Visión martiana de las elecciones en los Estados Unidos

Elecciones reflejan un EU dividido, coinciden expertos del Tec |  Tecnológico de MonterreyPor estos días es noticia el proceso electoral en los Estados Unidos de Norteamérica, a raíz de las convenciones realizadas por cada partido y la nominación oficial de los candidatos. En cualquier circunstancia, este constituye un asunto de interés para muchos en el mundo, por tratarse de un país que, por diversas razones, influye en la vida (y hasta en la muerte) de todo el planeta. No obstante, en las actuales condiciones se acrecienta la expectativa a partir de que los cuatro años de ejercicio presidencial de Donald Trump, han evidenciado el peligro que representaría para la estabilidad mundial una posible reelección.

Sería interminable la lista de hechos que justifican la preocupación ante la conducta del inquilino de la Casa Blanca. No obstante sobresalen; el abandono de diversos acuerdos internacionales que tributaban a una mayor estabilidad y consenso mundial, en lo referido al medio ambiente, el desarrollo armamentista, las relaciones comerciales y la política internacional; la imposición arbitraria, unilateral e irracional de sanciones a estados, gobiernos, empresas y personas, por intereses políticos y económicos; y la exacerbación de sentimientos supremacistas a escala nacional e internacional que hace temblar a los que recuerdan con dolor el holocausto fascista.

Ante este suceso electoral proponemos acercarnos a la visión martiana respecto a una realidad que no es privativa de los tiempos que corren, sino esencia misma del sistema político estadounidense. En marzo de 1885 Martí señalaba “Es recia, y nauseabunda, una campaña presidencial en los Estados Unidos. (…). Los políticos de oficio, puestos a echar los sucesos por donde más les aprovechen, no buscan para candidato a la Presidencia aquel hombre ilustre cuya virtud sea de premiar, o de cuyos talentos pueda haber bien el país, sino el que por su maña o fortuna y condiciones especiales pueda, aunque esté maculado, asegurar más votos al partido, y más influjo en la administración a los que contribuyen a sacarlo victorioso”1.

Salta a la vista que sería ingenuo pensar que las acciones y la conducta del huésped de la oficina oval son su única responsabilidad y que todo lo que hace es de su autoría. Detrás de su conducta se oculta un entramado mecanismo de intereses financieros y geopolíticos, que trata de defenderse a capa y espada. A juzgar por Martí, muy acertadamente por cierto, ya que se hace evidente hasta hoy. “Una vez nombrados en las Convenciones los candidatos (…). Se miente y exagera a sabiendas. Se dan tajos en el vientre y por la espalda. Se creen legítimas todas las infamias. Todo golpe es bueno, con tal que aturda al enemigo. El que inventa una villanía eficaz, se pavonea orgulloso. (…)”

Otra de las descripciones martianas expuestas en “Los sucesos de la semana”, el 18 de octubre de 1887 señala que “Ya todos los partidos tienen compuesta y recomendada ante el público su candidatura; y el interés que la batalla política despierta siempre, el desborde casi satánico de pasiones que aquí se considera modo legítimo de aspirar al triunfo, la suposición maligna, la calumnia fría, la réplica aristofánica, la pelea que deja el aire fétido, (…)

El cuartel general de cada uno, la casa de banderas, la casa donde en salones misteriosos se dirigen las operaciones de la campaña, son en verdad dignas de verse. Las antesalas están llenas de pedigüeños; todos van allí a vender algo, uno su influjo en una cervecería, otro una canción en que denigra a los candidatos rivales, otro el secreto que deshonra al candidato enemigo, otro va a que lo alquilen de orador. (…)

Allá adentro, en la sombra, están en junta constante los prohombres; hay poca luz, como para que no vean su bochorno los que van a venderse; (…)”

El modelo de democracia que se pretende vender e imponer, y hasta por el que se mide el sistema político y electoral de los demás países, se muestra como una sucia batalla donde “la política, (…) fue aquí quedando por gran parte, en manos de los políticos ambiciosos, los empleados que les ayudan para obtener puestos o mantenerse en ellos, los capitalistas que a cambio de leyes favorables a sus empresas apoyan al partido que se les ofrece.”

Por último, salvando las distancias temporales e históricas, llama la atención la descripción, que sintetiza nuestro Héroe Nacional, sobre la política del Presidente electo en 1889, “que quiere industrias protegidas, vapores subvencionados, freno a la inmigración, y más poder continental”2 cualquier semejanza con el incremento de los aranceles a la importaciones, el muro en la frontera mexicana, y la invocación a la doctrina Monroe de la actual administración, no es pura coincidencia. Si algo ha cambiado hasta nuestros días es la elevación exponencial de los intereses imperiales y la magnitud del lodazal que rodea el proceso electoral y la política estadounidense. El mismo monstruo, las mismas entrañas, ah, y el mismo collar.

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