#Cuba Asesinado por ser negro, pobre y maestro #HistoriaDeCuba

Pobre, negro… y MAESTRO

Por Yaima Puig Meneses

Era el 4 de enero de 1961, se llamaba Conrado Benítez García, tenía apenas 18 años y ya era “maestro, amigo puro…”, como lo evocara tiempo después Nicolás Guillén en uno de sus poemas.

Dicen que al anochecer arribó a su destino, y al retirarse a descansar “fue sorprendido por un grupo de hombres armados que lo golpearon, le ataron las manos a la espalda y lo secuestraron”. Lo encerraron en una jaula forrada con una malla de alambre, donde ya estaba el miliciano Eleodoro Rodríguez Linares, conocido como Erineo.

Sus captores integraban la principal banda de alzados del Escambray, que cumplía instrucciones de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), e intentaban plagar de miedo y sangre una de las más puras decisiones de la naciente Revolución cubana: la alfabetización de todo el pueblo.

Poco después de despuntar el alba del 5 de enero, los alzados conformaron una suerte de “tribunal” en el cual acusaron a sus prisioneros de “comunistas” y presentaron “pruebas” que cerraban su destino: Erineo había sido combatiente del Ejército Rebelde y Conrado portaba su carné de maestro voluntario junto a los cuadernos de enseñanza. No necesitaban más, el “circo” estaba montado y los prisioneros condenados desde mucho antes.

Al mediodía fue dada la fatídica orden. Empezó entonces un martirio diferente para ambos. “Se ensañaron con el maestro, y después de martirizarlo tirándole piedras y pinchándolo con cuchillos y bayonetas, cuando ya se encontraba en muy mal estado físico, le cortaron los genitales y lo ahorcaron. A continuación el campesino corrió la misma suerte”.

De niño Conrado se ganó la vida limpiando botas, y en la adolescencia trabajaba de madrugada en una panadería para contribuir al sostén de la familia. Con mucho sacrificio, al llegar el día se superaba culturalmente; era honrado, humilde, agradecido, sencillo… y desde los primeros meses de 1960 —cuando el entonces primer ministro, Fidel Castro Ruz convocó al pueblo cubano para constituir el contingente de maestros voluntarios— se incorporó al primero y recibió entrenamiento en la Escuela de Capacitación Pedagógica de Minas de Frío, para impartir luego clases en las montañas. Allí estaría “todo el tiempo que fuera necesario”, había dicho entonces el audaz joven.

Prefirió morir que abandonar a sus alumnos de la escuelita cuando más lo necesitaban, cuando tantos progresos veía florecer entre sus manos. Y murió, pero murió digno, amado, venerado por un pueblo entero que más de medio siglo después todavía lo llora.

El propio Fidel, el 23 de enero de 1961, en el acto de graduación del Segundo Contingente de Maestros Volun­tarios que se celebraba en el teatro de la Cen­tral de Trabajadores de Cuba, informó a Cuba que más de 20 efectivos integrantes de la banda que sesgó la vida de Conrado, habían sido capturados. Entonces dijo: “… era [Conrado] un hombre joven de dieciocho años solamente que solo conocía del sudor honrado, que solo conocía de la pobreza […] era pobre, era negro y era maestro. […] Pero como el desenlace ha de ser inevitablemente el triunfo de los que quieren educar, y la destrucción de los que quieren asesinar maestros. Como las fuerzas del pueblo, apoyadas en su derecho y en su razón, son mil veces superiores a las fuerzas de los criminales y de los mercenarios, ya veremos cómo enseñamos hasta el último analfabeto, y ya veremos cómo aniquilaremos hasta el último criminal contrarrevolucionario”.

Y más adelante aseguraría que ese maestro cruelmente asesinado “…no será como una luz que se apague, será como una llama de patriotismo que se enciende. ¡Después de muerto ese maestro seguirá siendo maestro!; ¡ese joven asesinado seguirá siendo eternamente joven! […] Ese maestro es el mártir cuya sangre servirá para que nosotros nos propongamos, doblemente, ganar la batalla que hemos emprendido contra el analfabetismo. Es un mártir cuya sangre servirá para borrar para siempre la ignorancia y la incultura en nuestro pueblo.

El mártir del ‘Año de la Educación’, el mártir de los maestros, el héroe anónimo del pueblo, ¡y allí donde enseñó se erigirá una escuela!, ¡y allí donde murió se erigirá un monumento que será de eterno recuerdo a su memoria e índice acusador que estará señalando hacia el imperialismo y sus agentes la ignominia eterna de haber asesinado a un joven maestro de 18 años, que llevaba bajo sus brazos un libro de Aritmética, un libro de Fisiología y un libro de Lenguaje!”.

Conrado Benítez se multiplicó entonces en más de 100 000 jóvenes brigadistas, que armados con sus cartillas, lápices y ma­nuales se unieron a los maestros y alfabetizadores voluntarios hasta lograr que el 22 de di­ciembre de 1961 Cuba fuese declarada Te­rri­torio Libre de Analfabetismo.

Su fuerza fue entonces la fuerza de todos ellos: la mirada límpida de cada niño que aprendía a leer y a escribir, de cada maestro que se levantaba junto a un aula. Y nadie lo dude, los sacrificios de la Patria entonces nos han traído hasta aquí, nos han formado en lo que somos, nos han guiado en la gigantesca obra en que se ha convertido hoy la educación cubana, con sus luces y sombras, con su impronta en tantos hombres y mujeres, en tantas generaciones.

Tomado de: http://www.cubahora.cu/historia/pobre-negro-y-maestro

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