#Cuba Carlos Manuel de Céspedes: 200 años de luz

Este 18 de abril vale la pena dedicar un minuto de nuestro ajetreado día para recordar los 200 años del natalicio del Padre de la Patria. No hablamos de un intelectual común, de los que se conocen en el gremio académico y nada más, o en un sector reducido de la sociedad cubana.

Carlos Manuel de Céspedes tuvo la gallardía de no postergar la lucha armada para un “después”, porque el mañana siempre será incierto y el destino no espera para ejercer su poderío.

Cierto es también que varios intelectuales y hombres de bien tenían preparado un alzamiento para el 14 de octubre de 1868. Pero aquel 10 de octubre, la esclavitud resultó demasiada dolorosa ante los ojos del Padre de la Patria. El grito de guerra fue impostergable.

La historia recoge varios de sus conflictos con relevantes figuras de la época. La más conocida de las disputas fue su cita a duelo con Ignacio Agramonte, una vez finalizada la contienda.

“En 1947 —asegura Carlos Daniel Naranjo, director del Museo Casa Natal del ilustre bayamés—, en el Cementerio de Santa Ifigenia, el destacado historiador Fernando Portuondo recordó que a Céspedes se le había negado hasta la sal y el agua”.

Ese día, Portuondo pronunció una frase dolorosa sobre la vigencia, en aquellos momentos, del pensamiento del primer presidente de la República en Armas: “es el gran desconocido”.

Por suerte, años más tarde, esa realidad cambió en gran medida, gracias a los estudios de Hortensia Pichardo, Gerardo Castellano, Eusebio Leal Spengler, Rafael Acosta de Arriba, José Antonio Pérez, Ludín Fonseca García, el propio José Antonio Portuondo y otros investigadores e historiadores.

Para conocer con entereza la dimensión humana del hombre que protagonizó el Grito de Yara, es preciso remontarnos en la historia 200 años atrás, justo el día de su nacimiento.

Céspedes vino al mundo con riquezas y estudios garantizados. Su familia, de clase alta, se encargó de proporcionarle las condiciones para que el joven Carlos Manuel asistiera a los colegios más prestigiosos del país.

Así lo confirman las palabras de Naranjo: “Sus padres y abuelos tenían más de 18 extensas haciendas ganaderas, con miles de caballerías de tierra. Estoy hablando de más de cinco mil cabezas de ganado vacuno y de cultivos varios. Todo esto explica por qué estudia en los mejores colegios de Bayamo, mientras que el bachillerato en leyes lo hizo en el antiguo Colegio de San Carlos y San Ambrosio de La Habana”.Carlos Manuel de Céspedes

 Imagen de la campaña comunicacional Céspedes: Padre de todos los cubanos, ideada en Bayamo.

Su expediente universitario da fe de su inteligencia y talento para las leyes y las artes. “No es asombroso que obtenga el título de Bachiller el 22 de marzo de 1838, en la modalidad de claustro pleno (graduación tiempo antes del período establecido). Veinticinco profesores de la Facultad de Derecho asistieron a su examen de titulación”, reconoce Naranjo.

Después viaja a España para perfeccionar sus estudios en la Universidad de Cervera, donde sorprende una vez más a sus profesores al graduarse antes del tiempo establecido.

Al regresar a Bayamo, en 1842, comienza un encomiable y sorprendente trabajo como promotor incansable de la cultura.

Céspedes creó una compañía de teatro para aficionados, y a su vez dirigió, y tradujo del francés, el inglés y el alemán, varias puestas en escena. De esta forma llevó a su ciudad natal obras que en su momento tuvieron gran éxito en las salas del continente europeo.

Lo que muchos cubanos desconocen es el talento del Padre de la Patria para la poesía. “Su debut público —explicó el historiador— fue con el poema Contestación, de 250 versos. Tiene un fuerte contenido autobiográfico, cuando él se llama apóstol de la nueva religión del trabajo”.

Si la palabra escrita es reflejo de la ideología de los hombres, el Padre de la Patria dejó plasmado que también comprendió, a temprana edad, el carácter universal del arte cuando expresó: “el genio y la virtud no tienen patria”.

“A partir de 1848 fue elegido como Síndico Procurador General del Ayuntamiento de Bayamo”, añade Naranjo. El cargo le trajo varios conflictos como defensor de las mayorías y especialmente de los esclavos. “Se buscó enemigos, y es ahí cuando lo apodan como síndico de negros. Lo usaban para calificarlo de forma despectiva”.

Otra de sus facetas poco conocidas es su incursión en el periodismo. Antes de 1868, explicó el historiador, existen más de 45 artículos publicados en periódicos de Bayamo, Santiago de Cuba, Holguín, Las Tunas, Camagüey y La Habana.

El Céspedes que inicia la guerra no es el burgués que asume la lucha como un movimiento libertador porque otros países así lo han hecho. Es el hombre, el gran humanista que entendió desde muy temprano la dimensión de la palabra libertad.

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