Bebés “adictos”: los hijos de la tragedia

morfina bebé

Por Francisco Arias Fernández

Los recién nacidos también se han convertido en víctimas de la crisis provocada por el consumo de drogas derivadas del opio en EE.UU., nación que se encuentra en “emergencia de salud pública” por ese motivo desde el pasado mes de octubre.

El 7 de diciembre una legisladora de la Florida alertó sobre el aumento de recién nacidos afectados por madres adictas a opiáceos, y sometió un proyecto para crear un programa piloto que atienda de forma adecuada a esos bebés.

De acuerdo con un despacho de la agencia española EFE, la senadora Kathleen Passidomo, afirmó que las sustancias ilícitas y los medicamentos recetados que causan drogodependencia y adicción en la madre también provocan que el feto se vuelva adicto, lo que continúa al nacer”. Denunció el devastador  panorama que enfrentan los pequeños que deben ser sometidos a drogas como la morfina, y la falta de salas hospitalarias para rehabilitar a esos neonatos en la Florida.

Explicó que como al nacer estos opiáceos ya no están disponibles para los bebés a través de sus madres, el sistema nervioso central del neonato se sobreestimula y causa los síntomas de abstinencia, similares a los que experimentan los adultos. Añade que para tratarlos se les administra morfina, metadona, fenorbarbital, diazepam o una combinación de estos medicamentos para proporcionar alivio sintomático.

El síndrome de abstinencia del recién nacido o síndrome de abstinencia neonatal es un conjunto de problemas que ocurren en un recién nacido que ha estado expuesto a alcohol y drogas adictivas durante el embarazo. Como al feto le llegan las sustancias a través de la placenta, se “acostumbra” a ellas y se convierte en adicto a las mismas.

Para estos bebés los síntomas generalmente empiezan entre uno y tres días después del nacimiento; en ocasiones pueden tardar hasta una semana en aparecer.

De acuerdo con los expertos, los síntomas del síndrome de abstinencia del recién nacido pueden abarcar: coloración en manchas de la piel, diarrea, llanto excesivo, irritabilidad, succión excesiva, fiebre, reflejos hiperactivos, aumento del tono muscular, mala alimentación, respiración rápida…También puede provocar convulsiones y temblores,  problemas para dormir, aumento lento de peso, taponamiento de la nariz, estornudos, sudores, vómitos…

Los bebés de madres que consumen otras drogas adictivas (nicotina, anfetaminas, cocaína, marihuana) pueden tener problemas a largo plazo.

El doctor William Liu, director médico del Hospital Infantil Golisano del Suroeste del citado estado, reveló que han percibido “un aumento de  1200% en nuestros bebés ingresados por Síndrome de Abstinencia Neonatal”, lo que demuestra que se han convertido en “víctimas colaterales” de la crisis de opiáceos que sufre EE.UU. y que requieren servicios que las unidades de Cuidado Intensivo de Neonatos de los centros hospitalarios no pueden ofrecer.

El “Informe mundial sobre drogas 2017” de la Oficina de las Naciones Unidas contra las Drogas y el Delito, alertó que la oferta de servicios especializados en el tratamiento de los trastornos y de las dolencias conexas provocadas por  adicciones, así como el acceso a esos servicios, siguen siendo limitados a nivel global, ya que menos de una de cada seis de las personas afectadas reciben tratamiento cada año, lo que es aún más difícil en el caso de los recién nacidos como plantea el doctor Liu.

De acuerdo con el citado documento de la ONU, los opiáceos, entre ellos la heroína, siguen siendo la clase de droga más nociva para la salud. Su consumo está asociado al riesgo de sobredosis fatales y no fatales, al riesgo de contraer enfermedades infecciosas (como el VIH y la hepatitis C) debido a las prácticas peligrosas de consumo de drogas por inyección y al riesgo de otras clases de morbilidad médica y psiquiátrica.

La mayoría de los numerosos fallecimientos prematuros relacionados con el consumo de drogas pueden evitarse y un gran porcentaje de ellos puede atribuirse a los opiáceos.

El daño causado por los opiáceos, problema que aqueja a muchos países, se hace especialmente evidente en los Estados Unidos de América. En ese país, el uso indebido de fármacos opioides, sumado al aumento del consumo de heroína y fentanilo (narcótico sintético utilizado en medicina por sus acciones de analgesia y anestesia, tiene una potencia superior a la morfina), ha desencadenado una epidemia combinada e interrelacionada, así como el aumento de la morbilidad y la mortalidad.

Según el Centro de Control y Prevención de Enfermedades de EE.UU., el abuso de estupefacientes en general se llevó por delante la vida de 64.000 estadounidenses en el 2016. El fenómeno afecta a zonas rurales y urbanas, también diferentes clases sociales.

Muchas muertes estaban relacionadas con una prescripción indebida de medicamentos opiáceos –hubo 216 millones de recetas el año pasado– y el uso de derivados sintéticos de estos. Más de un millón de ciudadanos tomó heroína en 2016 y 11 millones abusaron de opiáceos prescritos por médicos.

En su último  informe anual la Agencia Antidroga de EE.UU. (la DEA, por sus siglas en inglés) dio algo parecido a un parte de guerra: entre 2010 y 2015 las muertes relacionadas solo por sobredosis de heroína se cuadruplicaron, hasta rozar los 13.000. Esa cifra, dice la entidad puede ser en realidad un 30% superior, ya que esa sustancia se metaboliza en morfina en los cuerpos con mucha rapidez y eso dificulta determinar la sustancia en los análisis forenses.

En el estado de la Florida, las muertes relacionadas con el consumo de opiáceos aumentaron en un 35% en 2016, con un total de 5 725, casi la mitad de las 11 910 ocasionadas por medicamentos y drogas ilícitas en el año, según datos del Departamento de Policía estadual.

En los Estados Unidos se registra alrededor de la cuarta parte del número estimado mundial de decesos relacionados con las drogas, entre ellos los provocados por sobredosis, que siguen aumentando. Las muertes por sobredosis se triplicaron con creces durante el período 1999-2015, pasando de 16.849 a 52.404 por año, y aumentaron el 11,4% en el 2016, en que alcanzaron un nivel sin precedentes. De hecho mueren muchas más personas cada año por uso indebido de opiáceos que a raíz de accidentes de tránsito o de la violencia.

Tomado de: http://razonesdecuba.cubadebate.cu/articulos/los-billones-de-la-ilegalidad/

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