Papa Francisco: ¡Paren la guerra!

El papa Francisco se sumó al llamado de Antonio Gutérres, secretario general de la ONU, de que se silencien las armas, cesen los bombardeos y se declare un alto el fuego en todo el planeta para dedicar los esfuerzos al combate de la amenaza que representa la pandemia de Covid-19.

Gutérres señaló que la agresividad del virus demuestra la locura de la guerra y aseguró que en estos momentos la humanidad en su conjunto debe centrarse en la lucha por la vida.

De acuerdo con recientes estadísticas hay más de 600 mil infectados en todo el globo y las muertes rebasan las 30 mil y las estadísticasdemuestran que la amenaza no conoce fronteras, clases sociales ni posición económica.

Hay, sin embargo, sectores que son más vulnerables que otros, y entre ellos figuran las víctimas de los conflictos armados, los que están sometidos a ocupación militar y los millones de desplazados y refugiados.

Pienso, por ejemplo, en los yemenitas, que sufren una guerra absurda; en la población afgana, con su territorio bajo dominación de una coalición internacional encabezada por Estados Unidos; en los iraquíes; los palestinos; así como en los desplazados sirios y rohinyas viviendo en condiciones infrahumanas y sin posibilidades de sobrevivir si el virus los alcanza.

En esta línea y al término de una ceremonia religiosa este domingo en El Vaticano, el papa también apuntó a otro grupo humano en peligro por la enfermedad, aquellos que están obligados a vivir en grupos, como ocurre en las casas de ancianos, los cuarteles y las prisiones.

Habría que agregar a quienes la pobreza extrema les impide cumplir con las medidas básicas recomendadas para cortar la cadena de contagios, me refiero en particular a los sin techo, sin casa dónde quedarse, y a los millones para quienes el agua potable y el jabón son lujos fuera de su alcance.

Con un mínimo de los miles de millones de dólares que se gastan todos los días en las guerras, la suerte de esa gente podría cambiar de manera radical.

Los llamados del líder de la ONU y del jerarca de la iglesia católica pueden caer en oídos sordos, en suelo estéril, porque hasta ahora no hay ningún signo de que la tragedia universal que significa la Covid-19 haya reblandecido la sensibilidad de ciertos gobernantes.

Donald Trump, por ejemplo, está aprovechando para arreciar sus agresiones contra Irán, Cuba y Venezuela, entre otros, pensando quizás que la pandemia vaya a lograr lo que no han hecho las sanciones. Craso error el suyo.

El magnate no ha mostrado misericordia ni siquiera con sus propios ciudadanos, porque al negarse a declarar en cuarentena a la ciudad de Nueva York, está condenando a muerte a decenas de miles de estadounidenses.

Parar la guerra podría darle una oportunidad a nuestra especie, pero cuán lejos estamos de que eso ocurra en realidad.

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