EE. UU. y el poder de seducción #Cuba

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La América opulenta se vendió al mundo como el paradigma de las libertades, de las posibilidades de enriquecimiento y bienestar, la meca soñada para los que iban en busca de la fortuna.

Finalizada la I Guerra Mundial, el American Way of Life comenzó a seducir al mundo, fundamentado en el consumo individual de bienes, impulsado por la publicidad y sostenido por un crédito fácil y las ventas a plazos. Los espectáculos de masas (cine, deportes, cabarets, teatro), el interés por la alta costura y la moda, las nuevas corrientes musicales (jazz, charleston, blues) se convirtieron en objetos de consumo y alimentaron a toda una industria que hasta entonces no había sido significativa.

La América opulenta se vendió al mundo como el paradigma de las libertades, de las posibilidades de enriquecimiento y bienestar, la meca soñada para los que iban en busca de la fortuna.

En la medida en que los monopolios ampliaban su dominación, inmensamente enriquecidos por la guerra, el grupo de los poderosos se fue haciendo cada vez más pequeño. Woodrow Wilson escribió en 1913: «Los amos del gobierno de Estados Unidos son los capitalistas y manufactureros mancomunados».

Los grandes millonarios se dieron a la tarea de construirse una imagen favorable a los ojos del público; los grandes lobos se vistieron de ovejas. Las grandes corporaciones crearon sus servicios de relaciones públicas y hombres como Edward Lois Bernays hicieron su zafra vendiendo el maquillaje necesario para los dueños de Estados Unidos. Los Astor, Vanderbilt, Gould, Carnegie y Rockefeller, despiadados explotadores, crearon fundaciones e institutos con sus ilustres nombres y promocionaban su «generosidad» al repartir un ínfimo porciento de lo que arrancaban a los obreros.

El cine de Hollywood se convirtió en una eficiente herramienta para «americanizar», divulgando los estereotipos esbozados por la sicología en sus prestigiosas universidades, hacia las culturas y forma de ser de las personas del resto de los países del mundo.

La invención del cine sonoro (1927) reforzó aún más el éxito social de la nueva industria. En Estados Unidos, la audiencia media semanal de todos los locales cinematográficos era estimada a principios de la década de 1930 entre 80 y cien millones de personas.

La capacidad creadora y productora de Hollywood conquistó en todas partes la imaginación del gran público. Greta Garbo, Marlene Dietrich, Gary Cooper, los hermanos Marx, Fred Astaire y Ginger Rogers formaron una pléyade de glamorosas estrellas cinematográficas.

«La incongruencia entre el producto real y el bien espiritual viviente fue señalada con picante ironía por Bernard Shaw, quien contemplando en Nueva York la Estatua de la Libertad, exclamó: ¡Por lo visto esta gente rinde culto a un ilustre antepasado ya desconocido!».

La imagen real de una nación gobernada por una plutocracia retrógrada, cada vez más lejana del pueblo al que explotaba inmisericordemente; racista, egoísta como pocas, donde el emigrante y los negros e indios eran sometidos a un trato terrible, era matizada o cambiada totalmente por la radio, la prensa y fundamentalmente el cine.

«Cada trampa encerraba el majestuoso nombre de Liberty: la explotación del obrero y del campesino se llamaba libertad de empresa; el privilegio de comprar imprentas, corroer periodistas y a través de ellos a la opinión pública, se denominaba libertad de prensa; todo lo que impedía al proletariado organizar la acción concentrada contra los patronos, se titulaba libertad de trabajo; monopolio, proteccionismo y privi- legios especiales, significaban libertad de comercio; el voto por alguna de las dos agrupaciones cívicas exactamente esculpidas, representaba la libertad política; que una raza caminara impunemente encima de otra era la libertad civil».

Los medios, la ingeniería de la manipulación de las masas y la cultura reaccionaria edificaron y blindaron el mito de la Liberty estadounidense, paradigmático, deslumbrante y falso como oro similor, pero fijado en la mente de las masas en todo el mundo: una Liberty que solo existe en realidad en el ámbito cerrado de la plutocracia. En el logro de este consenso el cine de Hollywood ha desempeñado un papel fundamental.

Tomado de Granma

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