#Cuba Significación Histórica de la Protesta de los trece #TenemosMemoria

Por Israel Valdez*

La “Protesta de los Trece” fue la primera expresión política de los intelectuales cubanos, como grupo definido, con ella quedó pactado el compromiso de la intelectualidad cubana con el destino de la patria. Acertó Rubén al escribir que la Protesta: “dio una fórmula de sanción y actividad revolucionaria a los intelectuales cubanos”

El vínculo nacido de la misma dio origen a una entidad de vida efímera, pero no irrelevante, la Falange de Acción Cubana. El Domingo de Resurrección, primer día de abril de 1923, se levantó el acta de constitución de la Falange. Su Director, fue Rubén Martínez Villena, el Sub-Director Juan Marinello, las Secretarías estuvieron a cargo de Calixto Masó y Félix Lizaso. Fueron electos vocales José Zacarías Tallet, Fernández de Castro, Ichaso, Lamar Schweyer, Guillermo Martínez Márquez, Enrique Serpa, Luis A Baralt, Mañach, García Pedrosa, José Manuel Acosta, Cordero Leiva y Gómez Wangüemert. La naciente entidad se cobijaba bajo una advocación martiana: “Juntarse: ésta es la palabra de orden”.

A los trece protestantes se suman para integrar la Falange, cuatro jóvenes más: Enrique Serpa, Emilio Roig de Leuchsenring, Guillermo Martínez Márquez y Luis A. Baralt y, a propuesta del Director, se aceptan como socios activos a Pedro Martínez Fraga, Conrado Walter Massaguer, A. González, Alberto J. García, Joaquín Martínez Sáenz y Alfredo T. Quílez, los que prestarían en oportunidad próxima el juramento exigido en el artículo 8 de los Estatutos.

Desde entonces y dirigidos por Rubén Martínez Villena, se dedicaron a repudiar la corrupción administrativa y política del gobierno de Alfredo Zayas y a proyectarse hacia la búsqueda de nuevos derroteros que les propiciaran concretar el proceso de maduración ideológica que venía gestándose en ellos. Poeta de encendido verbo, Rubén convirtió en poesía su denuncia, al publicar bajo el título de “Mensaje lírico civil”, un documento histórico, en el que con fina ironía, expresa el sentir de una generación inconforme con el status del país en aquel entonces:

“Hace falta una carga para matar bribones, para acabar la obra de las revoluciones; para vengar los muertos, que padecen ultraje, para limpiar la costra tenaz del coloniaje; para poder un día, con prestigio y razón, extirpar el Apéndice de la Constitución; para no hacer inútil, en humillante suerte, el esfuerzo y el hambre y la herida y la muerte; para que la República se mantenga de sí, para cumplir el sueño de mármol de Martí; para guardar la tierra, gloriosa de despojos, para salvar el templo del Amor y la Fe, para que nuestros hijos no mendiguen de hinojos la patria que los padres nos ganaron de pie”.

Lo cierto es que la protesta alcanzó a círculos y actividades que parecían adormecidos, desde su sección en el Diario de la Marina, Ramiro Guerra Sánchez escribió con mucho sentido:

“En aquel gesto (el de los protestantes de la Academia) puede decirse que cuajó el ideal más alto de la revolución: libertad para pensar, para ser, para afirmar la personalidad. Hasta entonces habíamos dispuesto, en nuestros juicios, de una escala de valores pseudocolonial, a base de convencionalismo, de respeto, de cobardía frente a lo insincero y falso; a partir de aquel momento tuvimos otra medida, llena de audacia, y de juvenil insolencia y, al mismo tiempo, de elevada rectitud moral. Después de aquella tarde nadie se sintió seguro en la posesión de una reputación legítima. Cada hombre debía ser capaz de resistir los recios martillazos de la verdad”.

El 21 de marzo de 1923: El Secretario de Justicia, Erasmo Regüeiferos,  presentó una acusación formal contra Rubén Martínez Villena. El 22 de marzo de 1923 el juez Antonio García Sola abre la causa judicial 330 contra los trece protestantes por delito de injurias al Secretario de Justicia. La pena solicitada para cada uno de ellos fue de ciento ochenta días de encarcelamiento, sanción máxima para este tipo de delito.

Inicialmente Fernando Ortiz asumió la defensa de los inculpados, mientras que numerosos intelectuales enviaron mensajes al “Heraldo de Cuba” ofreciendo su apoyo a los procesados. En los últimos días de marzo Regüeiferos renunció a su cargo, mientras que los jóvenes incautados debieron presentarse todos los lunes, hasta mediados de 1924, en el juzgado donde se presentó la demanda contra ellos, momento en que la misma fue sobreseída.

Durante ese proceso se creó el Grupo Minorista de cuyo manifiesto son firmantes nueve de los participantes en la “Protesta de los Trece”. El mismo fue redactado también por Villena, y en él quedan fijados, objetivos primordiales de la Revolución Cubana. Dicho manifiesto culmina con dos demandas fundamentales: en pro del mejoramiento del agricultor, del colono y el obrero de Cuba y por la cordialidad y la unión latinoamericanas.

De los 13 protestantes muchos claudicaron, Lamar Schweyer traicionó y Mañach, lchaso, Lizaso y Masó se pasaron al campo enemigo, haciendo armas contra la Revolución. Otros se cruzaron de brazos, dando a la Protesta categoría de juvenil devaneo. De los que sobrevivieron se mantuvieron junto a la Revolución Zacarías Tallet y Gómez Wangüemert.

Sin dudas, este hecho constituyó un ejemplo de la toma de conciencia patriótica que experimentaba buena parte de la intelectualidad joven, que desde entonces asumió una actitud combativa en aras de la liberación nacional.

 

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