#EEUU destinado al fracaso en #Venezuela (+Video)

EE. UU. destinado al fracaso en Venezuela (+Video)

Estados Unidos (EE. UU.), autoproclamado emperador mundial, no lo admite en público, pero los ultraderechistas directores de su política exterior deben estar conscientes de que, a estas alturas, han fracasado en su estrategia de apoderarse de las grandes riquezas de Venezuela, tras el soñado derrocamiento del presidente Nicolás Maduro.

Desde hace 20 años, cuando triunfó en las urnas el fallecido mandatario Hugo Chávez, la mayor potencia mundial enfiló sus cañones hacia el país suramericano, usando, durante su mandato, determinadas formulaciones de guerra no convencional —algunas un calco de las usadas en el Chile del socialista Salvador Allende—, incluyendo un frustrado golpe de Estado en 2002.

Tras la muerte de Chávez y la asunción por el voto popular de Maduro —reelecto el pasado año— la administración de Donald Trump, un controvertido empresario inmobiliario devenido presidente por azares de las leyes electorales de su país, impone a los venezolanos crueles sanciones económicas y amenazas para tratar de asfixiar la economía y tratar de sublevar al pueblo contra un gobierno popular e inclusivo.

Magnicidio frustrado, ataques cibernéticos, atentados contra filiales de la empresa petrolera PDVSA, violencia en las calles, quema de instituciones, robo de más de 30 000 millones de dólares en bancos norteamericanos, campañas mediáticas mentirosas, son algunos de los planes en práctica y sin resultados positivos para la contrarrevolución.

El gobierno estadounidense basa su eventual victoria en una oposición fuerte —hasta pusieron a un autoproclamado presidente Juan Guaidó—, mientras el supuesto desánimo y la desmoralización creciente que la carencia de los productos indispensables para la vida, junto a una mentirosa propaganda contra los dirigentes nacionales, liquidaría en meses lo que para ellos es una revolución inaceptable.

La guerra económica actúa como una confrontación de desgaste y cobertura hasta que, si esas aplicaciones no funcionan, como está ocurriendo, lanzarse en una internacionalmente repudiada invasión militar, cuyos soldados no serían estadounidenses, sino procedentes de países fronterizos con gobiernos derechistas.

Sabida es la histórica ignorancia de Washington acerca de América Latina y su añejo patriotismo e intransigencia ante las arremetidas de quienes intentan apoderarse de sus territorios para asegurarse las materias primas que mantienen en movimiento al sistema capitalista, ya en su fase superior imperialista. La unión cívico-militar formada por Chávez y fortalecida por Maduro es un muro infranqueable para EE. UU.

Su política contra los gobiernos revolucionarios, progresistas, socialistas es de larga data. Pretenden revivir los dictados de la añeja Doctrina Monroe, superada por los cambios políticos y socioeconómicos que de manera individual o en bloque ocurrieron en Latinoamérica. Ellos, de manera más sofisticada ahora —aunque siempre tienen la opción militar directa como lo hicieron el pasado siglo en varias naciones del sur— siguen con su obsesión de apoderarse de todo el continente y, según Trump, “acabar con el socialismo”.

En este escenario, Cuba es un paradigma para los restantes pueblos latinoamericanos. Amiga histórica de Venezuela —ya lo dijo José Martí: “Diga Venezuela en que servirla”—, le ha brindado su colaboración en distintas esferas, ninguna militar, elemento utilizado ahora, sin embargo, para atacarla con mayor fuerza. La pequeña isla es, desde 1959, cuando triunfó la Revolución Cubana, la mayor piedra en los zapatos de las últimas 29 administraciones estadounidenses.

Pero ese archipiélago del Caribe, con un poco más de 11 millones de habitantes y situada a solo 90 millas de su declarado enemigo posee un escudo moral de resistencia capaz de sobrevivir con dignidad a 60 años de bloqueo económico, comercial y financiero, guerras bacteriológicas, atentados, introducción de enfermedades y hasta una derrotada invasión militar en 1961.

Venezuela está resistiendo una de las crisis económicas más difíciles en la historia de América Latina, solo igualada a Cuba, que, por apoyarla, también ha visto un marcado retroceso en las todavía frágiles relaciones diplomáticas con Norteamérica, restablecidas en 2014.

Venezuela trata de paliar este crítico momento mediante alianzas estratégicas y políticas con otros pueblos y gobiernos que también sufren las descabelladas sanciones y amenazas de Washington.

ESTADOS UNIDOS A CONTRACORRIENTE

Hace pocos días, el secretario de Estado de EE. UU., Michael Pompeo, reconoció en un audio filtrado y publicado por The Washington Post que ha sido “diabólicamente difícil” tratar de unir a la oposición venezolana y precisó que “más de cuarenta personas” pelean por ocupar el cargo de Maduro.

En la grabación, el funcionario estadounidense detalló además que trataron de apoyar a religiosos e instituciones para que la oposición se uniera.

Situación difícil para Pompeo —ex jefe de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), una de las caras visibles de la ofensiva antivenezolana mundial— que ante la opinión pública quedó como un incompetente, como antes sucedió con dos viejos funcionarios llamados por Trump: el asesor de Seguridad, John Bolton y Elliot Abrams, asesor especial para Venezuela.

El pasado viernes, el canciller venezolano Jorge Arreaza declaró en Caracas que la ultraderecha venezolana reconoció su “papel de peón” de EE. UU. al justificar su actuación ante voceros de la Casa Blanca.

En su cuenta en Twitter, Arreaza indicó que varios dirigentes opositores aseguraron públicamente que están “unificados y plurales”, tras conocerse el exabrupto de Pompeo. “La innegable confesión del (Mike) Pompeo al confirmar que su política para unir a la oposición siempre fracasa es grave, pero es incluso más patético ver a la propia oposición excusarse y prometerle que ahora sí se van a unir”.

Para algunos estadistas estadounidenses —incluso con experiencia en la caída de gobiernos en Libia, Afganistán, Iraq, entre otros— resulta increíble la capacidad de la Revolución Bolivariana para mantenerse y seguir adelante con cambios, planes emergentes, posibles elecciones parlamentarias, vinculación internacional con países amigos, como China, Rusia e Irán. Es más, no aceptan que a nivel mundial haya un mundo plural. De ahí sus colosales rabietas contra aquellos que demuestran un pensamiento ideológico diferente.

Venezuela demuestra —como lo hace Cuba— que ante cada sanción o amenaza, por muy difícil que sea la situación interna, la victoria radica en no detenerse, en continuar los planes nacionales y en diversificar las relaciones internacionales.

La última semana, Maduro habló desde el Palacio de Miraflores para confirmar que el país sudamericano cuenta con 1,2 billones de euros en reservas minerales de oro, diamante, níquel, bauxita, feldespato, fosfato y hierro. En su intervención aprobó 7 000 millones de euros para ejecutar el Plan Nacional de Minería 2019-2025, cuyo objetivo es posicionar el sector dentro del Programa de Recuperación, Crecimiento y Prosperidad Económica.
Maduro notificó que la nación tiene 321 350 000 t (trescientos veintiún millones trescientos cincuenta mil toneladas) de reservas certificadas de bauxita, lo cual asciende a 14 mil millones de euros. Asimismo, explicó que en níquel se tienen legitimados 28 927 980 t (veintiocho millones novecientos veintisiete mil novecientos ochenta toneladas), cifra que coloca a Venezuela como la primera en reserva del mineral en el mundo. El mandatario instruyó al gabinete para buscar los mecanismos comerciales en aras de monetizar el níquel, el cual está valorado, según el costo en el mercado internacional, en 284 mil millones de euros, reportó Prensa Latina.

Mientras Pompeo rezuma impotencia —recuérdese los fracasos del 23 de febrero y el 30 de abril, cuando intentaron golpes de Estado en solitario—, el gobierno bolivariano se reúnía en Oslo, Suecia, con delegados de la oposición para tratar de lograr un diálogo de paz y entendimiento. Aunque sin seguridad en los resultados, ya que varios opositores están negados a conversar si Maduro no abandona la presidencia, incluso Guaidó estuvo de acuerdo en reunirse en Oslo, porque es una oportunidad para tratar de unir a la contrarrevolución interna.

Ante la perplejidad de la Casa Blanca, el gobierno venezolano se blinda con una política transparente y de unidad con las masas populares. Las movilizaciones de apoyo a la Revolución demuestran la unidad nacional, como la realizada el pasado día 8 en rechazo a las nuevas sanciones contra la continuidad de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), los cuales garantizan desde 2016 la distribución local de productos de primera necesidad a la mayoría de la población en todos los Estados.

Otra muestra de que el ejecutivo mantiene una actitud positiva y de continuidad del proceso es que hasta el 30 de este mes se extenderá el plan de vacunación de las Américas para proteger de 12 enfermedades a los niños y adolescentes del país. Además, Venezuela y la Cruz Roja firmaron el pasado viernes un acuerdo para que la organización internacional colabore con ayuda solidaria para paliar la situación económica interna, mientras ese día se conoció también que una importante firma rusa fabricará insulina en la nación suramericana.

También Caracas será próximamente sede del Foro de Sao Paulo, por lo que este fin de semana viajó a La Habana el segundo secretario del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), Diosdado Cabello, para, dijo, ganar experiencia en la preparación del evento, ya acogido antes por Cuba.

Movilización permanente del Consejo de Seguridad Nacional, entrenamiento masivo de las milicias populares, protección de las fronteras; todos los frentes están en plena capacidad de actuación inmediata. Estados Unidos tiene muy pocas posibilidades de apoderarse de Venezuela. De hacerlo, encontrará tierra arrasada.

EEUU: REACCIONES TRAS AUDIO FILTRADO DE MIKE POMPEO SOBRE VENEZUELA

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