Los “santos inocentes” de una protesta en #Cuba

La oposición organizada en Cuba vio una oportunidad de rejuvenecer su iconografía en los jóvenes creadores que protestaron durante la tarde-noche del 27 de noviembre de 2020 frente al Ministerio de Cultura, junto a integrantes del autotitulado Movimiento San Isidro (MSI), periodistas independientes y otras figuras de la contrarrevolución.

En redes sociales y medios se expusieron con reiteración imágenes de sonrientes jóvenes a las puertas de la institución posando ante los celulares, como si fueran actores de un espontáneo movimiento de cisma juvenil contra el sistema político de la Isla sin imaginar que, en realidad, eran comparsas, conscientes o no, de un entablado de conspiraciones, manipulaciones y planes encubiertos aplicados una y otra vez sobre el país.

Un comienzo de esta historia se remonta al 30 de julio de 2006, día en que se dio a conocer la noticia de la enfermedad del Comandante en Jefe Fidel Castro y el director de la Estación CIA de la entonces Sección de Intereses de EE.UU. (SINA) en La Habana se reunió con el escritor cubano Raúl Capote Fernández, quien en realidad era agente de la contrainteligencia cubana y líder de un movimiento de oposición diseñado esencialmente hacia la joven intelectualidad.

“Génesis” de la subversión en el siglo XXI

El diplomático confiaba en que la situación del alejamiento del poder del máximo líder cubano, circunstancia interpretada por Washington como el inicio del fin de la Revolución, sería la oportunidad única para que la organización dirigida por Capote, de acuerdo con un plan denominado Génesis, tendría la fuerza necesaria para iniciar la desestabilización del país y allanar el camino para justificar una “intervención humanitaria” encabezada por las fuerzas armadas estadounidenses.

Nada de esto, obviamente, fue posible por las causas conocidas, pero ese intento conspirador de 2006 marcó el inicio de años de ofensivas subversivas sobre el sector juvenil de la cultura y universitario, por parte de los servicios especiales estadounidenses y sus agencias oficiales, que además incluyeron la novedad del uso de las redes sociales denominadas Piramideo y Zunzuneo para garantizar la comunicación de los denominados opositores en el despliegue de las acciones que se debían iniciar, esencialmente, desde la cultura.

Aunque el plan era tan importante como para dejárselo solamente a los protagonistas internos, visitaron la Isla agentes y contratistas de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid), conocida ampliamente como instrumento de la CIA. Esta institución tenía la misión de identificar a sectores juveniles y promotores culturales con la intención de ganarlos para sus planes.

Además, estos enviados tendrían la tarea de diagnosticar e identificar las insatisfacciones y problemáticas en el funcionamiento de instituciones cubanas para explotarlas en la labor proselitista, tarea que cumplieron también jóvenes latinoamericanos con fachadas de turistas que se acercaron a estudiantes universitarios y artistas.

Ante la envergadura que tomó esta agresión al país, en los cinco años posteriores al 2006, las autoridades cubanas decidieron en 2011 denunciar el programa estadounidense y hacer pública la condición de colaborador secreto de la contrainteligencia de Raúl Capote y otros de sus colegas, quienes expusieron la complicidad de la CIA y la Usaid, en la dirección del proyecto Génesis.

Como consecuencia de esas respuestas del Estado cubano, se descarrilaron las operaciones en curso de los servicios especiales e instituciones oficiales de Estados Unidos. Pero organizaciones de tipo Génesis quedaron como una especie de “estrategia madre” para intentos posteriores y actuales, con la aspiración de trasladar la contrarrevolución organizada al medio cultural y juvenil, bajo las denominaciones al uso de “revoluciones de colores”, “golpes blandos”, “poder suave y duro”, entre otras tácticas que renovaron los arsenales estadounidenses de doctrinas subversivas.

Los santos inocentes de Jibacoa

Años después las denuncias cubanas fueron confirmadas. En el 2014, del lado menos esperado, The Associated Press (AP) reveló planes encubiertos de la Usaid de reclutar a músicos cubanos, estudiantes universitarios y jóvenes creadores en general “para proyectos disfrazados de iniciativas culturales y festivales juveniles, pero en realidad el objetivo era aumentar su visibilidad y avivar un falso movimiento ‘artístico’ que desafiara al gobierno de La Habana”, según publicó dicho medio.

El proyecto buscaba reproducir en Cuba el patrón de las protestas estudiantiles, de los intelectuales y del pueblo en general contra el régimen del presidente Slobodan Milosevic, en Serbia, originadas desde finales de la década de 1990 y dirigidas en gran medida por la organización OTPOR (RESISTENCIA) y su caballo de batalla, el evento musical anual denominado Exit Festival.

Entonces el encuentro musical se transformó en movimiento político entre los jóvenes con los auspicios de la CIA y la Usaid, que supieron capitalizar la crisis de esa sociedad, para deshacerse del mandatario, un antiguo dirigente comunista quien introdujo cambios para reconocer el pluripartidismo y tomó distancia de otros principios socialistas.

Para reproducir esa estrategia en la Isla, la Usaid y la CIA crearon varias instituciones tapaderas de sus acciones como Creative Associates, una organización de corte cultural asentada en Panamá, con permanencia en los EE.UU. y relacionada con un banco en Liechtenstein, que ocultó a las autoridades de Cuba el dinero transferido para la ejecución del programa encubierto y la red Talento Cubano net, para identificar y reclutar a artistas para el programa, según la AP.

Además, se pretendió reproducir una especie de variante caribeña de Exit Festival, a cincuenta kilómetros al este de La Habana, en Playa Jibacoa, en una locación en el que cada verano se realizó desde 1998, el Festival de Rock La Rotilla, instituido y dirigido por el productor independiente Michel Matos, también fundador e ideólogo del MSI.

Para asesorar las acciones de la Usaid viajó a Cuba un profesional en esas lides, el serbio Rajko Bozic, con una billetera abultada con “cientos de miles de dólares en salarios y en costos operativos, incluidos los equipos de video y las computadoras”, remarca la AP, que pagaba la Usaid por medio de Creative Associates.

La AP precisó que “El Festival Rotilla tenía raíces independientes pero los documentos muestran que Bozic y la fundación EXIT lo estaban apoyando desde 2006, un período en el que creció mucho” y realmente no anduvieron por las ramas en cuanto a las personas indicadas a comprometer o comprar.

Michel Matos explicó en una entrevista en 2011, al sitio digital Havana Times, cómo se inició su colaboración en 2006 con ese proyecto subversivo que confirma parte de lo recogido por la AP.

“Nos dijeron que les presentáramos un proyecto para ayudarnos. Nos invitaron a ver su festival. Fue una inyección de energía y conocimiento. Viajé por una institución cubana, el Movimiento Nacional de Videos, que pertenece al Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT).

Además, el grupo musical Los Aldeanos (Bian Oscar Rodríguez Gala y Aldo Roberto Rodríguez Baquero) fueron invitados también a visitar Serbia en 2010 y según la AP, fueron estimulados para que encabezaran disturbios con sus actuaciones ante el público juvenil .

A su regreso cumplieron con esas expectativas, especialmente en el Festival La Rotilla, con apoyo de sus organizadores. Esta fue una de las causas de que, antes de que se conocieran las revelaciones de la AP, las autoridades culturales en el 2011 trataran de dialogar con los promotores de La Rotilla para evitar que el evento se utilizara con fines de propaganda política contra el país, además de lograr una mejor producción del espectáculo.

Michel Matos rechazó los argumentos oficiales e, inclusive, el 10 de diciembre 2013, día mundial de los Derechos Humanos, de forma paralela a actividades de los grupúsculos de oposición tradicionales, organizó una concentración con mucha similitud a la del 27 de noviembre del 2020, frente al Instituto Cubano de la Música del Ministerio de Cultura, con decenas de jóvenes músicos  de Hip Hop que integraban la organización denominada Puños Arriba, que dirigía el propio Matos, quien llevó a los artistas a protestar por discrepancias alrededor de cambios en el lugar de actuación de los artistas.

En esa ocasión recurrió al mismo nombre utilizado en Serbia de Puños Arriba por los activistas políticos de OTPOR, además de valerse de una imagen de puños cerrados muy similar a las aparecidas en ese país durante las jornadas contra el presidente Milosevic.

Al ser entrevistado años después en pleno proceso de revelación de las investigaciones de la AP, Michel Matos aseguró que se sentía orgulloso de su papel en el festival, pero quedó asombrado de saber que el serbio estaba trabajando para la Usaid y dijo que “nunca hubiera tomado el dinero” a sabiendas de que el gobierno de los Estados Unidos lo suministraba para actividades con fines políticos.

“Si yo trabajo con un norteamericano, recibo dinero del gobierno norteamericano… para hacer acciones culturales en Cuba… no es que yo tenga un problema solo con el gobierno cubano, tengo un problema con los cubanos. Ese es el pecado original en Cuba” dijo Matos, y también reconoció que recibió dinero de las embajadas de Noruega, Holanda y España.

Refiere además la AP una declaración de los directivos de La Rotilla, en la que reconocen haber recibido dinero de la Usaid: “No nos sentimos, ni podremos sentirnos culpables ante las revelaciones de una agencia de prensa foránea; no nos sentimos, ni nos sentiremos culpables, de buscar fuentes de financiamiento”.

Ese intento tardío por reproducir mecánicamente en la Isla un proyecto de subversión que fue exitoso en otros países, con realidades muy diferentes a las de Cuba y, sobre todo, utilizando gastados métodos aplicados reiteradamente por los servicios especiales estadounidenses y sus agencias oficiales como la Usaid, reporta graves inconvenientes a sus activistas en el país a los que se les hace difícil esgrimir coartadas convincentes, si es que no quieren confesar su verdadera intención de utilizar la cultura para  fines políticos.

De todas formas, este pasado tan vigente puede evidenciar a muchos de los participantes en la protesta del 27 de noviembre del 2020, que al margen de sus reales disidencias o lícitos motivos que los asistieron, queda como lección que no fue la originalidad ni la espontaneidad lo que predominó en la jornada y sí mucho cálculo y premeditación durante esa noche-madrugada de extendido plantón frente al Mincult.

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