Diez ideas sobre el Proyecto de Constitución #Cuba

Raúl Castro, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba: «La Constitución de la República es la ley fundamental sobre la cual se asienta el Estado y, por tanto, es el documento jurídico y político más importante de cualquier país, ya que define los fundamentos de la nación, la estructura de los poderes y su alcance, así como garantiza los derechos y deberes de los ciudadanos.

La actual Constitución, aprobada hace 42 años en un escenario nacional e internacional muy diferente al actual, requiere ser reformada, con el propósito de incluir las transformaciones socioeconómicas implementadas en correspondencia con los acuerdos adoptados en el Sexto y Séptimo congresos del Partido Comunista de Cuba.

Se iniciará un trascendental ejercicio político y democrático cuyo éxito dependerá, en primer lugar, de la participación activa y comprometida de los cubanos, bajo la conducción del Partido Comunista y el concurso de la Unión de Jóvenes Comunistas y las organizaciones de masas, en el cual debe lograrse que cada ciudadano comprenda la necesidad y el alcance de los cambios que debemos introducir en la Constitución, de modo que se garantice el carácter irrevocable del socialismo y la continuidad de la Revolución».

Miguel Díaz-Canel Bermúdez, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de la República de Cuba: Podemos afirmar que estamos frente a un proyecto que contribuirá, luego de la consulta popular y el referendo, a fortalecer la unidad de los cubanos en torno a la Revolución. (…)Este ejercicio de participación directa del pueblo adquiere la mayor relevancia política y será un reflejo más de que la Revolución se sustenta en la más genuina democracia.

Constituye una alta responsabilidad para todo nuestro pueblo la participación activa y consciente en la discusión del Proyecto de Constitución de la República.

Cada cubano podrá expresar libremente sus opiniones y contribuir a alcanzar un texto constitucional que refleje el hoy y el futuro de la patria.

A quienes nos fundaron en el fragor del combate por la libertad con más moral y vergüenza que armas para enfrentar al adversario y gracias a ello vencieron, porque les importaba más ser que tener, les debemos el acto cívico nacional que nos devolverá la Constitución renovada como un ejercicio unificador, moralizante y vigorizador del alma del país.

Depende ahora de nosotros, de las instituciones y entidades educativas y formadoras que sirva la obra nueva para que nuestros niños, niñas, adolescentes, jóvenes y menos jóvenes indaguen en la historia de las constituciones y para que el pueblo se familiarice más con la Ley de leyes.

Debemos facilitar e insistir en el conocimiento por todos los componentes de la sociedad cubana actual sobre esta Ley fundamental, para corroborar y asentar la convicción de que somos un pueblo que, en el arduo camino de los años más duros para nuestra economía, no perdimos la brújula de los valores que nos sostienen desde hace 150 años».

José Ramón Machado Ventura, Segundo Secretario del Comité Central del Partido: «Trabajamos por dotar al país de una Carta Magna que asegure la construcción de un socialismo que sea profundamente democrático, próspero y sostenible. En menos de seis  meses estaremos celebrando los 60 años del triunfo de la Revolución
Para nuestro Partido, preservar la unidad revolucionaria de nuestro pueblo, sigue estando por encima de cualquier otra exigencia política coyuntural. Constituye una prioridad absoluta de Washington y de su estrategia subversiva contra Cuba, promover la división en nuestra sociedad y, de manera particular, en las filas revolucionarias.
Esta estrategia tiene entre sus objetivos esenciales el debilitar la autoridad del Partido como fuerza dirigente superior del Estado y la sociedad, y erosionar el papel unitario que ha desempeñado desde su creación.
Frente al plan divisionista de Estados Unidos, impondremos nuestro plan de unidad nacional, revolucionaria y socialista».

Homero Acosta, Secretario del Consejo de Estado: « (…) No encontraremos ningún texto en el que los principios de una política de la educación, de la cultura y de la ciencia, estén regulados en una Constitución. Eso obedece a que la ciencia, la cultura y la educación son pilares en los que sostiene nuestro sistema. Y por eso están realzados y adquieren un valor superior en los marcos de una Constitución.  Se incluyen los valores, éticos, cívicos, la labor del Estado en la protección del patrimonio, la riqueza artística e histórica de la nación».

Eduardo Torres Cuevas, diputado y miembro de la Comisión Redactora: «Vamos a elaborar una Constitución que «a la altura del siglo XXI debe considerarse una de las más avanzadas del mundo, por lo que deben pensarse bien las propuestas. Nosotros tenemos un pueblo que ha estudiado, un pueblo muy culto e instruido que puede hacer intervenciones, serias y responsables.

«Este espacio de la consulta popular coloca en manos de un pueblo la Constitución para que él determine como debe ser y eso es excepcional y demuestra la madurez de nuestra democracia».

Graziella Pogolotti, destacada intelectual cubana: «El debate popular en torno a la Constitución habrá de conducirse con la profundidad y el rigor que exige el momento histórico, en tanto ejercicio pleno de conciencia ciudadana. Abre el camino, además, para la adquisición progresiva de una cultura jurídica, indispensable para el funcionamiento adecuado de la sociedad, sometida, como garantía básica para la convivencia, la preservación de nuestros valores y el bien de todos, al imperio de la ley».

Ricardo Ronquillo, presidente de la UPEC: «Lo que tenemos por delante es nada menos que la consecución del más portentoso pacto político y moral que definirá el rumbo de nuestra nación hacia el futuro. Lo haremos con una ventaja con la cual no cuentan muchos en el planeta: la concepción de todo un pueblo constituyente. De todos los convocados a este sagrado acto cívico dependerá que esas ramas mágicas resplandezcan».

Alina Perera Robbio, periodista de Juventud Rebelde : « Si me preguntasen en esta hora cardinal para la Isla, cuando estamos llamados a ser originales y audaces, sobre qué no tiene cabida en la Constitución que nace, diría que nada, absolutamente nada que amenace la unidad —y para mí la unidad no es un suceso uniforme, de un solo color o de un solo sonido, sino el complejísimo equilibro que es resultante de la sensibilidad, del humanismo, del afán inmarchitable de justicia, de la vocación por amparar a los más frágiles y necesitados, de compensar y poner luz solidaria allí donde más falta hace».

Omar Olazábal, intelectual cubano: «Mi Constitución será hecha por todos. A partir de las opiniones de mucha gente sabia, experimentada y prestigiosa. Pero cuya propuesta seguramente sufrirá algunos cambios cuando el pueblo se forme en Constituyente y proponga variantes de anhelos y sueños. Porque ahí es donde está la clave de la democracia. Cuando se les da voz a todos. Y después de la voz vendrá el voto. No puedo pedir más».

Luis Toledo Sande, intelectual cubano: «Lo masivamente oído y visto en los debates desarrollados en el seno de la Asamblea Nacional del Poder Popular, estimula por lo que revela de solidez en las ideas, y de sabiduría al defenderlas. Refuerza esperanzas percibir cómo diputados y diputadas discuten libremente, hasta el detalle, cuanto estiman que debe analizarse para que la nueva Constitución se exprese con la mayor claridad posible. Eso se ha podido apreciar, por ejemplo, en el tratamiento del Preámbulo, pieza cardinal que sigue naturalmente iluminada por la aspiración martiana de que la ley primera de la República sea el culto a la dignidad plena de los seres humanos.

Ya era un texto de gran valor, y acaso podía estimarse innecesario modificarlo, pero se hicieron aportes para su perfeccionamiento. Así esas páginas, que vienen de la Constitución de 1976 –y en las que Fidel vio con razón, y cabe considerar que simbólicamente, un poema–, se afinarán todavía más y rendirán al líder fundador el homenaje que su legado de ideas y ejemplo merece, y que sería impropio limitar con estatismo o parálisis».

Tomado de: Juventud Rebelde.

 

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