Los Estados Unidos y su fobia a las Nacionalizaciones. (II Parte)

https://micubaporsiempre.files.wordpress.com/2019/06/full-helms-burton.jpgPor: Israel Valdés Rodríguez

Irán, oficialmente República Islámica de Irán, es un Estado del Oriente Medio (Asia),  conocido hasta 1935 como Persia. Limita con Pakistán y Afganistán por el este; Turkmenistán por el noreste, el Mar Caspio por el norte y Azerbaiyán y Armenia por el noroeste; Turquía e Iraq por el oeste y finalmente con la costa del Golfo Pérsico y el Golfo de Omán por el sur. Es el decimoctavo país más grande del mundo con una superficie de 1.648.195 km² y tiene una población superior a setenta millones de habitantes.

A pesar de sus incalculables recursos energéticos, en los años 50 del pasado siglo era un país sumido en la miseria. Su economía dependía de un solo renglón de exportación: el petróleo.

El monopolio petrolífero estaba en manos de la firma inglesa Anglo – Iranian Oil. El valor de las exportaciones de los hidrocarburos rebasaba los trescientos sesenta millones de dólares anuales, de los cuales Irán recibía menos del diez por ciento en calidad de impuestos.

La agricultura constituía el principal recurso de vida, aunque el setenta por ciento de las tierras cultivables se encontraban en manos del 2 % de los propietarios. El 90 % de la población era analfabeta y la mortalidad infantil ascendía a quinientos niños muertos por mil nacidos vivos.

Este panorama socioeconómico se encontró Mohamed Mosadegh cuando llegó al cargo de primer ministro. No resultó algo descabellado que su primera gestión como mandatario consistiese en negociar con la Anglo – Iranian un convenio económico más favorable a los intereses del país. Cuando la compañía petrolífera se negó rotundamente a modificar las bases de los contratos, su junta directiva no podía imaginar que Mosadegh haría lo que hizo: nacionalizar el petróleo. Esta fue su sentencia de muerte y a la CIA le tocó desempeñar el papel de verdugo.

Al amparo de una Constitución redactada en 1949, que recortaba los poderes imperiales, las fuerzas nacionalistas y progresistas ganaron poder en el parlamento y apoyaron al primer ministro Mohammed Mossadegh en su intento de nacionalizar el petróleo y expropiar la Anglo Iranian Oil Co. Con la instauración del régimen antishah en Irán se nacionalizaron las riquezas petroleras del país, comenzó la democratización de la sociedad y la liberación de la dependencia extranjera.

“Es mejor ser independientes y producir al año una sola tonelada de petróleo que producir 32 millones de toneladas siendo esclavos de Inglaterra”, sostuvo Mossadegh. Pero no se percató que Gran Bretaña podía abastecerse en los países árabes, Venezuela o los Estados Unidos, mientras que Irán no tenía otras fuentes de ingresos. La osadía de Mossadegh fue respondida en 1953 con bloqueo económico y un golpe de Estado, organizado por la CIA, que devolvió al Sha un poder casi absoluto. El golpe significó una matanza generalizada de dirigentes nacionalistas e izquierdistas y la prisión para miles de iraníes, incluyendo a Mossadegh que murió en 1967 en la prisión.

La “Operación Ajax” estuvo dirigida por el arqueólogo Donald Wilber, el historiador Kermit Rooselvet (nieto del presidente Theodore Roosvelt) y el general Norman Schwartzkopf senior (cuyo hijo homónimo estuvo al mando de la Operación Tormenta del Desierto). Dicha operación continúa siendo hoy un prototipo de subversión. La CIA ideó un escenario que dio la impresión de un levantamiento popular, pero que en realidad se trató de una operación secreta. El punto culminante del espectáculo fue una manifestación en Teherán, con 8.000 extras pagados por la Agencia, para proporcionar fotos convincentes a la prensa occidental. Algo recurrente en la actuación de la CIA en los momentos actuales.

El golpe infligido en agosto de 1953 al movimiento democrático nacional, con el derrocamiento del primer ministro Mosadegh y el restablecimiento del poder del Shah, fue la primera operación importante, por su tipo, ejecutada por la CIA. Por otra parte, esta operación puede ser considerada, en gran medida, como modelo típico de las acciones de esa organización para eliminar gobiernos inconvenientes a Washington. En el transcurso de su ejecución, la CIA, el Pentágono y el departamento de Estado, apoyándose en las fuerzas reaccionarias locales, recurrieron al empleo del extenso arsenal de recursos y métodos de la guerra secreta, los cuales se desarrollarían anteriormente en los años subsiguientes.

Esta operación encubierta, planificada y elaborada por la CIA, aprobada y ratificada por  Washington, fue dirigida, ante todo, a defender los intereses del capital monopolista norteamericano en la esfera de las compañías petroleras internacionales.

En el complot también estaban interesados los círculos militaristas de los EE.UU., quienes, como resultado del restablecimiento del régimen monárquico y reaccionario en Irán, esperaban reforzar su influencia en el desarrollo de los acontecimientos de ese país, convirtiéndolo en una poderosa base militar muy cerca de la Unión Soviética.

El organizador y responsable inmediato de esa operación fue  el entonces director de la CIA Allen Dulles. Este, tratando de adaptar al máximo el aparato de inteligencia a los propósitos expansionistas del imperialismo norteamericano, estaba dedicado por completo a la inminente y peligrosa prueba a que serían sometidas las fuerzas de la CIA en aquella región de importancia estratégica para los EE.UU. Hay un hecho curioso que sirve de elemento esclarecedor adicional al porqué la CIA prestó tanta atención en la preparación del golpe de Estado en Irán. Allen Dulles, que por su vieja profesión de jurista privado estuvo vinculado estrechamente a la filial norteamericana de la casa bancaria alemana Schröeder, y por consiguiente, a la Compañía petrolera anglo-iraní (CPAI), en cuyos asuntos esa casa bancaria participaba desde hacía mucho tiempo. Uno de los directores del imperio bancario Schröeder, Frank Tiaras (con quien Allen Dulles, en su época mantuvo relaciones de negocios), era miembro de la gerencia  de la (CPAI), en tanto que el bufete jurídico newyorkino “Sullivan and Cromwell”, del cual eran socios los hermanos Dulles, atendió durante mucho tiempo los asuntos de esa compañía. En resumen, la nacionalización de la industria petrolera de Irán lesionaba directamente, entre otras muchas cosas, los intereses personales y comerciales de Allen Welsh y John Foster Dulles, así como de los magnates petroleros norteamericanos.

Esta “Operación” costó 10 millones de dólares, que comparado con las utilidades que recibieron las empresas petroleras, después que el Sha volviera a entregarles el control del petróleo, resultó un excelente negocio.

Esta fue la primera Gran Operación de Inteligencia de la CIA fuera de sus fronteras y el país escogido fue Irán, un país soberano, que se atrevió a hacer uso de la Nacionalización.

Como es conocido, Fidel en varias de sus “reflexiones” y comparecencias televisivas alertó a la opinión pública internacional sobre el riesgo inminente de que pueda producirse una guerra en el Medio Oriente. Otra vez, después de más de 60 años Irán es la gran manzana de la discordia.

Ver: Los Estados Unidos y su fobia a las Nacionalizaciones. (I Parte)

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