#Cuba Huelga general de 1930: Cuando los patriotas volvieron a la carga

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Aunque el tirano Gerardo Machado había prometido a sus amos del Norte que las huelgas apenas durarían nada en su mandato, fue patente y presagioso para él y su camarilla que el paro general del 20 de marzo 1930, en el cual participaron unas 200 mil personas, rebasó las 24 horas y se convirtió en una jornada de lucha, aleccionadora para el movimiento revolucionario cubano.

Fue el líder político y poeta Rubén Martínez Villena, al frente del Partido Comunista de Cuba, fundado cinco años antes, y de la Confederación Nacional Obrera de Cuba (CNOC), quien organizó la movilización en la cual estuvieron presentes obreros, intelectuales, estudiantes, y empleados públicos de varios centros urbanos de la nación, entre los que sobresalieron los de La Habana y Manzanillo.

Aquel despliegue notorio, aquella nueva carga revolucionaria, aunque no alcanzó sus fines de noquear al gobierno marcó un antes y un después en los contenidos de la lucha contra la dictadura, como enemigo principal no solo de la clase obrera sino también de todos los ciudadanos. Por primera vez se notaba su enfoque político, con claridad y sin ambages, aunque además portaba reclamos sindicales y sectoriales.

Para muchos, con ella comenzó el principio del fin del régimen de oprobio, corrupciones y crímenes sicariales que sumía al país en la pobreza y hacía crecer día a día la subordinación al imperio.

Gerardo Machado, el quinto presidente del archipiélago cubano tras la fundación amañada de la república, ejercía el cargo desde 1925.

Una de sus declaraciones: “Conmigo, se acabaron las revoluciones en Cuba” la hacía cumplir con agresividad mediante una ola de crímenes selectivos, con la que eliminaba a sus oponentes, fueran del partido o sector que fueran, pero especialmente a los comunistas.

El año antes de la huelga había mandado a asesinar al destacado dirigente Julio Antonio Mella, quien cayó indefenso bajo las balas de su sicario el 10 de enero de 1929 en una calle de Ciudad de México.

Estaba cerca de cumplir 26 años el revolucionario formidable que había fundado en Cuba el Partido Comunista, la Federación Estudiantil Universitaria, la Universidad Popular José Martí y tenía un intenso bregar antimperialista y marxista en pro de la libertad y justicia social, dentro y fuera de Cuba.

Testigos oyeron a Machado reiterar con desafuero su odio mortal a los comunistas, los estudiantes revoltosos y los sindicalistas con reclamos. Y ese odio mortal se convertía en la peor de las muertes de sus víctimas.

También en 1929, el dictador ordenó los asesinatos del general de la independencia Francisco Peraza y del periodista Armando André, quien alcanzara el grado de comandante en la última guerra libertaria, por oponerse a sus designios y política.

Famoso por su ignorancia, Machado llegó a hacer que le entregaran el título de Doctor Honoris Causa en la Universidad de La Habana. También incrementó la pobreza extrema de los sectores populares y las deudas de la nación, al hacer construir obras lujosas o de “fin público”, como la Carretera Central y el Capitolio, a un costo excesivo para entonces.

En el año de esa primera huelga general, además de esa notoria movilización, los estudiantes universitarios se hicieron sentir con fuerza dentro y fuera del recinto del Alma Mater. El 30 de septiembre ocurrió en las calles capitalinas otra sonada protesta encabezada por los jóvenes de la FEU, en la que fue asesinado Rafael Trejo, quien pasó a ser otro estandarte de la lucha del pueblo cubano.

El gobernante clausuró entonces la casa de estudios por un tiempo.
Llamado un día Azno con garras por un Villena indignado y combatiente, rebasó límites tan increíbles en su manía de grandeza y monstruosa crueldad, que a esas alturas ya contaba con la antipatía de sectores ajenos al ideal comunista. Ya resultaba “incómodo” a representantes de la clase media y alta burguesía.

Solo una camarilla de acólitos tan enfermizos como él o beneficiados por sus prebendas, le reían sus chistes de espanto, ajenos al sufrimiento del pueblo. Pero llama la atención que, a pesar de su historia terrible de asesino, una vez derrocado pudo huir e irse tranquilamente a vivir en Miami Beach, donde murió en 1939.

El movimiento revolucionario se tensó y templó con la movilización del 20 de marzo. Pero se cometieron errores, que además de la feroz represión del tirano, redujeron el alcance de la acción.

Las lecciones y el aprendizaje que siguió en el día a día llevaron a que finalmente Machado pudiera ser defenestrado tres años más tarde, el 12 de agosto de 1933. Aunque tampoco, después de ese magno triunfo circunstancial, la Revolución Cubana alcanzó la victoria definitiva.

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