Surge un líder: más sobre la primera autodefensa de Fidel #SomosContinuidad

Surge un líder: más sobre la primera autodefensa de Fidel

Nació en Birán, Oriente, el 13 de agosto de 1926, hace ahora 94 años. Vino al mundo a las 2:00 de la madrugada y, según sus propias palabras, “nació guerrillero”.

Hijo de un terrateniente de origen español llamado don Ángel y de una pinareña nombrada Lina. Siempre fue de temperamento rebelde y defensor de los más humildes. Educado en un colegio de la orden religiosa de los Jesuitas despuntó como excelente atleta y buen estudiante: “Cursará la carrera de Derecho, y no dudamos que llenará con páginas brillantes el libro de su vida. Fidel tiene madera y no faltará el artista” —resultó la conceptualización hecha al concluir sus estudios de bachiller con 18 años de edad.

En la Universidad de La Habana tuvo una activa vida política. En 1947, con solo 21 años de edad, se enroló en la fallida expedición de Cayo Confites, organizada con el propósito de derrocar al dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo.

Ese propio año, el joven estudiante de Derecho, a nombre de la FEU, trasladó la campana de la Demajagua a la Universidad de La Habana, con el consentimiento de los veteranos manzanilleros, quienes custodiaban la reliquia histórica, esa que había tañido la mañana gloriosa del 10 de octubre de 1868 llamando a los cubanos a la lucha.

Robada por elementos gansteriles, Fidel denunció el hecho ante la prensa y obligó a su restitución. La afrenta al preciado símbolo de la nación cubana había sido resuelta.

Un año después, el 9 de junio de 1948, vivió en Colombia los famosos sucesos del Bogotazo, un golpe de Estado contra el presidente Jorge Eliecer Gaitán. En sus conversaciones con el periodista Ignacio Ramonet, el propio Fidel lo califica como “una experiencia de gran importancia (…) me hizo identificarme más con la causa de los pueblos”.

Mientras, a la periodista Katiuska Blanco le diría años después: “¡Nadie se puede imaginar las grandes aventuras que viví en tan poco tiempo!, pero todas aquellas experiencias me enseñaron, las luchas de grupo, lo de Cayo Confites, El Bogotazo. Fui ganando terreno en la parte táctica, estratégica”.

En 1950 se gradúa de abogado y dedica su tiempo e inteligencia a defender a los pobres. Por entonces ya militaba en el Partido Ortodoxo e iba ganando prestigio dentro de su ala más radical, la llamada Juventud Ortodoxa.

Es así que cae preso en Cienfuegos por defender a un grupo de estudiantes opuestos a las medidas del ministro de Educación Aureliano Sánchez Arango. Trasladado a la Audiencia de Las Villas, radicada en Santa Clara, asume su propia autodefensa en su condición de abogado. Los hechos, sin ser muy conocidos, han sido narrados en más de una ocasión. Sucedieron exactamente el 14 de diciembre de 1950 y constituyen el antecedente glorioso de la más conocida de sus autodefensas: La Historia me Absolverá, convertida luego en el programa político de la Revolución en su última etapa.

—¿Tienen abogados?, pregunta el doctor Rodríguez Valdés, presidente del Tribunal.

—Sí —declara Benavides—. Me defenderá el doctor Besada.

—¿Y usted, señor Castro?

—Yo asumiré mi defensa. […] Vendría a continuación una andanada de críticas al gobierno.

En su “Yo acuso” de Santa Clara, según el doctor Benito Besada, condiscípulo de Fidel en la Universidad y testigo presencial de los hechos, el joven abogado de 24 años de edad: “Pronunció una alocución violenta. Una apasionada denuncia contra la política corrupta del régimen de Prío; la falta de garantías constitucionales; la malversación de nuestras riquezas; el asalto a los sindicatos por pandilleros y otros males que sufría Cuba. Fidel apenas se refirió a los cargos a él imputados; emplaza a los gobernantes priístas. Fue un ataque valiente y honrado”.

Al concluir su alegato, Fidel le dice a Besada: “No importa la suerte que corramos, Benny, estas verdades había que decirlas”. Admirados por tan valiente actitud, nunca antes vista en la audiencia villareña, Fidel y el estudiante cienfueguero Enrique Benavides fueron absueltos.

Luego vendría el golpe de Estado del 10 de marzo de 1952, y su famoso “¡Revolución no, Zarpazo!”. Una valiente denuncia al artero cuartelazo del general Fulgencio Batista. La vida republicana en Cuba tuerce el rumbo y nuevos tiempos se vienen encima. Sería el joven abogado Fidel quien tomaría las riendas de Cuba y con su nueva estrategia de lucha conduciría al país hacia el triunfo revolucionario del 1.o de enero de 1959.

Pero todavía tendría que pasar por duros momentos y sobreponerse a peligrosas adversidades. Vendrían los tiempos del Moncada, la prisión, el exilio, el Granma y la lucha armada en la Sierra Maestra. Para entonces su estatura de líder revolucionario martiano y marxista-leninista rebasaba ya las fronteras de la Isla y adquiría alcance continental.

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