Ana Betancourt, patriota independentista y defensora de los derechos de la mujer cubana. #Cuba #PorCuba #AmorCubano

Por: Israel Valdés Rodríguez *

Ana María de la Soledad Betancourt Agramonte nació en Puerto Príncipe (hoy Camagüey), provincia de Camagüey, el 14 de enero de 1832. Esposa del coronel Ignacio Mora Pera, con quien contrajo nupcias el 17 de agosto de 1854.

Después del alzamiento de los camagüeyanos el 4 de noviembre de 1868, su casa se convirtió en un foco de revolución donde se depositaban armas y pertrechos que luego eran enviados a la manigua, y se hospedaban los emisarios que se dirigían a Camagüey desde Bayamo, Las Tunas y Manzanillo. Su esposo, fue uno de los 76 camagüeyanos que se levantaron en armas en el Paso de Las Clavellinas, camino de Nuevitas, a menos de 15 kilómetros de la capital Puerto Príncipe.

Ella escribía las proclamas que se distribuían al pueblo y a las tropas. Un mes más tarde, la persecución de los españoles la obligó a abandonar su casa para unir su suerte a la de su esposo en la manigua.

El 14 de abril de 1869 presentó una solicitud a la Cámara, en Guáimaro, en la cual pedía se concediesen a las mujeres los derechos civiles a que eran acreedoras. Aquella noche en un acto público subió al podio y en un discurso lleno de patriotismo proclamó la redención de la mujer cubana. Y Proclamó: “¡Ciudadanos, aquí todo era esclavo! Habéis destruido la esclavitud del color. ¡Llegó el momento de liberar a la mujer!

Fue correctora de “El Mambí”, periódico que se publicó en la manigua. En el último número de dicho periódico denunció el crimen cometido por los españoles con sus cuñadas y sobrinos (las hermanas Mercedes y Juana Mora) asesinadas en unión de sus hijos, el 6 de enero de 1871.

El 9 de julio de 1871, estando junto con Ignacio en Rosalía del Chorrillo, fueron sorprendidos por una guerrilla enemiga. Gracias a una estratagema logró que su esposo salvara la vida; pero ella cayó prisionera debido a que una crisis de artritis en las piernas, le impidió huir. La mantuvieron tres meses bajo una ceiba, a la intemperie, en la sabana de Jobabo, como cebo para atraer al coronel Mora. Allí adquirió el tifus y en esas condiciones tuvo que soportar hasta un simulacro de fusilamiento.

El 9 de octubre de 1871, logró deshacerse de sus captores y dirigirse a La Habana, desde donde salió hacia México. Poco después se radicó en Nueva York, donde se gana la vida en un taller de costura y desempeña tareas revolucionarias

En 1872 visitó al presidente de los Estados Unidos, Ulises Grant, para que intercediera a favor del indulto del resto de los estudiantes de medicina que aún permanecían presos por los sucesos de noviembre de 1871. En ese mismo año pasó a residir a Kingston, Jamaica, donde en noviembre de 1875 recibió la noticia del asesinato de su esposo. Aquí dirige una escuela para niños. Allí extracta las noticias que llegan de Cuba con destino a la prensa de New York.

En 1882 es cronista de moda de El Turista Hispano – Américan. Más Tarde, en España nuevamente, escribe apuntes para las biografías de patriotas cubanos, algunas de las cuales las publican Gastón y Arturo Mora en el Álbum Criollo.

Terminada la guerra regresa a Cuba, pero carente de familia aquí tiene que ir a residir con una hermana en Madrid, España. Allí conspiró, ayudó a los patriotas y desempeñó variadas tareas durante la Guerra Necesaria.

En junio de 1882 comenzó a copiar el diario de Ignacio que se mantenía en posesión del general de brigada español Juan Ampudia. Cuando al cesar la dominación española, se preparaba para regresar a Cuba, falleció de una bronconeumonía, el 7 de febrero de 1901. De ella dijo Martí: “Era una mujer de palabra vibrante”. Sus restos descansan en Cuba desde octubre de 1968, al conmemorarse los cien años del inicio de nuestra gesta independentista.

(San Antonio de los Baños, 1952) profesor e historiador, miembro del secretariado permanente de la Unión de Historiadores  de Cuba.

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Una respuesta a Ana Betancourt, patriota independentista y defensora de los derechos de la mujer cubana. #Cuba #PorCuba #AmorCubano

  1. Elenadura dijo:

    Uno de los tantos ejemplos donde se demuestra el valor de las mujeres cubanas, y las de hoy seguimos su ejemplo. Muy bueno el artículo.

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