Señor Trump, ¡guarde usted ese documento! #NoNosEntendemos #LeyGarrote


Ni la propia historia imaginaba la lección de elevada moral que sería escrita aquel día. De haberlo sabido hasta la historia habría temblado conmovida, porque cuando Maceo dijo: «No, no nos entendemos», devolvió la dignidad de los cubanos al más alto pedestal del amor patrio.

La Protesta de Baraguá fue mucho más que la negativa a firmar un documento infame, pensado para aplacar a las tropas libertadoras y conducirlas a una deshonrosa extinción. El hecho legó a los contemporáneos del Titán de Bronce y a los orgullosos descendientes de aquella generación de patriotas, un valor que ha devenido tradición indiscutible si se habla de lo que consideramos el sustento ideológico de la nación cubana: intransigencia.

En un contexto ajeno a nuestro pasado y presente, ese término pudiera ser interpretado como una ausencia de la capacidad de entender, de aceptar criterios ajenos al nuestro, de comprender mediaciones, pero bien sabemos los cubanos que no se trata de eso. En el marco de nuestra realidad, de nuestro devenir histórico, del momento que vivimos, esa intransigencia que viene desde Baraguá, representa la convicción de no negociar jamás cuando son los principios más elementales por los que luchamos, los que se ponen en juego.

Quiso el general español alegar una supuesta ignorancia en relación al documento que portaba en sus manos. Intentó tejer así su escaramuza, subestimando la inteligencia de uno de los más excelsos patriotas de nuestras guerras independentistas, pero grande fue su sorpresa cuando al afirmar que no eran conocidas las bases del Pacto del Zanjón, recibió la respuesta de quien habló en nombre de todos los que habían dedicado su vida a la causa de la Patria: «…porque las conocemos es que no estamos de acuerdo».

Las últimas palabras pronunciadas por Maceo fueron lapidarias: «Guarde usted ese documento, no queremos saber nada de él». Aquel que tuvo tanta fuerza en la mente como en el brazo, había dejado claro sin saberlo, para entonces y para siempre, que jamás habría entendimiento con los enemigos de la Patria, que no se aceptarían denigrantes condiciones, que nuestra libre determinación como pueblo se respeta.

Y hoy la historia nos vuelve a poner de frente a un documento hecho desde la ignominia. El argumento de un supuesto derecho de propiedad sobre aquello que pertenece únicamente al pueblo, sirvió de plataforma para la aplicación del Título III de la Ley Helms-Burton.

Ante tanta bajeza, ante la agresión encarnizada que ahora muta en esta forma, ante este Zanjón imperialista, volvemos a estar frente a la sombra de los Mangos de Baraguá, como mambises de los nuevos tiempos, como Maceos en Revolución, para decirles que en la defensa de lo que hemos construido con unidad, constancia y sacrificio: ¡No nos entendemos!

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