José Martí en la contemporaneidad. El racismo en los Estados Unidos

https://static.iris.net.co/semana/upload/images/2020/6/5/676632_1.jpgAún son masivas las protestas en los Estados Unidos de Norteamérica por la brutalidad policial contra hombres de la raza negra que han sido asesinados, solo por el color de su piel. Los hechos que se suceden hoy, tienen profundas raíces en una nación que se ha escindido no pocas veces en torno al tema racial y donde hoy aflora un sector supremacista insuflado por la tolerancia, y hasta la defensa del Presidente de turno.

En este escenario cabe preguntarse junto a Martí, “¿Qué han de hacer los negros, perseguidos por todas partes (…) esquivados y perseguidos en el país donde nacieron?

Harto lucen ya, en estos hijos de padres desgraciados por la esclavitud, el carácter e inteligencia del hombre libre. ¡Se les debe, por supuesto que se les debe, reparación por la ofensa; y en vez de levantarlos de la miseria a que se les echó, para quitarles su apariencia antipática y mísera, válense de esta apariencia que criminalmente les dieron para rehusarles el trato con el hombre!”

Más adelante el apóstol de la independencia de Cuba, ante el acto vil de un Alcalde contra un hombre negro aseguraba “Para otra cacería estará limpiando el rifle”, esto mismo estarán haciendo los policías que se guían por sentimientos de odio racial.

Desde esa época en que vivió en el monstruo, Martí supo vaticinar que “Es el albor de un problema formidable (en la acepción de terrible). Porque apreciaba que “No en balde se nota en el lenguaje de los negros cultos un dejo de desolación que mueve a echarles los brazos: suelen hablar ásperamente, como se habla en campaña: los hijos nacen más determinados que los padres (…) ¡les luce ya en los ojos aquella súplica desgarradora, que ni cesa ni duerme, por donde revelan su agonía los desterrados!1

Al mes siguiente nuevos sucesos despertaban la atención del más universal de los cubanos, el que nos expone una realidad impactante, “Los negros, tristes porque ya no hay sol que no salga sobre el cadáver de uno de ellos (…), celebran un congreso, determinan que ya no vote el negro, como hasta hoy votaba exclusivamente por los republicanos que por azar vinieron a libertarlo y en realidad lo odian y abusan de él, sino que como todo ciudadano vote por quien le plazca, y en todas partes proteste contra los que, disfrazando su odio con el deseo de mantener la raza blanca pura, toman bandera de uno u otro matrimonio mestizo para echar a balazos de los pueblos a los negros en quienes luce más la razón, a sus sacerdotes, a sus poetas, a sus periodistas, a sus políticos”2.

No basta que un afroamericano haya morado en la Casa Blanca por ocho años, no basta que una parte del pueblo estadounidense se sume a la lucha contra los crímenes de odio racial. La esencia del problema está en la mentalidad de la supremacía blanca anglosajona, desconociendo el aporte de todas las culturas que han contribuido a la construcción de su país (en lo cultural, científico, deportivo, político y hasta militar), no solo por su elevada inmigración, sino también por su sistemático y descarnado robo de talentos. No olvidemos que de sentimientos chovinistas, supremacistas, xenófobos y racistas nació el fascismo, que llevó al mundo a una catástrofe internacional. Un mundo mejor es posible, para todos.

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