#Cuba necesarias referencias históricas de la #ReformaConstitucional

Por Adriana Roman*

Desde el triunfo revolucionario, el pueblo cubano ha sido partícipe del análisis y la aprobación de los principales documentos que han regido su destino. El principal de ellos, a decir de nuestro José Martí, “… la ley primera de la República…”, es decir, nuestra Constitución.

Por ello se organizó y se está desarrollando, a nivel nacional, el proceso de análisis de la reforma constitucional.

Es significativo el interés y conducta consecuente de nuestro pueblo, a través de su historia, por lograr la construcción y desarrollo de una sociedad regida por principios y preceptos legales.

En Cuba hubo varias constituciones promovidas por las condiciones económicas, políticas y sociales de cada época.

Durante la etapa de la colonización se aplicó una constitución que se llamó Constitución española de 1812 o Constitución de Cádiz. Tuvo vigencia desde 1812 a 1814 y después le fue otorgada vigencia nuevamente entre 1820 y 1823.

La primera constitución cubana fue resultado de la asamblea de Guáimaro, celebrada los días 10, 11 y 12 de abril de 1869 porque era indispensable lograr la fructificación del movimiento de liberación que acababa de surgir, la creación de un estado nacional único que consiguiera la unidad de los cubanos. Esta fue la Constitución de Guáimaro.

La protesta de Baraguá, promulgada por el Mayor General Antonio Maceo Grajales y otros patriotas cubanos el 15 de marzo de 1878, se produjo con el objetivo de seguir la lucha hasta lograr la total independencia del yugo español. Esta protesta originó la Constitución de Baraguá que se proclamó el 23 de ese mes y año.

En 1895, se promulgó la Constitución de Jimaguayú, la que unificó al poder revolucionario y, entre otras cosas, estableció que “la Revolución se hacía por la independencia y creación de Cuba en República Democrática y declaraba solamente la separación de Cuba de la Monarquía española y su constitución como estado libre e independiente con gobierno propio”.

Dos años después, en 1897, entró en vigor la Constitución de la Yaya que “…subraya el ideal de una independencia total y sin concesiones; y llega a su punto más alto la fuente del derecho constitucional mambí al ser expresión de la radicalización del pensamiento político cubano”.

Ya ocupada la isla militarmente por los Estados Unidos, se hace pública la Constitución de 1901 que sentó las bases de un Estado nacional definido por su primer artículo que afirmaba:

el pueblo de Cuba se constituye en Estado independiente y soberano, y adopta, como forma de gobierno, la república.

No obstante, se incorporó como apéndice la Enmienda Platt, lo que reafirmaba la condición neocolonial.

Más tarde, en 1927, Gerardo Machado, sangriento presidente de Cuba, con el objetivo de prorrogar su gobierno dictatorial, promovió una Reforma de la constitución de 1901, lo que generó una notoria oposición del pueblo. El 21 de junio de ese año quedó aprobado el proyecto de Reforma Constitucional, el que fue ratificado por el referido presidente pero que no se realizó por los acontecimientos de la Revolución del 33.

En 1940 en Guáimaro, Camagüey, se firmó la  Constitución de 1940 que poseía un carácter progresista para su época, dado el alcance social de los conceptos que introdujo, reflejó las luchas de clase y estableció un tipo de estado burgués que reconoció la legitimidad de la propiedad privada, aunque agregando que debía ser ejercida en función social. Sobresalía  el enunciado que expresaba “…la igualdad entre todos los cubanos, junto al carácter ilegal y punible de toda discriminación por motivo de raza, sexo, color o clase, y cualquiera otra lesiva a la dignidad humana…”

Estando vigente esta constitución triunfa la Revolución. A partir de 1959, se promulgaron:

La Constitución de la República de Cuba de 1976, fue resultado de todo lo acaecido desde que la revolución asumió el poder, de la necesidad de dar carácter legal a normas, principios y otros aspectos que devinieron de las características de la nueva sociedad que se construía, desde el punto de vista económico, político y social. Fue significativa la participación de más de seis millones de personas en su discusión en diversos entornos, formulándose propuestas que llevaron a modificar 60 de los artículos propuestos.

Se realizó referendo con la asistencia del 98% de los electores, fue aprobada por el 97,7” de los votantes y entró en vigor el 24 de febrero de ese año.

Desde sus primeros artículos decía:

“…un Estado socialista de trabajadores, independiente y soberano, organizado con todos y par el bien de todos, como república democrática y unitaria, para el disfrute de la libertad política, la justicia social y la solidaridad humana, cuya soberanía reside en el pueblo, del cual dimana todo el poder del Estado”.

Y sobre el Partido Comunista de Cuba, expresa: “… martiano y marxista-leninista, vanguardia organizada de la nación cubana, es la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado, que organiza y orienta los esfuerzos comunes hacia los altos fines de la construcción del socialismo y el avance hacia la sociedad comunista…”.

En la medida del sucesión del tiempo se produjeron dos reformas de la misma, una en 1992 y la otra en 2002.

En 1992, se promulgó un llamamiento para una nueva Reforma Constitucional. Fue calificada como la constitución para la unidad nacional y los cambios que se produjeron fueron resultados, en grado considerable, del proceso de perfeccionamiento del estado y de las instituciones políticas y sociales de nuestra sociedad, así como de las formas de participación popular. Además, fueron dirigidos a la unidad nacional, a mantener las bases del régimen existente, a insertarnos en el terreno político latinoamericano y a la posibilidad de participar en la economía de mercado en el mundo unipolar existente.

En 2002 más de ocho millones de electores ratificaron el contenido de esta Constitución en un proceso notoriamente democrático. Se deja expresamente consignado el carácter irrevocable del socialismo y del sistema político y social revolucionario por ella diseñado, así como que las relaciones económicas, diplomáticas y políticas con otro Estado no pueden ser negociadas bajo agresión, amenaza o coerción de una potencia extranjera.

La Ley de Reforma Constitucional fue aprobada el 12 de julio de 2002, por la Asamblea Nacional del Poder Popular, como resultado del debate público, abierto, franco y sereno realizado por el pueblo previamente.

Nuestra constitución actual expone los principios siguientes:

  • La soberanía popular, que implica facultades de decisión en el pueblo.
  • La supremacía de la Asamblea Nacional del Poder Popular respecto a los demás órganos estatales, por cuanto en él se reúnen los representantes populares.
  • El principio de legalidad.
  • El centralismo democrático, la unidad de poder y la democracia
  • La igualdad social y formal.
  • El predominio de interese sociales, el bienestar colectivo e individuales.
  • La propiedad estatal socialista, forma rectora en la economía, y la posibilidad de existencia de otras formas de propiedad.
  • De cada cual según su capacidad y a cada cual según su trabajo, como principio de distribución.
  • La participación y control populares.
  • Legitimidad directa de los órganos representativos.
  • La revocación de los elegidos en todo momento.
  • La solidaridad humana y, la justicia social.

¿Por qué todas estas referencias históricas?

Sencillamente porque en todas ellas se muestra el interés de los gobernantes cubanos por organizar la lucha por la independencia y la soberanía y conceder un carácter legal a todos sus propósitos, aunque no siempre este carácter fue respetado.

Porque es importante conocer cómo esas constituciones, en esencia, se frustraron sin que pudieran lograr, en el mejor caso, buenos resultados, a excepción de la constitución (y sus reformas) promulgadas después de 1959.

Es importante conocer nuestra historia, los antecedentes de los eventos y procesos que nos han antecedido y ser conscientes que es imprescindible ser parte esencial de la lucha por mantener nuestra Revolución, nuestra sociedad y eso significa estar comprometidos con el análisis y aprobación de la constitución.

En estos tiempos, la evolución que ha tenido nuestra sociedad, la situación internacional y, por consiguiente, las experiencias del quehacer revolucionario ha generado la necesidad de cambiar, reajustar y regular aspectos para perfeccionar nuestra constitución.

Así se programó el análisis de la reforma constitucional, convocado por nuestro gobierno, mostrando nuevamente ante el mundo, un ejemplo de democracia. Este análisis se está desarrollando a nivel de centro de trabajo, de estudios y de las zonas de residencia de los cubanos y debe concluir en breve para después estudiar los criterios y propuestas del pueblo, hacer los reajustes pertinentes y someterlo a votación del pueblo el próximo año.

El análisis del proyecto de constitución se ha estado desarrollando con orden y disciplina, nuestro pueblo emite sus criterios de modo espontáneo y honesto, sin que falte en alguno que otro caso, el énfasis al referirse a aspectos medulares, como el carácter socialista de nuestra sociedad y otros.

Hay artículos más recurrentes como son los referidos a la edad del Presidente de la República, el tiempo de mandato, la necesidad de hacer profesional la gestión del delegado de circunscripción, el Artículo #68 que es el relativo al “matrimonio entre personas”, fundamentalmente.

Sobre este último aspecto, uno de los que más opiniones diversas ha generado, recientemente tuvimos acceso a un escrito de dos especialistas en Psicología en el que se ofrecen suficientes argumentos para afrontar este proceso objetivamente, en el plano individual y, sobre todo, para poder orientar a nuestras familias, amistades y vecinos, a fin de lograr la convicción de que un aspecto con el que individualmente podamos estar en desacuerdo, no puede decidir nuestra conducta ante el análisis del proyecto constitucional y posteriormente nuestro voto.

En este escrito se afirma: “De lo que hoy se escriba en esas letras sagradas en nuestra constitución y de su respeto absoluto, dependerá la defensa de nuestros derechos y principios fundamentales, esos que hablan de Cuba en términos de igualdad y justicia, esos que la han convertido en un referente de humanidad y que permitirán que el pueblo se mantenga unido en torno a la Revolución”.

Ello significa votar SÍ por la constitución, que es seguir diciendo SÍ a la Revolución, que es continuar respetando y amando a nuestro Comandante en Jefe, que es permanecer fieles a su ejemplo.

*Colaboradora de Cuba por siempre

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