Trump, el muro, la Covid y sus mentiras

De nuevo a las andadas, el presidente de Estados Unidos fue en esta semana al estado de Arizona, uno de los señalados como aportador al actual incremento de los casos del nuevo coronavirus, y allí plantó con dos mentiras: su muro ha detenido a los migrantes y a la propagación de la Covid-19.

Pluma en mano estampó firma en una placa que le adjudica la gran hazaña de aumentar en 322 kilómetros el infame valladar y sentenció: «Frenó covid, frenó todo».

No ha sido exactamente el muro, la brida.

En primer lugar, porque la pandemia no les llega desde México, pero ya sabemos su endemoniada tendencia a culpar a otros de sus errores.

Por el contrario, lo que hoy padece el vecino del sur si tiene un acelerador en los intereses y presiones de los capitales estadounidenses, pues fábricas de empresas de EE. UU. han permanecido abiertas durante la propagación del SARS-CoV-2 aun cuando se presentaron casos en sus instalaciones, convirtiéndose en focos de contaminación, pues la vida importa mucho menos que los negocios.

En abril, el embajador estadounidense Christophen Landau, presionaba a México para reabrir sus plantas maquiladoras de la frontera. Obvio que necesitaban mantener ese eslabón esencial en la cadena de abastecimientos a EE. UU. y ello incluía a contratistas de defensa. Poco le importaba las protestas y huelgas de los trabajadores para preservar sus vidas.

El chantaje no faltaba. Si México no respondía a las necesidades estadounidenses, corría el riesgo de que perdiera los empleos de esas plantas.

En mayo repetía las amenazas y según The New York Times, había «argumentos» como estos: «A los trabajadores de Collins Aerospace se les dijo que eran esenciales porque fabrican partes para los aviones, que en algunos casos se utilizan para transportar suministros médicos. Johnson Controls afirma que las rejillas que fabrica para controlar el flujo de aire se emplean en los hospitales. Newell, la dueña de Sharpie y Papermate, les dijo a los trabajadores que son esenciales porque los doctores y enfermeros necesitan bolígrafos».

Ahora, en junio, durante un foro virtual de la Confederación de Cámaras Industriales, que coincidía con la visita de Trump a Arizona, el embajador del magnate-presidente decía: «Tampoco les puedo mentir, tampoco les puedo decir que es un momento oportuno para invertir en México si se ven cosas muy desalentadoras para la inversión extranjera y en varios sectores obviamente hemos visto cosas preocupantes».

Amén de esas presiones, la política migratoria de la administración Trump ha llevado a deportaciones de migrantes sin documentación hacia territorio mexicano, sin importarles que algunos van enfermos de la Covid-19; como también ha hecho hacia Haití y otros países de Centroamérica y el Caribe.

Con la intención de ganar puntos que se le hacen escurridizos para la elección presidencial del 3 de noviembre, el Sr. de la Casa Blanca hace dice lo que sea para mantenerse en la dirección de la Avenida Pensilvania de Washington D.C., y en su reunión con el gobernador republicano de Arizona, Doug Docey, y otros funcionarios de la Patrulla Fronteriza, apuntó: «Nuestra frontera nunca ha estado más segura», un mensajito para los segmentos racistas y xenófobos de sus votantes.

En realidad, son decretos trumpistas los que cierran las fronteras, y recién acaba de firmar otro que amplía hasta finales de año la suspensión de las visas o tarjetas de residente que permiten el trabajo temporal, bajo el argumento de que se necesitan esos empleos para los estadounidenses (téngase en cuenta que ya son 40 millones los desempleados en Estados Unidos por las restricciones y el distanciamiento físico obligado por la pandemia).

Sin embargo, esa paralización de visados que le cierra las puertas durante este año a unos 525 000 trabajadores extranjeros —afirmaba el corresponsal de La Vanguardia en EE. UU— y la decisión era criticada por Thomas Donohue, jefe ejecutivo de la Cámara de Comercio de Estados Unidos, quien la consideraba un bumerang contra la economía de su país.

Lo cierto es que, a pesar de la auto-lisonja de Trump, Arizona tiene sus propios registros de Covid bien abultados, y el martes en cuestión, sumaba 3 600 nuevos casos y llegaba a 58 179, con un acumulado de 1 384 muertes, en una población de poco más de siete millones.

Mañas y artimañas no faltan en el instrumental del capital. Se trata de seguir sacándole el jugo al trabajador y Trump es el encargado de las marañas.

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