A propósito del Artículo 68 del proyecto de Constitución de la República de #Cuba #ReformaConstitucional #HacemosCuba

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Por Marcos Torres.

Por estos días se viven intensas jornadas en todo el país como parte de la consulta popular del proyecto de constitución de la República de Cuba. Los debates son intensos y críticos, y claman en gran medida por el futuro de la patria cubana. Los juicios que he escuchado sobre el tema son en su inmensa mayoría a favor del proyecto de manera general y los análisis son agudos y libres.

También he escuchado ácidos criterios y manifestaciones retrogradas en contra del artículo específico que da título a esta publicación, que no por ser diversos dejan de representar un escollo en los análisis en los diferentes espacios de debate. Más allá o más acá me dispongo a exponer mi criterio personal sobre el tema, desde un punto de vista jurídico y, si se quiere, además ideológico.

Se enarbolan las roídas banderas del derecho natural, del par biológico y filosófico “masculino-femenino” y su función reproductiva. En su conjunto estas explicaciones pierden su validez si tenemos en cuentas viejos y recientes estudios científicos que demuestran que el hombre es un ser bio-psico-social y muchas de sus características están determinadas genéticamente desde antes del nacimiento y, entre ellas, la orientación sexual en muchos de los casos. Tal es así, que un 17 de mayo la OMS decidió eliminar la “homosexualidad” de las listas de enfermedades psiquiátricas.

Otros criterios enarbolan la historia universal, al manifestar que el matrimonio fue una institución pensada para la reproducción y la continuidad de la especie y que es tan ancestral como la humanidad misma. No hay nada más equivocado.

Lo primero que “surge” (si pudiera decírsele de alguna manera) es la “unión” entre un hombre y una mujer para procrear a los hijos. El matrimonio (como institución jurídica propiamente dicha) se viene a consolidar en la Roma esclavista, pero su fin no era la procreación, sino la protección de los bienes de los cónyuges, y es después que surge el divorcio. O sea que su finalidad era esencialmente proteger otros intereses relacionados con las relaciones monetario-mercantiles en la antigüedad, e incluso no se distinguía entre sexos en una amplía etapa de la historia romana.

Hay quiénes incluso, en su afán por atacar el matrimonio igualitario, emplean fuera de contexto un escrito de José Martí: “Vindicación de Cuba”, donde el apóstol, en viril y soberana actitud, responde a las calumnias de un periodista norteamericano que había tildado a los hombres de Cuba de “flojos” y “afeminados”, y aunque creo que la intención no es desacreditar a Martí, se esconde impropiamente la homofobia de algunos tras las palabras del maestro.

Me atrevo entonces a preguntar ¿cuántos ejemplos no hay en Cuba a través de su historia, de homosexuales (hombres o mujeres) que han dado todo por la Revolución y por su patria? Entonces lo importante no es “ser” o “no ser”, “casarse” o “no casarse” sino los valores de cada una de aquellas personas que han escogido o tienen una orientación sexual diferente a la “norma natural”.

Ahora pongo un ejemplo jurídico (de la realidad). Supongamos que dos señores de avanzada edad viven juntos como pareja desde hace mucho tiempo en la vivienda de uno de ellos. Ambos son personas decentes, solidarias, amigables, revolucionarias, participan en cuanta actividad patriótica aparezca y, además, son militantes del PCC y fueron a Angola a morir por la Revolución y el socialismo. Supongamos que el titular de la vivienda muere “ab intestato” (no deja testamento alguno). En ese caso le toca al tribunal decidir sobre sus bienes y falla en favor de los familiares del difunto y la pareja que le sobrevive queda desprotegido jurídicamente, literalmente sin nada, toda vez que no es reconocido como cónyuge siendo discrimado desde la propia ley. ¿Cómo resolver esta disyuntiva si nuestra constitución actual no recoge la figura del matrimonio igualitario?

Lo que entiendo que se ha querido con la propuesta del artículo 68 se encuentra vinculado directamente con la protección jurídica de estas personas además me hago eco de las palabras de la diputada Mariela Castro Espín cuando expresó hace poco que: “A Cuba se le criticaba por no avanzar suficientemente en su agenda legislativa para proteger los derechos de las personas LGBT. La voluntad política de avanzar en estos temas se expresa en el nuevo Proyecto  Constitucional. Ahora, los opositores a nuestra visión de país, tratan de confundir y alimentan los prejuicios y la ignorancia para sabotear este trascendental proceso”.

O sea que los mismos que nos atacaban por una causa ahora nos atacan por lo contrario, y hay varios confundidos y engañados.

Ahora pongo una disyuntiva para aquellos cubanos dignos que no comprenden la esencia de lo que se quiere: ¿qué es peor? ¿ser homosexual o ser apátrida?. Para mí es lo último.

Si el hombre o mujer es capaz de dar la vida por la causa socialista y de la revolución cubana y cuenta con valores ¿qué importa que quiera casarse o no con una persona de su mismo sexo? ¿qué importa que sea lo que haya escogido ser?

Creo que nos desgastamos debatiendo un punto que no es la esencia de la Revolución ni del proyecto donde hay decenas de otros artículos donde el debate debe ser más profundo, y sin embargo se corre el riesgo de diluirse entre el agua y la sal de la confusión.

Tomado de Las Torres de Marcos.

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3 respuestas a A propósito del Artículo 68 del proyecto de Constitución de la República de #Cuba #ReformaConstitucional #HacemosCuba

  1. Igmy Gomez dijo:

    Coincido plenamente con tu criterio. Es una lástima que en nuestro país con el nivel educacional que se ha alcanzado no se dé cuenta que de lo que se trata es de proteger y no dejar desamparada a esa persona que un día decidió unirse a otra de su mismo sexo. En el proyecto de Constitución existe artículos más importantes que este ynos hemos atascado en este por no ser capaz de dejar atrás ese rídiculo machismo que nos caracteriza.

  2. gracias por el comentario Igmy.

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