas pistas por delante, más de 40 años de ventaja, a pesar de no haber utilizado de manera óptima ese tiempo.

Pues bien, sí, del intento de robo de cerebros nos iremos defendiendo, pero principalmente formando una poderosa trinchera bajo el cráneo, fortaleciendo el espíritu patriótico, revolucionario, solidario y humanitario. Enviamos los que hagan falta, cuán lejos sea, como una cuestión de conciencia; pero no estaremos formando gratuitamente profesionales, que cuesta ya de 200 000 dólares hacia arriba formarlos en un país altamente desarrollado, para que sin gastar un centavo se los quieran robar de Cuba. Ya dije que los protegeríamos, fundamentalmente sobre la base de una sólida conciencia; pero piensen ustedes en sus respectivos países, cuántos les llevan todos los años, y a veces, incluso, porque quieren ser científicos y no hay un centro de investigación.

Creo que si he abusado del tiempo de ustedes es con el desinteresado objetivo de que ustedes piensen, de que ustedes alcancen a ver qué grandes servicios les pueden ofrecer a sus pueblos, a su hemisferio, al resto del mundo; frente al consumismo, frente a la corrupción generalizada de muchos profesionales, sean ustedes una punta de lanza en un contraataque, de los que el mundo necesita para salvarse.

Les pido su contribución a la salvación de los pueblos hermanos y del mundo, este mundo trastornado, cada vez más, por un sistema insostenible, que en este momento no tiene ni siquiera la posibilidad de asegurar que va a sobrevivir. Es insostenible este mundo porque conduce a la humanidad a la dilapidación de los recursos y a la destrucción de la naturaleza. Y parto de la idea de que el mundo y la naturaleza pueden salvarse. Es una apuesta por la inteligencia frente a la brutalidad y el salvajismo; una apuesta por la educación frente a los instintos; una apuesta a favor de la inteligencia humana.

Les he hablado con la franqueza que debo hablarles y que tengo el hábito de hablar. No tenía ningún derecho a cortesías, y mencionar algunos puntos acerca de cuál debe ser el comportamiento de ustedes, preservar ese enorme y creciente prestigio que van adquiriendo estas escuelas y que recibirán ustedes cual justo y merecido legado, una vez que regresen al seno de los queridos pueblos hermanos como graduados de ellas.

Les pido que luchen en la primera fila contra tendencias y males que bajo ningún concepto podemos permitir que prosperen en nuestro país.

¡Vivan los servicios de salud que pueden ayudar a salvar la humanidad! (Exclamaciones de: «¡Vivan!»)

¡Viva la solidaridad! (Exclamaciones de: «¡Viva!»)

¡Patria o Muerte!

¡Venceremos!

 

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2 respuestas a Discurso pronunciado por el Comandante en la Escuela Latinoamericana de Ciencias Médicas, el 3 de diciembre del 2002. #Cuba

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