#Fidel y las zancadas del tiempo. #Cuba #SomosFidel

Todavía niño, de la mano de mis padres fui hasta la Carretera Central para verlo pasar en la Caravana de la Libertad. Tenía entonces la misma edad y barba parecida a la de Cristo, pero llevaba muy adentro las ideas marxistas-leninistas, apretadas en un colosal programa social que solo él y el pueblo que siempre lo siguió serían capaces de materializar.

Desde antes que Fidel y los jóvenes de su generación “resucitaran” en su centenario a  José Martí, el Apóstol de la independencia, su vida corrió peligro: primero frente a las embestidas policiales contra las manifestaciones estudiantiles, después lo salvó el teniente Sarría al no entregarlo al asesino comandante Pérez Chaumont tras el ataque al cuartel Moncada, en julio de 1953. En la cárcel, Raúl, su hermano menor, denunciaría las conjuras que fraguaba el dictador Fulgencio Batista para envenenarlo,  y en la Sierra Maestra, un traidor durmió a su lado y le faltó valor para dispararle.

Más de 600 intentos de magnicidio tramó la Agencia Central de Inteligencia (CIA)  de Estados Unidos contra Fidel, bajo la anuencia del Gobierno de turno, desde Einsenhower hasta Bush padre.  Francotiradores, helados y tabacos envenenados, máscaras de bucear contaminadas para que se le cayera la legendaria  barba… y él, sin miedo, viajó más de una vez hasta la guarida de sus enemigos.  En octubre de 1979, en pleno vuelo hacia Nueva York por invitación de la ONU, el periodista norteamericano Jon Alpert le preguntó si portaba un chaleco antibalas. Fidel se descubrió el pecho para que vieran que solo llevaba “un chaleco moral”.

Nunca evadió el peligro, en los momentos más cruciales estaba junto al pueblo: en Playa Girón (abril/1961), desde un blindado SAU-100 con las esteras metidas en el agua, le disparó al barco artillado Houston; cuando el ciclón Flora (octubre/1963), sobre un vehículo anfibio puso en riesgo la vida para salvar a los demás. Y siempre lo hizo así.

En una ocasión, un joven africano que estudiaba Arquitectura en Camagüey y cuyo padre prefirió que lo hiciera en Cuba y no en Francia, me dijo que su papá y abuelo aseguraban que Fidel sería invencible porque cuando visitó Guinea Conakry allí le hicieron un “trabajo” místico, una coraza religiosa para que nunca le pasara nada.

Sin ser fanáticos, los cubanos también creíamos en su inmortalidad: quizás los de mi generación, que fuimos testigos de cómo entregó su vida al proyecto social cubano que ideó y lideró; que lo vimos envejecer, renacer, multiplicarse en ideas universales, nos preparamos más para enfrentar el lacerante dolor de su desaparición física.

Y él, fiel martiano, que tanto lamentó que el Héroe de Dos Ríos al caer combatiendo por la independencia de Cuba tuviera apenas 42 años de edad y no pudiera ver a su Patria libre, sí pudo revivir su ideario y con los humildes cumplir el Programa del Moncada para los pobres de la tierra, el cual sembró de ideas progresivas que mantienen viva la inacabable obra de la Revolución.

Hoy, su pueblo —protagonista de la obra que él lideró— en vez de llorar el vacío de su figura invicta, celebra el ejemplo universal vigente, a la distancia de 92 agostos fidelistas.

Tomado de: http://www.cadenagramonte.cu/articulos/ver/81458:fidel-y-las-zancadas-del-tiempo

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